Ynet 7.12.2023

Prepárate: La guerra lleva a iniciativas políticas

La historia nos enseña que la confrontación da lugar a iniciativas que se consideraban imposibles. Añádase la posición de Occidente y de los Estados árabes, y comprenderás que la cuestión palestina se acerca a la hora de la verdad.
Por Elie Podhe*. Traducción: Bemy Rychter

A muchos en Israel les resulta difícil reconocer que la masacre del 7 de octubre logró volver a poner la cuestión palestina en la agenda global y regional. Un ejemplo destacado de esto fueron las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, quien dijo que «no habrá retorno al statu quo del 6 de octubre entre Israel y los palestinos». Dejó claro que Hamas ya no podrá llevar a cabo atentados terroristas y subrayó que debe haber un horizonte político basado en la solución de dos Estados. Voces similares se escuchan en Europa y en el mundo árabe.

La cuestión palestina volvió de tres maneras principales.

Una de ellas representa a todos aquellos que están tratando de asociarse a la guerra, y especialmente a la represalia de Israel en Gaza con el fin de adelantar su agenda de liberación de Palestina desde el río hasta el mar. Muchos de ellos se oponen ideológicamente a la existencia del Estado de Israel, que se percibe como parte del colonialismo occidental. Algunos son académicos, incluidos judíos, que apoyan la idea de un solo Estado en el que los judíos acabarán siendo una minoría.

La segunda forma se relaciona con elementos que reconocen a Israel, pero ven la masacre como una parte inseparable de un conflicto permanente. Esta actitud se refleja en las palabras del secretario general de la ONU, António Guterres («Los ataques de Hamas no se produjeron en el vacío, los palestinos llevan 56 años bajo una ocupación asfixiante») o del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan («Hamas no es una organización terrorista, es una organización de liberación que libra una lucha en su tierra»). Aunque estos dos nunca fueron amantes de Sion, sus declaraciones resuenan y apoyan muchas voces en el mundo y en el Medio Oriente que ven la acción asesina de Hamas como parte del conflicto.

Biden representa la tercera vía, y su enfoque se convertirá en el principio rector de Estados Unidos y sus aliados en Europa y en todo el mundo después de la guerra. Su enfoque también se refleja en las declaraciones de los jefes de Estado que han firmado acuerdos de paz o acuerdos de normalización con Israel. El presidente egipcio, Abdel Fattah el-Sisi, dijo que «el fin del conflicto será a través de una solución de dos Estados, que dará esperanza a los palestinos y un Estado dentro de las fronteras de 1967 con Jerusalén como su capital». Las declaraciones del príncipe heredero saudita y de su ministro de Asuntos Exteriores también apoyan la necesidad de poner fin al conflicto sobre la base de la solución de dos Estados. Incluso la cumbre árabe-islámica del 11 de noviembre, que incluyó muchas condenas a Israel, terminó con un llamamiento al lanzamiento de una iniciativa internacional para promover el establecimiento de un Estado palestino junto a Israel.

Durante años, Benjamín Netanyahu y otros han tratado de engañar al público judío, afirmando que la cuestión palestina puede ser ignorada o distanciada a través de la normalización con los países árabes. Pero los siete millones de palestinos que viven entre el río Jordán y el mar Mediterráneo están muy presentes y no se van a ningún lado. Incluso está empeorando, entre otras cosas en el contexto de los enfrentamientos diarios entre colonos y palestinos en Cisjordania. Al mismo tiempo, hay personas en la sociedad judía que ven la guerra como una oportunidad para cumplir con sus aspiraciones ideológicas, ya sea en Judea y Samaria o en Gaza, que podrían incendiar la escena aquí, en el mundo árabe, y en general.

La historia en el mundo en general, y en el conflicto entre Israel y los árabes en particular, nos enseña que las guerras crean una oportunidad para soluciones políticas que antes se percibían como imposibles, indeseables o impensables. No todas se cumplieron. Por ejemplo, Israel no aprovechó la oportunidad creada tras la Guerra de los Seis Días (1967) para llegar a acuerdos a cambio de los territorios que ocupaba, y sólo la Guerra de Yom Kippur (1973), y el trauma que le siguió, condujeron al tratado de paz con Egipto.

La Primera Intifada (1987-1991) y la Guerra del Golfo (1991), que coincidieron con el colapso de la Unión Soviética, desembocaron en la Conferencia de Madrid y, finalmente, en los Acuerdos de Oslo y la paz con Jordania.

La segunda intifada (2000-2005) dio lugar a una serie de intentos políticos para resolver el problema –la Iniciativa de Paz Árabe (2002), la Hoja de Ruta Estadounidense (2003) y el Plan de Desconexión de Ariel Sharon (2005)–, pero ninguno condujo a un avance político.

Cabe destacar que los fracasos de estos planes no se deben únicamente a los palestinos.

Al igual que la guerra de Yom Kippur, la masacre del 7 de octubre quedará grabada en la memoria nacional de Israel como un fracaso y un trauma. En el lado palestino, hay quienes celebran el «logro», pero para la mayoría de los palestinos de la Franja de Gaza es un desastre y un trauma.

Está claro que la realidad que fue hasta el 6.10 ya no volverá a ser la misma, sobre todo en lo que respecta al control de Gaza por parte de Hamas, pero no hay un plan claro. Solo un montón de ideas.

El primer paso en el camino debe ser el reconocimiento de que se debe requerir una solución a la cuestión palestina porque es de nuestro interés, y porque la comunidad internacional –encabezada por los Estados Unidos y los países de Europa Occidental que nos apoyan mientras tanto– no permitirá el dominio israelí en Gaza ni la expulsión de los residentes de allí.

Israel se está acercando al momento de la verdad en lo que respecta a la cuestión palestina.

* El Prof. Elie Podeh enseña en el Departamento de Estudios Islámicos y de Oriente Medio de la Universidad Hebrea de Jerusalén.