Sijá Mekomit, 5/5/26

La izquierda judía ya no busca caer bien 

¿Está cambiando la izquierda judía en Israel? A partir de una conferencia ignorada por la prensa, el periodista Meron Rapoport describe la emergencia de un campo político que abandona el lenguaje moderado, asume una posición de resistencia frente al gobierno y se anima a cuestionar pilares históricos del consenso israelí.
Por Meron Rapoport

Una conferencia de paz que reúne a miles de personas con energías máximas es noticia. ¿Por qué cualquier evento pequeño o mediano de la derecha extrema merece titulares principales, mientras que un evento masivo del campo de la paz, que se está reconstruyendo, no? Es una locura. Los medios israelíes (que alguna vez fueron acusados de ser de izquierda) continúan sirviendo a la derecha y presentan una realidad en la que no existe un campo de paz en Israel ni una alternativa política a la actualidad.

Tami Yakira, coordinadora de la coalición “Ya es hora” (Higuía Hazman), tiene razón en las palabras enojadas que escribió tras el cierre de la “Conferencia Popular de Paz” que se realizó el jueves pasado en el Centro de Exposiciones de Tel Aviv, bajo el paraguas de esta coalición que reúne a 80 organizaciones.

Solo para comparar: el mismo día se inauguró la «Likudiada», el evento anual del partido Likud, en Eilat. Yuval Karni informó en Ynet que el evento estaba tan animado que el acto central —un discurso del ministro de Justicia Yariv Levin— se canceló porque nadie se presentó en el salón.

Aun así, no hay consumidor de medios en Israel que no haya oído hablar de la Likudíada, mientras que el evento de la izquierda en Tel Aviv casi no fue cubierto por los medios establecidos. La única cobertura fue una entrevista que hizo Raviv Drucker a Maoz Inón y Aziz Abu Sarah, un israelí y un palestino que perdieron familiares y que contaron sobre su viaje conjunto (cuyo libro salió recientemente en inglés). Pero la entrevista tuvo un carácter de curiosidad: “Miren, un israelí y un palestino hablando de paz”. Al final, Drucker preguntó a los miembros del panel si alguien había oído hablar de la conferencia de paz en la que participaban Inón y Abu Sarah. Solo uno de los panelistas —considerado el más de izquierda de la televisión— había oído del evento.

En las salas de redacción de los canales grandes y los medios centrales te explicarán que la paz israelí-palestina “no es relevante”, que “nadie habla hoy de un Estado palestino” (como afirmó Naftali Bennett en sus entrevistas), que eventos así “no venden”, bajan el rating y molestan al público. Pero todas estas explicaciones no son más que excusas para justificar la decisión —consciente o inconsciente— de borrar de las pantallas de televisión cualquier rastro de una solución que no sea militar, de no invitar a oradores que expliquen que un acuerdo con los palestinos es necesario y posible; de no invitar a palestinos que hablen del tema, y ni siquiera judíos, de cancelarlos, por usar el término actual. Si la policía israelí se convirtió en la policía de Ben Gvir, los medios se convirtieron en los medios de Esparta. Puede aparecer hoy en televisión un debate sobre la intensidad de la guerra, pero no sobre si es necesaria.

Paradójicamente, parece que el ninguneo mediático creó el efecto contrario, algo que se pudo percibir claramente en la “Conferencia Popular de Paz”. La gran mayoría de los oradores, al menos los que subieron al escenario en la ceremonia central, no intentaron complacer el gusto de los canales de televisión ni pensaron en qué “pasa el filtro” (no tan imaginario) que estos impusieron, según el cual hablar de paz es ingenuidad y hablar de ocupación está fuera de lugar. Ni siquiera desafiaron el discurso dominante en la política y los medios israelíes. Simplemente presentaron otro discurso.

Casi la mitad de los 44 oradores en la ceremonia central (algunos en el escenario y otros en videos grabados) eran palestinos de ambos lados de la Línea Verde, incluso de Gaza. Dijeron las cosas como las ven: genocidio, limpieza étnica, crímenes de guerra, ocupación, terrorismo de los colonos y del ejército. Y los oradores judíos no se quedaron atrás al señalar la ocupación y la opresión que ejerce Israel.

Yonatan Zeigen dijo que el asesinato de su madre, Vivian Silver, a manos de Hamás en el kibutz Beerí “podría haberse evitado” y que la violencia no nació el 7 de octubre. “No es que no queramos la paz porque es complicada”, dijo Zeigen, “la paz es complicada porque nosotros no la queremos”. Dor Inón, nieto de Bilha y Yaakov Inón — asesinados en su casa en Netiv Haasará — condenó el “uso cínico” que Israel hizo de su asesinato y el uso que los generales hacen del duelo de palestinos, libaneses o iraníes “como camino hacia un futuro mejor para los israelíes… La verdad es simple: no se puede comprar el paraíso con sangre”. El público aplaudió.

Izquierda de resistencia

Otra expresión de este nuevo discurso que dominó el evento fue el lugar central que se dio a los activistas de la “Presencia Protectora” (activistas que acompañan y protegen a comunidades palestinas frente a ataques de colonos). De hecho, se puede decir que los cinco activistas de la Presencia Protectora que subieron al escenario —Or Sivan, Ruti Biedetz, Doron Meinart, Aviv Tatarsky y Roi Kleitman, junto a la activista palestina Amira Musallam que apareció en video— fueron los héroes centrales de la noche. Fueron quienes recibieron los aplausos más fuertes y el evento entero estuvo orientado a apoyarlos a ellos y a su actividad.

Si se piensa un poco más profundamente, hay aquí un cambio en la forma en que la izquierda israelí —o al menos la izquierda que estuvo presente en el evento (unas 5.000 personas según la estimación de Tami Yakira)— se percibe a sí misma. Ahora es una izquierda de resistencia.

Esta resistencia —quedó claro en las palabras de los cinco activistas— no se dirige solo contra el “terrorismo de los colonos”. También se dirige contra el ejército y los soldados que se quedan de brazos cruzados o, en muchos casos, ayudan a las milicias de colonos en sus ataques contra comunidades palestinas. En la izquierda sionista, incluso en sus sectores más radicales, el ejército solía estar fuera del ámbito de la crítica. La ocupación se presentaba como un accidente de tránsito y los colonos como un cuerpo extraño que se apoderó del Estado de Israel y lo desvió de su camino correcto.

Es cierto que todavía no hubo en la conferencia un llamado explícito y amplio a la insumisión, pero el ejército fue presentado como un factor negativo. Aún no aparee en los mismos términos que “la policía de Ben Gvir”, pero va por ese camino.

Esto se notó también en los discursos de los representantes más destacados de la izquierda sionista: los diputados Gilad Kariv y Naama Lazimi. Durante décadas, el tema central de la izquierda sionista era que había que terminar con la ocupación para proteger la mayoría demográfica judía y preservar a Israel como un Estado “judío y democrático”. El “verdadero sionismo”, según ese relato, era el que exigía el fin de la ocupación y la opresión. Pero los conceptos de “Estado judío y democrático” o “sionismo” estuvieron ausentes en los discursos de Kariv y Lazimi.

Kariv dijo que el 7 de octubre fue “resultado directo de la doctrina falsa de gestión del conflicto” y que lamentaba que en el campo opositor a Netanyahu “se juegue dentro de las reglas que dibujó la derecha extrema”. Además de anunciar la creación de un comité en la Knesset para combatir el “terrorismo de los colonos” y apoyar la Presencia Protectora —otra prueba de que la izquierda judía coloca ahora la resistencia en un lugar muy alto—, se comprometió con la cooperación política judeo-árabe dentro de Israel.

Lazimi dijo que Israel adoptó la expulsión como política y que “la seguridad se logra cuando los dos pueblos que llaman a esta tierra su hogar tengan seguridad personal y vivan con dignidad y con esperanza en el futuro”. Cuando se comprometió con la cooperación judeo-árabe en la futura coalición de gobierno, como Kariv, el salón tembló de aplausos.

Esto no significa que ambos dejen de definirse como sionistas ni que el partido Demócratas (al que pertenecen) haya renunciado al “Estado judío y democrático”. Para nada. En la visión de los Demócratas se dice que hay que separarse de los palestinos también para mantener una “mayoría judía sólida” en Israel. Pero el mero hecho de que Kariv y Lazimi hayan preferido concentrarse en mensajes de resistencia, colaboración entre judíos y árabes e igualdad es interesante también en el plano electoral.

Lenguaje afilado y seguro de sí mismo

Por supuesto, no se puede declarar un cambio sustancial en la izquierda judía a partir de un solo evento. Pero parece que se pueden “señalar procesos”, como suele decir Golan. Más de cinco años de protestas —primero en Balfour (y antes en Petaj Tikva), luego en Kaplan y en la Plaza de los Rehenes— le enseñaron a esta izquierda, que alguna vez se vio a sí misma como parte del establishment o como el establishment mismo, el significado de la resistencia al poder. Ser detenido en las manifestaciones se convirtió en una medalla de honor para esta izquierda judía.

La formación del actual gobierno de derecha y el papel central que ocupan en él personajes como Beyzalel Smotrich e Itamar Ben Gvir agudizaron aún más el alejamiento de quienes aún se definen como izquierda judía respecto del gobierno y sus brazos represivos. La guerra destructiva que siguió a la masacre de Hamás del 7 de octubre profundizó el alejamiento de este sector del mainstream de la sociedad israelí.

A pesar de todos los esfuerzos de negación por parte del gobierno y de los medios en los últimos dos años y medio, el hecho de que soldados israelíes fueron parte de crímenes de guerra en Gaza y de actos de limpieza étnica en Cisjordania está calando en este público, y quizás también en círculos más amplios. Incluso un periodista militarista como Ron Ben-Yishai ya escribe que lo que ocurre en Cisjordania, con la oleada de ataques contra localidades palestinas, es un intento de limpieza étnica.

Esta sensación de alienación permite, y quizás incluso impulsa, a este público a adoptar un lenguaje más afilado, más opositor, menos apologético y menos buscador de consenso. Si los medios nos cierran la boca, dice esta actitud, diremos lo que queremos. Y cuando la derecha está controlada por Ben Gvir y matones como Mordejai David, y Abraham Zarbiv — famoso por llamar a «aplanar Gaza» y contribuir a hacerlo con una demoledora — enciende una antorcha en el acto oficial de Iom Haatzmaut (Día de la Independencia) en Jerusalén, la mera posibilidad de buscar consenso se percibe como una traición a los valores más básicos de la izquierda judía.

A este alejamiento se puede sumar un fenómeno casi opuesto: una sensación de seguridad en sí mismos. El hecho de que las encuestas predicen que el gobierno de Netanyahu no obtendrá mayoría en las elecciones que se celebrarán en poco más de cinco meses infunde viento en las velas de este campo. Ve el fin del gobierno de derecha como una posibilidad real y por eso siente que puede proponer un horizonte distinto.

Una periodista palestina que estuvo en el evento dijo que sintió que este público estaba desconectado de la realidad racista que domina en Israel, y no entendía de dónde venía la sensación de esperanza y entusiasmo. Hay mucho de cierto en sus palabras. Los miles que participaron en la Conferencia Popular de Paz no representan a toda la izquierda sionista, y el partido que la representa, los Demócratas, no consigue en las últimas encuestas superar los diez escaños. Es muy probable que, si Netanyahu cae, los Demócratas se vean obligados a ser parte de un gobierno encabezado por Naftali Bennett, con la continuación de la ocupación y los asentamientos y sin los partidos que representan al público palestino como parte del gobierno.

Aun así, se puede señalar un cambio. Ha surgido una izquierda judía —no grande, pero tampoco completamente marginal— que se posiciona en un lugar de resistencia y no se hace ilusiones (o más bien mentiras) de que tan solo si Netanyahu se va, Israel volverá a los días hermosos, como si bastara con sacudir un poco la ocupación para volver al “verdadero sionismo” y preservar a Israel como Estado “judío y democrático”. Parece que esta izquierda entiende que el cambio necesario es mucho más profundo y fundamental. Y está decidida a seguir actuando, con o sin espacio en los medios.