“Semblanzas de vida y muerte. Utopistas Latinoamericanos en Israel”, de Leonardo Senkman. Editorial Leviatán. 2025

Utopía sin melancolía

Ricardo Feierstein lee el libro de Leonardo Senkman — “Semblanzas de vida y muerte. Utopistas Latinoamericanos en Israel”— desde una experiencia compartida: la de una generación atravesada por el ideal colectivo, hoy revisitada a través de las semblanzas de quienes fueron asesinados el 7 de octubre.
Por Ricardo Feierstein

El profesor Leonardo Senkman mantiene una costumbre que renueva cada vez nuestra comunicación: nos conocemos casi desde la adolescencia y, cada vez que visita Buenos Aires, tiene la excelente idea de cenar en mi casa. En su reciente visita conversamos sobre la posibilidad de un nuevo libro que reflejara las semblanzas personales de algunas de las víctimas del 7 de octubre de 2023, así como sus trayectorias previas en Israel. Finalmente, Leonardo escribió ese libro sobre el que habíamos dialogado, y lo dedicó a la figura de un compañero de nuestro grupo, Najum Solam, fallecido hace pocos meses.

Tras una búsqueda increíblemente amplia y en muy poco tiempo, ha logrado construir un volumen imprescindible para conocer y comprender las trayectorias personales de muchas de las víctimas de esos días terribles. Su lectura se vuelve absolutamente necesaria para quien desee comprender el recorrido histórico que va desde la llegada de los jóvenes judíos (jalutzim) a lo que luego sería Israel hasta nuestros días.

Pioneros y memoria compartida

A partir de la semblanza del primer jalutz argentino, Herzl Aloni (nacido en Córdoba en 1916), el libro permite reconstruir una historia de compañeros que se prolonga a lo largo de los años, integrada por numerosos voluntarios, muchos de los cuales fueron asesinados durante el período de creación del Estado, en enfrentamientos con diversos ejércitos árabes.

De este modo, la obra enlaza esa primera generación con la de la juventud Anilevich de la Argentina que se incorporó en la década de 1960, mostrando la continuidad de una misma experiencia colectiva: la de quienes combinaron el trabajo de la tierra con la construcción y defensa del territorio dentro de los límites fijados, en contextos tan complejos como los actuales.

El trabajo de recuperación realizado por el autor permite comprender de manera integral la experiencia de aquellos jóvenes idealistas que protagonizaron las primeras oleadas hacia la tierra de Israel. Esa historia —marcada no solo por la dureza del trabajo y la construcción de los kibutzim, sino también por su escasa visibilidad— reaparece con fuerza en estas páginas, que rescatan una memoria hasta ahora poco conocida.

Cuando el futuro dejó de ser promesa

“De la utopía de ayer nació la melancolía de hoy”. Con esta fórmula, el historiador Enzo Traverso radiografió el pasaje de siglo y, en lo esencial, el brutal cambio de realidad y de expectativas respecto de las décadas anteriores.

A partir de la terrible experiencia del 7 de octubre de 2023 en Israel, cuando varios kibutzim del sur del país sufrieron un ataque brutal e inesperado proveniente de la Franja de Gaza por parte de la organización terrorista Hamas, el mundo entero quedó conmocionado.

Ese impacto llevó al historiador Leonardo Senkman a la necesidad de abordar una etapa poco estudiada: la de la formación inicial de los grupos de kibutzim que construyeron la base del imaginario en los años del nacimiento de Israel.

A semejanza de las Brigadas Internacionales en España durante la lucha antifascista, grupos de jóvenes judíos idealistas tomaron la decisión de trasladarse a la “tierra prometida”. Así surgió una juventud sionista-socialista que acompañó el nacimiento del Estado. Esa corriente estuvo representada por la Organización de Trabajadores de Israel (Histadrut) y, sobre todo, por la experiencia comunitaria de los kibutzim: verdaderas células de un mañana solidario y fraternal, pensadas como la avanzada de un país socialista en medio de monarquías feudales.

Muchos de esos jóvenes acudieron al desafío de construir una avanzada utópica, retomando tradiciones y ejemplos históricos de sueños comunitarios que se remontaban a siglos anteriores.

Tomás Moro fue el primero en escribir Utopía, el libro por excelencia del Renacimiento, a comienzos del siglo XVI. El nombre alude a una supuesta isla situada en algún lugar del mundo, descubierta por un navegante también imaginario, llamado Utopos, de quien derivaría la denominación del país.

La sociedad ideal allí descripta —en la que podría alcanzarse una felicidad inexistente en las sociedades reales— tuvo, según algunas interpretaciones, ciertos antecedentes en antiguas civilizaciones americanas como las de los mayas, aztecas e incas. La ausencia de propiedad privada, la centralidad de las ocupaciones agrícolas, la jornada de seis horas de trabajo y el desconocimiento del dinero son algunas de las características de esta Utopía, organizada en cincuenta y cuatro ciudades cuyos habitantes deben trabajar: quien no lo hace no solo no come, sino que queda excluido del orden social.

Otras propuestas de sociedades ideales fueron La ciudad del Sol, del clérigo Tommaso Campanella, publicada en 1623, y la Nueva Atlántida, de Francis Bacon, en 1627.

El francés Saint-Simon fue uno de los primeros en utilizar la palabra “socialismo” hacia fines del siglo XVIII y fue aún más lejos al promover un colectivismo de carácter utópico. Sus adeptos llevaban una vida comunitaria y hasta vestían prendas abotonadas de tal modo que fuera necesario recurrir a la ayuda mutua para vestirse. Nadie podía arreglarse solo: esa era la consigna que sintetizaba su concepción.

La utopía en acción

Muchos jóvenes judíos sudamericanos intentaron trasladar a la práctica contemporánea esos postulados teóricos: vivir como se sostenía que debía vivirse, en una comunidad donde todo perteneciera a todos.

Años atrás, el escritor Eduardo Kahn, residente en Israel desde 1970, publicó el libro ilustrado Juventud Anilevich: Identidad y Pertenencia. Argentina 1948-1980, que aborda, en nuestro medio, esa experiencia fundacional del Israel contemporáneo a través de la construcción de células colectivas impulsadas por jóvenes utopistas a lo largo del Estado.

Tras los terribles asesinatos perpetrados por los terroristas el 7 de octubre de 2023, el autor reconstruye, uno a uno, los casos de las víctimas a manos de Hamas: una parte difícil de leer, pero necesaria para completar la memoria de cada uno de los caídos y de quienes fueron capturados como rehenes y trasladados a Gaza.

Frente al desafío de sostener un porvenir en paz en medio de la incertidumbre, el autor aborda también el ocaso de una ideología que, en los últimos años, ha provocado cambios estructurales en el kibutz, incluso procesos de privatización de esas células utópicas.

Este viraje, que se viene desarrollando desde hace décadas, plantea un escenario complejo para la recuperación de los ideales del sionismo socialista —una sociedad más justa, más humana y más tolerante, integrada en Medio Oriente—. Se trata de un conflicto de resultados inciertos que Senkman no elude, y que le permite completar la parábola que va desde los primeros jalutzim hasta los actuales protagonistas de un futuro impreciso.

Con muchas preguntas y pocas respuestas, el libro traza así un conjunto de semblanzas atravesadas por la vida y la muerte, e invita a reflexionar sobre sus posibles derivas a la luz de los cambios y tensiones del último siglo.