Dani Broitman es rosarino de nacimiento e israelí por adopción. Hace casi dos décadas se instaló en el Kibutz Magal, detrás de un ideal. Desde un primer momento cuestionó la política israelí respecto a los territorios ocupados en Gaza y Cisjordania y se rehusó una y otra vez a participar, como miembro del Ejército, de las maniobras militares en esos lugares. Cada una de las negativas le valieron la prisión junto a otros objetores de conciencia, en algunos casos por casi 40 días. Aunque ya fue desafectado como reservista, sigue participando de las manifestaciones pacifistas. Aquí se reproduce una carta que envió minutos después del bombardeo a Qana, donde murieron 60 refugiados, 37 de ellos niños, y que fuera publicada, originalmente en ‘La Vaca’.
La misiva de Broitman representa una de las voces más silenciadas en esta guerra en Israel.