Elecciones de medio término

Del algoritmo a la urna: el voto en tiempo de redes

Con un ambiente social enrarecido, las denuncias que involucran a funcionarios y candidatos del gobierno, en un clima de protesta de los sectores afectados por un ajuste fiscal que no parece medir consecuencias, lo que se anunciaba como una probable derrota electoral para una gestión urgida de recursos externos, terminó en una victoria que descolocó a propios y extraños. Entre el desencanto con la “vieja política” y la eficacia de los mensajes digitales, el oficialismo convirtió el desgaste en un nuevo impulso a su gestión.
Por David Suarez

En la nota publicada el 14 de septiembre pasado en Nueva Sion (posterior a la elección a legisladores bonaerenses), este columnista consignó que “el resultado sorprendió no tanto al gobierno provincial encabezado por Axel Kicillof, como decepcionó a los armadores de la alianza LLA-PRO, que esperaban sino ganar por poco margen, al menos alcanzar un digno empate técnico”. El mismo concepto de “sorpresa” se aplica a la elección nacional que tuvo lugar el domingo 26 de octubre. Tras semanas de una campaña accidentada, en las que se solaparon el escándalo de las coimas en la Agencia de Discapacidad, la renuncia del primer candidato a diputado por la provincia por sus vínculos inexplicados con un narcotraficante con pedido de extradición, o las poco concurridas recorridas urbanas encabezadas por Javier Milei que finalizaban en insultos hacia y desde la caja de la camioneta que transportaba al presidente y sus candidatos locales, el gobierno nacional ganó las elecciones, superando sus propias expectativas. En distritos como la Ciudad de Buenos Aires se descontaba el triunfo de Patricia Bullrich, territorio afecto al voto por opciones de derecha desde hace décadas, pero nadie imaginaba que, tras perder el 7 de septiembre pasado contra Fuerza Patria por 14 puntos porcentuales en la provincia de Buenos Aires, La Libertad Avanza diera vuelta ese resultado ganando al peronismo por poco menos de un punto. Si esta vez, cuatro de cada diez electores en la provincia votó por LLA, esa misma proporción se reprodujo a nivel nacional. En el interior, LLA ganó cómoda en algunas provincias con candidatos ignotos vestidos con la campera violeta de rigor. Ni los “traspiés” antes señalados, ni la sumisión neocolonial de nuestro país a los Estados Unidos propiciada por el Gobierno hicieron mella en la preferencia del electorado. ¿Cómo se explica este triunfo?

El Instagram de Yrigoyen

Durante las últimas semanas, tanto el periodismo oficialista como opositor, puso al Gobierno contra las cuerdas, percibiendo que quizás maduraba un nocaut. José Luis Espert debió renunciar a su candidatura, en parte tras ser interpelado duramente por comunicadores identificados con el oficialismo. Desde el campo opositor, los análisis en torno a la “caída inminente” del Gobierno estuvieron a la orden del día. La tormenta en el frente cambiario, los síntomas de aceleración de la inflación, y el consecuente pedido de ayuda al tesoro norteamericano, fueron interpretadas como señales inequívocas de la debacle del proyecto de ajuste libertario.

Sucede que, así como nuestras búsquedas en la web, los videos que vemos en nuestros dispositivos, la música que elegimos reproducir o las compras que realizamos a un clic de distancia alimentan al algoritmo -que a su vez modela nuestras preferencias- existe un “diario de Yrigoyen” (es decir, un conjunto de noticias, comentarios, posteos y memes) escrito para cada lector, reforzando lo que ya se piensa y siente. Así, un libertario probablemente sólo escuche las diatribas de influencers como Agustín Laje, Nicolás Marquez y El Gordo Dan, reciba mensajes en redes sociales que le muestran zombis, corruptos, y violentos “kukas” que trabajarían denodadamente para empobrecer al pueblo, destruir los valores de la familia tradicional, y hundir al país en el atraso en el que se encuentra “desde hace un siglo”; esas mismas redes le devuelven la imagen de un gallardo león generado por IA, que con su prominente melena lucha contra las “ratas parlamentarias” aferradas a sus “privilegios de casta.” En forma análoga, un progresista recibirá mensajes que destacan la peligrosa inestabilidad emocional del presidente y de varios de sus alfiles en el Congreso, las quejas de los productores, comerciantes y trabajadores que ven sustancialmente reducidos sus ingresos, de los médicos del sistema público de salud que protestan en su defensa, de los universitarios, de los científicos, de los jubilados y de los padres y madres de niños discapacitados que se quedaron sin la atención que requieren, sacrificada en aras del ajuste fiscal “más grande de la historia de la humanidad.” Se trata de cosmovisiones sociales incompatibles, paradigmas inconmensurables que delimitan campos antagónicos de entendimiento e interpretación de la realidad, en los que la argumentación cede terreno a la emocionalidad expresada en afectos hacia unos, y odios hacia otros. Entonces, ¿cuál es la realidad?

El arca de Milei

Parece claro que los ciudadanos perciben la realidad de manera diferenciada, y debido a ello, votan en consecuencia. En función de su percepción subjetiva de la realidad, el votante de LLA puede listar el conjunto de los activos que atribuye al gobierno asumido hace casi dos años: la variación de los precios se mantiene controlada, es posible -para quienes pueden- ahorrar en dólares sin otro requisito que descargar una aplicación en el celular; el tipo de cambio permite realizar viajes al exterior como en las mejores épocas del “deme dos”; la circulación vehicular desde, hacia y dentro de la ciudad ya no se ve obstaculizada por la protesta social; la relación estrecha que el Gobierno estableció con los EEUU sería el reaseguro que despeja todo horizonte de tormenta en el mediano plazo; y el ejecutivo a cargo de Milei muestra decisión sobre los temas que le importan, exhibiendo un arrojo pocas veces visto en la política argentina. El mismo elector puede elaborar una lista de pasivos de la oposición, cuyo recuerdo inmediato remite al periodo de Alberto Fernández: la angustia de la pandemia y las medidas de aislamiento social obligatorio, el despropósito de “la fiesta de Olivos”, y el estancamiento salarial en una maratón desigual contra la inflación. ¿Por qué habría de votar a Fuerza Patria, espacio que no termina de definir su perfil político, empantanado en tensiones internas? ¿Y qué ofrecen partidos como Provincias Unidas, o las variantes de la izquierda? Quizás, en la percepción de una parte importante de ese 40% que le dio su voto de confianza al Gobierno, esos espacios políticos son la expresión del fracaso de la “vieja política”: no presentan otra propuesta más que “ponerle un freno a Milei”. El actual presidente, más que el Macri de 2015, parece encarnar mejor que nadie la propuesta de un cambio radical, de una estrategia de destrucción reparadora o una suerte de “diluvio universal” que barra todas aquellas instituciones y prácticas que habrían impedido concretar nuestro destino de grandeza. Y frente a este mesianismo, dinámico y novedoso, la oposición parece anquilosada en sus viejos dogmas y propuestas.