
A 18 años del Atentado a la AMIA
Memorias y olvidos
Gracias al silencio impuesto por la dirigencia comunitaria, los enemigos locales del pueblo judío y del Estado de Israel pudieron desviar la atención de sus crímenes. La autora de esta columna advierte que algunos de quienes aceptaron convertir la conmemoración del atentado a la mutual judía en una mascarada ni siquiera son conscientes que su error también fue idolátrico, ya que al reemplazar al símbolo por sus formas mecánicas convirtieron a la AMIA en simples piedras.
Por Marta Riskin*






