Qué Cossa este Tito

A los 89 años, murió el legendario dramaturgo Roberto "Tito" Cossa, autor de obras memorables que pusieron su sello al teatro argentino. Compartimos un artículo de Dany Goldman, escrito cuando "Tito" había cumplido 80 años, que gentilmente nos cediera el autor.
Por Dany Goldman

Hace unos días, Roberto “Tito” Cossa cumplió 80 años. No se lo quiso decir a nadie. Sólo como al pasar deslizó la noticia de su onomástico de tres ceros redondos (el 8 tiene 2) a su pequeño grupo de runflas conformado por Fortunato Mallimaci, Mempo Giardinelli, Ale Mosquera y quien reporta. Fue en ocasión de una cena con motivo del estreno de Tribunal Supremo, su más reciente obra de Teatro. Se trata de una desopilante y profunda historia acerca de un tipo que llega al otro mundo, al de arriba, para ser juzgado por la Corte Celestial (lo escribo con mayúscula por las dudas). Según Tito, en sus inquietudes metafísicas y como en una sentencia talmúdica, asevera que en el firmamento nos auditan en cada palabra que pronunciamos. Dramaturgo y prelado se nos volvió el más pibe de nuestro grupo, haciendo honor a Borges cuando sostenía que la teología es una rama de la literatura fantástica. No quiero adelantarles nada más porque vale la pena verla, y mucho. Solo un comentario: a la salida del Teatro del Pueblo, Carlos Ulanovsky me insinuó que el problema es que los que andamos caminando por estas latitudes hablamos demasiado en metáfora. Este Carlitos, otro amigo, tiene tan claro que “los argentinos por la boca mueren”, que hasta se escribió dos tomos. Y añadiría que si, al decir de Eduard Murrow, el uso del lenguaje es uno de los dones más eficaces que el hombre ha inventado para sí, el rito de la metáfora es indudablemente el de mayor poder y a la vez encantadoramente peligroso.

Aunque golpee al narcisismo de otros, no exagero si afirmo que Tito es el mejor dramaturgo argentino. Vi casi todos sus trabajos y no dejan de sorprenderme las vueltas que le da a la vida. Dan testimonio de ello Tute Cabrero, Ya nadie recuerda a Frederic Chopin y La Nona, entre otros. La anterior a la última que vi de Tito fue Nuestro fin de semana, en el Regio. Qué manera de captar a la gente simple, y a los que nos creemos sofisticados. “Te espero afuera porque esta obra me aburre”, me dijo irónico y atorrante el día que me invitó a ver Yepeto. Seguramente fue porque no quería que lo abrace en medio de la función. Cada obra de Tito hay que festejarla.

Tito es tan importante que hasta elaboran tesis doctorales sobre sus obras. ¡Qué cosa loca! Me leí uno de esos trabajos académicos donde sostenían que sus escritos reflejan la observación más aguda de la Argentina contemporánea. Se quedaron cortos, porque retrata de la condición humana la arista más áspera y paradójicamente la más dulce.

El inefable Capusotto le dedicó a Tito un personaje inolvidable. Está en YouTube. Te vas a reír.

Pero hay otras facetas del escritor que no se conocen tanto. Es un amigazo. Un tipo noble y sin vueltas, que siempre te va a dar una mano cuando estés tirado. Es ocurrente y le va a importar tu opinión aunque no te la pida. Parece un recio, y sonríe poco. Pero todo esto es la pantalla para ocultar a un tierno. Se la pasa todo el día en Argentores para que se respete la dignidad de sus colegas. Y no sólo la de sus colegas.

Además de compartir su amistad tuve el privilegio, durante una larga temporada, de conducir con él una audición de radio en la que aprendí de su experiencia. Cada vez que lo veo, lo cargo al dramaturgo diciéndole “no te hagas drama, Tito”. Y él me responde que es al único religioso que se le confiesa, “y menos mal que en tu religión no existe la confesión”.

El día del cumpleaños coincidió con el domingo. Llovía. No fue la mejor jornada para festejar, aunque Boca le ofertó sólo un empate. “Estoy pagando el último peaje”, me tiró la frase del otro lado del teléfono, como si fuese el título de su próxima obra, cuando le canté el feliz cumpleaños. No entendés nada. Si vas a pasar los 90 y me quedo corto. Llamalo para felicitarlo. Te va a decir que no le gusta, pero en el fondo le encanta. Yo lo conozco. ¡Qué Cossa este Tito!

* Artículo publicado en Página/12 el 7 de diciembre de 2014