Un Complicado Dilema

Presentamos una contribución del Dr. Moisés Salinas Fleitman, presidente de la ORT México y ex presidente de Meretz Estados Unidos, en la que habla en primera persona de la dificultosa situación a la que ve expuesto en el país azteca, como referente sionista de izquierda, ante las posturas antiisraelíes de sectores progresistas afines, y la imposibilidad de defender las políticas del gobierno de Benjamin Netanyahu.
Por Moisés Salinas Fleitman

Como líder del sionismo en mi país y miembro del ala izquierdista del movimiento, uno de los dilemas más complicados que tuve que enfrentar después de la masacre del 7 de octubre perpetrada por Hamás, y la subsecuente invasión israelí de Gaza, se refiere a mi relación con mis compañeros y colegas en el mundo progresista fuera de la comunidad judía y del espectro sionista. Siendo una persona que se considera socialdemócrata y que se mueve en círculos académicos y de las organizaciones no gubernamentales, tengo muchos amigos e interactúo constantemente, personal y profesionalmente, con gente con la que comparto ideas sobre la justicia social, la equidad, los derechos humanos, el medio ambiente y el estado de la democracia, entre otros. E inmediatamente después del ataque de Hamás, donde deliberadamente se atacaron y masacraron civiles inocentes, donde se perpetraron violencia sexual y tortura como armas de guerra, encontré empatía en la mayoría (si bien no en todos) de mis amigos y colegas de visión progresista. Pero conforme el tiempo pasó y la ofensiva israelí se volvió más larga y más profunda, sus actitudes fueron cambiando al punto de que el 7 de octubre parece ser tan solo una memoria distante y las acusaciones de crímenes de guerra en contra de Israel se vuelven más comunes y más graves.

Al principio, no era difícil defender la postura de Israel de una operación defensiva. “Israel tiene todo el derecho de entrar a Gaza para rescatar a los rehenes”, decía yo. “El Ejército de Defensa de Israel hace todo lo posible para evitar la muerte de civiles inocentes”, argumentaba. Y muchos de estos puntos son válidos y ciertos hasta hoy en día. Sin duda, el Ministerio de Salud de Hamás emite cifras y datos completamente manipulados, algo que expertos en estadística han confirmado. Definitivamente, muchos civiles fallecidos son el resultado del uso de escudos humanos y de instalaciones civiles con fines bélicos por parte de Hamás. Y ciertamente, en muchos aspectos, me siento abandonado y traicionado por aquellos en la izquierda que simplemente se rehúsan a escuchar mis argumentos y simplemente me condenan al ostracismo por declararme sionista. Pero tanto en la opinión pública, como en mi propia conciencia, me es más difícil cada día defender las acciones del gobierno de Benjamin Netanyahu.

Protestas ante la Embajada de Israel en México.

A casi 300 días desde que inició la operación, es difícil defender que la administración de Netanyahu no tenga un plan para reemplazar a Hamás y reconstruir Gaza, dejando un vacío de poder que permite a Hamás reagruparse en zonas que supuestamente ya estaban “limpias”.

Es difícil defender que, a pesar de que ya hay control de prácticamente todo el territorio de Gaza, no se haya logrado rescatar más que a un puñado de rehenes.

Es complicado argumentar que Israel hace todo lo posible por defender civiles cuando la fuerza aérea bombardea convoyes de ayuda humanitaria con voluntarios extranjeros, e inclusive balea a nuestros propios rehenes que logran escapar por la prevalencia de una cultura de disparar primero y averiguar después.

Es inexplicable el por qué el gobierno actual parece hacer todo lo posible por alargar el conflicto y no llegar a un cese al fuego, y que cada día que se prolonga más jóvenes soldados israelíes, y más civiles palestinos, mueren sin que haya un avance significativo hacia una solución definitiva a la guerra.

Es incomprensible que no se haya logrado capturar o eliminar a la capa superior de los líderes de Hamás, los que son realmente responsables de la masacre del 7 de octubre.

Es imposible de aceptar que ministros en el gabinete de gobierno israelí expresen sentimientos racistas, y promuevan la limpieza étnica e inclusive el genocidio, sin consecuencia alguna.

Pero lo que es imperdonable es que Benjamin Netanyahu, el responsable directo de que haya seguridad en el sur (y el norte) del país, el que ha tomado las decisiones estratégicas antes y después del 7 de octubre, el que se ha negado a buscar la construcción de una paz duradera con los palestinos por décadas, no haya sido capaz de tomar responsabilidad por sus fallos.

Así pues, llegamos a mi complicado dilema: ¿Cómo sigo defendiendo a Israel ante la clara indiferencia de su primer ministro y de su gobierno? ¿Cómo puedo argumentar que Israel respeta y promueve, en una situación difícil sin duda, los derechos humanos y la vida de civiles inocentes, palestinos e israelíes, cuando hay tanto que condenar de su liderazgo?

Un complicado dilema, sin duda…

Foto de portada: manifestantes pro-Palestina acampan en la Universidad Nacional Autónoma de México.