El día después es hoy. Ha llegado la hora de elegir

Cinco meses han pasado desde aquel día en que el infierno se instaló permanentemente en nuestras vidas. Cinco meses han pasado y la guerra continúa como si ya fuera parte de nuestra rutina. Como si otra realidad ya no fuera posible. Pero otra realidad es posible, y ha llegado la hora de elegir.
Por Mauricio Lapchik *

Cinco meses han pasado, y si bien muchas cosas cambiaron, nada ha cambiado. Las más de 1.200 víctimas de la masacre del 07.10 ejecutada por el Hamas ya no volverán. Miles de familias han ingresado al círculo del dolor perpetuo luego de aquel día que quedará grabado en la memoria colectiva de nuestro país y de todo el pueblo judío. Y el dolor es el mismo dolor.

Cinco meses han pasado desde aquel momento en el cual 240 israelíes, mujeres, ancianos, niños y hombres, padres y madres, hermanos y hermanas, nietos y abuelos, fueron secuestrados por el Hamas. Cinco meses después, alrededor de 100 secuestrados fueron liberados a través de negociaciones, mientras que solamente tres secuestrados fueron liberados a través de operaciones militares. 134 israelíes, de los cuales alrededor de 60 ya no se encuentran con vida (según cifras publicadas por medios extranjeros), esperan a que nuestros líderes tomen la única decisión que deben tomar, que es hacer todo lo posible (sí, absolutamente todo lo posible, incluso un acuerdo de “todos por todos”) para que vuelvan a sus hogares. No hay nada más importante que el regreso de nuestros secuestrados. Sin los secuestrados, Israel no tendrá razón por la cual existir. Sin los secuestrados, Israel perderá su esencia judía, ya que no hay nada más importante que la mitzvah de pidión shvuím.[1]

Cinco meses han pasado desde aquel maldito día en el cual miles y miles de terroristas ingresaron casi sin resistencia a nuestras ciudades, comunidades, kibutzim, y asesinaron, violaron, saquearon y quemaron todo lo que encontraron en el camino, durante horas. Hace cinco meses, Israel, su gobierno y su ejército, fallaron en el cumplimiento de su rol fundamental, por el cual nuestro país fue creado: ser el hogar nacional y refugio del pueblo judío. Y el dolor es el mismo dolor.

¿Quién puede realmente confiar en un Estado, cuyo principal objetivo es proteger a sus fronteras y a sus ciudadanos, que no hace todo lo posible para asegurar el bienestar de sus ciudadanos? ¿Quién, en su sano juicio, cree que Israel es un verdadero refugio para el pueblo judío luego de ver cómo, después de 5 meses, 134 israelíes todavía se encuentran en el infierno de los infiernos a manos del mismísimo diablo mientras nuestro gobierno nos miente diariamente cuando nos dice que “la victoria absoluta” está cada vez más cerca?

Cinco meses después, ha llegado la hora de elegir. Como israelíes, ha llegado la hora de luchar por nuestro país y por nuestro destino. Como judíos, ha llegado la hora de luchar por nuestro hogar y por los valores de nuestro pueblo. Ha llegado la hora de elegir: es o guerra perpetua o acuerdo político; es o ilusiones de una «victoria absoluta» o una realidad de seguridad y estabilidad; es o mesianismo o patriotismo; es o teocracia o democracia. Es o Judea, o Israel. No hay puntos medios, ni tampoco existe la posibilidad de una falsa unidad. Es el momento de aceptar que en esta tierra viviremos o moriremos juntos. Hay 7 millones de judíos y 7 millones de Palestinos entre el Rio Jordán y el Mar Mediterráneo, y estoy convencido que la gran mayoría de nosotros queremos vivir. Estoy seguro que la gran mayoría de las personas aquí, israelíes y palestinos, quieren ver crecer a sus hijos, en paz, en seguridad, y en igualdad.

Ha llegado la hora de elegir si queremos seguir viviendo una realidad marcada por las políticas fundamentalistas y radicales de nuestro gobierno. Estas políticas tan peligrosas que ponen en riesgo nuestra existencia, y que nos van a convertir en un Estado paria en la comunidad de naciones. Debemos elegir si queremos cambiar nuestra realidad y decidir, por primera vez en muchos años (demasiados para mi gusto), el camino más valiente y el más responsable, que es el camino hacia una solución política a este conflicto, la solución de dos Estados para dos pueblos.

La única victoria posible para Israel es el regreso de los secuestrados, el fin de la guerra en Gaza, un cambio de gobierno y, posteriormente, negociaciones que nos permitan alcanzar una solución política. Este conflicto, y esta guerra en particular, se ha cobrado tantas vidas inocentes que las lágrimas que tanto israelíes como palestinos hemos derramado son más que toda el agua que llena el Mar Mediterráneo. Es imposible no estremecerse al saber que decenas de miles de palestinos inocentes han muerto desde el comienzo de esta guerra, con aproximadamente 12.000 mujeres y niños entre las víctimas. Una población de más de dos millones de personas que no sabe si tendrá lo que comer mañana, ni tampoco si tendrá alguna razón para seguir viviendo luego de que todo esto termine.

Mientras Israel destruye Gaza, se destruye también a sí mismo. Mientras Israel le niega ayuda humanitaria a los que la necesitan en Gaza, pierde su humanidad. Mientras Israel no plantea una solución para el día después de la guerra, nos condena a todos nosotros, israelíes y palestinos, a vivir en guerra de manera constante. Y mientras todo esto pasa, nos levantamos casi todos los días con noticias de soldados que han caído en esta guerra. Familias destrozadas, sueños arruinados, jóvenes que todavía no habían comenzado a vivir sus vidas plenamente. Padres de niños, hijos de padres, y nietos de abuelos, son enterrados casi diariamente en la tierra prometida, que lo único que nos prometió hasta ahora es dolor, tristeza y sufrimiento. Esta tierra, como dice el poeta censurado,[2] está bautizada o bendecida, pero en sangre.

Y es por eso que ha llegado el momento de elegir. Ha llegado el momento de bendecir esta tierra con vida. Porque ya es más que claro para todos, incluso si no lo queremos aceptar, que no existe ninguna solución militar a este conflicto. Y aparentemente solo nuestro gobierno se niega a reconocer esta simple realidad. Bueno, nuestro gobierno y el Hamas. Los dos lados están interesados en perpetuar este conflicto. El gobierno de Netanyahu, hace un año se encontraba en pleno proceso de destrucción de las bases democráticas del Estado de Israel, las cuales fueron temporalmente salvadas gracias a los millones de israelíes, verdaderos patriotas, que tomaron las calles semana a semana para evitar la destrucción total de nuestra democracia y de nuestro país.

A veces me pregunto qué hubiera pasado si el movimiento de protesta más grande y más inspirador que este país haya visto en su historia no hubiera existido. Aún recuerdo como si fuera ayer aquella noche del 26 de marzo, en la cual espontáneamente decenas de miles de israelíes decidieron salir a la calle a protestar el despido de Yoav Gallant, el Ministro de Defensa, ya que avisó que el golpe judicial era una amenaza de seguridad para nuestro país. ¿Qué hubiera pasado si Gallant era despedido permanentemente de su puesto, como lo quiso Netanyahu? Por muchos meses me arrepentí de haber participado en esa manifestación, ya que no tengo ninguna intención de defender trapos de piso (o como se los conoce popularmente aquí, «diputados/ministros del Likud»). Pero con arrepentimiento o no, me siento orgulloso de haber sido parte de esa multitud. Como me siento orgulloso de haber sido parte de los cientos de israelíes que protestaron semana a semana en contra de la ocupación israelí, o como me siento orgulloso de salir semana a semana, sábado a sábado, a protestar por el regreso de nuestros hermanos que están secuestrados, por elecciones inmediatas, y por el fin de la guerra que debe venir acompañado de una solución política entre Israel y los palestinos. Y lo seguiré haciendo hasta que este país consiga y elija el liderazgo que tanto merece.

Porque Netanyahu, Ben Gvir, Smotrich y el resto de este gobierno criminal, antijudío y antisionista, no son el liderazgo que merecemos. Merecemos mucho más que líderes corruptos, criminales y mesiánicos. Merecemos mucho más que líderes que nos ofrecen solo muerte, sufrimiento y sangre. Merecemos mucho más que líderes que prefieren sacrificar a 134 israelíes a manos de Hamas para no tener que hacerse responsables por la mayor catástrofe en la historia de este país. Merecemos mucho más que líderes que prefieren seguir construyendo ilegalmente asentamientos en Cisjordania mientras comunidades, kibutzim en el sur y en el norte, se encuentran destruidas y abandonadas. El pueblo israelí merece un liderazgo israelí, y no al gobierno fundamentalista de Judea que se ha puesto como objetivo destruir la esencia de nuestro país por el que tanto hemos luchado.

Cinco meses han pasado desde el 7 de octubre. Y a medida que pasa el tiempo, los horrores y el trauma se hacen más fuertes. Cinco meses han pasado desde aquella mañana eterna. Cinco meses han pasado, y ha llegado el momento de elegir. Y no digan que el día vendrá. Traigan ese día.[3] Porque el día después es ahora.

* Director de Desarrollo y Relaciones Externas del movimiento Paz Ahora (Shalom Ajshav)


[1] Es el Rambam quien escribe que: “Redimir a los cautivos tiene prioridad sobre mantener a los pobres o vestirlos. No hay mayor mitzvá que redimir a los cautivos, ya que entre los problemas de los cautivos están el hambre, la sed y la falta de ropa, y además corren peligro de muerte…”. Vale resaltar que hace unos días, una encuesta publicada por Mano Geva dice que el 73% de los judíos seculares apoyan el acuerdo presentado en estos últimos días que tiene como objetivo la liberación de nuestros secuestrados. El 52% del público judío conservador está de acuerdo, mientras que el 41% de los judíos religiosos nacionalistas y el 24% de los judíos ortodoxos apoyan esta propuesta. Claramente, son ellos los que se han olvidado de lo que es ser judío.

[2] Mahmoud Darwish, “Counterpoint” Pueden leer este texto dedicado a Edward Said, aquí.

[3] Y tráiganlos a todos, a los 134. Ya no queda más tiempo.