Korin Allal nació en Túnez, en el seno de una familia francoparlante, desde donde emigró a Israel cuando tenía diez años. Víctima de un cáncer que sobrellevó casi quince años, Korin falleció a los 69 años dejando uno de los legados más trascendentes.
Muchas veces cuando hablamos de legado musical nos referimos al repertorio, a las canciones que se incorporan al inconsciente colectivo. En cambio, hay otros legados en los que el repertorio es tan sólo una parte, acaso la menos importante.
Si trasladamos esta necrológica al universo de Youtube, hay una Korin Allal que se nos representa en blanco y negro, aportando coros para un universo rockero creado y moldeado por hombres. Korin, junto a Yudit Ravitz, como también Astar Shamir, por ejemplo, fueron en los setenta “las voces detrás de”. La historia seguramente destaque de toda esta época la bellísima versión de “Atur mitzjej”, la versión musicalizada del poema homónimo de Abraham Jalfi que inmortalizó Arik Einstein, con melodía de Yoni Rejter y las voces entonces limpias de Korin Allal e Yudit Ravitz.
Tiempos de rock
Luego de una forzada pausa en los inicios de los ochenta vendrá una de sus etapas más relevantes: la solista y rockera. De su primer disco de 1984 se destaca el tema “Motek” (Dulce), que, aunque probablemente hiciera algún tipo de alusión al rubro chocolatero de su familia en Túnez, lo cierto es que en clave de rock pesado sentenciaba una declaración de principios “Al tikrá li motek” (No me llames dulce) reza el estribillo. Pero entonces el público israelí no estaba tan preparado para que esa dulce voz, en un dulce rostro, empuñara una guitarra eléctrica rabiosa y cantara a los gritos. Porque, además, Korin era lesbiana. Demasiado para aquellos tiempos.
Y entonces su carrera como compositora de canciones propias y melodías para letras ajenas alternó entre el mainstream y el under.
Por aquellos años le puso melodía a la letra de Ehud Manor “Ein li eretz ajeret” (No tengo otra tierra), himno que popularizó Gali Atari. Y también compuso “Shir bekeff” (Una canción alegre) que fue el tema insignia del Festival de la canción realizado en 1985.

A fines de los ochenta su tercer disco “Antártica” brindó gran parte de lo que serían sus clásicos, como la canción que le dio nombre al disco y grabó recientemente con el elenco del programa televisivo Zehu Ze, las políticas “Eretz ktaná im shafam” (Un pequeño país con bigotes) o “Hataasiá Haabirit” (La industria militar) hasta la reversión de la tierna canción de cuna “Shir le Shira” (Canción para Shira), que Yehonatan Guefen escribió para su hija y Korin Allal musicalizó.
Jugar y hacer jugar
Pero es muy probable que parte central del legado que nos dejó Korin Allal fuera su influencia sobre otros artistas en su rol de productora musical. Esta faceta que explotó especialmente a partir de los noventa permitió abrir paso a bandas emergentes como Carmela Gross Wagner, y en especial Hamajshefot, la banda de mujeres liderada por Inbal Perelmuter.
Probablemente Hamajshefot cristalizó la visión de Korin Allal de una escena rockera con protagonismo femenino, que hasta entonces -y aún hoy- tienen mayor despliegue en el pop. Sin embargo, Perelmuter falleció en forma repentina a los 26 años luego de un accidente de tránsito y el sueño se fue desvaneciendo. Del vínculo entre ambas nos queda como uno de los testimonios la canción “Kshe ze amok” (Cuando es profundo).
El nuevo siglo
Entretanto, su voz limpia de los setenta dio paso a un registro más forzado y rockero, pero que a la vez le otorgó identidad a una voz reconocible.
El siglo XX cerró para Korin con un recital que se volvió disco: “Javerim sharim Korin” (Amigos cantan Korin), que recorre sus temas más representativos, tanto los que interpretó ella como los que había compuesto para terceros.
En adelante vinieron los reconocimientos. En 2024 se reeditó aquel recital con amigos, con algunas caras repetidas de la primera versión y otras que resultan más conocidas para el público joven.
En 2009 Korin había comunicado que afrontaba un cáncer que quince años más tarde le pondría punto final a una vida, y daría inicio a una leyenda: la de la chica que soñó un mundo lleno de rock y mujeres, como el nombre de una de sus canciones “más fuerte que el viento”.