Iom Hashoa

De-Nur. El otro planeta

Entre memoria, literatura y silencio, Daniel Goldman propone volver al escritor Yehiel De-Nur para confrontar una verdad incómoda: hay experiencias —como Auschwitz— que no pueden ser domesticadas por el relato ni reducidas a lección, sino apenas sostenidas en su irreductible extrañeza, y nos invita a acercarnos a su testimonio en video como ejercicio vivo de la memoria.
Por Daniel Goldman

A mis viejos z”l

Amit Ashkenazi, un querido amigo que vive en Israel, me hizo llegar un reportaje fílmico al escritor Yehiel De-Nur. Aunque al principio lo miré sin demasiada expectativa, algo produjo un desplazamiento inmediato. Me empujó a volver a un libro que creía olvidado en algún estante de mi biblioteca. Su obra Casa de muñecas (K. Tzetnik 135633, Ediciones Martínez Roca, 1979) reapareció así, no como una lectura del pasado, sino como una sombra inquietante y difícil de clausurar.

Al reencontrarlo, no volvió solo su crónica, sino la figura del autor. Sobreviviente del campo de Auschwitz. publicó en hebreo bajo el seudónimo de Ka-Tzetnik 135633 -su número de prisionero- una serie de relatos atravesados por su experiencia en los campos. En su obra persiste una idea insistente; la de que aquel universo no pertenece a este mundo. Esta afirmación, que en una primera lectura puede parecer una hipérbole literaria condensa un extraordinario espesor conceptual.

De-Nur testificó en el juicio contra Eichmann. Allí no habló de Auschwitz como el extremo de la barbarie humana. Lo definió como “otro planeta”. Esta formulación, situada en su contexto histórico, no funcionó como una metáfora estilística, sino como una forma que remite a un colapso del lenguaje. Como si el discurso, al intentar acercarse a esa experiencia, solo pudiera desviarse hacia lo indecible.

Casa de muñecas no se sostiene como un testimonio, sino que se desplaza hacia una zona inestable. Sus escenas no buscan narrar sino transmitir una descomposición de lo humano. En ese universo las categorías habituales se disuelven, y con ellas las distinciones entre bien y mal, sujeto y objeto, vida y muerte. Por lo tanto, la obra de K. Zetnik no intenta explicar Auschwitz. Por el contrario. Va a insistir en su carácter irreductible. Su potencia está precisamente en negarse a domesticar aquello vivido, en resistirse a convertirlo en relato ordenado, en lección moral o incluso en una forma absurda de didactismo histórico.

Pero, volvamos a lo de “otro planeta”. Hay un dato en su biografía que no puede pasarse en alto. Con el tiempo y la ayuda de terapias De-Nur se rectifica de su afirmación (como podrán ver en el video).

Sería petulante y grosero esbozar una crítica a un virtuoso que con su pluma testimonia su vivencia. Solo honrarlo.

Pero se me ocurre pensar que el peso de la metáfora (otro planeta) tiene como objeto perturbar de manera drástica la conciencia, no en el orden psicológico sino en el ontológico. Hay experiencias que, si se las fuerza a encajar en nuestros esquemas habituales, pierden aquello que las define. Es en ese borde incómodo, inestable y precisamente necesario que se revela aquella denuncia de De-Nur, porque señala los límites en el que lenguaje, cultura y sensibilidad no logran abarcar la demencia y la enajenación en este mundo. Es ahí donde se impone, de manera casi silenciosa un mandato a su lectura, como una densa advertencia que demanda nuestra capacidad de sostener aquello que resiste toda normalización.

En este día de Iom Hashoá, como un ejercicio de la memoria, les recomiendo ver este conmovedor video, y pasar por su libro.

Para ver video: