Agresiones sexuales el 7/10 y en cautiverio de Hamas: ¿réplicas del Estado Islámico?

La violencia sexual ejercida por Hamas en la jornada del fatídico 7/10 y contra las rehenes llevadas ese día a Gaza ha sido denunciada por Israel desde un primer momento, pero solo recientemente confirmada por la ONU. En una de las recientes grabaciones descubiertas se escucha cómo los terroristas entraron en los kibuitzim y moshavim incitando al crimen, pero también al secuestro de mujeres jóvenes, en una operación llamada Sabaya. "Sabayeh" es un término usado en el Islam para describir a las mujeres y a los niños secuestrados únicamente como propiedad esclava de un musulmán. A diferencia de la Sabayeh de ISIS con muchachas Yazadias, muchas de las cuales fueron cautivas y concubinas forzadas, Hamas prefirió violar, mutilar y asesinar a muchísimas mujeres judías a raptarlas como cautivas sexuales. Todavía se espera la reacción de los organismos de derechos humanos y de los medios de comunicación
Por Leonardo Senkman, desde Jerusalen

Días atrás la ONU confirmó la violencia sexual del Hamas que desde el 7/10 denunciaba Israel. La representante especial sobre la violencia femenina en conflictos internacionales informó en Jerusalén, que ella y un equipo de expertos habían encontrado «información clara y convincente» de que se habían cometido violaciones y torturas sexualizadas contra rehenes capturadas (Noticias ONU, 4 marzo 2024).

Pramila Patten exhortó a Hamás a que libere inmediata e incondicionalmente a todas las personas retenidas como rehenes y que garantice su protección. Ya en diciembre del 2023 el New York Times denunció relatos de testigos sobre violencia sexual del Hamas. Shari Mendes, oficial de la reserva militar israelí encargada del entierro de soldadas caídas, dijo que su equipo vio a varias muertas el 7 de octubre “que recibieron disparos en la entrepierna, en partes íntimas, en la vagina, y en los pechos”. Otras tenían la cara mutilada y varios disparos en la cabeza (NYT,5.12.23).

Desde el sábado negro las autoridades israelíes han acusado a los terroristas del Hamas haber cometido también violencia, violaciones y mutilaciones sexuales generalizadas, sobre todo contra mujeres.

Sin embargo, estas atrocidades recibieron escasa atención por parte de grupos de derechos humanos y medios de comunicación, y hasta hace unos días tampoco fueron condenadas por la agencia de derechos de la mujer de Naciones Unidas.

Muchos israelíes y judíos en el mundo se sienten abandonados por la comunidad internacional de justicia social, grupos de derechos humanos y personalidades liberales, entre otros, cuyas causas han apoyado en numerosas crisis mundiales.

Pareciera que la mayoría de esas asociaciones han decidido que los crímenes de Hamas prescribieron en el momento mismo en el que comenzó la respuesta bélica israelí en Gaza.  

Como si hubiesen tomado represalias por crímenes contra la población civil en la guerra justa de defensa lanzada por Tzahal. Algunos de esos grupos estarían dispuestos hasta a declarar amnistía a los terroristas nacional islamistas, y perdonarle a Hamas el delito de sus atrocidades, sin haber cumplido una pena mínima. 

Como si las causas judiciales fuesen permutables y la responsabilidad penal por la masacre genocida de Hamas fuera conmutable después que las injustificables violaciones de derechos  humanos de civiles inocentes gazatíes fuesen considerados lamentables “daños colaterales”.

Como si después del 11 de setiembre esos mismos organismos internacionales de justicia social y pacifistas, hubieren condonado los crímenes monstruosos de los talibanes de Al Qaeda en represalia a la intervención militar norteamericana en Afganistán.

La intervención de venganza en Afganistán comenzó en octubre de 2001 con el objetivo de combatir a los terroristas de Al Qaeda –responsables de los ataques del 11-S- y al régimen talibán que los había acogido. El inicio de la Operación Libertad Duradera fue expeditivo e implacable. En dos meses, los talibanes ya habían sido derrotados, a diferencia de la guerra contra Hamas, invicta al cabo de cinco meses. En diciembre de 2001, fueron firmados los acuerdos de Bonn, auspiciados por la ONU, a fin de diseñar la estrategia internacional que ayudaría a la reconstrucción del Estado afgano sin los talibanes para poder sostener la paz y evitar, a largo plazo, que los terroristas pudieran reorganizarse de nuevo en el país.

Pamila Patten, representante Especial sobre la Violencia Sexual en Conflictos ONU.

Pero tras veinte años de intervención internacional en Afganistán, ni se ha conseguido debilitar el terrorismo transnacional, ni se ha logrado la transición hacia un Estado liberal y democrático que pudiera sostener la paz. El fracaso de la misión internacional liderada por USA terminó con un caos en la retirada de tropas, la evacuación de la población que quería huir del país y con el regreso al poder de los talibanes (Pol Bargués “Veinte años de intervención internacional en Afganistán: contradicciones y lecciones aprendidas”, Notes International, Barcelona, CIDOB, 2021).

Ahora bien, ninguna organización internacional de derechos humanos que se opuso a la guerra antiterrorista de Bush exigió juzgar como genocidas a los norteamericanos ni tampoco adoptaron una lógica de compensación para indultar a los terroristas talibanes que apoyaban a Ben Laden.  Por el contrario, simétrica pero inversamente, la total condena a Israel y la sobreentendida amnistía a Hamas que reclaman sus defensores progresistas tercermundistas, tiende a cancelar su responsabilidad penal y política derivada del delito atroz del 7/10.

Afortunadamente la reciente condena de la ONU contra los terroristas del Hamas por violencia sexual a mujeres israelíes, antes y después de su secuestro, ayuda a desmitificar el perfil de combatientes por la libertad de Palestina de los nacionales islamistas del Hamas.

Una reciente revelación del portavoz de Tzahal en los medios, ha incitado a muchos a comparar la violencia sexual que sufrieron algunas mujeres israelíes con la de mujeres secuestradas por el ISIS en Irak. Los servicios de inteligencia de Israel descubren pruebas incuestionables sobre la perversión del Hamas. En una de las recientes grabaciones descubiertas se escucha cómo los terroristas entraron en los kibuitzim y moshavim incitando al crimen, pero también al secuestro de mujeres jóvenes, en una operación llamada Sabaya. «Sabayeh» es un término usado en el Islam para describir a las mujeres y a los niños secuestrados únicamente como propiedad esclava de un musulmán. El portavoz de Tzahal explicaba que el uso más severo del término «Sabayeh» es de parte de los terroristas de Daesh (ISIS), que llamaron así a las mujeres yazidíes capturadas en Irak. Muchos países musulmanes han condenado a ISIS por su crueldad hacia las mujeres.  Aun no escuchamos una reacción semejante de esos países contra los crímenes sexuales del Hamas, denunciados por testimonios de mujeres rehenes que lograron retornar a Israel.

Las esclavas sexuales yezidíes del ISIS: diferencias con Hamas

Los yezidíes son un grupo étnico de religión monoteísta transmitida oralmente, arraigada en el zoroastrismo, con influencias cristianas e islámicas. Habitan principalmente en las zonas kurdas de Irak y su principal lugar sagrado se encuentra en Lalish, al norte de Mosul. Forman parte de un rico y antiguo paisaje pluri religioso y étnico en Irak, junto con los shabaks, los mandeos y los cristianos caldeos, asirios orientales y siríacos.

En el verano de 2014, ISIS avanzó en una guerra relámpago, tomando Mosul, la segunda ciudad de Irak, con solo 1.200 combatientes que expulsaron a unos 30.000 soldados iraquíes. ISIS aprovechó la lucha de poder local entre tribus suníes despojadas de sus derechos por notables urbanos resentidos de perder dominio después de la invasión estadounidense

La invasión de EE.UU. en 2003 desestabilizó las jerarquías sociales y religiosas de Irak. Muchos árabes suníes y turcomanos en Tal Afar, hogar de numerosos oficiales de Saddam Hussein, estaban furiosos de haber perdido el poder. En cambio, los yazidíes y otras minorías del multiétnico norte de Irak lograban trabajar en bases estadounidenses o servir en el nuevo ejército iraquí. La resistencia armada contra EE.UU. reclutaba fuerzas principalmente del antiguo electorado pro baazista de Saddam Hussein; la resistencia recibió fuerte influencia de una nueva fuerza: la internacional yihadista salafista, mucho más radical que los árabes afganos que inicialmente formaron Al Qaeda. En su interpretación de la sharia del militante jordano Abu Musab al-Zarqawi, el ISIS ofrecía a los yazidíes la opción de convertirse al Islam o ser ejecutados. Esta intransigencia teológica pronto causó estragos.

ISIS atacó en agosto 2014 regiones bajo control kurdo y ocupó las zonas habitadas por yazidíes de Sinjar. Los hombres capturados que rehusaban convertirse al Islam fueron asesinados. Mujeres y niñas, de hasta nueve años, eran secuestradas (se estima que fueron unas 5.800) y enviadas a la vecina Tal Afar para ser vendidas como esclavas sexuales a los combatientes de ISIS en toda la región controlada por el «califato».

Ningún otro grupo ha sido tan brutalizado por ISIS como los yazidíes. La violencia no tenía como único objetivo la intimidación o el sometimiento, sino la destrucción de la cultura y el modo de vida yazidí. La violencia no era nueva para los yazidíes. Sufrieron masacres ya en el siglo XIX, cometidas por el sultán Abdul Hamid II para expropiar áreas remotas yazidíes bajo control estatal, imponer el servicio militar e impuestos, y obligarlos a convertirse al Islam sunita.

Ambos aspectos, la violencia genocida y religiosa del ISIS contra los campesinos y mujeres yazidies, se diferencian de las motivaciones genocidas del HAMAS. El Yihad del HAMAS es una guerra nacional islámica que no le interesa obligar a civiles israelíes convertirse al islam, ni tampoco secuestrar mujeres judías como esclavas sexuales al uso del ISIS, su objetivo no es global sino nacional, para lo cual se proponen asesinar a los ciudadanos del Estado de Israel a quienes consideran invasores de todo el territorio palestino exclusivo de Das al Islam.

Sin embargo, pese a estas diferencias estratégicas entre el ISIS y Hamas, ambas organizaciones terroristas buscan perpetrar sus asesinatos políticos con legitimación religiosa invocando la tradición canónica del Islam.

En una entrevista con la cadena CBS, el portavoz de Tzahal reveló una nota encontrada en la camisa de un terrorista capturado del Hamas en la que su comandante incitaba a los terroristas a masacrar judíos sin piedad: «El enemigo es una enfermedad que no tiene cura». Además, el portavoz citaba la traducción de la nota en que el comandante recordaba como fuente de inspiración a comandantes de batallas pasadas de la Yihad en la historia musulmana, quienes “masacraron a hombres, vendieron mujeres y niños como esclavos, y saquearon ciudades”.

La legitimidad religiosa del asesinato de enemigos infieles civiles, tanto entre terroristas del ISIS como de Hamas, es idéntica. En una conversación grabada el 7/10, el padre de un terrorista bendice a su hijo después que le cuenta orgulloso haber matado a la dueña del teléfono y a su pareja: “Abre ahora mi WhatsApp y mira todos los muertos. Mira cuántos maté con mis propias manos, tu hijo mató judíos”. El padre respondió: “Que Dios te proteja”.

Pero si el secuestro de enemigos sionistas del Islam es legitimado para que Hamas pueda canjearlos por prisioneros palestinos, el abuso sexual de mujeres rehenes israelíes a todas luces no es similar a la situación de mujeres secuestradas por ISIS en operativos Sabayeh. Pese a que en una de las grabaciones telefónicas de un terrorista del Hamas oímos que llama: yegua noble a una secuestrada judía, la diferencia fundamental radica en que ISIS consideraba a los secuestros femeninos como “botín de guerra”.

En octubre de 2014, ISIS reconoció en su publicación Dabiq que habían entregado mujeres y jóvenes yazidíes cautivas a sus combatientes, a modo de “botín de guerra”. ISIS procuró justificar la violencia sexual afirmando que el islam permite mantener relaciones sexuales con “esclavas” que no sean musulmanas, incluidas jovencitas, asimismo golpear y venderlas. Las declaraciones refuerzan la evidencia de que se trata de una práctica generalizada y un plan de acción sistemático de ISIS (“Víctimas de ISIS describen violaciones sistemáticas”, Human Rights Watch, 15 abril, 2015).

Otro artículo titulado “El resurgimiento de la esclavitud antes de la Hora” publicado en la misma revista en línea Dabiq, recuerda que ISIS estaba reinstaurando una costumbre justificada por la sharía (la ley islámica).

“Tras la captura, las mujeres y niñas yazidíes fueron repartidas según la sharía, entre los combatientes de Estados Islámico que participaron en los operativos en Sinyar, luego de que un quinto de los esclavos fue puesto bajo las órdenes de Estado Islámico para ser repartidos como khums [un impuesto sobre los botines de guerra]” (Rachel Wright “Yazidis, mujeres y niños esclavizados por ISIS”, BBC World Service Assignment).

Una confesión personal: jamás imaginé que algún día podría sentir la revulsiva curiosidad de historiador y querer comparar una película sobre las secuestradas yazidíes del ISIS con otra sobre mujeres israelíes rehenes del Hamas.

Pero también hay otras curiosidades, hoy aún más morbosas, no solo de los historiadores ¿quién hubiera osado imaginar el calamitoso sábado 7/10, o que 230 israelíes y no judíos fueran secuestradas y llevados a Gaza totalmente indefensos? ¿Y quién imaginaría que, a cinco meses de su cautiverio, aún no sabemos si están vivos todos los rehenes?

Por lo pronto, se hizo un film sobre el secuestro de yazidíes: Sabaya una película documental sueca, dirigida, filmada y editada en 2021 por Hogir Hirori, testimonia el seguimiento de un grupo que arriesga sus vidas para salvar a esclavas sexuales yazidíes cautivas por ISIS en Al-Hawl (Siria), considerado el campo más peligroso en Medio Oriente.

Creo que no pasará mucho tiempo y seguramente también nosotros veremos un film sobre las secuestradas israelíes en Gaza.

Coda

Hamas quiso perpetrar su Yihad el sábado 7/10 mediante un doble crimen ritual: asesinar la alegría de Simjat Tora de los israelíes y matar la algarabía de 364 cuerpos jóvenes en el festival de Música Super Nova.

Tribe of Nova era el nombre de un festival de música trance, o rave, que se celebraba en un solar para festivales cerca de los kibutzim Reim y Orim, aproximadamente a cinco kilómetros de la barrera que separa la Franja de Gaza de Israel, en el desierto noroccidental del Néguev. El festival anual se viene promocionando desde 2001 como un intento de unir a las diversas culturas de la región mediterránea a través de la música, la danza y el arte, con el objetivo “de ser un oasis de esperanza de paz en medio del dramático conflicto israelí-palestino”.

Completamente otro fue el designio perverso de Hamas. A campo traviesa en las inmediaciones del kibutz Urim, los terroristas islámicos pudieron fácilmente elegir a quienes violar y luego matar en la diversidad y singularidad de tres mil cuerpos deseantes de bailar todo el sábado de Simjat Tora. Seguramente les asqueaba que “esas judías infieles” besaran a sus parejas, pero sin dudas excitaba a su deseo de matar verlos beber alcohol que les inspiraba poder inventar nuevas cadencias al amor.

A diferencia de la Sabayeh de ISIS con muchachas Yazadias, muchas de las cuales fueron cautivas y concubinas forzadas, Hamas prefirió violar, mutilar y asesinar a muchísimas mujeres judías a raptarlas como cautivas sexuales.

Ambos fundamentalistas islámicos sunitas, sin dudas se energizan con pulsión de muerte. Pero tengo el pálpito de que la necrofilia del Hamas en ese último sábado de Sucot cebó al Yihad para matar como nunca antes asesinaron, porque esta vez vieron a israelíes enamorados de la Tora y a miles de jóvenes enamorados del amor.