Cine

“Memento mori, memento vivere” *

En el marco del 18vo. Festival Internacional de Cine Judío en la Argentina, que se desarrolló del 14 al 20 de marzo en Buenos Aires, tuvimos la oportunidad de disfrutar de diez títulos que abordaron temáticas vinculadas a la identidad judía, procedentes de Alemania, Austria, Bélgica, Estados Unidos, Francia, Israel, Luxemburgo, Países Bajos y el Reino Unido. Entre las películas que se presentaron estaba “Aquí, ahora” (2021), un film yanki escrito, dirigido y protagonizado por el genial Billy Crystal, que hace foco en un adulto mayor, desde un punto de vista positivo, haciendo énfasis en que esta etapa no debe ser condenada al ostracismo si no que debe ser vivida hasta el último día. ¡Y sin culpas!
Por Betina Pascar **

Las propuestas que ofrecía el Festival Internacional de Cine Judío en la Argentina este año eran muy diversas y atractivas. La primera producción que decidí ver fue Aquí, ahora” porque supuse que sería una comedia divertida que me podría sacar, al menos un rato, del ritmo vertiginoso en el que estamos sumergidos debido a la coyuntura actual.

Fui sin leer ninguna sinopsis, lo admito, sólo atraída por el título y por Billy Crystal, genial exponente del humor judío neoyorquino; apostando, obviamente, a que la trama estaría relacionada con la filosofía de gozar del presente, la búsqueda de la calma mental, el “carpe diem”, y esas cosas espirituales que hace años intento lograr sin éxito.

Pero no, amigos.

Para mi sorpresa me encontré con un melodrama emotivo, humano, bello y realista, cuyo único punto de unión con la identidad judía es su protagonista, y una escena del bat mitzvá de su nieta. Aunque, para ser justa, quizá haya sido incluida como un reconocimiento al gran aporte que la comunidad judía hizo al cine norteamericano desde sus inicios, debido a la emigración que llegó desde Europa a EE. UU. huyendo del hambre y los pogroms, y que se concentró sobre todo en Nueva York, en el siglo XIX y las primeras décadas del XX. Muchos directores y actores de nuestra colectividad dejaron (y lo siguen haciendo) su huella en esta industria para luego extenderla por el mundo, mostrando el brillante ingenio del humor judío, con sus chistes intelectuales, delirantes, vulgares, sus juegos de palabras y su mirada satírica sobre el mundo.

Volviendo a “Aquí, ahora”, la trama está bien pincelada con diversos tonos, formando una composición armoniosa, donde el humor se ofrece como un recurso que contrasta con momentos de emociones fuertes. Si bien este contraste no alcanza a ser del todo parejo, el mensaje resulta efectivo y contundente; y el desarrollo del guion logra mantener al espectador en cierta tensión, entre las escenas cómicas y las dramáticas, a la espera del desenlace. Tal vez, en ese mismo vaivén sea donde transcurra la vida misma.

Charly Burnz (Billy Cristal), es un avezado escritor de comedias, que trabaja en un programa de televisión, colaborando en la elaboración de los guiones para el show. A pesar de su edad, que algunos consideran “viejo” por rondar los setenta, aún está en actividad y es respetado por sus colegas, premiado por sus pares (hay una breve aparición de Sharon Stone en una escena), y también consultado por jóvenes autores que están dando sus primeros pasos en esta profesión. Lógicamente habrá quienes presionen para que lo echen ya que no lo consideran tan efectivo, o por estar un poco fuera de época. Sucede que Charly se resiste a usar computadora y reniega con/y de su celular; detalles menores pero que parecen perturbar a las nuevas generaciones, ávidas de velocidad y deseosas del cambio permanente. La experiencia y sabiduría no poseen valor en estos tiempos.

En cuanto a su vida personal, Charly es viudo y vive solo. Tiene dos hijos, un varón y una mujer con la que mantiene una tensa relación, y una nieta a quien adora, mima y consiente. Además de su nuera y su yerno, que no tienen mucha relevancia dentro de la historia, Charly tiene dos secretos y mucha, pero mucha culpa… ¡al fin y al cabo es judío!  Aunque pretenda mantenerlos ocultos, dichos secretos lo acorralan cada vez con más fuerza, y no será libre hasta que pueda hablar de ellos con su familia.

Un mediodía, un evento fortuito hará que un personaje inesperado irrumpa en su rutinaria vida y la de vuelta por completo. Se trata de Emma Payge (Tiffany Haddish), una mujer mucho menor que él, desinhibida, y extremadamente alegre, a pesar de haber sufrido unas cuantas decepciones. Emma y Charly lentamente irán forjando un vínculo cada vez más cercano, un vínculo de extrema lealtad, complicidad y ternura. Finalmente, será Emma quien lo ayude a reconciliarse con su pasado, su presente y su incierto futuro. Él, por su parte, le abrirá las puertas de su casa y de su corazón, y se apoyará en esa relación que será de mutuo respeto y comprensión genuina, pese a las diferencias.

La película es altamente recomendable. No sólo por las excelentes actuaciones de Billy Cristal y Tiffany Haddish, sino porque mete el dedo en la llaga, nos muestra lo que no queremos ver de una manera “amigable”, pero no por eso menos dolorosa: Charly está enfermo, tiene problemas para concentrarse, y a veces no recuerda cosas ni personas. Su demencia avanza y amenaza con pulverizar todo lo vivido, borrando hasta su propia esencia, identidad, e incluso sus secretos tan celosamente guardados. Su doctora y amiga (Anna Deavere Smit), quien lo controla, es la única que sabe sobre su padecimiento, y quien tendrá la responsabilidad – luego de que Charly se vea envuelto en situaciones peligrosas y estresantes- de decirle que ya no está en condiciones de vivir solo.

Será el inicio del vértigo que produce ir contrarreloj. No se puede perder tiempo, no hay tiempo. Es aquí, es hoy, es ahora, o posiblemente sea nunca. Nadie quiere irse de este mundo con deudas ni asuntos pendientes. Y Charly tampoco.

La idea de visibilizar y poner en palabras e imágenes lo que significa para una persona y su entorno recibir un diagnóstico de demencia me parece no sólo necesario sino trascendental. Hablar de la vejez y de la muerte, aunque nos asuste, es vital. No estamos preparados para soportar la idea de que todos vamos a pasar, inexorablemente, por este tramo.

Aplaudo calurosamente que hayan incluido esta película en el marco del festival del cine judío, sobre todo porque la mayoría de los asistentes son gente mayor. Y al mismo tiempo quisiera hacer una observación crítica debido a que el lugar en el cual se proyectaban las películas no estaba adaptado para ellos, teniendo en cuenta que algunos se manejan con bastones, o que su movilidad o visión puede ser reducida. Al ingresar, la sala apenas estaba alumbrada con una luz tan tenue que dificultaba encontrar las ubicaciones y subir los escalones. Tampoco había nadie que guiara a los asistentes. Estos detalles no son menores porque hablan mucho de cómo son tratadas las personas adultas en nuestra sociedad. En un mundo donde hay lugares “pet friendly” es insostenible que no existan cines amigables para la gente mayor o personas con discapacidad.

En esta era de la comunicación digital, de la globalización, de las arrobas, los hashtags y las selfies, donde se hace un culto a la juventud y a la belleza, y se fomenta el individualismo y la competencia, pareciera que estamos perdiendo sensibilidad y contacto humano. Las diferencias entre las generaciones son brechas casi irreconciliables. Por supuesto que las redes sociales trajeron muchos beneficios, pero también demasiados prejuicios y discriminación sobre todo hacia los adultos mayores, a quienes se los identifica como antiguos, seniles, asexuados, y otras etiquetas descalificatorias que los estigmatizan pero que parten de prejuicios.  Porque hoy una persona de 60/70 años aún trabaja y -con algunos achaques, sí- también tiene derecho a amar, y a ejercer la libertad de expresarse y, sobre todo, de decidir sobre cuestiones de su vida cotidiana.

Por eso el humor siempre será un alivio emocional, una válvula de escape que tiene una función reparadora. “Porque si podés reír, podés sobrevivir”, frase que se le atribuye a Mel Brooks, otro gran cómico judío estadounidense.

Tomando en cuenta esta definición, las escenas cómicas en “Aquí, ahora” son esperadas y agradecidas dentro de la narrativa del film y también para la salud de los espectadores.

Otro golazo de la película es la solidaridad intergeneracional que hay entre los protagonistas. “Aquí, ahora” refleja la importancia de contar con una compañía, una amistad … ¿qué más da el nombre? en quien apoyarnos, que ahuyente nuestro sentimiento de soledad. Nadie quiere llegar a viejo, nadie nos enseña cómo envejecer. Y la realidad es que nos aterra que la muerte nos encuentre solos, indefensos y vulnerables.

Por eso, invito calurosamente a los jóvenes -que más pronto de lo que imaginan serán viejos- a ser más compasivos con las personas mayores. A darles un poco de lo más valioso que existe: su tiempo y su presencia.

No quiero terminar esta nota sin expresar el desagrado que me causa escuchar la expresión “fingir demencia” que está muy de moda, haciendo alusión a negar la realidad, evadirse de ella, no preocuparse y seguir adelante como si nada pasara. Personalmente, no puedo aceptar que se use como insulto o diversión ningún término que se relacione con enfermedades, trastornos de la salud mental o condiciones de las personas.

La demencia no es chiste, es una afección progresiva que afecta la memoria, el pensamiento y la capacidad para realizar actividades cotidianas. Las escenas de Charly teniendo lagunas mentales son brutalmente desgarradoras.

Sin tan sólo supiéramos qué nos depara el destino sería mucho más fácil nuestra existencia. Pero aún -parece- nadie encontró esa fórmula. Al menos, ningún influencer, tik toker o cultor de la red social X la descubrió y la hizo “tendencia”. Una pena.

En fin, como conclusión sólo me resta decir que ojalá cuando nos llegue el ocaso nos encuentre de pie, unidos y abrazados a nuestros afectos más cercanos, y sobre todo con la dignidad que todo ser humano merece para vivir.

Y también para morir.

* “Recuerda que vas a morir, por eso acuérdate de vivir “

** Psicóloga y Periodista.