El Gran Casamiento Hebreo

Humor, música y una mirada irreverente sobre las tradiciones familiares se cruzan en "Mi Gran Casamiento Hebreo", el unipersonal de Lea Bensasson. Entre bodas, divorcios, mandatos y mujeres que aprendieron a sobrevivir a las imposiciones, la actriz uruguaya recorre con humor los matices de la identidad femenina judía.
Por Laura Haimovichi

Con una gran dosis de humor y otro tanto de música, la obra teatral Mi Gran Casamiento Hebreo, desarrolla la historia de una mujer joven que cumple con los estrictos mandatos de su familia sefardí y celebra la boda con un novio que tuvo durante cuatro años.

Para llegar a la fiesta que tuvo lugar luego de pasar por el registro civil, la pareja llegó drogada ya que ninguno de ellos quería casarse, pero había que hacerlo para no enfrentarse a las normas y el enojo de los padres. Ella recuerda que bailó el vals con más de 400 desconocidos. Fue un despilfarro que pudieron afrontar con lo que su padrastro había ganado en la lotería. La madre le decía que había que apurar los confites.

Tuvo que pasar mucho tiempo para que ella admita que lo que la impulsó a formalizar la relación con su muchacho fue el deseo de huir de su lugar de origen. Imaginen, entonces, cómo terminó ese matrimonio: sí, la pareja decidió divorciarse. Lo suyo había sido más que amor, una tierna amistad, ni un romance ni un vínculo sexo afectivo.

La historia, inspirada en la biografía de la actriz, la uruguaya Lea Bensasson, destaca la capacidad del personaje y de todas las de su género para adaptarse a lo adverso y salir adelante. Funciona como una exploración de la vivencia de lo femenino, en cuerpo y espíritu, al interior de la colectividad.

Durante una mesa familiar emergen las parientas con sus historias, sinsabores, amores y saberes que se transmiten de generación en generación. Lea canta, baila y narra, siempre con una sonrisa contagiosa.

Su madre también cantaba, imitando a Lolita Torres. Pero no pudo rebelarse contra la imposición de su padre, que sólo le permitía darle voz al repertorio de la argentina, puertas adentro.

Ese acto de liberación de las tradiciones le proporciona a Lea un reencuentro con su identidad, lejos de la presión de su rígido entorno familiar, gracias a su actitud cuestionadora.

Trabajo el mármol, le advierte en la ficción un señor al que conoce en una app de citas. Y ella flashea con que debe ser escultor o tiene una empresa que fabrica mesadas de cocina. La quiere pasar a buscar en moto a las 6 de la mañana y ella se sorprende: ¿a qué te dedicás?, le pregunta. Tumbas, hacía. Me muero muerta, literal, era el verdadero tumbero.

Con el madrinazgo de Dalia Gutman, Bensasson, que tuvo a cargo el guion y la dirección del unipersonal, mezcla temas originales y stand up para honrar a las mujeres judías y su potente capacidad resiliente. Ya la disfrutaron en Montevideo, Colonia y distintas ciudades de la Argentina, como La Plata y Buenos Aires. 

Inspirada compositora y cantautora, fue mánager de célebres compatriotas como el Negro Rada (durante más de veinte años), Jorge Drexler y Fernando Cabrera. Asegura que le gusta mucho estar disponible para gestionar la música de otros.

Ahora luce los diversos matices de sus capacidades histriónicas desplegadas en un show audiovisual. Comenzó este nuevo camino a los cincuenta años. Como ella misma dice, “a los días de invierno, colores”.

Quiso hacer algo que le sacudiera las neuronas y le permitiera transitar el mundo del teatro que es muy diferente al de la música. Fue entonces cuando se convirtió en comediante, impulsada por su deseo de cambio y por el empuje que le dio Gutman cuando la descubrió.

Entre sus propias producciones como solista, se destacan No son rosas, de 2011, y Buena fortuna, de 2019. Prepara el álbum Mirador. Para Lea la música es un tesoro que se expresa cuando aparece el don y el privilegio de la creación sin que esté condicionada por tener que darse de comer.

La intérprete es también docente de canto de otras mujeres a las que llama “Cantoras Exploradoras” y quienes durante un viaje en barco desde Montevideo a Buenos Aires le tejieron unas polainas amarillas para colaborar en la trama de funciones de la maestra.

Considera que las revoluciones no son tibias. “Las cosas funcionan como un péndulo y son necesarios los extremos para abrir”, dijo en una entrevista, aunque se reconoce de la vieja escuela feminista. Recorrió un camino como gestora cultural en un ámbito de hombres y algunos de ellos la ayudaron a crecer.

El 13 de octubre, Mi Gran Casamiento Hebreo podrá verse en el Café Berlín, durante el Festival de Teatro y Cocina Judía.