Introducción
Entiendo que cuando hablamos de temas tan sensibles y cruciales como el rescate de prisioneros de manos de terroristas -en este caso, prisioneros israelíes (no solo judíos) que fueron secuestrados por Hamas-, prácticamente no existe ningún dilema, ninguna duda, en la mayoría de las opiniones: la prioridad es rescatarlos y hacerlo lo más pronto posible. El problema se plantea cuando esta liberación se hace a costa de otros logros militares o de cuestiones de seguridad, como serían, en este caso, la aniquilación de Hamas o el hecho de que el «precio» que pueda conllevar dicha negociación y/o liberación, sea muy alto y/o peligroso a futuro.
No es la primera vez que el Estado de Israel se enfrenta a este dilema, pero a diferencia de lo ocurrido en ocasiones anteriores, ahora se presenta con una envergadura mucho mayor, un número casi inconcebible de rehenes en peligro latente y frente a captores sádicos, asesinos e impredecibles.
Tampoco esto es nuevo en el judaísmo; ya desde tiempos bíblicos y en la era de nuestros sabios de la Edad Media (épocas del Talmud y Jaza»l), el tema del rescate de rehenes fue definido como apremiante al ser considerado incluso una Mitzvá Rabá (precepto) de los más importantes a cumplir.
En ocasiones, nos facilita la vida diseccionar y encasillar las aproximaciones e interpretaciones de algunos temas como pertenecientes al ámbito de lo «religioso», lo «secular», lo «humanista» y demás, pero creo que, en este caso, la mayor parte de los puntos de vista judaicos se conjugan en uno solo: la urgente necesidad de rescatar a las personas secuestradas, que nuestra tradición denomina Pidión Shvuim.
El sorpresivo y letal ataque del Hamas del 7/10 no solo puso al país frente a un tremendo desafío militar y de seguridad, sino que, al haber sido raptados 240 residentes en Israel (judíos, musulmanes, beduinos, trabajadores tailandeses y filipinos, etc.) lo enfrentó también a un dilema ético y moral no menor: el de su rescate.
Pidion Shvuim/Rescate de rehenes
Es importante notar que en nuestras fuentes clásicas a la idea de «rescate» o «liberación» de cautivos se la denomina «redención»; es decir, se trata de la realización de una acción proactiva para evitar o reducir el sufrimiento y el dolor que padece persona, lo que implica una toma de posición moral frente al problema.
Históricamente y dentro de la literatura canónica, la cuestión aparece mejor analizada y desarrollada a partir de la época en que los judíos dejan de contar con soberanía territorial (la situación diaspórica), constituyen minorías y se ven expuestos a suertes y circunstancias determinadas por otros.
Es por eso que las mejores fuentes, textos y reflexiones sobre la necesaria urgencia de «redimir» rehenes o prisioneros provienen ya del Talmud (s. V-VI e.c.) y de sabios de épocas posteriores.
He aquí algunas menciones importantes del tema:
- El Talmud llama mitzvá raba al Pidion Shvuim, un «gran precepto», ya que el cautiverio se considera incluso peor que el hambre y la muerte.
- Tratado Bava Batra, 8b: «Redimir a los cautivos tiene prioridad sobre mantener a los pobres o vestirlos. No hay mayor mitzvá que redimir a los cautivos, ya que entre los problemas de los cautivos están el hambre, la sed y la falta de ropa, y además corren peligro de muerte…»
- Maimónides (Rambam), Mishné Torá: «Cada momento que uno se demora en liberar a los cautivos, en los casos en que es posible acelerar su libertad, se considera equivalente a un asesinato.»
- Rab Yosef Karo. Shulján Aruj, Yore Dea: Como se puede observar, en estos textos clásicos de la cultura y la religión judías, el tema no es menor y es tratado con detalle y profundidad desde distintas perspectivas y a través de distintas épocas.
Las fuentes y el dilema del «pago excesivo» por los rehenes
A pesar de la claridad en el planteo del tema del rescate de rehenes, tanto el Talmud como la Mishná nos sugieren ciertas limitaciones y consideraciones para su puesta en práctica:
No se rescata a los cautivos por más de su valor a causa de Tikun Olam (literalmente: «reparar el mundo»). Así, uno de los objetivos de esta restricción es evitar animar a los secuestradores, o a aquellos que buscan beneficios económicos capturando judíos y exigiendo un Kofer (un rescate) a cambio de su liberación, debido al que conocen lo sensibles que son los judíos a rescatar a sus prisioneros a cualquier precio.
Si bien el concepto de Tikun Olam es más conocido en su sentido universal y altruista de la aspiración judía a un mundo mejor para todos, en este caso su aporte se refiere más a la idea de no alterar el «orden social» vigente para no provocar nuevas e impredecibles consecuencias como resultado de la negociación.

La Mishná dictaminó hace más de dieciocho siglos que «… no se paga más que el “valor” del cautivo porque, de lo contrario, esto alentaría a los secuestradores a secuestrar a más judíos y poner en peligro al público en general».
A continuación, añade una cuestión muy importante que hay que considerar, algo que veo como el nudo gordiano principal: «Que la seguridad de uno o unos pocos judíos en cautiverio no tiene prioridad sobre la seguridad de toda la población…».
Las preguntas que nos hacemos como parte de la interpretación y el debate sobre la cita son cuál es ese valor de un cautivo y quién establece ese valor.
Israel y el rescate de rehenes
A lo largo de su historia, más de una vez el Estado de Israel ha tenido que enfrentarse al dilema de la negociación con terroristas y el rescate de rehenes. Las políticas frente al problema han sido variadas y fueron cambiando con el tiempo y las circunstancias.
La cuestión del Pidión Shvuim y el precio por el rescate que debe pagarse es una cuestión controvertida en Israel, toda vez que los soldados israelíes capturados deben ser rescatados a cambio de un exagerado chantaje por parte de los enemigos.
Citaremos a continuación, brevemente, algunos de los casos más conocidos y cercanos de rehenes israelíes y judíos, y cuál fue la postura que tomó Israel en cada uno:
- Masacre de los Juegos Olímpicos de Múnich, 1972. La organización Septiembre Negro secuestra a once deportistas israelíes, solicitando a cambio la liberación de 234 terroristas presos en cárceles israelíes. La política del gobierno de la Primera Ministro Golda Meir rechaza cualquier opción de negociar con terroristas. Las fuerzas de seguridad alemanas intentan rescatar a los rehenes, la operación falla. Los once atletas israelíes fueron asesinados.
- Rescate en Entebbe (Uganda) 1976. Un avión de Air France es secuestrado por terroristas palestinos y desviado a Uganda. A bordo quedan 150 rehenes israelíes y judíos; a cambio de ellos, los terroristas solicitan la liberación de 53 prisioneros de las cárceles israelíes. El gobierno de Itzjak Rabin y Shimon Peres decide no negociar con los raptores y enviar un comando a rescatar a los cautivos. En una operación brillante y precisa, logran rescatar a todos los rehenes, excepto a uno. Durante la misión, cae en combate el comandante, Yonathan Netanyahu.
- «Acuerdo Jibril» de 1985. A cambio de tres combatientes, que caen en manos del Frente Popular para la Liberación de Palestina en El Líbano durante la operación «Paz para la Galilea», se liberan en Israel a 1.151 detenidos y detenidas por actos terroristas. Entre los terroristas liberados, se encuentra el tristemente célebre jeque Ahmed Yassin, que dos años después sería uno de los fundadores de Hamas en la Franja de Gaza. Shimon Peres es el Primer Ministro durante la concreción de los acuerdos.
- Guilad Shalit. 2006, frontera con Gaza. El soldado israelí Guilad Shalit es secuestrado en la frontera de la Franja de Gaza por la organización terrorista Hamas. Shalit está cautivo durante cinco años. El gobierno israelí accede a negociar y acepta entonces las condiciones planteadas por el grupo terrorista. El soldado es liberado sano y salvo en 2011, a cambio de 1.027 terroristas presos en cárceles israelíes. Esta es la primera vez que en Israel hay una campaña masiva, mediática y política para lograr la liberación de rehenes. Su liberación se logra durante la cadencia del Primer Ministro Benyamin Netanyahu.
- Ehud Goldwasser y Eldad Reguev. 2006, frontera con El Líbano. Dos soldados israelíes son secuestrados por el grupo terrorista libanés Hizballah. Hasta último momento no se sabe con precisión si los soldados están con vida (la hipótesis de intercambio los considera muertos). Israel acepta negociar y luego de dos años, en 2008, Hizballah entrega dos féretros con los cuerpos de los soldados; a cambio de ellos, Israel libera al asesino Samir Kuntar junto a otros cuatro prisioneros y entrega los cadáveres de 200 terroristas de Hizballah, que estaban en manos de Israel. Ehud Olmert era el Primer Ministro de Israel en el momento del intercambio.
A modo de cierre: ¿pensar y actuar en presente o en futuro?
En la actual coyuntura, el precio que se debería pagar por los rehenes implica la liberación de potenciales terroristas o dejar con vida a aquellos responsables de la masacre del 7/10, que actualmente se encuentran en la mira de las Fuerzas de Defensa Israelíes, en tanto que las vidas de las víctimas de la masacre penden de un hilo.
La negociación y el intercambio de rehenes y prisioneros, tal como se realizó en su primera etapa, conlleva obligatoriamente el establecimiento de un cese de fuego. Estas treguas, en estas circunstancias particulares, benefician directamente a Hamas, ya que les permiten rearmarse y reorganizarse para seguir combatiendo, una situación que como se mencionó, pondría en mayor peligro a la población israelí entera.
Estas treguas detienen y ralentizan el avance de las Fuerzas de Defensa Israelíes; por otro lado, crece la presión internacional para lograr un cese de fuego definitivo, por lo que el tiempo corre en contra de Israel.
Es claro que el rescate de los rehenes en manos de Hamas es una prioridad ética y que, en cierta medida, se solapa o choca con la prioridad militar de terminar con Hamas o con la liberación de terroristas de las cárceles hebreas.
Asumo que una visión judía humanista y ética tendría que estar basada en el principio de otro fragmento conocido de la misma Mishná que dice: «Por lo tanto, el ser humano fue creado único, para enseñarnos que aquel que destruye un alma es como si hubiera destruido el mundo entero y aquel que salva un alma, es como si salvara al mundo entero» (Mishna, Tratado Sanhedrín 4:5)
En este caso puntual, entiendo que debemos pensar y actuar «en presente», considerando que la vida de todos/as y cada uno/a de los/as rehenes es mucho más valiosa que la muerte de cualquier terrorista, por más sanguinario que sea, incluso si su «devolución» actual pueda costar hipotéticamente vidas judías o israelíes en el futuro.