Deseo rememorar a David Volpin y a Yehuda Gelfend, jalutzim que carecían de pedigree por origen familiar, y porque tampoco fueron recordados como otros javerim en el reciente álbum conmemorativo de los caídos del Hanoar Hatzioni, Este conmovedor álbum del movimiento consagrado a latinoamericanos “soñadores del ideal” recuerda a legendarios jalutzim combatientes, como los uruguayos Débora Epstein y Abraham Gejler. También recuerda al alemán-argentino Yaacov Kroch, pero no hay mención alguna de Yehuda Gelfend ni de David Volpin. Muy posiblemente debido a que ambos olim de Argentina no fueron bogrim del Hanoar Hatzioni. (Blog, Soñadores del ideal, Deoteinu, Yom Hzikaon, Hanoar Hatzioni Ha-Olami 2022)
El caso Yaacov (Ernest) Kroch, sin dudas, ha sido paradigmático. Nació en Leipzig en 1923, escapó con su familia a Holanda en 1938 y luego de la invasión nazi emigró a Buenos Aires con su padre y hermanas. Fue de los primeros argentinos que se unió, en 1945, al primer grupo de Hanoar Hatzioni para hacer alyah al kibutz Nitzanim. Recién arribado, lo nombraron secretario del garin alia sudamericano del Hanoar Hatzioni, a la par que trabajaba en el kibutz de carpintero en la plantación y cuidado de huertas, Fuera del kibutz, Yaacov era un valiente jalutz que desafió la prohibición británica de traer a maapilim, sobrevivientes ilegales de la Shoah, a quienes ayudó a desembarcar del buque “Shabtai Lozinski”. Finalmente, Yaacov combatió defendiendo el Kibutz Nitzanim del asalto mortal del ejército egipcio, y cayó en la misma batalla el 7 de junio 1948 donde fue muerta la uruguaya Débora Epstein.

Las trayectorias de Yehuda Gelfend y David Volpin han sido muy diferentes a la de Yaacov Kroch.
Hijo único de Shoshana (Rosa) y Shlomo, Yehuda Gelfend nació en 1929 en Buenos Aires. Emigró joven a Israel sin haber participado en el movimiento Hanoar Hatzioni. Desde 1945 fue miembro de la Haganá, en el Batallón de Defensa Suburbana y era conocido por su devoción a los amigos, su humildad y buen carácter.
Al comienzo de la guerra en 1948, Yehuda sirvió en posiciones en el sur de Tel Aviv y más tarde fue adscrito a un batallón de infantería de «Givati», brigada formada en 1947, luego muy popular por sus operativos Hametz, Barak y Pleshet.
Finalmente, destinaron al joven Yehuda servir en el Negev, y rehusó hacer uso de su derecho de hijo único y ser liberado del servicio como combatiente. Valiente y corajudo, participó en numerosos allanamientos e infiltraciones en territorio enemigo destinados a la defensa del Kibutz Nitzanim formado por jóvenes del Hanoar Ha-Tzioni. El ataque egipcio se lanzó el 7 de junio de 1948. Durante la noche, el kibutz fue fuertemente bombardeado y por la mañana comenzó el asalto de infantería, que logró ser detenido por el fuego de los defensores. Al amparo de la cobertura aérea, los blindados egipcios avanzaron y penetraron en el kibutz. Nitzanim cayó el 7 de junio de 1948. En la defensa también murieron combatiendo Yaacov Kroch y Débora Epstein, queridos javerim latinoamericanos de Hanoar Ha-Tzioni.
Poco antes de la rendición de los restantes defensores del kibutz, un proyectil de cañón acabó con la vida juvenil de Yehuda Gelfend. Tenía 19 años al ser enterrado en el cementerio de Nitzanim,
David Volpin, hijo de Masha y Shmuel, nació en 1915 en la colonia agrícola judía independiente Médanos, en el suroeste de la provincia de Buenos Aires. Médanos fue poblada por chacareros que re emigraron desde las colonias judías Domínguez (Entre Ríos) y Moisés Ville (Provincia Santa Fe), desvinculados completamente de la JCA.
David creció, se educó y pasó la mayor parte de su juventud en esa colonia, trabajando en labores agrícolas en la chacra familiar, y adquirió conocimientos y experiencia en el trabajo de la tierra que aplicará en el kibutz. Por propia decisión, David hizo la conscripción militar en el ejército argentino. Inmediatamente después de la creación del Estado de Israel, se presentó en las oficinas de la Agencia Judía en Buenos Aires como voluntario, y en el mismo mes de mayo de 1948 zarpó en el buque francés Campana a Israel; al llegar, fue enrolado como miembro del primer grupo de 27 voluntarios argentinos de MAJAL que dirigió David Halpern.
A semejanza de Yehuda, tampoco David cultivó vínculos educativos con el movimiento Hanoar Ha Tzioni. Ambos compartieron la misma voluntad -idealista y pasional- de participar en las recién creadas Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), aunque tuvieron desigual suerte durante las batallas en las que lucharon durante la Guerra de la Independencia.

Pero si la suerte de David fue diferente a la de Yehuda, fue por poco tiempo. Arribó a Israel en guerra el 19 de julio de 1948 junto con voluntarios latinoamericanos, quienes inmediatamente fueron reclutados a las filas de las FDI. David luchó en batallas libradas en la Galilea, en el sur del Líbano, en Safed y en Tarshasha. Fue desmovilizado del ejército ileso en agosto de 1949 y se unió a un grupo que se encontraba cerca de Hadera. Junto a algunos miembros de este núcleo se ofreció como voluntario para participar de la fundación del nuevo kibutz Ein Ha -Shlosha en julio 1950
Frente a la frontera en la Franja de Gaza, exactamente de cara a Khan Yunes, David quiso unirse a los sobrevivientes del desolado kibutz Nitzanin y a prisioneros liberados de cárceles egipcias a fin de levantar Ein Ha-Shlosha (“Manantial de los tres”). El nombre honraba la memoria de sus tres fundadores caídos en la batalla de Nitzanim, cuyo ideal continúa humedeciendo hasta el día de hoy para germinar siempre el sueño de Hanoar Hatzioni de los uruguayos Débora Epstein, Avraham Gejler y del argentino Yaakov Kroch.
David era muy valorado entre los miembros del grupo como el trabajador agrícola más experimentado. No sorprende que aquel chacarero de la colonia agrícola judía Médanos, situada en el extremo más sur-occidental del talón la provincia de Buenos Aires, fuera quien enseñó y sirvió a los javerim del kibutz como coordinador entusiasta de sus faenas del campo. Además, por si fuera poco, al cabo de unas semanas David tomó la iniciativa de desarrollar en el kibutz un establo de ganado ovino y caprino.
Pero su felicidad de pastor solitario terminó el último viernes de enero de 1951 cuando David salió como de costumbre a pastar un rebaño y fue atacado por fedayines de Gaza. Al caer la noche comenzó la larga y angustiosa búsqueda de sus javerim y de una patrulla del ejército. Al día siguiente fue hallado su cuerpo tirado en el campo, a unos dos kilómetros del kibutz. Sus asesinos robaron todas las ovejas y el rifle personal: las huellas de pies descalzos conducían a la frontera con Khan Yunis, en la Franja de Gaza, entonces bajo dominio egipcio.
También en Médanos David solía pastar ovejas sobre dunas vivas de hierbas y vegetación verde. Era el campo, en la colonia de su padre, en las cercanías de las salinas grandes, una zona donde se acumulaban por el viento dunas de arenas onduladas como en el Negev. Pero diferentes a las extensiones de arena bermellón en páramos aledaños del kibutz, en aquellos campos de Médanos las ovejas podían deshierbar en rebaño y comer cultivos intermedios y rastrojos de avena y alfalfa. Allá, en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, de tan lejos David no alcanzaba ver el horizonte tras los médanos; en cambio acá, en los acantilados áridos cerca de Ein Ha shlosha, cuando salía a pastar una madeja de ovejas, desde tan cerca David no quería ver Khan Yunis: prefería distraerse imaginando el ideal que soñaban y cantaban los javerim en su trio del “manantial de los tres”.
Ein Hashlosha ha sufrido en su historia muchos robos de ganado, también de maquinarias agrícolas y útiles de labranza; además, durante años sufrió emboscadas de fedayim infiltrados de Khan Yunis, minados de caminos, incendio de campos y cosechas. Pero el 7/10 el sufrimiento de los javerim alcanzó el paroxismo que jamás podrían haber imaginado en las pesadillas de Yehuda y David.
La masacre de Hamas provocó en Ein Hashlosha, al igual que en otros kibutzim vecinos, una terrible crisis humanitaria y, también, una crisis de confianza entre los muchos que sobrevivieron por sus propios medios debido al tardío socorro de Tzahal.
Silvia Mirensky, argentina de 80 años, murió luego de que su casa fuera incendiada y no lograra escapar. El jefe del equipo de seguridad, de unos sesenta años, murió en el tiroteo. Una anciana de 63 años también se encontraba entre las víctimas del ataque. Noa Glasberg de 39 años, fue baleada, era hija deRita Kusnir, chilena emigrada a Israel en 1971, y del argentino Arie Glasberg. Después de tres días de intensas operaciones de búsqueda y rescate, las fuerzas de seguridad israelíes localizaron a 30 personas desaparecidas, 16 israelíes del kibutz y 14 trabajadores tailandeses, fueron encontrados sanos y salvos.
En este día de conmemoración de los muertos durante guerras y ataques terroristas en Israel, vamos a decir Izkor en memoria de todos ellos; los que fueron muertos en Nitzanim y en Ein Ha-Shlosha durante la Guerra de Independencia; y los masacrados el sábado negro de Simjat Tora.
Los muertos que son recordados todos los años el Dia de Rememoración y también los olvidados.
“Z’L, Bendita sea la memoria de cada uno y de todos”
Hoy, ante todo, necesito rememorar y decir Izkor frente al rostro adolescente de Yehuda Gelfend y de David Volpin, el agricultor que vino desde Médanos y pastaba las ovejas de Ein Ha-Shlosha.
Postdata
El jovencito Yehuda de diecinueve años, hijo único de Shoshana (Rosa) y Shlomo, pudo haber solicitado ir al frente no como combatiente en la guerra de Independencia, pero su ideal de jalutz patriota se lo impidió. Desgraciadamente, cuando su madre se enteró de la muerte de su único hijo, desesperada decidió suicidarse.
¡Bendita sea la memoria de la madre y su hijo único!
David era un joven soltero de 36 años cuando fue asesinado por fedayim. En homenaje a su infatigable condición de trabajador agrícola los javerim de Ein Ha-Shlosha decidieron que durante el entierro todo el kibutz suspendiera las faenas del campo. Pero inmediatamente después la labor agrícola fue retomada: “En el silencio que reinaba durante su entierro, la decisión de continuar trabajando la tierra en su honor cobró aun mayor vigor”, recuerda el testimonio oficial del kibutz. (Treinta años del kibutz Ein Hashlosha, Hanoar Hatzioni, Montevideo 1980)
Digamos Izkor por estos dos jalutzim casi olvidados.
También para recordar a la madre de Yehuda.
Y también para recordar a los javerim de David, quienes decidieron seguir trabajando la tierra para despedir a su maestro agricultor, luego de enterrarlo en el campo del kibutz.