Netanyahu y Abbás tienen que reanudar las tratativas directas y dirigir un «toma y daca» real sólo entre ellos. Ambos mandatarios deberán otorgar lo máximo posible y recibir lo mínimo necesario para obtener el mayor apoyo local e internacional a un acuerdo.
La presión internacional que arrastró a Mahmud Abbás a conversaciones directas con Israel, equilibró la misma que en su momento obligó a Netanyahu a pronunciar su discurso de «dos Estados». Así lo entienden quienes presionaron. Para ellos es una cuestión de «toma y daca», que a pesar de ser impuesta, es necesaria para regresar a la ecuación «Otorgan, recibirán; no otorgan, no recibirán.”
Pero en esta década que pasó, desde que Bibi impuso dicha fórmula y Abu Mazen la interiorizó, no siempre fue tomada en cuenta, especialmente en todo lo relacionado con lo que Israel está dispuesto a otorgar.