Yoel Schvartz, sociólogo, historiador, educador

“Lo más probable es que estemos asistiendo al nacimiento de un Israel nuevo y en gran medida desconocido»

¿Cómo se transformó la sociedad israelí a partir de la irrupción del brutal ataque del Hamas? ¿Qué implicaciones contiene el afirmar -cómo se ha hecho desde un comienzo- que hay “un antes y un después”? ¿Qué nuevos consensos y resquebrajaduras -temporales o como puntos de inflexión- se han producido en la heterogénea conformación del Israel contemporáneo? ¿Cómo se alteró la vida cotidiana en el país? ¿Cuál ha sido el impacto de lo que ya empezaron a contar los y las rehenes liberados/as? ¿Qué lugar crees que ocupan los familiares de los secuestrados, frente a la opinión pública y frente al Gobierno? Estos y otros interrogantes son los puntos de partida de una nutrida conversación que mantuvimos con Yoel Schvartz, destacado sociólogo, historiador e educador israelí de origen argentino, habitual colaborador de Nueva Sion.
Por Gustavo Efron

¿De qué modo impactó en el tejido social israelí el 7/10 y el advenimiento posterior de la guerra? La sociedad venía de un año de fuertes resquebrajaduras sociales que se expresaban en las manifestaciones masivas contra la reforma judicial. ¿Cómo cambió el escenario la irrupción de esta nueva realidad? ¿Qué pasó con aquellas grietas?  ¿Se crearon nuevos consensos, a nivel de toda la sociedad israelí? En todo caso, ¿son provisionales?

Esta es una pregunta que solo se puede responder fragmentariamente, la masacre del 7.10 fue solo el inicio de un trauma continuado que la sociedad israelí sigue viviendo. En gran medida podemos decir que esa jornada brutal no ha terminado y entonces es muy difícil evaluar sus “consecuencias”. Sin embargo, sí es posible analizar algunas tendencias. Por un lado el duelo, la tragedia nacional y la guerra han generado, como era natural, un consenso nacional casi sin precedentes en los últimos años. El apoyo a la ofensiva militar en la Franja de Gaza alcanza niveles altísimos, y la movilización espontánea de la sociedad civil para dar apoyo tanto a los combatientes como a las víctimas directas del 7.10 ha movilizado a todos los sectores de la sociedad, desde los ultraortodoxos hasta amplios sectores de los árabes israelíes.

En ese sentido, muchas de las organizaciones que hasta el 6.10 eran la punta de lanza de la protesta contra el golpe judicial (la llamada “reforma” del gobierno Netanyahu) -como el caso del grupo de excombatientes “Ajim LaNeshek” (Hermanos de sangre)- se reconvirtieron en cuestión de horas en centros de voluntariado para dar apoyo y contención a las víctimas y suplir lo que se percibió ya desde un principio como una falencia  o demora del Estado en dar respuestas a las necesidades tanto de la población civil en la frontera sur como de las propias fuerzas armadas, en lo que hace a equipamientos básicos.

Ese consenso también puede verse en otros datos: Israel ha sido uno de los pocos países del mundo que cuando entra en guerra son muchos más los ciudadanos que retornan al país (alrededor de 300.000 que se encontraban en el extranjero) que los que eligen salir a lugares más tranquilos (Esto es interesante porque mucho se ha hablado de los “repatriados” argentinos, chilenos y demás, pero socialmente el fenómeno significativo es el inverso, los que retornan de sus paseos o trabajos por el mundo para enrolarse en sus unidades de la reserva o simplemente para “estar aquí ayudar en lo que se pueda”). En paralelo, también hay un cambio en la actitud de los sectores ultraortodoxos con relación al servicio militar (cambio que es resistido por el liderazgo de las Ieshivot que prefieren a sus jóvenes estudiando la Torá y no empuñando un arma) que probablemente sea un emergente de un fenómeno social  que se viene gestando hace tiempo, de una identificación creciente con el Estado de Israel y con ciertas formas de nacionalismo que en el pasado eran vistas como herejías abominables en esas corrientes.

Yoel Schvartz

Sin embargo, en el subsuelo de ese consenso creo que las antiguas posiciones continúan en ebullición e inclusive diría que en muchos casos el 7.10 no ha hecho sino reforzarlas. Para algunos de los que apoyan ideológicamente el golpe judicial, el 7.10 no es sino una prueba de la debilidad a la que ha conducido a Israel un “deep state” (un Estado dentro del Estado) de funcionarios que a todos los niveles no ha permitido al Poder Ejecutivo actuar con libertad de acción ni a los mandos militares utilizar al máximo su potencial bélico sin temer consecuencias jurídicas. Para estos partidarios de la actual coalición gobernante, las manifestaciones y las declaraciones de excombatientes cuestionando la legitimidad de un gobierno que se coloca como meta un cambio de régimen político debilitaron el poder de disuasión de Israel frente a sus enemigos y los motivaron a lanzar un ataque sin precedentes.

Para los opositores al golpe judicial, la sorpresa del 7.10 ha reforzado la crítica a la actual coalición por la preeminencia de los intereses sectoriales (ejemplificada en el envío de tropas a proteger a los sectores más radicales de los colonos en Judea Samaria descuidando la frontera sur), por la falta de idoneidad de funcionarios y ministros designados sin otro criterio que su fidelidad ideológica (uno de los puntos centrales de la discusión por el golpe judicial) que se vio -y en gran medida se sigue viendo- en la falta de respuesta de los aparatos del Estado a las víctimas de la masacre. En paralelo al consenso sobre la necesidad de una respuesta militar, no son pocos los que expresan públicamente su desconfianza en la capacidad del Primer Ministro y su gabinete de comandar la guerra.

 ¿Puede decirse que hay un antes y un después en cuanto a la confianza de la sociedad israelí en las fuerzas del estado y su sistema de seguridad?

Creo que parte del trauma que vive la sociedad israelí tiene que ver justamente con esa confianza, que es un elemento constitutivo de lo que podemos llamar el “contrato social” del Sionismo. Las formas brutales de la invasión de Hamas del 7.10, el sadismo, el abuso sexual, la toma de rehenes civiles, el asesinato a mansalva y sin distinción en un país pequeño en el que todos de una manera u otra estamos conectados, han resucitado temores atávicos anclados en experiencias históricas anteriores inclusive al Holocausto.

Es inevitable trazar paralelismos con la sorpresa de la Guerra de Yom Kippur, también en Octubre, 50 años antes del 7.10. Recordemos que  la sorpresa del ataque en Yom Kippur y las grandes bajas iniciales de la guerra tuvieron un profundo impacto traumático en la sociedad y psicología israelí. Por un lado, hubo una conmoción y sensación de vulnerabilidad extrema al ver que los ejércitos árabes habían sobrepasado las defensas de Israel, consideradas inexpugnables. Muchos creían que el mismo Estado estaba entonces en riesgo existencial (“El Tercer Templo está en peligro” según la expresión que se adjudica a Moshé Dayan). Casi todas las familias israelíes fueron personalmente afectadas, sembrando duelo y dolor a nivel nacional. Para un país fundado principalmente por sobrevivientes del Holocausto, esta sensación de vulnerabilidad resonaba en el trauma colectivo subyacente del pueblo judío. La creencia de «Nunca más» se quebró. A nivel identitario, surgieron cuestionamientos sobre el ethos de fuerza israelí. Se perdió cierta sensación de seguridad ontológica para la sociedad.

Al igual que cincuenta años atrás, hoy se habla de concepciones que se han desmoronado (en especial la concepción de que es posible “administrar” el tema palestino mientras se avanza en un proceso de normalización con el mundo árabe). Y, al igual que entonces, cabe esperar que “el día después” de la guerra se manifieste con más fuerza el enojo y la demanda de responsabilidades políticas y militares por la falta de preparación, sumada en este caso a la demora en la atención a la sociedad civil. A nivel social, es difícil especular aún qué cambios profundos traerá la superación de este trauma, pero lo más probable es que estemos asistiendo al nacimiento de un Israel nuevo y en gran medida desconocido.

 ¿Cómo se alteró la vida cotidiana en Israel? Me refiero a poblaciones desplazadas, por ejemplo. ¿Cómo están viviendo esas familias?  O la situación del mercado de trabajo, que fue alterada. También el funcionamiento del sistema educativo, que según la zona tiene mayor o menor nivel de actividad.

Hay alrededor de doscientos mil israelíes desplazados de sus casas, no solamente en la frontera sur sino también en la frontera con Líbano. A nivel burocrático esas familias reciben el apoyo del Estado a través del Seguro Nacional y de decenas de miles de voluntarios civiles que los acompañan en los hoteles y en los kibutzim en los que se alojan, todos entienden que se trata de una situación temporal pero los plazos han ido variando. Al principio de la guerra se hablaba un plazo de seis meses a un año hasta que puedan retornar a sus casas; en las últimas semanas las autoridades militares comienzan a reducir esos plazos. Se dice que ya en enero una parte de esas familias, dependiendo del estado de sus viviendas, podrían retornar a sus casas en el Sur (sobre el Norte aún no está claro cómo se resolverán las hostilidades con el grupo terrorista Hezbollah). Por supuesto que esta dinámica es absolutamente inusual en la historia de Israel (nunca sucedió un desplazamiento de población de esta magnitud). Esto implica una tremenda organización con enormes costos para el Estado y la sociedad, desde la creación de un sistema educativo que dé contención a esos niños desplazados en donde están, hasta la puesta en disponibilidad de fondos para la reconstrucción de comunidades que han quedado prácticamente destruidas.

Manifestación del día 16/12 en Tel Aviv exigiendo un acuerdo para liberación de rehenes

No hay un sector de la vida israelí que no esté afectado de una manera u otra por el 7.10. No hablemos ya de los bombardeos de Hamas (y en forma más acotada de Hezbollah en el norte) a los que la mayor parte de los israelíes nos veníamos acostumbrando en los últimos años, hablamos de una guerra que sigue cobrando víctimas todos los días. Hay que entender que aún no tenemos una clara noción de quienes entre los rehenes viven y quienes no, de quienes murieron el 7.10 y sus cadáveres están en Gaza o aún no han sido reconocidos. Al mismo tiempo, hay un intento de la sociedad de israelí de retornar a alguna forma de rutina en tiempo de guerra, de retomar la actividad comercial en especial en el centro del país. Se han establecido protocolos para el retorno a las aulas y hasta comienzan a autorizarse actividades masivas. Al mismo tiempo, cientos de miles de reservistas movilizados (maestros, choferes, contadores, ingenieros, académicos, estudiantes) impactan sobre cualquier rutina posible. Y ni hablar de la constante tensión por el destino de los rehenes.

 ¿Cuál ha sido el impacto de lo que ya empezaron a contar los y las rehenes liberados/as? ¿Qué han ido contando y qué repercusiones han tenido en la sociedad?

A medida que avanzan las semanas se van conociendo más detalles del cautiverio en manos de Hamas, si bien hay mucha información que los liberados evitan compartir ya que podría poner en peligro a los que aún están allí. No hay una experiencia común a todos los liberados e inclusive durante el tiempo del cautiverio algunos pasaron por diferentes espacios. Junto con eso, se habla de una alimentación escasa (que por lo menos en un caso ya habría provocado la muerte de un rehén), de violencia y amenazas permanentes, de separación de familias, de falta de cuidados médicos necesarios, de crueldad gratuita (a dos niños se les marcó la pierna con el tubo caliente de una moto “para prevenir que escapen”) y de abuso sexual. Estos testimonios se suman a la aparición de cadáveres de rehenes asesinados en diferentes lugares de la franja de Gaza, y a la reciente tragedia del 15.12 cuando tres rehenes que habían huido de sus captores fueron confundidos con terroristas y muertos por los soldados israelíes. Todo esto contribuye a alimentar una sensación de urgencia con relación a la suerte de los rehenes y aumenta el clamor de una parte significativa de la población israelí para que se retome una negociación por su liberación. Hay que tener en cuenta que la postura oficial del gobierno israelí es que la liberación de los rehenes y la derrota (militar y política) de Hamas son dos objetivos entrelazados, y que es justamente la presión militar la que motiva a Hamas a ofrecer nuevas negociaciones.

 ¿Qué lugar crees que ocupan, en este momento, los familiares de los secuestrados, frente a la opinión pública y frente al Gobierno? Esto teniendo en cuenta que la prolongación de la guerra atenta contra la liberación de su totalidad.

Los familiares  de los rehenes no son un grupo homogéneo y a medida que avanzan las semanas también empiezan a notarse los quiebres internos en este grupo. Al mismo tiempo, son percibidos por la mayor parte de la sociedad como una voz central en lo que hace al destino de la guerra (y cabe aclarar que esto provoca rechazo en algunos sectores radicalizados afines al gobierno). En este momento, el grueso de los familiares de rehenes exige inequívocamente del gobierno de Israel que tome la iniciativa de una negociación para la liberación de aquellos que aún están vivos, frente a la realidad apremiante de una guerra que parece entrar en una fase de desgaste que puede ser letal para ellos.  En un futuro, en ese hipotético “día después”, no me sorprendería que muchos de los familiares, junto con el liderazgo local de las comunidades del entorno de Gaza y antiguos y actuales combatientes, sean los pivotes de un movimiento de protesta social y política que busque sacudir los cimientos de todo aquello que provocó el 7.10.

Foto de portada: El Kibutz Beeri, uno de los más impactados por el 7/10.