¿Es Trump la reencarnación del Fascismo?

Trump no es la reencarnación de Hitler ni Mussolini, pero su ascenso encarna síntomas profundos de una crisis democrática: desigualdad abismal, miedo social, antiintelectualismo y una élite liberal desconectada. Más que discutir si el actual presidente de los Estados Unidos es fascista, este artículo propone entender por qué millones lo votan y qué condiciones materiales, culturales, simbólicas y políticas, alimentan el avance global de la extrema derecha.
Por Sebastian Sclofsky

Inmediatamente con la asunción de Trump por primera vez en enero de 2017, varios comentaristas políticos intentaron entender el nuevo fenómeno asociándolo con el populismo latinoamericano. El Washington Post, en enero de 2017, preguntaba si Trump era el primer presidente latinoamericano en Estados Unidos, y The Economist declaraba en febrero de 2018 que había “un peronista en la Casa Blanca”. Por más que uno podía encontrar algunas similitudes entre Trump y Getulio Vargas o Perón, Trump era, y es, un producto del neoliberalismo y del sistema político estadounidense, más cerca de Obama que de Perón.[i]

Con la nueva victoria de Trump en el 2024 y a seis meses de su segundo mandato, las mismas preguntas se vuelven a formular en un intento de entender este fenómeno, en especial en un contexto mundial donde la extrema derecha ultranacionalista ha avanzado a pasos agigantados.

¿Es Trump fascista? La primera dificultad que tenemos es que el fascismo es un movimiento político más que una ideología, y en ese sentido la conceptualización se hace muy compleja. Enraizado en la humillación nacional de la post guerra, el fascismo surge como un deseo de refundar la nación a través de la violencia, la consolidación y centralización del poder estatal, y el culto al líder por encima del pluralismo y las divisiones sociales. El fascismo tiene un elemento revolucionario en querer destruir las estructuras existentes para retornar a un pasado imaginario de gloria nacional, en otras palabras “Make America Great Again”[ii]. La movilización popular, el uso de propaganda y espectáculo, la constante búsqueda de chivos expiatorios, son algunas de las características notorias del fascismo.[iii]

El actual gobierno de Trump tiene diversas características autoritarias y fascistas. El ataque constante a las instituciones democráticas cuando éstas no cumplen con sus deseos, por ejemplo, la crítica a los pocos jueces federales que han bloqueado iniciativas inconstitucionales con relación a las políticas anti-inmigrantes. El ataque a las universidades, a las políticas antidiscriminatorias, o el intento de despojar de ciudadanía a sectores de la población, son algunos ejemplos. El uso constante de chivos expiatorios, una retórica ultranacionalista, el anti-intelectualismo y el rechazo a la ciencia, promoviendo una pseudociencia y posverdad, acercan a este régimen a los años de entre-guerra europeos. El uso de la violencia, por parte de sus adherentes o a través de agencias estatales como ICE, violando dictámenes judiciales y la separación federal, muestran un viraje autoritario reminiscente del fascismo. Sin embargo, en materia económica, a pesar del uso de aranceles como parte de su política internacional, el gobierno, contrario al fascismo de los años 30, somete a la comunidad nacional a los intereses de individuos super ricos, algo que se vio reflejado en la última ley presupuestal.

¿Cuánto ayuda la etiqueta “fascista”? La etiqueta “fascista” ha sido sobreutilizada para atacar a todo aquel que aborrecemos, y poco sirve para entender el porqué del auge y de la victoria electoral de la extrema derecha. En el contexto de EEUU, la etiqueta también ha sido utilizada por varios comentaristas liberales que, ante el gran enemigo, exigen un alineamiento con el Partido Demócrata, ignorando la responsabilidad de éste en el surgimiento y éxito de Trump. Más importante aún es el hecho de que a diferencia de Hitler y Mussolini, los cuales llegaron al poder a través de maniobras políticas de sectores conservadores y no a través de las urnas, Trump llega al poder a través de las urnas y con un gran apoyo popular. Entonces la pregunta debe ser ¿cuáles han sido y son las condiciones que han llevado a este neo fascismo al poder?

¿Y la historia se repite?

En su famoso libro, La Gran Transformación, Karl Polanyi demostraba que el intento -luego de la Primera Guerra Mundial- de organizar la vida social alrededor de los principios del mercado generó una enorme crisis sociopolítica y económica que derivó en el fascismo y la guerra.[iv] Pareciera ser que el siglo XXI intenta repetir la historia, esta vez como una peligrosa farsa. [v]

Al igual que la crisis del 2001 que afectó a los países del cono sur, la gran crisis económica del 2008 generó una enorme grieta social en EEUU. A pesar de la recuperación macroeconómica, los frutos de tal recuperación no llegaron a los más afectados. Y para peor, la pandemia del 2020 profundizó la grieta. Los niveles de desigualdad en EEUU hoy son mayores que previos a la crisis del ‘29. Hay que agregar también una crisis de representación y liderazgo político generalizado que abrió la puerta para Trump y la extrema derecha. El Partido Demócrata, que supuestamente debía dar respuesta a las demandas sociales, es desde hace más de tres décadas el partido de Wall Street. Le han dedicado más recursos y energía a bloquear el surgimiento de un sector socialdemócrata, que a combatir a la extrema derecha y al trumpismo.

La inexistencia de una izquierda socialdemócrata en EEUU, sustituida por una pseudo-izquierda neoliberal, elitista, y centrada en políticas de identidad sin tomar en cuenta políticas redistributivas, incrementó la sensación de inseguridad y ansiedad, particularmente en la clase media baja, que se movió hacia la derecha, llevando a un aumento de la popularidad de Trump.[vi] Un apoyo popular que pone al descubierto el enorme fracaso de los sistemas educativos en construir una población cívicamente activa e informada, que es el sostén principal de cualquier sistema democrático. Las universidades, incluyendo las universidades de elite en EEUU, se han convertido en formadores de tecnócratas alejados del ideal democrático y humanista tan necesario en nuestros días. Y la reciente ola de antisemitismo en muchas de estas universidades expusieron su pseudo-progresismo, generado una reacción conservadora que incrementó la anti-intelectualidad tan característica de los movimientos fascistas.

El trumpismo, con su culto al líder, su xenofobia y ultranacionalismo, se ha alimentado y alimenta del desespero, la ansiedad, y la inseguridad de grandes sectores de la población estadounidense. Se ha alimentado y alimenta una historia y cultura socio-política autoritaria, reflejada en el alto índice de encarcelamiento -el más alto en el mundo- en el alto índice de violencia policial,[vii] alto índice de religiosidad conservadora, y una alta adhesión de la población a un nacionalismo chauvinista. “La tierra de la libertad y las oportunidades”, tan proclamada por sus líderes políticos, ha sido y es un slogan de marketing, muy lejano a la realidad actual de EEUU.

Más que discutir si Trump es o no es la reencarnación de Mussolini o Hitler, debemos entender las causas históricas e inmediatas que han generado el movimiento popular que lo ha llevado al poder. Sin atacar las condiciones materiales y sociales que generan el caldo de cultivo para estos movimientos, la extrema derecha -fascista o no- seguirá creciendo. En su misión de convertir al Holocausto en una advertencia, Yehuda Bauer argumentaba que es importante entender las condiciones socioeconómicas y políticas que permiten el surgimiento de este tipo de líderes y movimientos. No hemos aprendido la lección y queda un largo camino por recorrer.


[i] Ver Sclofsky (2018). “Trump May Play the Populist Card, But He’s No Perón,” LA Progressive, August 18, 2018. https://www.laprogressive.com/foreign-policy/trump-not-peron

[ii] “Make America Great Again,” se traduce como “Hacer a América Grande Nuevamente,” y es el slogan del trumpismo.

[iii] Paxton, R. (2004). The Anatomy of Fascism. Vintage.

[iv] Polanyi, K. (1944). The Great Transformation.

[v] Marx, K. (1852). “The 18th Brumaire of Louis Bonaparte.”

[vi] Y esto es independiente de elementos identitarios. En las últimas elecciones Trump mejoró su voto entre los Afro-estadounidenses y Latinos. Más importante aún es el hecho que importantes sectores minoritarios redujeron su porcentaje de participación en las elecciones, algo que siempre favorece a la derecha.

[vii] Más de 2000 personas por año son asesinadas por la policía, por lejos el mayor número e índice de violencia policial entre los países desarrollados, y mayor que muchos países latinoamericanos.