Un buen libro tiene que tener algo que lo habite sustancialmente: una voz. Esa voz que, como dice Lorrie Moore, invade y anida en la mente del lector mientras dura la lectura. Y eso me pasó las dos veces que leí este libro. La primera, en su primera edición, en 2004. La segunda, releyendo, recordando y volviendo a disfrutar de la fiesta que fue adentrarme en la obra.
El pasado martes 22 de abril el salón de actos de la librería del Fondo de Cultura Económica en Buenos Aires estaba a pleno. Pleno de amigos y de emoción. Allí, Carlos Ulanovsky y yo presentamos y celebramos la reedición del libro Última carta de Moscú junto a su autor, Abrasha Rotenberg.

¿Hace falta que lo presente? Abrasha Rotenberg es fundamentalmente escritor y periodista, desarrolló la mayor parte de su actividad en la Argentina, donde fue cofundador de la revista Primera Plana y de los periódicos Nueva Sion y La Opinión, de cuyo lema “El diario para la inmensa minoría” cada vez que AR lo recuerda, ilumina su mirada. Se casó con la cantante, compositora y educadora Dina Rot y es padre de la actriz Cecilia Roth y del músico Ariel Rot, abuelo de tres nietos. Acaba de cumplir 99 años.
Toda su escritura está anclada en experiencias de vida y, en especial, esta obra. ¿Se trata de un libro de memorias? Sí. ¿Es una novela? Sí. ¿Es una autoficción? Sí. (La autoficción es un género literario que combina elementos de la vida real con la ficción. El autor se convierte en el protagonista de su obra, pero acciona su vida a través de alegorías, ilusiones, apariencias, etc. Como su palabra lo indica, combina elementos de la autobiografía y la ficción, es un término oxímoron, una ficcionalización del yo, o sea, hace del yo un elemento literario) ¿Tiene intriga? Sí. ¿Tiene suspenso? Sí. Y tiene humor, humor judío, y una escritura por momentos melancólicamente poética. Es el viaje de un hombre hecho de exilios, y el vaivén temporal y estructural del libro le brinda bocanadas de aire fresco. Última carta de Moscú es todo eso, y mucho más.
Observador de la realidad, por momentos romántico y filosófico y escéptico, su mirada ofrece una lectura profunda y ágil, con mucho diálogo. En el sintético y acertado prólogo a la primera edición publicada en España que escribe Juan Gelman, y que fue por fortuna rescatado para esta reedición, dice que es un libro cebolla. Claro, él no lo dice así, sino que refiere a que en esta obra “las lecturas se acumulan capa sobre capa”.
El tema principal es el desencuentro y el encuentro con el padre, una revelación, y la conformación de la identidad. Y luego otros, que se van abriendo en abanico, como las lentas cartas portadoras de noticias, que se esperan con tanta ansiedad.
Parafraseando al poeta chileno que tanto le gusta citar a AR, el Gitano Rodríguez, el narrador es tenaz frente a la vida, convencido -a veces a golpes- de nunca renunciar a tener “Una vida de amor con argumento”.
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Rotenberg, Abrasha: Última carta de Moscú, Hugo Benjamín Ed., Buenos Aires, 2025, 310 pág.