Jaim Najman Bialik fue un poeta judío que escribió principalmente en hebreo y yidish. Bialik es considerado pionero de la poesía hebrea moderna, parte de la vanguardia de pensadores judíos que dieron voz a un nuevo espíritu de su tiempo, y reconocido hoy como el poeta nacional de Israel. Siendo un destacado ensayista, poeta y narrador, Bialik también tradujo importantes obras de lenguas europeas al hebreo.
Jaim Najman Bialik nació en Radi, Gobernación de Volinia, en el Imperio ruso, hijo de Itzik Yosef Bialik, comerciante de madera de Zhitomir, y de Dinah Priveh. Tenía un hermano mayor, Sheftel (nacido en 1862), y dos hermanas, Chenya-Ides (nacida en 1871) y Blyuma (nacida en 1875). Cuando Bialik tenía 8 años, su padre falleció. Su madre lo llevó a Zhitomir a vivir con su abuelo ortodoxo, Yankel-Moishe Bialik. Bialik no volvería a ver a su madre durante más de veinte años, hasta que la trajo a Odessa a vivir con él.
En la poesía “Avi”, (Mi padre) el poeta relata que, dentro de la taberna al resguardarse de los borrachos entre las rodillas de su padre, lo veía atender a los clientes y a la vez susurrar las plegarias cotidianas.
En el poema “Shirati” (Mi canción) Bialik evoca el cuadro familiar que envolvió su triste infancia. Él mismo cantó en forma patética el triste ambiente de indigencia que respiró en su niñez.
En la poesía citada anteriormente Bialik retrata a su madre como una mujer valiente y enérgica, una auténtica “Madre de Israel”, aunque ella se confiese desamparada y desolada. Nuestro poeta describe cómo su madre al levantarse ordenaba su hogar y luego amasaba incesantemente hogazas de pan que llevaba al mercado para la venta.
El final de la poesía capta la huella que las lágrimas por ella derramadas dejaron en la masa del pan. Las mismas penetraron, embebiendo las entrañas del poeta y aquel pesar, aquel dolor, aquella angustia se aglutinaron y dieron forma a sus versos emotivos, profundos y trascendentes.
Con la muerte de su padre, el joven Bialik fue llevado a la casa de su abuelo paterno en las afueras de Zhitomir. Su abuelo, que vivía una vida del todo consagrada a las prácticas piadosas, proporcionó a su nieto una densa formación espiritual. Bialik halló en casa de su abuelo numerosos libros sobre temas cabalísticos, jasídicos, y también sobre filosofía judaica de acreditados autores como: Maimónides, Yehudá Haleví, Yosef Albo y otros que leía a escondidas. Toda esta lectura nutrió y contrarrestó la influencia jasídica que circundó su temprana juventud.
En Zhytomyr, Bialik exploró la literatura europea junto con la educación religiosa judía tradicional que recibió. A los 15 años, convenció a su abuelo para que lo enviara al yeshivá Volozhin, en la gobernación de Vilna, para estudiar con Naftali Zvi Yehuda Berlin, donde esperaba continuar su educación judía y ampliar sus conocimientos de literatura europea. Allí, Bialik entró en contacto con la Haskalá o el movimiento de la Ilustración judía y, como resultado, se alejó de la vida religiosa del yeshivá. Una anécdota en la biografía de Chaim Soloveitchik cita a un estudiante anónimo, presumiblemente el propio Bialik, que fue expulsado de la yeshivá por su participación en el movimiento Haskalá. Mientras el rabino Haim lo acompañaba a la salida, Bialik preguntó: «¿Por qué?». En respuesta, el rabino dijo que había dedicado tiempo a convencer a Bialik de que no usara su talento como escritor en contra del mundo de la yeshivá. Poemas como “HaMatmid” (El estudiante del Talmud), escrito en 1898, reflejan la gran ambivalencia de Bialik hacia esa forma de vida: por un lado, admiración por la dedicación y devoción de los estudiantes de la yeshivá a sus estudios; por el otro, un desdén por su estrecho mundo.
Junto a sus parientes y en contacto con la naturaleza, la cual aquietaba su joven organismo y, a la vez, lo reanimaba del cansancio provocado por sus estudios, aprendió a montar a caballo y a practicar algunos deportes como la pesca y la natación.
La lectura de literatura no judía y de libros de Haskalá, provocó en él luchas internas que revelaron sus ansias de abandonar Zhitomir e ir en busca de nuevos espacios.

A los 18 años, Bialik se fue a Odessa, un centro de la cultura judía moderna en el sur del Imperio ruso, atraído por su admiración por autores como Mendele Mocher Sforim y Ahad Ha’am. Allí, Bialik estudió lengua y literatura rusa y alemana mientras soñaba con ingresar al Seminario Rabínico Ortodoxo de Berlín. Solo y sin dinero, Bialik se ganaba la vida enseñando hebreo.
En 1892, Bialik publicó su primer poema, “El Hatzipor” (Al pájaro), que expresa su anhelo por Sión, en un folleto editado por Yehoshua Hana Rawnitzki (1859-1944), lo que le abrió las puertas de los círculos literarios judíos de Odesa. Allí se unió al movimiento Hovevei Zion, donde entabló amistad con el autor Ahad Ha’am, quien ejerció una gran influencia en su perspectiva sionista. Fue dentro de este círculo literario de Odesa donde el poeta afirmó su vocación literaria.
Bialik regresó a la casa de su abuelo y encontró la casa de estudios el Beit Ha-midrash vacía, los tiempos habían cambiado, los estudiantes habían abandonado el nido. En 1892, Bialik se enteró del cierre de la Yeshivá Volozhin y regresó a su hogar en Zhitomir para evitar que su abuelo descubriera que había abandonado su educación religiosa. Al llegar, encontró a su abuelo y a su hermano mayor a punto de morir. Tras su fallecimiento, Bialik se casó con Manya Averbuch en 1893.
En el poema “Al saf beit ha-midrash” (En el umbral del Beit Ha-midrash) Bialik nos cuenta que a su regreso permaneció frente al mismo y su malestar fue inmenso al ver el arón ha-kodesh, el arca, desprovisto del sefer torá y los rollos sagrados enmohecidos dentro de un tonel. El poeta lloró por la destrucción de la casa de estudios percibiendo su propia destrucción.
Durante un tiempo trabajó como contable en el negocio maderero de su suegro en Korostyshiv, cerca de Kiev. Sin éxito, en 1897 se mudó a Sosnowiec, un pequeño pueblo en la cuenca del río Dąbrowa, en el Vístula, Polonia, controlada por el Imperio ruso. Allí, Bialik trabajó como profesor de hebreo y, para obtener ingresos adicionales, como comerciante de carbón. En 1900, deprimido por la vida provinciana de Sosnowiec, Bialik consiguió un trabajo como profesor en Odesa. Visitó Estados Unidos, donde se alojó con su primo Raymond Bialeck en Hartford, Connecticut.
Durante su estancia en Odessa publicó varios poemas, entre ellos, “Im iesh et nafshejá ladaat” (Si tu alma quisiera saber) y “Ha-matmid” (El constante), poema en el cual no puede comprender el despilfarro feroz de tantas energías. Su enfoque había variado, ya no aceptaba pasivamente la educación tradicional de la escuela sinagoga, incluso trató de persuadir al Matmid y a todos los que lo rodeaban de la inutilidad de sus esfuerzos. El poeta ha sido Matmid, pero ha abandonado su nido. Fue seducido por los vientos libres, por la luz, por la nueva canción (Levadi) pero de ningún modo renegó de su antiguo Beit Ha-midrash, deseaba encontrar un camino de integración entre el antes y el ahora.
Regresó a Odesa, la ciudad de las luces, en 1900 movido por un agradable recuerdo fundó la editorial Moriah y permaneció allí hasta 1921.
El año 1900 marcó el inicio de la «época dorada» de Bialik: continuó sus actividades en círculos sionistas y literarios, y su fama literaria continuó en ascenso. En 1901, su primer poemario se publicó en Varsovia, donde recibió gran aclamación de la crítica, siendo aclamado como «El poeta del renacimiento nacional». Bialik se trasladó brevemente a Varsovia en 1904 para ejercer como editor literario del semanario HaShiloaḥ, fundado por Ahad Ha’am, cargo que ocupó durante seis años.
Los pogroms sucedidos en Kishinev inspiraron sus dos poemas, “Al Hashjitá” (Sobre la matanza) y “Beir Ha- hareiga” (En la ciudad de la matanza).
Fragmento del poema La ciudad de la matanza:
Levántate y ve a la ciudad masacrada
y con tus propios ojos verás, y con tus manos sentirás
en las cercas y sobre los árboles y en los muros
la sangre seca y los cerebros duros de los muertos…
Ayudado por su amigo Máximo Gorki, logró obtener pasaportes en Moscú y abandonar la Unión Soviética. Se trasladó a través de la Segunda República Polaca y la Turquía revolucionaria de Ankara, a Berlín, donde, junto con sus amigos Yehoshua Rawnitzki y Shmaryahu Levin, restableció la editorial Dvir. Allí, en colaboración con la escuela rabínica Hochschule für die Wissenschaft des Judentums, Bialik publicó la primera revista científica en hebreo.
En Alemania, Bialik se unió a una comunidad de destacados autores y editores judíos. Entre ellos se encontraban Shmuel Yosef Agnon, Salman Schocken, el historiador Simon Dubnow, Israel Isidor Elyashev, Uri Zvi Greenberg, Jakob Klatzkin (cofundador de la editorial Eshkol de Berlín), Moyshe Kulbak, Zeev Latsky, Simon Rawidowicz, Zalman Shneour, Nochum Shtif, Shaul Tchernichovsky, Shoshana Persitz y Martin Buber.
En 1924, se trasladó con su editorial Dvir al municipio de Tel Aviv, dedicándose a actividades culturales y asuntos públicos, convirtiéndose en una figura literaria célebre del Yishuv. En 1927, Bialik fue elegido presidente de la Asociación de Escritores Hebreos, cargo que ocupó durante el resto de su vida. Ese año fundó la sociedad Oneg Shabat de Tel Aviv, que patrocinaba reuniones comunitarias en las tardes de Shabat para estudiar la Torá y cantar. Aunque no era judío observante, Bialik creía que la observancia pública del Shabat era esencial para la preservación del pueblo judío.
Bialik tradujo, entre otras cosas, El Quijote, de Miguel de Cervantes Saavedra; Guillermo Tell, de Schiller; y El Dybbuk, de Ansky. Además, escribió poemas para niños, compiló y editó junto a Ravnitzky un libro de midrashim y agadot, denominado “Sefer Ha-agada”, fue miembro de la comisión de la lengua hebrea, participó de la asociación de escritores y escribió en idish poemas sobre la naturaleza y poemas nacionales que fueron publicados en un libro específico. ¹
Bialik murió en Viena, Austria, el 4 de julio de 1934, de un ataque cardíaco repentino una semana después de someterse con éxito a una operación de próstata. Su entierro en Tel Aviv contó con una gran procesión de duelo desde su casa en la calle que lleva su nombre, hasta su lugar de descanso final. Fue sepultado en Tel Aviv, junto a los restos de Ajad Haam y de Max Nordau.

Jaim Najman Bialik es considerado también un innovador de la lengua hebrea.
El poeta insufló al idioma vitalidad y naturalidad al usar un idioma simple y claro, pero a la vez lleno de expresiones y vocablos pertenecientes al Tanaj (Antiguo Testamento), a la Mishná, al Midrash y a la plegaria.
Con la creación de nuevas palabras y expresiones idiomáticas diversas enriqueció el idioma y permitió recuperar vocablos que parecían antiguos.
Desde el momento en que se estableció en Eretz Israel, en 1924, trabajó intensamente en la renovación del idioma.
Fue elegido presidente del Vaad Halashón (comité de la lengua), cargo que desempeñó hasta su muerte. Asimismo, publicó la primera edición del diccionario de terminología técnica.
A pesar de no ser lingüista, tuvo la capacidad, la sensatez y el acierto para encuadrar a los nuevos vocablos dentro de la musicalidad y estructura del idioma, además de proporcionarles animación a fin de ser aceptadas por los hebreos parlantes.
En su artículo “Revelación y ocultacion del idioma” señaló su objetivo: iluminar palabras a fin de devolverles su decoro.
En otro de sus artículos mencionó que la renovación del idioma hebreo sólo acontecería con el renacimiento completo del habla hebrea.
La obra de Jaim Najman Bialik se puede dividir en dos etapas: la del poeta lirico que nos relata las carencias de su infancia, tema con el que se identificaron muchos judíos de Europa Oriental. La segunda etapa es la del poeta del tormento y la reprimenda, plagado de aparentes contradicciones; devoto y libre, nacional y asimilado. Esta segunda etapa lo catapultó a su status de poeta nacional hebreo. En resumen, su lirismo expresa los dolores y los sueños del pueblo judío.
Para la juventud israelita educada dentro de la vieja cultura hebraica, el punto de atracción más poderoso de Odessa lo constituía Bialik, que era más que un poeta: era un profeta y una leyenda. Uno de sus poemas comienza con estas palabras: “Yo he sido enviado por Dios hacia vosotros”; otro empieza así: “Ven y ve a la ciudad de la matanza”, dicho también en nombre de Dios. Se lo tomaba como una verdadera profecía. Algunos creían que Dios le hablaba a Bialik. Cómo concordaba el librepensamiento con semejante creencia era un misterio. Eso se debió a la influencia del hechizo y de la fuerza de Bialik. Librepensamiento y Dios, socialismo y ángeles…
Bialik era la leyenda de la juventud israelita educada en la arcaica cultura hebrea gracias también a su poema “Hamatmid”, cántico del seminarista judío que pierde su juventud sobre los vetustos folios enmohecidos y que no tiene el valor de mirar a la calle, el amplio y soleado mundo. Con ese poema, en el fondo piadoso, Bialik nos arrancó de los nidos carcomidos mucho más que los viejos poetas hebreos con sus versos heréticos. Bialik nos enseñó a amar el sol. En uno de sus poemas dice que si Dios hubiese colgado siete soles en el cielo tampoco entonces se habría saciado su alma sedienta de luz. Y nos enseñó a amar las heladas y la nieve; sus poemas del invierno son, probablemente, los más vigorosos que existen en la poesía universal sobre este tema. Hay en ellos una alegría de vivir y una identificación con el cosmos que enciende la sangre. Si un león pudiera componer versos, los haría como Bialik escribió sus poemas de invierno. Y junto con la fuerza hay en ellos mucho retozo. El poeta se alegra con cada copo de nieve, con cada florecilla formada por la helada en los vidrios. Bosques enteros han crecido para él en las ventanas…
El Premio Bialik, es un premio literario otorgado por el Ayuntamiento de Tel Aviv, por logros significativos en el campo de la literatura hebrea. El premio fue establecido el 1 de enero de 1933, con motivo del 60 aniversario del nacimiento de Jaim Najman Bialik.
Los poemas de Bialik se han traducido a al menos 30 idiomas, y algunos han sido musicalizados como canciones populares. Estos poemas, y las canciones basadas en ellos, se han convertido en parte esencial de la educación y la cultura del Israel moderno y de todo el mundo judío.
Fuentes: