El boicot BDS, ¿se realimenta con el boicot del Ministro de Cultura israelí?

La opinión pública israelí se acostumbró a vivir la vida en treguas permanentes preparándose para un próximo round, y, mientras tanto, quiere disfrutar de una calma que sabe no significa paz.
Por Leonardo Senkman, desde Jerusalén

La opinión pública israelí se acostumbró a vivir con treguas periódicas al tiempo que se prepara para un próximo round: mientras tanto, quiere disfrutar de una calma que sabe que no significa paz, una tregua que no es más que una suspensión temporal de hostilidades, de plazo totalmente incierto, porque se ha naturalizado la vida en un estado de guerra continua, que posterga siempre la búsqueda de la paz.
Es bienvenida una tregua que implica la cancelación de hostilidades, pero, a diferencia de otras guerras en el mundo que permiten abrir la puerta a la diplomacia, la opinión pública israelí ya se ha decepcionado de ella: adquirió la mala costumbre de atravesarla preparándose únicamente para el próximo round.
Pero entre la mayoría de los israelíes tal conducta está viciada de la ilusión de que, durante la calma blindada, tienen derecho a disfrutar de los placeres de su paz imaginaria: no solo gozar de viajes por el mundo, sino también esperar que todos confundan su precaria tregua, como si fuese otra cosa que un aplazamiento de la paz.
Últimamente, la opinión pública se indignó por los logros cada vez más frecuentes del boicot artístico y cultural del movimiento BDS palestino, mientras que el gobierno de Israel se niega a reconocer que la hostilidad mundial hoy está alimentada por la violación de la precaria tregua en Gaza mediante la continuación de la guerra de Tzahal a través de otros medios, y también en Cisjordania

Boicot literario del escritor Emmanuel Carrere

Recientemente indignó la cancelación de la visita programada del famoso escritor francés Emmanuel Carrere, una indignación que se desentiende completamente de las ejecuciones diarias en la Franja y, especialmente, de la escandalosa reciente anexión de facto de tierras palestinas.
La cancelación de la visita a Tel Aviv de Emmanuel Carrère escandaliza, pero nadie la relaciona con la violación de la tregua en Gaza por parte de Tzahal, y menos aún le importa a la gente que se hayan violado los acuerdos de Oslo en los sectores administrativos de la Autoridad Palestina A y B en Cisjordania.
La mayoría se niega a encontrar relación alguna entre el boicot cultural y literario de Carrère con la flagrante anexión de facto de territorios palestinos. Pareciera que nadie escuchó que el Gabinete de Seguridad israelí aprobó más competencias para asentamientos y confiscaciones en Cisjordania, justo días antes de la visita cancelada del escritor francés.
El famoso autor de seis títulos además de El Adversario, traducido más de veintitrés idiomas —entre ellos, al hebreo— y considerado el A sangre fría francés, se encuentra investigando en la zona para un ensayo, por encargo de la revista literaria francesa Kometa, sobre la situación en Cisjordania y Gaza. La suspensión de la visita del escritor es vista como un «odioso boicot», pero nadie la vincula a las nuevas atribuciones para aprobar proyectos inmobiliarios israelíes y controlar áreas palestinas en disputa de Cisjordania. Como era de esperar, la Autoridad Palestina denuncia esas medidas como «ilegítimas» y pide una intervención internacional urgente.

El boicot BDS y su realimentación por el boicot del ministro de Cultura israelí

La decisión de cancelar el encuentro literario anunciado en Tel Aviv se produjo tras recibir Carrère duras críticas por parte de la dirección de la revista a raíz de su proyecto de reunirse con lectores israelíes. Babel Publishers, una editorial boutique con sede en Tel Aviv, anunció el 30 de enero que el encuentro iba a tener lugar en «Sipur Pashut», una librería independiente de Tel Aviv cuyo nombre alude a la célebre Historia sencilla, la novela clásica del laureado escritor israelí S. Y. Agnon. Los indignados israelíes acusan al boicot de politizar una reunión cultural que incluiría solamente una firma de libros a cargo de Carrère, palabras de bienvenida de su traductor, Nir Ratzkovsky, y un diálogo con los escritores israelíes Dror Mishani y Zohar Elmakias.
Ahora bien, pese a este innegablemente odioso boicot, que también perjudica a escritores israelíes pacifistas, la mayor parte de la opinión pública prefiere disociar la protesta del escritor francés de la situación caótica en Gaza y Cisjordania, pretextando que la sociedad civil hebrea está en una tregua y merece disfrutar de un diálogo cultural con intelectuales, que no son políticos.
Tal disociación, que condena el odioso boicot artístico, cultural y universitario, pero sin relacionarlo con la ocupación en territorios palestinos, tiene muchos años. Afortunadamente, varios intelectuales europeos honestos rechazan el BDS por razones éticas, históricas y políticas, ya que no admiten semejanzas entre el otrora boicot contra la discriminación racial en Sudáfrica, relativo al apartheid, y el actual conflicto de índole nacional entre los pueblos de Israel y Palestina.

Si en décadas pasadas tuvo un eco importante el llamamiento palestino al boicot cultural contra Israel en Irlanda, Sudáfrica, Suiza, Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá o Francia, después del 7 de octubre y la devastadora guerra de Tzahal en Gaza, el nuevo BDS crece a medida que la frágil tregua es reemplazada en Israel por la continuidad de la guerra a través de otros medios.
Además, más allá de la injustificable utilización de la cultura y la música como armas de combate en conflictos bélicos, el BDS palestino se ha beneficiado también de la invasión rusa a Ucrania, cuando todas las grandes discográficas retiraron unilateralmente su catálogo de Rusia, o cerraron sus operaciones por completo.

Ayelet Gundar-Gosheb, y los conflictos morales de la sociedad civil israelí

En Israel nadie enunció mejor la disociación de la opinión pública que la escritora y psicóloga Ayelet Gundar-Goshen, quien opinó en una entrevista del diario Haaretz del 10 de diciembre pasado que todos estamos muy indignados con el boicot cultural a Israel, pero no nos formulamos la pregunta de por qué existe ese boicot. Inmediatamente añade: «Somos una cultura alérgica a la culpa. Solo queremos sentirnos mejor con nosotros mismos, y eso es muy dañino». Como psicóloga clínica que trata a personas en shock y como autora de novelas traducidas a docenas de idiomas, Ayelet Gunder-Goshen articula claramente el conflicto moral de la vida cotidiana en Israel de hoy.

Al principio, «escribir un libro después del 7 de octubre de 2023 me pareció una barbaridad», confesó Ayelet Gundar-Goshen en otra entrevista, una para DW que puede leerse en https://www.dw.com/en/an-israeli-author-explores-the-psyche-of-a-society-at-war/a-74030015, «sobre todo mientras los rehenes seguían allí en túneles, lejos de sus familias en Israel, y la destrucción continúa en Gaza: no me permití el privilegio de escapar a un mundo diferente, a un mundo creado solo con tus propias palabras. Me pareció mal.

Gundar-Goshen participaba regularmente en manifestaciones contra el gobierno de Benjamin Netanyahu para exigir el regreso de los rehenes y poner fin a la guerra. Ella afirmó en la entrevista que escribir podría ser un acto de resistencia, pero que por sí solo era insuficiente: «Hay que combinar las piernas en la calle, los gritos en la calle y la mano que escribe; todo el cuerpo tiene que trabajar en esto».

El punto de inflexión que disipó sus dudas llegó cuando funcionarios del gobierno de Netanyahu llamaron a boicotear libros y películas que retratan a los palestinos respetando su humanidad. «Para mí, ese fue un momento en el que pensé: “Un momento. La derecha, los fascistas, les temen a las palabras. De verdad creen que las palabras pueden cambiar algo”. Pensé: “Bueno, si los fascistas temen tanto a las palabras, quizá también puedan usarse como arma”, me dije. No para evadir la realidad con palabras, no como escapismo; todo lo contrario: como una forma de afrontar la realidad».

Ayelet Gundar-Goshen retomó, entonces, el trabajo de escritura en una nueva novela que había comenzado hacía tiempo, Ungebetene Gäste (literalmente: «invitados no invitados») que fue publicada en alemán. Dicha novela explora la relación entre judíos y árabes en Tel Aviv: un niño israelí deja caer un martillo desde un balcón, matando a un adolescente. El obrero palestino que trabajaba en ese balcón es arrestado. La madre del niño guarda silencio. Lo que sigue es un drama sobre la culpa, la negación y la venganza: un reflejo de la sociedad israelí, que Gundar-Goshen ve atrapada en un ciclo fatal de miedo al Otro.

Ella, como dijimos, no es solo una novelista; también es psicoterapeuta. En sus escritos, explora mecanismos ocultos que también ha descubierto en sí misma. Ungebetene Gäste ilumina las dinámicas psicológicas que configuran la vida cotidiana israelí-palestina. «El hecho de que te consideres una víctima potencial», dijo en la entrevista para la publicación alemana, «te prepara para ser un agresor». La novelista traslada su perspectiva de terapeuta a su trabajo como escritora: no juzga, sino que intenta comprender por qué las personas actúan como lo hacen. «Pienso en lo difícil que es para las personas reconocer al mismo tiempo el terrible trauma del 7 de octubre —que no se puede justificar, no es posible justificarlo jamás— y, al mismo tiempo, reconocer el terrible trauma que se está cometiendo ahora mismo contra los palestinos, mientras que el trauma de las familias de los rehenes continúa», dijo en aquella entrevista antes de la última tregua. «Es como si un bando tuviera que ser eliminado para que la gente pudiera mantenerse en pie».

Gundar-Goshen es prácticamente una de las pocas intelectuales israelíes que manifiesta empatía hacia ambos contendientes. Voces como la suya quedan ahogadas en el ruido global de un debate ideológico apasionado, librado a veces con violencia, pero con mayor frecuencia politizando toda posibilidad de diálogo mediante la cancelación de encuentros en Israel de artistas, intelectuales y músicos alineados ciegamente en el boicot contra artistas, intelectuales y músicos israelíes.

Lamentablemente, hoy en Israel, el tipo de autorreflexión crítica que ejerce Gundar-Goshen prácticamente no tiene ninguna posibilidad de éxito; sin embargo, eso es lo que la hace aún más importante. Dice la lúcida escritora en la entrevista publicada por DW que está intentando explorar sus propios puntos ciegos: «Y a menudo descubro que mis puntos ciegos son puntos ciegos universales que todos tenemos» y concluye: «Si no pasamos por este doloroso momento de mirarnos realmente al espejo, nunca podremos cambiar nada».

Posdata

Ayelet Gundar-Goshen

El clima de guerra permanente, a través de otros medios, se ha exacerbado en la última semana ante la amenaza y chantaje de Trump de atacar a Irán con una armada impresionante. Ayer amenazó con desplegar un segundo portaaviones en Oriente Medio en caso de que fracasen las negociaciones con Irán.
En estos días resulta deprimente comprobar cómo casi todos los medios israelíes —con la única excepción de Haaretz— trasmiten el delirio beligerante para convencer del fracaso de las negociaciones diplomáticas, al unísono del aventurerismo guerrero de todo el gabinete de Netanyahu y el silencio absoluto de la oposición, afirma Tzvi Barel en una nota de Haaretz del 11 de febrero pasado.
La antigua filosofía jainista de no violencia en la India criticaba la atmósfera sonora que retumbaba con tambores de guerra para anunciar el comienzo de una gran batalla decisiva, especialmente entre los ejércitos de los reyes Srivijaya y Ashanighosha. En la actual era digital, aquellos instrumentos de percusión que batían sonidos aterradores para elevar la moral de los soldados hoy son reemplazados por imágenes de los portaviones «Gerald Ford» y «Lincoln» de la flota norteamericana.
Sin embargo, la ilusión de los israelíes de vivir como normal la tregua a punto de estallar los enorgullece al mostrar algunos éxitos deportivos en Europa que hacen olvidar completamente los boicots culturales de Carriere y de otras estrellas internacionales.
Los Juegos Olímpicos de Invierno 2026 quedaron oficialmente inaugurados en Italia con dos ceremonias simultáneas realizadas en Milán y Cortina d’Ampezzo. Cerca de 2.900 atletas de 90 países competirán hasta el 22 de febrero por 116 medallas en 16 disciplinas correspondientes a ocho deportes invernales. En la ceremonia principal, celebrada en el estadio San Siro de Milán, la patinadora artística Mariia Seniuk fue la encargada de portar la bandera de Israel. Durante el ingreso de la delegación israelí, vestida con los colores azul y blanco, se escucharon abucheos desde algunos sectores del público.
Sin embargo, Israel participa en esta edición de los Juegos con una delegación de 10 atletas, la misma cantidad que en PyeongChang 2018. El equipo está integrado por ocho hombres y dos mujeres que competirán en cinco disciplinas, acompañados por 11 entrenadores y miembros del staff técnico.
Entre los hitos de esta participación se destaca el debut olímpico de Israel en bobsleigh, con un equipo conformado por Adam Edelman, Menachem Chen, Ward Farwaseh, Omer Katz y Uri Zisman.
En patinaje artístico competirá Mariia Seniuk, mientras que los hermanos Barnabás y Noa Szőllős representarán al país en esquí alpino. El veterinario Attila Mihaly Kertesz participará en esquí de fondo, y Jared Firestone lo hará en la prueba de skeleton.
Además, las deportistas israelíes Maya Day y Maya Behar se consagraron campeonas en sus respectivas categorías al obtener medallas de oro en el Genova Open de jiu-jitsu, un torneo internacional organizado bajo el marco de la Ju-Jitsu International Federation (JJIF) disputado en Italia.
Ambas atletas lograron subir a lo más alto del podio tras una destacada actuación frente a competidoras de distintos países, consolidando la presencia de Israel en el circuito internacional de jiu-jitsu. El torneo forma parte del calendario oficial de la JJIF y convoca regularmente a deportistas de alto nivel provenientes de Europa y otras regiones.
Sin embargo, ninguno de esos merecidos premios a jóvenes deportistas de Israel va a encubrir los boicots culturales y artísticos del BDS en Europa y EE. UU., así como tampoco encubren el repugnante boicot y la censura interna contra artistas e intelectuales israelíes impuestos por ministros kahaniustas y racistas del gobierno Netanyahu.
Ningún artista israelí en el próximo Eurovision podrá solapar el boicot contra cientos de escritores, poetas y artistas que enviaron una carta de protesta al Ministerio de Cultura el sábado, calificando la decisión del ministro Miki Zohar de cancelar los premios anuales de literatura, danza, artes visuales y música como «irrazonable, poco ética, inapropiada e incluso ilegal». La suspensión incluye 5 millones de shekels (1,6 millones de dólares) en subvenciones en efectivo, lo que para algunos artistas representa la única vía disponible para obtener financiación pública. «Dañar la cultura israelí es dañar la sociedad israelí y el espíritu del pueblo», escribieron.
Me consuela el hecho de que fundaciones de la sociedad civil israelí le han salido al cruce al fascismo cultural del gobierno. La Fundación Berl Katznelson ofrecerá un nuevo premio de literatura para los géneros de escritura política y literatura infantil en respuesta a la cancelación de premios artísticos por parte del Ministerio de Cultura. Asimismo, ese premio de literatura infantil será una respuesta al aberrante boicot de la Feria del Libro Infantil de Bolonia, la más grande y longeva feria del mundo dedicada exclusivamente a libros infantiles, que excluyó este año al Instituto Israelí de Literatura Hebrea.
La de la fundación civil hebrea Berl Katznelson ha sido una esperanzadora respuesta a ambos repugnantes boicots que se alimentan mutuamente, tanto el del movimiento BDS palestino como el boicot interno del primer gobierno fascista en la historia de Israel.