Saga de latinoamericanos en tres kibutzim fronterizos con Gaza

Los 11 kibutzim en el nordoeste del Néguev sobre los cuales escribí en mi nota anterior no fueron creados como aquellos fortines argentinos durante la llamada Conquista del Desierto; los jóvenes jalutzim latinoamericanos tampoco creían que vivían en el Far West del desierto israelí. Muy pronto comprendieron que su nueva vida en kibutzim fronterizos, austera y arriesgada, ayudaría por un tiempo largo a resistir el irredentismo violento, primero de los fedayines nacionalistas y luego de los yihadistas fundamentalistas de Gaza. El pasado 7 de octubre, trágicamente, comprobaron también que la vida de ellos, junto a la población israelí del Néguev noroeste, corría inminente peligro de muerte. Aquí adelanto breves fragmentos de un ensayo más extenso sobre tres kibutzim que sufrieron muertes y secuestros durante la masacre del «sábado negro». Podrán leer que la saga de los latinoamericanos en el Néguev no es ninguna metonimia del emplazamiento geográfico de los kibutzim para la Conquista del Desierto.
Por Leonardo Senkman, desde Jerusalén

Mefalsim: el emblemático y musical kibutz latinoamericano

Durante el «sábado sangriento» fue atacado, entre otros, Mefalsim, el emblemático kibutz conocido en Israel por el origen y el ambiente cultural rioplatense de sus miembros.

Fundado en junio de 1949, sus miembros pertenecían al movimiento juvenil Habonim Dror, mayormente olim de Argentina y Uruguay. Fue bautizado «Mefalsim» en honor de aquellos pioneros inmigrantes de América del Sur que desbrozaban el camino nivelándolo (lefales, en hebreo) para ayudar a otros hacer aliá. Muy significativamente, Davar —el diario de la Histadrut (CGT de trabajadores)— les daba la bienvenida al día siguiente de su fundación en su primera página: «Los hijos y nietos de pioneros de la colonización agrícola del Barón de Hirsch en Argentina hace cincuenta años, y nativos de Uruguay, Brasil y Chile del movimiento Dror que pelearon en la guerra de la Independencia, ayer levantaron el kibutz Mefalsim en tierras del Keren Kayemet, el primero de los kibutzim jalutzim de América del Sur, a 800 metros de la ruta al Néguev» (Davar, 13/6/1969, p. 1).

Uno de esos olim, oriundo de la colonia santafesina Moisés Ville —cerca de Virginia— de la Jewish Colonization Association (JCA), fue Baruj Bukl Resnik; en sus memorias, escritas en Mefalsim muchos años después, Resnik narraba la experiencia de haberse reasentado en el kibutz; su título —Un agricultor judío en el campo argentino— es el testimonio que, en versión castellana, publicamos con Haim Avni en nuestro libro Del campo al campo. Colonos argentinos en Israel (Bs. As. Mila. 1993). Mefalsin organizó un rico archivo sobre la historia de sus fundadores argentinos en las colonias judías de Argentina.

El crecimiento agrícola del kibutz durante los últimos años resulta auspicioso. En 2017, Mefalsim cultivaba 430 acres de cítricos y almendros. Uniéndose a otros agricultores de la región, los productores de frutas de Mefalsim solicitaron al Ministro de Defensa israelí, Avigdor Lieberman, permisos de entrada para cientos de palestinos de Gaza con el fin de que trabajasen en sus huertos. Mefalsim-Kfar Aza fue creada como cooperativa agrícola que cultivaba tubérculos de patatas y zanahorias en una superficie de 14.000 dunams (aproximadamente 3.500 acres). En 2022, apenas un año antes del «sábado sangriento», el Grupo Shibolet adquirió una superficie de 22 dunams de terreno del kibutz para el establecimiento de un centro logístico para empresas industriales. La población total del kibutz había crecido hasta alcanzar las 1.037 almas en 2021, en tanto hacia 2005, Mefalsim había absorbido a algunas de las familias desalojadas tras la retirada israelí de los asentamientos en la Franja de Gaza.

Sin embargo, también Mefalsim venía sufriendo el acoso de Hamas hace ya bastante tiempo. Desde 2001, el kibutz ha sido alcanzado por decenas de cohetes lanzados desde la Franja de Gaza y algunos edificios fueron destruidos, incluido el jardín de infantes en 2012. En 2018, Mefalsim resultó el primer poblado del Néguev noroccidental incendiado por un globo explosivo.

En el asalto inicial del sábado 7 de octubre, el equipo de seguridad del kibutz Mefalsim luchó contra los terroristas del Hamás durante horas, manteniéndolos a raya hasta la llegada de refuerzos de Tzahal, que desalojaron a invasores armados adicionales infiltrados en el kibutz. Varios de sus miembros resultaron heridos; a diferencia de kibutzim vecinos, no hubo víctimas mortales, pero al menos un civil fue asesinado a la entrada de Mefalsim.

De todos los kibutzim con población oriunda de América Latina, Mefalsim logró ser conocido por amplios sectores del público israelí como icono de la música y el folclore del continente mestizo. El trío «Mefalsim», integrado por cuatro cantantes argentinos del kibutz que actuaron entre 1964 y 2011, difundían ritmos sudamericanos y españoles, no solamente argentinos. Sus apariciones en radio y televisión les permitieron volverse muy populares, especialmente durante los años 1960 y 1970. El grupo comenzó como un cuarteto que incluía a David Erez, Mota Yadlin, Yosef Halfi y Hanan Brauda. El último integrante actuó con ellos solo diez años, entre 1964 y 1974. El conjunto fue descubierto en el programa Tshoot Rishonot, de Ofra Samuel, y actuaron por radio en el Singer’s Club, de Meir Harnik, y en el popular programa Yours for a good time, de Manny Parr. El grupo emprendió exitosas giras por México, Argentina y España, con un repertorio de canciones en hebreo y español. No solo representaban al kibutz, sino que, más allá de la música, eran recibidos como talentosos embajadores culturales de Israel. En 1970, el grupo lanzó su primer álbum, bajo la dirección y arreglos de Shimon Cohen. El último apareció en 1987, con el título de 20 años de la canción sudamericana en Israel.

Nitzanim y Ein HaShlosha: de la guerra de Independencia al «sábado sangriento».

Ein HaShlosha, kibutz emplazado en el desierto occidental de Néguev, está bajo la jurisdicción del Consejo Regional de Eshkol y recibió su nombre en memoria de tres de los miembros fundadores que murieron durante la guerra árabe-israelí de 1948. Fue levantado durante la década de 1950 por Nahal, un grupo de jóvenes de América del Sur, miembros del movimiento juvenil sionista HaNoar HaTzioni, en tierras del antiguo kibutz Neve Yair (establecido en 1949 por miembros del Lehi, pero abandonado en junio de 1950). Durante sus primeros años, el kibutz sufrió bombardeos del ejército egipcio. Casi adyacente a la frontera de Gaza, frente a Khan Yunis, era regularmente atacado por misiles de Hamás. El 15 de enero de 2008, el joven voluntario ecuatoriano Carlos Andrés Mosquera Chávez fue asesinado a tiros por un francotirador de Hamás mientras trabajaba en el campo; había llegado poco tiempo antes, en el marco de un programa anual para voluntarios latinoamericanos, especialmente de Ecuador. Tras su muerte, el kibutz levantó un monumento en su memoria.

Durante el Operativo Margen Protector, fueron disparados al menos 825 cohetes contra la región de Eshkol. En algunos casos, los tejados de amianto resultaron dañados después de ser alcanzados por cohetes. Dado la ubicación fronteriza del kibutz, sus miembros suelen permanecer largas horas, e incluso días, en refugios antiaéreos durante los frecuentes ataques de cohetes.

Varios miembros del kibutz Ein Hashlosha, como los de otros poblados de la frontera con Gaza, venían advirtiendo, antes del fatídico sábado de Simjat Tora, que «aún lo peor no había ocurrido».

Muchos entendieron que la andanada masiva de cohetes en mayo de 2021 había sido la culminación del ataque de 2014, por lo que, imbuidos de una sensación de total desprotección por parte del gobierno, anticipaban un próximo desastre. Miguel Friedman, un uruguayo que inmigró en 1973 al kibutz Ein HaShlosha, relató en una entrevista su angustia y su rabia por los ataques desde Gaza a los 20 poblados de la zona, incluido su kibutz, en mayo de 2019:

«La verdad es que vivimos un infierno desde el sábado a la mañana, con una lluvia de 700 misiles aún retumbando en nuestros oídos, con las cuatro víctimas que dejaron viudas, huérfanos y familias destrozadas, con heridos que demorarán meses hasta recuperarse, con chicos que quedaron traumados por las explosiones junto a sus casas y crecerán en una realidad de años sin un horizonte de solución para vivir una vida normal. Y todo eso… ¿para qué? Para que después nos den «pan y circo» con festivales de Iom Haatzmaut o de Eurovisión». (Entrevista a Miguel Friedman, Semanario Hebreo, 8/5/2019)

Durante el asalto a Ein Hashlosha el fatídico sábado 7 de octubre, los terroristas de Hamás saquearon e incendiaron muchas casas del kibutz para obligar a que salieran quienes se habían ocultado en los refugios; además, mataron a cuatro miembros de la comunidad y tomaron numerosos rehenes.

El kibutz fue elegido entre los primeros asaltos dada su proximidad con la Franja, apenas 2 km, y porque en la brecha entre la valla del kibutz y Gaza hay sólo campos. Tan pronto como atravesaron la valla, el kibutz fue invadido sin ninguna dificultad por terroristas montados en motocicleta y en pickups. Antes habían inutilizando muchas de las cámaras de seguridad, logrando privar a las fuerzas de defensa del kibutz de toda información en vivo. Afortunadamente, 30 personas fueron rescatadas después de haber permanecido escondidas en el kibutz Ein HaSholsha durante tres días.

Algunos miembros veteranos sienten que el desastre del 7 de octubre de 2023 cerró el círculo de duelo del kibutz, que había sido completamente vulnerable en la intemperie fronteriza desde su fundación. No me sorprendería que, en ese sábado maldito, más de uno hubiera recordado que la muerte se había hecho presente en el momento mismo del nacimiento del kibutz; no por casualidad el nombre «Ein Hashlosha» («Fuente de los tres») rememora a los tres javerim fundadores del kibutz —Deborah Epstein y Abraham Geller, de Uruguay, y Iaacov Kroch, de Argentina— que cayeron luchando en la guerra de la Independencia de Israel al enfrentar la invasión militar de Egipto. (Natan Hasher, Historia del primer núcleo sudamericano del movimiento Hanoar HaTzioni en Ein Hashlosha, 2002 (en hebreo))

Finalmente, Ein HaShlosha recibió a remanentes del kibutz Nitzanim, establecido en diciembre de 1943. Sus primeros pobladores fueron sobrevivientes del Holocausto; durante la guerra de 1948, el kibutz fue bombardeado y capturado por el ejército egipcio en la sangrienta batalla de Nitzanim. De sus 141 miembros, 37 fueron asesinados y muchos, hechos prisioneros. Dos de ellos, Tzvi Bar Sada y su esposa Lola, llegaron al kibutz Nitzanim desde Uruguay como miembros del Movimiento Juvenil Sionista Hanoar Hatzioni. Tzvi estuvo prisionero en Egipto durante ocho meses:

«En realidad, no tenía idea de lo que iba a ocurrir cuando llegué a Nitzanim, pero estaba dispuesto a luchar sin temor hasta el final. Cuando Nitzanim perdió casi la tercera parte de sus defensores, nuestro comandante decidió rendirse para salvar las vidas de los sobrevivientes en una batalla contra un enemigo mucho más numeroso. Así fue que llegamos como prisioneros a Egipto. El trauma de la derrota, la muerte de muchos javerim y la inseguridad nos deprimían y nos impedían funcionar normalmente. El trato hacia nosotros mejoró después de que el representante de la Cruz Roja Internacional en Egipto advirtió a las autoridades egipcias que Israel estaba preocupada por lo inhumano de ese trato en relación a los prisioneros de guerra, en abierta desobediencia de los acuerdos de Ginebra. Ya había más de 3.000 prisioneros egipcios en Israel; entre ellos, alrededor de 80 oficiales. Las familias de los prisioneros pidieron al rey Faruk que ordenara a los militares tratar bien a los prisioneros israelíes por temor a las represalias contra sus hijos». (Entrevista de Jana Jerozolinsky, «Dialogando con dos pioneros en la creación de Israel», Semanario Hebreo, 6/5/2019)

Finalmente, en marzo de 1949, Tzvi Bar Sada y el grupo de prisioneros judíos retornaron a Israel; al año siguiente, se incorporarían al kibutz Ein Hashlosha. Los años duros de entonces no hicieron mella en los esposos Tzvi y Lola, sino que los galvanizaron: «El kibutz de aquel entonces, con la creación del Estado, era el símbolo máximo del idealismo, de los principios socialistas, de igualdad y solidaridad». En la entrevista que ofreció al Semanario Hebreo de Montevideo, Tzvi confirmó esa fe idealista de la primera generación de pioneros latinoamericanos que lucharon en la guerra de Independencia.

«La segunda generación en los kibutzim, en cambio, ya no quiso saber nada con el socialismo y así surgió la privatización. Cuando yo abandoné el kibutz en 1960, aún los miembros no soñaban con cambiar su ideología. Mi familia y yo nos fuimos por motivos sociales, no por algún problema económico». (Entrevista de Jana Jerozolinsky, ibidem)

La historia de Nitzanim-Ein Hashlosha ilumina los sentidos profundos de un kibutz fundado por latinoamericanos que vivieron en carne propia ambas caras de muerte y resurrección jalutzianas; asimismo, esta memoria colectiva ayuda a comprender la capacidad de resiliencia de los javerim de Ein HaShlosha luego del desastroso 7 de octubre.

Kibutz Nir Itzjak: el legado de Itzjak Sade a prueba, el «sábado sangriento».

El kibutz Nir Itzjak se estableció el 8 de diciembre de 1949 en Dangor, que fue el sitio del kibutz Nirim hasta el final de la Guerra de Independencia. Sus fundadores eran miembros del movimiento juvenil sionista socialista Hashomer Hatzair, entre quienes predominaba la línea estalinista del partido obrero unificado Mapam, que no condenó los juicios de Praga. A principios de la década de 1950, el núcleo Gvulot, constituido por jóvenes nativos de Haifa e inmigrantes de Bulgaria, Rumania y Argentina, se incorporó a los fundadores del kibutz. En 1953, su primitivo nombre, Dangor, fue sustituido por «Nir Yitzhak» en memoria de Itzjak Sadé —de modo similar a lo ocurrido con el kibutz Mashabei Sadé (en las dunas Halutza del Néguev)—, y continuó afiliado a la federación del kibutz Artzi. (Al Hamishmar,18.3.1955)

El nuevo nombre del kibutz, Nir Yitzhak, sería divisa y modelo de conducta del legendario fundador del Palmaj que se alistó a la Haganá en 1941. El propósito de esta organización clandestina de élite había sido prepararse para lanzar una guerra de guerrillas en caso de que las fuerzas del Eje invadieran Palestina. A principios de 1948, Yitzhak Sadé comandó el campo de entrenamiento de la Haganá en el kibutz Mishmar HaEmek, al que defendió de un ataque a gran escala del Ejército de Liberación Árabe. A finales de abril de 1948, comandó dos brigadas en zonas estratégicas de Jerusalén y alrededores. En octubre y mediante el Operativo Yoav, capturó la fortaleza iraquí Suwaydan, que bloqueaba el camino hacia el Néguev. En diciembre de 1948, Yitzhak Sadé participó en el Operativo Horev, cruzando la frontera que amenazó a El-Arish y también al ejército egipcio en la Franja de Gaza. (Dror, Zvika, 1996, The Life and Time of Yitzhak Sade (en hebreo))

Durante sus primeros años, el kibutz sufrió dificultades a raíz de que la escasez de precipitaciones amenazaba su fuente de sustento agrícola, que obligó a cultivar tierras mucho más al norte. La tubería de agua de la planta Yarkon-Néguev no llegaba a Nir Yitzhak, por lo cual el kibutz debió seguir lidiando bastante tiempo con aquella falta de agua.

Las principales ramas productivas incluyen hoy en día cultivos agrícolas: patatas, zanahorias, maní, tubérculos, rábanos y trigo. En el kibutz opera la planta industrial química Kimada para la industria farmacéutica. Shahen Agriculture Co. es una empresa de producción de cultivos, de propiedad conjunta del kibutz Nir Yitzjak y el kibutz Kerem Shalom.

Además, el kibutz desarrolla el programa Garín Tzabar, un marco de absorción de judíos no israelíes que se ofrecen como voluntarios para servir en Tzahal. La población del kibutz es de alrededor de 370 miembros plenos, además de candidatos jóvenes que llegan después de terminar el ejército y sus padres, un total de 530 almas.

De modo semejante a otros kibutzim de la frontera con Gaza, también Nir Yitzhak fue perturbado durante años por los ataques de fedayines gazatíes infiltrados.

Desde la reanudación del lanzamiento de cohetes desde Gaza a poblados civiles fronterizos en 2008, 2014, 2019 y 2021, también la población de este kibutz fue alertada numerosas veces para que se protegiera en refugios sellados.

Un antes y después marcó el «sábado sangriento», el 7 de octubre, cuando los residentes del kibutz fueron encerrados en habitaciones seguras durante más de 14 horas, sin acceso a agua, alimentos o servicios sanitarios, mientras continuaban los disparos de Hamás dentro y fuera de las casas. Los terroristas robaron vehículos pertenecientes a varias familias y aparentemente los utilizaron para transportar a secuestrados hacia la Franja de Gaza. El equipo de defensa rápida del kibutz luchó contra docenas de invasores en su intento de proteger a los residentes. Un sargento mayor y otro miembro del equipo murieron en los combates, además de otro javer del kibutz. Cuatro miembros del equipo de defensa rápida están desaparecidos y se desconoce su paradero. Otros dos miembros del kibutz y tres familiares que habían sido invitados a su casa fueron secuestrados. Uno de los escuadrones de los asaltantes penetró en la planta Chemi Pharm del kibutz intentando asesinar y secuestrar a trabajadores mientras destruían y saqueaban equipos. Gracias a la red de cámaras de la planta, los trabajadores se atrincheraron en el área de operaciones fortificada y así consiguieron salvarse. Cuando la unidad comando LOTAR llegó al kibutz, logró dar muerte a la mayoría de los terroristas y repeler o capturar al resto.

El asalto de Hamás ese día puso en los medios el nombre del kibutz Nir Yitzhak entre los poblados con víctimas oriundas de Argentina: hubo muertos y una familia entera secuestrada, incluida una adolescente de 17 años.

Lior Rudaeff, de 61 años, había emigrado de niño junto con sus padres desde la Argentina a Israel, donde formó una familia numerosa. Era uno de los encargados de la seguridad de Nir Yitzhak que salieron a defender el kibutz. Otro oriundo de Argentina, Oren Goldin, fue asesinado; Rudaeff, por su parte, fue llevado a Gaza como rehén.

Las otras rehenes eran mujeres: Clara Marman, Gabriela y Mia Leimberg, miembros de una familia extensa de cinco miembros capturados en el kibutz Nir Itzjak. Clara Marman, de 62 años, y su pareja, Norberto Louis Har, de 70, se escondían en la habitación sellada de su casa junto con los hermanos de Clara: Fernando Marman, de 60 años; Gabriela Leimberg, de 59; y la hija de Gabriela, Mia Leimberg, de 17. Entre todos, trataron de mantener la pesada puerta cerrada y trabada con una silla. Gabriela Leimberg es directora de Eyal’s Farm, un rancho ecológico para adultos autistas en el kibutz Ramat Rachel en Jerusalén; su hija Mia, estudiante de 12º grado en un colegio con orientación artística de Jerusalén, es conocida por sus amigos como una compañera divertida, enérgica, con un gran talento para el canto y «un corazón enorme», según la describió su amigo Eitán, entrevistado en los medios.

Durante el cautiverio de su esposa e hija, Moshé Leimberg informó que Gabriela y Mia habían traído al kibutz durante ese fin de semana también a Bella, la perrita shih-tzu de la familia. Leimberg inicialmente pensó que Bella había conseguido escapar de las balas, y por error alguien se la habría llevado. Posiblemente la buscó por todos lados porque deseaba que la shih-tzu blanca de Mia recibiera a la madre y a la hija cuando regresasen, como publicó en Facebook junto con su pedido de ayuda. Enorme fue su emoción en el instante en que vio la ya icónica fotografía de la liberación de Mia con Bella en sus brazos, con quien ahora retornaba a casa, tras un cautiverio de 52 días, el 28 de noviembre, junto con Gabriela Leimberg y Clara Marman, en el marco de la tregua negociada con Hamás. Lamentablemente sus otros dos familiares, Norberto Louis Har y Fernando Marman, siguen secuestrados en Gaza.

Me pregunto si la blanca mascotita no quiso separarse de Mia en el trayecto a su cautiverio por lealtad o por intenso amor. No tengo dudas de que la perrita la ayudó muchísimo a sobrellevar el trance. Hace tiempo sabemos que, en estados depresivos, estrés, duelo y aislamiento, el perro es un acompañante incondicional, que aumenta la seguridad y la actitud positiva de su dueño. Asimismo, en su compañía nos es más fácil entablar vínculos y sentir confianza en las nuevas relaciones interpersonales. Sin embargo, no sabemos nada acerca de qué pasa en las relaciones interpersonales de quien cae en cautiverio en compañía de su perrita. Mucho menos sabemos qué le habrán hecho a Bella sus captores yihadistas del Hamás.

Los perros en el islam son considerados ritualmente impuros. Esta repulsa se remonta a una larga tradición, para la cual incluso la mera visión a un perro durante la plegaria se considera causa suficiente para anular las súplicas de un musulmán piadoso. Imagino que para un yihadista fundamentalista del Hamás no solo la perrita en brazos de Mia, sino también el contacto con una muchacha judía israelí que la cuidaba resultaba una situación de total impureza, que le impediría cumplir con sus ritos religiosos diarios. Creo que los islamistas solo hacen una excepción en los casos en que se utilizan perros para la caza, para custodiar el ganado y los granos. 

¿Habrá sido también una excepción el caso de ambas rehenes, Mia y Bella, secuestradas en túneles de Gaza? Las mujeres, muchachos, ancianos, niños y bebés arrancados de sus hogares aquel sábado sangriento, ¿son considerados botín de guerra o rehenes preciados que Hamás debe cuidar para poder canjearlos por prisioneros palestinos en cárceles de Israel?

Ojalá no peque de ingenuo al imaginarme que la relación de Hamás con las mujeres israelíes secuestradas es totalmente distinta a la de los fundamentalistas del Estado Islámico (ISIS) cuando, en sus ataques, capturaban a las «infieles» de otras religiones.

En octubre de 2014, ISIS reconoció a Human Rights Watch que había entregado mujeres jóvenes yazidíes cautivas a modo de «botín de guerra» a sus yihadistas combatientes en Irak. ISIS intentaba justificar su violencia sexual alegando que el islam permite mantener relaciones sexuales con «esclavas», siempre que no sean musulmanas.

Ahora bien: Mia y Bella no representan el único icono difundido del secuestro y la liberación en el kibutz Nir Itzjak. También lo es el dramático secuestro frustrado de los esposos Moshé y Dina Rozen, veteranos olim y amigos del movimiento Hashomer Hatzair de Buenos Aires. El sábado sangriento también ellos oyeron las alarmas que ordenaban refugiarse en la habitación sellada de seguridad. Al principio pensaron que se trataba de lo de siempre, disparos de misiles desde Gaza, pero enseguida comprendieron que esta vez era diferente. La casa de los Rozen —al igual que las de los vecinos— fueron asaltadas brutalmente y ellos, heridos, al oponer resistencia a las bandas armadas, que se comportaban como un ejército disciplinado junto a una jauría humana vestida de civil. Luego de saqueo, Moshé y Dina fueron obligados a seguir a sus secuestradores hasta el linde del campo del kibutz para esperar una pickup que iba a transportarlos a Gaza. Del dramático relato, a pocos días de la fuga de Moshé y Dina de sus captores, sabemos que «a pesar de todo, salimos vivos del infierno dantesco», como tituló Ieraj Grinberg el testimonio de su amigo Moshé, convaleciente en el hospital Hadassah. La pareja, herida en las manos, logró escaparse milagrosamente: ese sábado todos los demás intentos de huidas de las garras terroristas terminaron en feroces asesinatos o en castigos infames a los rehenes fugitivos.

Pero el frustrado secuestro de Moshé y Dina, seguido de once horas escondidos ambos en un edificio del kibutz hasta que llegaron los socorros de Thazal, es prodigioso también por otro motivo. La entrevista de Ieraj revela el testimonio, feliz y al mismo tiempo doloroso, de quienes tuvieron la fortuna de salvarse del infierno, pero también el prodigio de un idealista que sigue creyendo en la coexistencia palestino-israelí, pese a denunciar a Hamás, que persigue indistintamente a israelíes palestinos e israelíes judíos.

Escuchemos las reflexiones lúcidas, aunque apenadas, de Moshé, en el testimonio que ofreció durante la entrevista a Ieraj:

«Hay que distinguir para comprender. Hay entre los habitantes de Gaza tanto terroristas como buena gente, y también colaboradores pasivos, que lo son por miedo u otras causas Aquí, en Israel, hasta estos últimos acontecimientos trágicos, nos reuníamos, una vez por semana, judíos y árabes beduinos israelíes, junto a la frontera, para hablar sobre la paz y discutir los mejores caminos para conseguirla. Teníamos incluso un adherente del lado palestino, en Gaza, con quien nos comunicábamos todo el tiempo por medios electrónicos. Ese adherente, excelente persona, fue detenido por Hamás, que lo encarceló y lo torturó. Nadie puede salvarse de ser perseguido ahí si mantiene algún contacto con israelíes, y no les importa que estos israelíes acepten la existencia de un Estado Palestino al lado de Israel. Las intenciones de Hamás son religiosas, no nacionales. Es imprescindible informar a toda la gente de izquierda no trasnochada, desmentir los infundios y asegurar la verdad, no la fabricada, sino la que realmente vivimos tanto los judíos como los palestinos». (Entrevista a Moshé Rozen, por Ricardo Grinfeld, Ieraj, Hospital Hadassa, Jerusalén, 23.10.23).