Estamos en diciembre del 2024, un año donde han pasado varias cosas en el mundo y entre otras en el Medio Oriente. Donde la guerra de Israel contra el Hamas y contra el Hezbolá en el Líbano han ocupado los espacios en los medios de comunicación y en las redes sociales. Brotaron en todo el planeta manifestaciones en contra de las acciones militares israelíes y reclamando una defensa de la causa palestina. En muchos de los manifestantes se proclama una preocupación por los derechos humanos de los palestinos y una supuesta defensa de la paz. Esta fue la tónica hasta hace pocos días cuando algo sacudió el panorama mundial. El Medio Oriente sorprendió y no por algo que hiciera Israel. Fue un país fronterizo el que movió las estanterías de la geopolítica mundial: Siria.
El domingo 8 de diciembre del 2024 será recordado como el día donde se puso punto final a la dictadura de Bashar al Assad. Una lucha que se inició cuando la Primavera Árabe llegó a Siria con las primeras protestas, que solicitaban reformas democráticas y fueron brutalmente reprimidas por las fuerzas del dictador. Así nació este capítulo de la historia del Medio Oriente que concluyó con el fin del régimen que gobernó Siria por décadas. Un conflicto que -de acuerdo con diversas estimaciones-, ha dejado entre 300.000 y 500.000 muertos y más de 10 millones de personas desplazadas. Un conflicto donde lo que nació como una represión contra un grupo de manifestantes que exigían reformas democráticas terminó como una guerra multiétnica con participación de diversas potencias extranjeras tratando de cuidar sus intereses. Pero, por sobre todas las cosas, es una guerra que tuvo la capacidad de mostrar lo más terrible de la opinión pública internacional: la hipocresía.

Estamos muy acostumbrados a observar a la comunidad internacional muy vigilante y exigente con el Estado de Israel cuando realiza acciones militares antiterroristas. ¿Pero ocurre el mismo nivel de exigencia cuando otras fuerzas armadas actúan de manera más despiadada? Porque cuando los aviones rusos atacaban en Siria, no había mensajes en árabe dirigidos a los ciudadanos de la zona a ser atacada para advertirles que se retiren de la zona. Porque la dictadura de Assad usó armas químicas como el gas sarín contra sus conciudadanos (hay que recordar que en Gaza no se han usado armas químicas). Porque las armas del régimen sirio fueron usadas, en un primer momento, contra la sociedad civil que pacíficamente exigía reformas al sistema político y solo después de varios meses comenzó a vislumbrarse una guerra entre bandos armados. Ante estos elementos, que ya debieran ser suficientes para condenar la dictadura de Assad, hay muchos sectores políticos y organizaciones sociales que miraron para otro lado.
Los primeros que no solo no condenaron sino que brindaron apoyo a la represión fueron organizaciones de las comunidades árabes que apoyaban al régimen (algunos incluso hasta el día de hoy lo apoyan). En el caso de Argentina, podemos mencionar con claridad a FEARAB (Federación de Entidades Argentino Árabes), que el día 6 de diciembre publicaba una declaración expresando lo siguiente “AFIRMAMOS NUESTRO INCONDICIONAL APOYO A la República Árabe Siria, su Pueblo, Ejército y legítimo Liderazgo, en este difícil capítulo de su sendero de heroica resiliencia en defensa de la identidad nacional, su modo de vida multi-confesional y pluri-étnico y su histórico rol como pilar del Eje de la Resistencia junto a sus aliados”. No solo eso sino que portaban con orgullo la bandera siria con los colores que representan el apoyo al régimen de Assad. Resulta increíble que en un país con tantos descendientes de sirios como la Argentina y que en una organización que habitualmente hace marchas contra Israel por las acciones militares contra el grupo terrorista Hamas, no promovieran manifestaciones en rechazo a las violaciones de los derechos humanos de parte del antiguo régimen sirio hacia sus propios conciudadanos. FEARAB miró para otro lado todos estos años de brutales crímenes contra el pueblo sirio. ¿Cómo van a defender al pueblo palestino si ni siquiera son capaces de defender al pueblo sirio? Pero no fueron los únicos en este negacionismo criminal, hay un capítulo aparte para algunos sectores de izquierda.
Cuando la Unión Soviética decidió entablar estrechos lazos con la Siria de los Assad en el contexto de la guerra fría, lo hicieron en buena medida interpretando que Israel era el país elegido por el rival de la URSS, Estados Unidos, para transmitir su influencia en la región. En ese contexto, la combinación de nacionalismo con un autodenominado “socialismo árabe” (que de socialismo solo tenía el nombre), Siria se convirtió en un país estratégico para la URSS en la región. Asesores militares, dirigentes políticos, intercambios comerciales y las famosas bases militares que hasta el día de hoy posee Rusia hicieron que tanto la URSS como los partidos comunistas de la mayoría de los países del mundo tuvieran una percepción positiva de Siria. El régimen del Partido BAAZ logró transmitir a sus aliados la idea de que Siria era un país árabe secular, alejado del integrismo religioso que existía en otros lugares y con una economía que había tenido un Estado intervencionista. Sin embargo, hasta ahí llegaba su impronta “progresista”, ya que después no tuvo empachos en recibir a criminales de guerra nazis como el ex SS Alois Brunner. No solo que los recibieron, sino que -de acuerdo a algunas denuncias (ver aquí)-, habrían colaborado con la formación y organización del aparato de la inteligencia siria varios fugitivos de las SS.
Con la desintegración de la URSS, Rusia logró a duras penas mantener su presencia en Siria, pero ya no en el marco de una guerra fría entre el capitalismo y el autodenominado “bloque socialista” sino como una simple puja de intereses entre potencias capitalistas e imperialistas. La actual Rusia de Putin es mucho más derechista en su visión ideológica (hay una reivindicación del zarismo) y no tiene nada que ver con el antiguo alineamiento que en la guerra fría se sintetizaba con la frase “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Sin embargo, hasta hace pocos días exhibían un apoyo al régimen de Assad y esto lo podemos ver con el comunicado que emitieron los partidos comunistas de Argentina o Chile, donde denuncian el “derrocamiento del gobierno de Siria” y no hacen ninguna mención a los crímenes del régimen. No es la primera vez que los partidos comunistas miraron para otro lado ante la represión de algunos gobiernos aliados pero por lo menos en otra época de la historia había menos información de los hechos (Ver aquí).

En el combo de las izquierdas desorientadas, hay que ubicar en el lugar estelar a Podemos, formación política española dirigida por los lugartenientes de Pablo Iglesias y que mantiene la misma arrogancia y soberbia para hablar de Israel al tiempo que guardan silencio sobre lo que ocurre en Siria. Contra Israel, repiten el discurso propagado por los terroristas del Hamas. Hacen manifestaciones borrando del mapa el Estado de Israel, reproducen sin dudar los números del Hamas y no se les ocurre ni por un segundo vacilar en su condena al único Estado judío del mundo. Sin embargo, para hablar de Siria, apenas si dicen la palabra régimen y nada más. No mencionan los crímenes de Assad contra su pueblo, pero sí usan lo de Siria para atacar a Israel. Resultaría gracioso si no fuera porque se están burlando de los cientos de miles de asesinados por el régimen de Assad en estos años.
Ahora estamos en el Siglo XXI. Con el avance de las tecnologías de la información ya no hay excusas para decir que uno no conocía lo que sucedía. ¿Cómo es posible que los partidos comunistas de diversos países sigan apoyando un régimen que no tiene nada de comunista ni de progresista? En las imágenes de los últimos días se está descubriendo lo que muchos denunciaban desde el exilio: la existencia de muchos edificios que funcionaban como centros clandestinos de detención con métodos de torturas que nada tienen que envidiarle a los de la dictadura de Videla y Pinochet (por ejemplo, el ahora reconocido centro de tortura denominado Sednaya). Al menos, decenas de miles de ciudadanos sirios se encuentran desaparecidos al día de hoy. Hay incluso denuncias de personas que fueron detenidas por leer o pertenecer a agrupaciones de izquierda. Resulta realmente insultante que militantes que de buena fe lucharon por los derechos humanos en Sudamérica ahora miren hacia otro lado contra la ejecución de crímenes de una naturaleza que en algunos aspectos se le parece. La historia los juzgará.
Foto de portada: concentración en apoyo al régimen de Assad, en el año 2015 en Buenos Aires.