«Como parte de un acuerdo que incluye la devolución de todos los rehenes, debemos liberar a Marwan Barghouti», dice el ex jefe del Shin Bet, Ami Ayalon, en respuesta a mi pregunta. «Eso es doblemente cierto. Tanto porque el regreso de los rehenes israelíes es lo más cercano a una ‘imagen de victoria’ en la actual campaña en Gaza, y además porque Marwan es el único líder palestino que puede ser capaz de convocar a un liderazgo palestino unido y legítimo hacia un proceso de separación, consensuada, de los palestinos».
Esta es la primera entrevista de Ayalon desde que comenzó la campaña el 7 de octubre. Durante los últimos tres meses se ha negado a opinar sobre las operaciones en Gaza y en la frontera norte. También se abstuvo de hablar de los ataques desde Yemen y el Mar Rojo, áreas que le eran familiares de su época como comandante de Shayetet 13 (el comando naval) y más tarde como comandante de la marina. «Dejé el ejército hace unos 30 años y la Agencia de Seguridad de Israel hace unos 24 años», señala, «evito venir a los paneles y hablar de cosas con las que no estoy familiarizado en su resolución requerida». Lo que le interesa, y esta fue también la condición que puso para la entrevista: hablar de la «estrategia de salida», o en el lenguaje del discurso público, «el día después».
«No habrá una imagen de victoria que se pueda difundir en esta campaña», aclara Ayalon. «No como el izamiento de la bandera estadounidense en Iwo Jima durante la Segunda Guerra Mundial, ni como el de Yossi Ben Hanan (entonces un joven capitán y más tarde un general de división de las FDI) ondeando una Kalashnikov en el Canal de Suez al final de la Guerra de los Seis Días; y ni siquiera como el retrato de Yasser Arafat, que fue obligado a exilarse desde el puerto de Beirut a Túnez después de la Primera Guerra del Líbano». Según Ayalon, «en las guerras pasadas descritas en el siglo XIX por Von Clausewitz, en las que la victoria estaba determinada por la victoria militar en el campo de batalla, había imágenes de victoria que marcaban claramente el ‘día después’ de la guerra y la transición a las negociaciones entre los vencedores y los vencidos. En la guerra contra el terrorismo tampoco se levantan banderas blancas. Arafat también regresó a Gaza después de 10 años desde Túnez».
Y si eliminamos a Yahya Sinwar, ¿no será una victoria?
«No. Incluso si Sinwar devuelve su alma al Creador, si alguien piensa que los palestinos se rendirán, no conoce a los palestinos ni a Hamás, ni a los movimientos islámicos radicales de este siglo». Para aclarar su posición, Ayalon regresa a la detención del fundador de Hamás, el jeque Ahmed Yassin, que estaba paralizado y en silla de ruedas. «Cuando estaba en prisión, estábamos preocupados por su salud. Nos aseguramos de que no muriera en la cárcel para que no se convirtiera en un mártir. Nosotros, en el Shin Bet, nos opusimos a su excarcelación. Entre los generales del Estado Mayor había quienes se mofaban ´¿De qué temes? No es un líder, es un pobre hombre en silla de ruedas´. En respuesta, argumenté que tampoco entendemos el concepto de liderazgo en el mundo árabe y musulmán. Y eso es porque miramos al líder con ojos occidentales por su aparición en la televisión, su peinado o la entonación de su voz».
«Debe entenderse que el jeque Yassin, que como líder del movimiento redactó la carta de Hamás, era a los ojos de los palestinos, en gran parte debido a su discapacidad y a su frágil apariencia, un símbolo de su miseria. Fue el único que logró unir a un liderazgo religioso, social, político y militar que encarnaba en sí mismo. Hoy en día, Hamás no tiene ese liderazgo. El ala militar lleva a cabo su propia política, y el ala social, con toda su infraestructura caritativa, desaparece. Las luchas en Hamas son entre el ala militar, que dicta los acontecimientos en Gaza, y el ala política que se encuentra en el extranjero, en Turquía, Qatar y Líbano. Sinwar es el líder de la lucha armada. Es cierto que siempre hay tensión entre el ala militar y el ala política, pero en la era de Sinwar, la cooperación entre ellos es más estrecha».
Divide y vencerás
Ayalon ve las guerras de Israel de manera diferente en este siglo. «La guerra por el establecimiento y la defensa de Israel ha estado ocurriendo durante unos 140 años, desde el surgimiento de los primeros sionistas a finales del siglo XIX». La guerra continúa con mayor o menor intensidad, hay operaciones, batallas y campañas y, por lo tanto, según él, lo que ha estado ocurriendo en los últimos tres meses «no es una guerra, sino una campaña más en la guerra en curso por nuestra independencia».

¿Y no la ganamos?
“Ganamos en marzo de 2002: en la conferencia de la Liga Árabe en Beirut, los Estados árabes se rindieron y levantaron una bandera blanca. Se retiraron de la resolución de la Liga Árabe de agosto de 1967 en Jartum, conocida como la resolución de las Tres NO (no al reconocimiento de Israel, no a las negociaciones, no a la paz). En marzo de 2002, después de 35 años de lucha, en la misma cumbre acordaron reconocer a Israel y establecer relaciones plenas con él sobre la base de las resoluciones de la ONU y del Consejo de Seguridad, que también fueron firmadas por los gobiernos israelíes. Así es como se diseñó la política de ´estos tres SI´: sí al reconocimiento, sí a las negociaciones y sí a la paz con Israel. Lo trágico es que nos negamos a reconocer nuestra victoria y seguimos luchando. Hemos hecho de la guerra un fin en sí mismo. Si no decidimos a dónde vamos juntos y qué valores nos unen, existe el peligro de que sigamos luchando para siempre, así evitamos las disputas entre nosotros”.
¿Para evitar tomar decisiones?
«Sí. Con el fin de evitar el debate que está desgarrando a la sociedad israelí, se centró en la cuestión de lo que llegamos a ser aquí como pueblo en este país. La decisión del gabinete de no hablar sobre ´el día después´ convierte la guerra en una lucha militar sin objetivo político. Esta es una situación en la que es imposible definir la ´victoria´, que siempre se formula en términos políticos, y el gran peligro es que esta sea la situación en la que la guerra se convierta en un objetivo. Tan pronto como Benny Gantz y Gadi Eisenkot entraron en el gabinete, y está claro que su salida provocará el colapso de la coalición, las consideraciones son necesariamente también políticas.
Sin una decisión sobre el objetivo político, es imposible formular una estrategia de salida de la guerra, y estamos marchando con los ojos abiertos, hundiéndonos en las arenas movedizas de Gaza».
¿Y este es el gran problema de Israel?
«Sí. Al final de todas las disputas, este es el principal problema. Si no decidimos hacia dónde vamos juntos y qué valores nos unen, existe el peligro de que sigamos peleando para siempre, solo porque esa es la única vez que no peleamos entre nosotros. El ´juntos venceremos´ es cierto, pero sólo existe durante la guerra, cuando los enemigos externos nos imponen una unidad que no elegimos. Nuestra unión es hueca si es la vía de escape de la discusión real que rechazamos o no podemos mantener, tal vez porque la intensidad del desacuerdo podría llevarnos a una guerra civil».
¿Estuvimos cerca de eso después del asesinato de Rabin?
Yitzhak Rabin fue asesinado precisamente por esto. Por la gran pregunta de quiénes somos y por qué estamos aquí. Rabin fue asesinado porque los rabinos emitieron juicios persecutorios contra él, y en este contexto hubo alguien que se vio a sí mismo como un emisario público para llevar a cabo el asesinato. Solo cuando llegué al servicio (Ayalon fue nombrado jefe del Shin Bet después del asesinato de Rabin) comprendí la magnitud de la grieta y la grietas que han existido con diversa intensidad desde entonces».
¿Y esta ruptura alcanzó su punto álgido el año pasado con el intento de rediseñar los poderes del Estado?
“Por arrogancia, el gobierno de derecha decidió hace un año que había que cambiar la naturaleza del régimen. Además de los cientos de miles de personas que protestaron en las calles, los generales del Estado Mayor y los jefes del establishment de defensa dijeron al primer ministro y a los miembros del gabinete que existe una amenaza de múltiples frentes y que la medida del gobierno pone en peligro la seguridad de Israel. El ministro de Defensa, en un discurso a la nación, definió el peligro de guerra como ´claro e inmediato´.
Y por ello fue despedido de inmediato. El primer ministro y los ministros se negaron a escuchar y dejaron claro que las advertencias de las FDI tenían un motivo político conspirativo, y así es como quedamos atrapados en la campaña actual».
¿Y el resultado es el 7 de octubre?
«Sí. El colapso está en varios niveles de conceptos erróneos. En primer lugar, un concepto político, que comenzó con el colapso de las negociaciones de Camp David, según el cual ´no hay con quien hablar en el otro lado´” (declaración de Ehud Barak).
¿Y hay alguien con quien hablar?
«La Autoridad Palestina reconoció al Estado de Israel dentro de las fronteras de 1967 y acordó intercambios de tierras. Estuvo de acuerdo en que el derecho al retorno se discutiría con Israel como parte de las negociaciones. Tenemos que hablar con cualquiera que esté dispuesto a hablar con nosotros sobre la base de estos principios. Los últimos en intentar liderar un movimiento para resolver el conflicto fueron Ariel Sharon, que decidió abandonar Gaza y el norte de Samaria porque se dio cuenta de que estaba perdiendo la sociedad israelí, y Ehud Olmert. Desde el regreso de Netanyahu como primer ministro, él ha forjado una política de ‘gestión de conflictos’ mientras debilitaba deliberadamente a la Autoridad Palestina y fortalecía a Hamas, con el fin de evitar las negociaciones para un acuerdo político».

¿Netanyahu continua con una política de divide y vencerás?
“Sí, efectivamente. Netanyahu pensó erróneamente que esta política le daría tiempo político y se negó a ver la amenaza inherente a Hamas. Los jefes del Shin Bet le dijeron a Netanyahu: ´Usted no conoce a Hamas´, y exigieron que se tomaran medidas para debilitarlo militarmente. A los ojos de los palestinos, la ausencia de un movimiento político convierte a Hamas en el único que lucha por la liberación nacional. La concepción errónea suponía que los palestinos no eran un pueblo y que, si les permitíamos la prosperidad económica, renunciarían al sueño de la independencia. En última instancia, los palestinos se definen a sí mismos como pueblo. Están dispuestos a matar y a morir por su independencia, y los terroristas, que mueren en acciones bélicas, se convierten en mártires a sus ojos».
¿Y cuáles son los otros conceptos erróneos?
«El concepto de los servicios de inteligencia, estimó que después del operativo militar israelí en mayo de 2021, Hamas fue disuadido. Nosotros medimos lo cuantitativo: cuántos terroristas de Hamas matamos, cuántas infraestructuras armamentísticas o túneles hemos destruido, mientras que ellos, los palestinos, miden el software: la medida para ellos es el apoyo de la opinión pública. Después de cada ronda de violencia aumenta el apoyo a Hamas en su lucha contra la ocupación, y la Autoridad Palestina, que no se une a la lucha, es percibida como colaboradora de Israel».
Las crisis crean oportunidades
Ayalon también señala que Israel no entiende que el mundo está cambiando, que China y Rusia se están uniendo a Irán y creando un eje que desafía a Estados Unidos. «Es por eso que Biden está cambiando su política.
Está dispuesto a apaciguar al líder saudíta Mohammed bin Salman para frenar la influencia del eje contrario. Y él, a diferencia de Netanyahu, entiende que tenemos que avanzar en las negociaciones con los palestinos».
Si es así, ¿cómo es tu «día después»?
“El camino al ´día después´ lleva a una bifurcación en T. Solo hay dos salidas, y por el momento nos negamos a tomar una decisión, y debido a las disputas que desgarran a la sociedad israelí, nos negamos a entender que no tomar una decisión es también una decisión. Un camino, que creo, conduce a un Israel judío-democrático en el espíritu de la Declaración de Independencia de Israel, un Estado en el que la mayoría es judía. Será un proceso largo, con altibajos, que durará unos cuarenta años y que requerirá que hagamos concesiones y acuerdos entre nosotros. Si seguimos este camino, los países árabes signatarios de la Iniciativa de Paz Árabe, así como las democracias occidentales, estarán de nuestro lado. Creo que este camino nos lleva a un Israel seguro, judío y democrático».
¿Y el segundo escenario?
«La segunda forma es aquella en la que aquellos que piensan erróneamente que la ocupación es un activo de seguridad, y otros que creen que no tenemos derecho a entregar territorios de la Tierra de Israel, incluso si eso significa una guerra cuyo final no se puede vislumbrar. En mi opinión, esta es una visión mesiánica que no reconoce las limitaciones de la realidad. Este camino conduce a una realidad de un solo Estado, en una zona donde viven actualmente siete millones de judíos y siete millones de árabes. Esta es una realidad violenta en la que Israel perderá su identidad judeo-democrática. Esta realidad nos remite a la gran revuelta árabe de los años treinta, a una lucha religiosa que atrae a los grupos más radicales y violentos de ambos bandos».
Aylon mira esperanzado el día después de la gran devastación del 7 de octubre. «Las ideas que debemos aprender del año pasado son que debemos reconocer la profundidad de las divisiones que nos han llevado al borde de la violencia, junto con el peligro que acecha afuera. El reto es aprovechar esa energía en algo positivo. La unión conducirá a una realidad en la que la gente saldrá a las calles no solo para exigir el establecimiento de comités de investigación y para protestar contra aquellos que no están de acuerdo con su posición, sino que también buscará la manera de reunirse, conocerse y encontrar puntos en común. Las crisis crean oportunidades. La guerra del 6 de octubre (Yom Kippur, 1973), en la que murieron más de 2.600 combatientes, nos enseñó que la paz con Egipto sin el Sinaí es preferible a Sinaí sin paz. Es hora de que decidamos hacia dónde nos lleva la guerra del 7 de octubre».
Foto de portada: Ami Ayalon