Haaretz, 28.12.2023

El historiador Moshé Zimmermann está convencido de que el 7/10 es un punto de inflexión que testimonia el fracaso del sionismo

El profesor Moshe Zimmermann es un intelectual israelí muy destacado que no teme manifestarse públicamente acerca de los acontecimientos del presente, basándose en sus aprendizajes como historiador. A raíz de ello, en el summum de su carrera, se vio varias veces implicado en demandas judiciales a raíz de sus expresiones públicas. "El historiador que se preserva neutral, que se limita a hacer acotaciones al margen, y no es un provocador, malversa su profesión", sentenció este mes en el congreso que organizó en su honor el Instituto Leo Baeck, en Jerusalén. En Nueva Sion, compartimos con nuestros lectores la polémica y a la vez muy profunda entrevista que le hiciera el diario Haaretz, el pasado 28 de diciembre.
Por Ofer Aderet. Traducción: Margalit Mendelson

A principio de los años 60´ fue citada la madre del Profesor Moshé Zimmermann por el director del Secundario Religioso Maalé, en Jerusalén. Se le pidió que ofreciera alguna explicación de por qué un alumno considerado buen alumno había dibujado en su pupitre un hombre con el uniforme de las SS. El hecho de que tanto el director como la madre fueran yekes orgullosos, seguramente incrementó el grado de turbación. Tampoco el hecho de que el padre de Moshé fuera el director de la escuela primaria vecina contribuyó a calmar los ánimos. «Mi pobre madre tenía que explicar qué bicho le picó a su joyita», dice Zimmermann en la entrevista concedida a este periódico en ocasión de su 80 cumpleaños. Desde la distancia del tiempo, explica que lo que agitaba al país en aquellos años era el juicio a Eichmann. «Ese evento me tenía totalmente absorbido y ahí fue que decidí que quería ser historiador. En tanto joven criado en una casa de judíos alemanes, tuve claro que debía y quería ocuparme del enigma que era Alemania».

En las décadas transcurridas desde entonces, Zimmermann se convirtió en uno de los precursores de la investigación histórica de Alemania en Israel, a la que sin duda le imprimió su sello. Escribió y editó decenas de libros y artículos sobre los judíos alemanes y su compleja relación con su lugar de nacimiento, y demostró que se puede aprender historia incluso del fútbol y del cine. Sin embargo, a diferencia de algunos de sus colegas de la Academia, Zimmermann se cuida de preservar también su imagen de intelectual que no teme manifestarse públicamente acerca de los acontecimientos del presente, basándose en sus aprendizajes como historiador. En el summum de su carrera, se vio varias veces implicado en demandas judiciales a raíz de sus expresiones públicas.

«El historiador debe desafiar el pensamiento», explicó este mes en el congreso que organizó en su honor el Instituto Leo Baeck, en Jerusalén. «El historiador que se preserva neutral y se limita a hacer acotaciones al margen –y no es un provocador– malversa su profesión».

«Cuando pienso en Alemania y en los historiadores alemanes que se ocultaron todo el tiempo detrás del muro de ´neutralidad´ y de ´objetividad´ de la historia, ya sé adónde conduce», dice. «Quien carece de color, ni para aquí ni para allá, termina colaborando con lo existente. Escribir una crónica es aburrido. No tiene caso escribir lo que sucedió en Troya, por ejemplo, sólo por contar un cuento. El historiador debe inferir del pasado en función del presente».

Muchos comparan el 7 de octubre con la Shoá, tildan de nazis a Hamás y ven en el pogrom que perpetraron sus miembros en los poblados del sur un paralelo moderno de los pogromos de entonces.

Lo sucedido el 7 de octubre se parece mucho a los pogroms perpetrados contra los judíos, no sólo en la época de la Segunda Guerra Mundial, y no sólo por alemanes nazis, sino también por lituanos, polacos y ucranianos «buenos». En tanto historiador, lo que importa no es que yo diga «Eso fue un pogrom», sino que saque conclusiones en lo que respecta al movimiento sionista. Desde el momento en que, en el Estado de los judíos, en el Estado sionista, se da un pogrom contra los judíos, el Estado y el Sionismo son la prueba de su fracaso. Porque la idea que sirvió de base al surgimiento del Estado sionista fue evitar una situación como a la que se exponía un judío en la diáspora. Es eso sobre lo que debemos pensar: cómo es que el sionismo decepcionó y que el Estado sionista no es capaz de cumplimentar los objetivos que se propuso o que propusieron sus visionarios, desde Herzl en adelante. El suceso del 7 de octubre, un pogrom en tierra de Israel, en el Estado de Israel, se constituye en un punto de inflexión en cuanto al éxito del sionismo y en un punto de inflexión en cuanto al conflicto palestino-israelí.

Observo lo sucedido y digo: la solución sionista no es una solución. Arribamos a un punto en que el pueblo judío que habita en Sión se halla en una situación de total inseguridad, no por primera vez. Además, hay que considerar que Israel ocasiona el debilitamiento de la seguridad de los judíos de la diáspora, en vez de que sea al revés. De modo que la solución sionista se demuestra fallida y se hace necesario revisar qué fue lo que ocasionó la falla».

¿Y qué la ocasionó?

Hay que entender que existen distintas soluciones para la existencia judía y aceptar que los judíos tienen la posibilidad de elegir. La emancipación y la nacionalidad judía pueden coexistir. Hay quienes dicen «con la emancipación nos basta, tomamos en cuenta los riesgos de la vida en la diáspora». Otros quieren la solución nacional. El sólo hecho de que las dos soluciones se consideren excluyentes, que compitan una con otra, es ya un principio de fracaso de la solución nacional.

Y a ello se le suma la situación a la que ha arribado la nacionalidad judía en Israel

La nacionalidad judía en Eretz Israel sufrió un proceso de nacionalismo, racismo y etnocentrismo. Creó una situación tal que no puede mantener un modus vivendi con el mundo que la rodea. Observo con nostalgia a los primeros sionistas o a los que conformaron ´Brit Shalom´ e imaginaban algo muy distinto, no una guerra sin fin. Desde el momento en que concibes una guerra sin fin, te expones a las debilidades que vimos tan cruelmente el 7 de octubre.

Entonces, ¿adónde nos dirigimos?

Está claro que la solución de los dos Estados es lo que se impone, a pesar de que en este momento parece un absurdo total. La alternativa es que, o nosotros hacemos lo que los nazis a los palestinos, o los palestinos nos lo hacen a nosotros, es decir, el intento de destrucción total, la «solución» apocalíptica de Armagedón. Hace ocho años, a la pregunta de si hemos de vivir eternamente en guerra, Netanyahu respondió «Sí». Es una respuesta horrorosa. Hay quien supone que hay otra alternativa, echarlos del país, o que los palestinos vivan bajo dominio israelí. Pero toda persona racional rechaza esas posibilidades por impracticables. La solución de los dos Estados con una concepción totalmente nueva de Estado debe ser el objetivo.

¿Te refieres a una federación?

«Dos Estados, uno al lado del otro, en una nueva constelación, moderna. Cuando observo a Europa veo la luz al final de la caverna a pesar de las dificultades de la Unión Europea. Es una realidad para la cual los países renunciaron a parte de su soberanía en virtud de una superestructura, sin renunciar a su país. Dos sistemas, uno al lado del otro, para evitar una situación como la que conocimos hasta la Segunda Guerra. Debemos tener la referencia de Europa ante nuestros ojos cuando pensamos el Cercano Oriente, aún a pesar del enorme desafío ucraniano. Habrá quienes estallen en una carcajada «¿De qué hablas, no estamos en Suiza?», pero hay que recordar que los europeos estaban atravesados por odios que se suponían eternos y sin embargo lograron establecer la Unión Europea. Si se pudo allí, se puede también aquí. No es un delirio.

¿No es una utopía?

Sabemos cuáles son las fuerzas que perturban, pero el término utopía habla de que yo me invento un cuento que no guarda relación con la realidad. No es el caso. Tiene fundamento. Trabajamos y colaboramos con palestinos todo el tiempo. Incluso los habitantes de los asentamientos se vanaglorian de que quienes construyen sus casas vienen de los territorios ocupados. De modo que saben hallar un lenguaje común hasta cierto nivel. Hay que trabajar el componente religioso. En Europa se ha debilitado mucho en la modernidad. En el mundo musulmán y en el judío, la religión se ha vuelto influyente y fundamentalista, y hay que trabajar para conseguir una laicización o liberalización de la religión. La propuesta se basa en educación para la coexistencia en vez del enfrentamiento y el odio. Hay que persistir en ello y cuanto antes mejor, ya que de lo contrario me temo que el exterminio y la expulsión cobren realidad. Y eso no podemos aceptarlo.

Dada la vertiginosidad de los acontecimientos, se hace difícil recordar que hasta el 7 de octubre estábamos sumidos en algo totalmente diferente, la reforma del régimen. El temor por el futuro de la democracia israelí llevó a muchos a la comparación con la época del nazismo.

En tanto estudioso de Alemania, desde hace años tiendo a referirme a la República de Weimar, donde la democracia estuvo jaqueada por fuerzas autoritarias nacionalistas, racistas y revisionistas. Por años nos preguntábamos en qué momento cronológico de la República de Weimar nos encontramos aquí, en Israel. En el 2023 nos preguntamos si acaso no hay características del régimen israelí que conocemos de la historia alemana después de 1933. Pero la situación israelí del 2023 es comparable con todo punto de la historia en que un régimen fue caquistocrático –término que significa ´el gobierno de los peores´– trátese de Nerón, del zar Nicolás II, o de Trump. Si se diera una competencia, el actual gobierno de Israel podría aspirar a un lugar en el podio».

¿En qué reconoces el peligro? 

El término «putsch desde arriba» describe la situación. Cuando la división de poderes peligra, la independencia del sistema judicial peligra, los derechos del individuo peligran, no cabe duda de que los temores de quienes apoyan la democracia liberal están totalmente justificados. Cuando la mayoría se mueve por valores religiosos fundamentalistas o por principios racistas, los temores son una certeza. La tiranía de la mayoría junto con el dominio sobre otro pueblo con visos de apartheid y racismo es una combinación horrible, desde ya si miramos atrás en nuestra historia por sobre nuestros hombros, en otros lugares.

En estos días, Zimmermann se ocupa de un nuevo proyecto –»Pueblos que se han vuelto locos» –, que trata de explicar cómo es que pueblos se desvían de sus cauces y se vuelven extremistas. «Haber estudiado a la Alemania que se desquiciara en 1933 hasta desbarrancarse hacia su propia ruina, y haber ahondado en procesos sorprendentes en la sociedad judía e israelí, me llevó a ocuparme de un fenómeno humano: sociedades que en cierto punto se salen de su cauce», explica Zimmermann. «Estudio cómo las sociedades llegan a una situación tal que una persona con uso de razón observa desde afuera y piensa :¿cómo es que sociedades racionales, cultivadas, han sido arrastradas a cometer locuras colectivas? Pretendo detectar el lugar en que dichas sociedades se salen de su cauce y se sitúan al borde del peligro. Me resulta importante detectar el punto para enfrentar dichas situaciones en el presente».

¿Qué tienen en común las sociedades donde eso ocurre?

Eso sucede en las sociedades que no aciertan a congeniar con situaciones insolubles, o en sociedades dogmáticas a la hora de buscar una solución. Mi guía es «La solución final». Habiendo hecho determinadas hipótesis –acerca de un problema que debían resolver– en las condiciones creadas, escalaron paso a paso hasta derivar en eso: el Holocausto. Sucedió sin haberlo programado con anticipación».

¿Y a quién tienes en la mira? ¿Acaso Israel también está en tu lista?

«Los EE.UU. de McCarthy y de Trump, la UR.SS. de la época de los juicios públicos, la China de Mao y también sociedades del mundo musulmán. Israel salió de su quicio desde 1967, cuando la idea del territorio bíblico empezó a cundir y a dominar políticamente. El romanticismo es una tendencia peligrosa, tal como vimos en la Europa del siglo IXX. El desarrollo de Eretz Israel Hashlemá (íntegra), y los asentamientos, es propio de una sociedad que se desquicia y se vuelve rehén de un romanticismo bíblico que arrastra a toda la sociedad a la perdición. Y ahí está el problema: cuando ya te has embarcado en eso, se hace difícil salir sin ocasionar una catástrofe. Es lo que le pasó a la Alemania de 1945 de la manera más drástica. Y nosotros no queremos tal catástrofe».

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Zimmermann nació en 1943, en Jerusalén, adonde sus padres habían llegado cinco años antes desde Hamburgo. La familia de su madre, Hanna Heckscher, de origen español-portugués, vivió en esa ciudad del norte de Alemania durante 400 años. Parte de las ramas del árbol familiar se convirtieron. Uno de ellos fue ministro en el gobierno alemán de 1848 y otros emigraron a otras partes de Europa. En 1937, Hanna dejó Hamburgo y fue primero a Londres, adonde había huido su hermano, y luego, gracias a certificados que obtenían familias de sólida posición económica, llegó a Eretz Israel.

También su padre, Carl (más tarde, Akiva) Zimmermann, nació en Hamburgo, aunque su familia procedía de Europa del este, y por eso se lo incluía entre los ostjuden. «Mi padre aspiraba a ser un escritor alemán, pero en 1933 no logró entrar a la universidad», dijo. En cambio, estudió en el Seminario para maestros judíos y enseñaba en la escuela judía de Stuttgart. También él llegó a Israel en 1938 gracias a un certificado obrero, para lo cual tuvo que estudiar carpintería.

Moshé es el mayor de sus tres hermanos, dos hermanas y un hermano. Todos recibieron educación oficial confesional y «con el tiempo se convirtieron en liberales y de izquierda, según las categorías israelíes». En Israel, su padre dirigió la escuela primaria Maalé, en la que estudió Moshé. Según él, «Toda la elite del Mafda”I (partido religioso nacional) estudió allí, un colegio religioso liberal. Los hijos de Yeshayahu Leibowitz y de los ministros Burg (salvo Avrum), Schapira y Varhaftig. De mi curso hubo quienes luego fueron pobladores de asentamientos, incluido un rabino de Hebrón, y otros como yo, del lado izquierdo del mapa. De mi curso fue también Herzl Halevi, cuyo sobrino es hoy Jefe del Estado Mayor del Ejército. Dos cursos más abajo estaban el escritor Jaim Beer y el periodista Amnon Dankner”.

¿Cuál es tu primer recuerdo infantil?

Para un historiador, el término recuerdo es muy problemático. La primera fotografía que conservo y me resulta relevante es de un niño parado en el balcón de la calle King George en Jerusalén al lado de una bandera de Israel. La fecha es 8 o 9 de mayo, 1945. Gracias a la foto, puedo recordar la celebración por la caída de Alemania en la Segunda Guerra Mundial. Recuerdos posteriores tienen que ver con la Guerra de la Independencia. En el medio, un niño que va al jardín de infantes y tiene que cuidarse de que no caiga un proyectil o disparos desde la Ciudad Vieja.

Él vivía junto a la antigua sede de la Kneset y desde el balcón de su casa podía seguir el curso de la historia del joven Estado de Israel. «Recuerdo las manifestaciones contra la aceptación de los montos de las compensaciones reparatorias y el intento de atentar contra miembros de la Kneset y del Gobierno. Recuerdo a los grandes políticos que iban y venían delante de nuestra casa»

Moshé dejó Jerusalén después de los 50 y hoy vive en Kiryat Ono junto con su mujer. Su único hijo, Ariel Zimmermann, es juez en el tribunal regional con sede en Tel Aviv. «La Jerusalén de hoy me resulta extraña», dice. «Mi Jerusalén es la occidental. La oriental, hasta el día de hoy no es la mía. No me siento conectado con ella.

«Yo fui buen alumno, pero había mejores que yo. En historia, recuerdo haber obtenido un 8,5, que era el puntaje más alto antes del que le corresponde a Dios», dice. Cuando cumplió los 18, el ejército no lo enroló por ser demasiado delgado. Entonces empezó a estudiar en la Universidad. Más tarde lo aceptaron en el ejército y se le asignó una función especial. «Fui el encargado de las bibliotecas y las publicaciones de la fiscalía militar», contó. «No tengo grados que ostentar, pero para mí fue muy útil».

¿Qué aprendiste ahí?

Todo lo relativo a Derecho Internacional público y a los problemas de jurisprudencia militar al respecto. Meir Shamgar era entonces el Abogado Militar General. En la Guerra de los Seis Días, donde serví de reservista, mi función fue suministrar a los futuros abogados militares la ´caja de seguridad´. Sabíamos perfectamente de antemano, que estábamos organizados para la eventualidad de la conquista y se había preparado una guía para los abogados de cómo conducirse de acuerdo con la Ley Internacional».

Los materiales a los que se refiere Zimmermann, que se conocen como «las cajas de Shamgar», incluían jurisprudencia bélica, tratados internacionales, literatura judicial y borradores relevantes de legalización.

Después de servir en el ejército, siguió con sus estudios, entre otros, con el historiador Yaakov Talmón. Escribió su doctorado en Jerusalén y en Hamburgo en los años 70´. Su investigación versó sobre la relación entre el ser nacional alemán y la emancipación judía. «Yo tenía claro que el ser nacional alemán había sido de suma importancia para los judíos alemanes y que la realidad previa a la separación de Alemania se había interpuesto entre ellos y la consecución de la igualdad de derechos. Pero esa conexión no era estable. Los judíos se convirtieron en nacional-germanos y los alemanes nacionales decían «no los queremos» e inventaron el nuevo antisemitismo: antes odiaban a los judíos por ser diferentes. Ahora los odiaban por tratar de ser iguales».

¿En qué estriba la diferencia entre el antisemitismo alemán de entonces y el antisemitismo actual en los campus universitarios de los EE.UU. y en ciertas calles de Europa?

Entretanto, se creó el Estado de Israel, que se convirtió en plataforma para actitudes antisemitas. No estoy diciendo que a causa de Israel hay antisemitismo. Hay antisemitismo por herencia de prejuicios. Pero la plataforma denominada Israel posibilita a los antisemitas expresarse ya no como antaño, «los judíos tienen nariz torcida», sino hablar de los «israelíes» que son «judíos». Eso nos trae nuevamente al interrogante más actual: ¿Cómo detectar si la actitud para con Israel es antisemita o no? Eso exige mucha diferenciación: cuando hay estereotipos, creencias e intenciones antisemitas que subyacen a la crítica contra Israel y su política, estamos en el campo del antisemitismo.

Para las autoridades israelíes, toda crítica contra el gobierno es antisemita, ¿no?

Ese es el problema. Israel es consciente de la dificultad y la aprovecha para mal. La Israel oficial se ocupa de interpretar toda crítica como si fuera antisemita. Y dado que Israel insistió tercamente en arrogarse la sola representatividad del judaísmo y del pueblo judío, con ello ocasiona que quienes atacan a Israel utilizan la misma pretensión que identifica a los judíos con Israel para defenestrar a los judíos cuando señalan su desacuerdo con la política israelí. Así es como se crea la presión de ambos lados. Toda crítica contra nosotros es antisemitismo, así lo ve Israel; y por parte del antisemita, todo lo que hace Israel, es judío. Es la cuerda floja por la que se transita todo el tiempo. Y dado que es floja, pues se cae de un lado o del otro, y la discusión no aporta nada bueno.

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La crítica de Zimmermann al creciente nacionalismo en Israel lo llevó varías veces a juicio por haber parangonado fenómenos que se daban en Israel con otros de la Alemania nazi. «Yo he sufrido personalmente por la actitud hipócrita del ´imposible comparar´. Mis intentos de comparar cierto elemento que se daba en el Tercer Reich con lo que aquí sucede se convirtió en la base de una campaña judicial en mi contra y resultó muy difícil explicarles a los jueces –aunque finalmente lo logré– cuál es la función del historiador, por qué dichas comparaciones son legítimas y por qué incluso en tanto judío, siempre es preciso comparar», dice. «Quien como yo se ha formado en la educación religiosa, sabe de las formas en que se estudia la Torá, ´a fortiori´ (con más razón); analogía, inferencia, extrapolación, etc. O sea, estableces una comparación y sacas conclusiones».

En 1995, medio año antes del asesinato de Rabin, Zimmermann se vio envuelto en un affaire que sacudió al país. Un periódico regional de la red de Yediot Aharonot publicó una entrevista que tituló «Los pibes de Hebrón son exactamente como la juventud hitleriana» y citó: «Hay un sector de la sociedad israelí que es copia fiel de los nazis. Mira a los pibes de Hebrón, son exactamente como la juventud hitleriana. Desde que nacen les meten en la cabeza lo malos que son los árabes, el antisemitismo, y que todos están contra nosotros. Los vuelven paranoicos y convencidos de que son de una raza superior, igual que la juventud de Hitler». En esa entrevista, Zimmermann había equiparado al Tanaj con Mein Kampf como libros que inspiran una ideología extremista.

Zimmermann sostuvo que habían sacado de contexto sus declaraciones y en un artículo publicado en Haaretz presentó su posición: «Cuando se hace la pregunta referida a los horrores de los pibes de Hebrón al cumplirse el aniversario de la muerte de Baruj Goldstein, y se plantea si no son comparables las ideas que ellos manifiestan y las de aquellos con que nos topamos al investigar al nacional-socialismo, es preciso referirse seriamente a la comparación que subyace a la respuesta. Y la respuesta es positiva, por más horrible que suene, es fundada. Así también con respecto a la otra comparación que se evaluó. Se sostuvo que publicar capítulos del Mein Kampf en hebreo, para estudiarlo, puede ser tomado a mal por los lectores en Israel. Por eso pensé que, en Israel, a diferencia de los países de Europa, la extrema derecha racista se nutre del Tanaj, y no de Mein Kampf. ¿Acaso por eso debemos prohibir la difusión del Tanaj en Israel? Y Zimmermann concluía su articulo diciendo: «Precisamente porque conozco bien la historia del nazismo, puedo advertir acerca del potencial dañino que encierra toda sociedad».

La reacción fue que diputados exigieron al Asesor Judicial del Gobierno iniciar una investigación contra Moshé Zimmermann por incitación a la insurgencia. Diputados del Mafda»l lo tildaron de «paranoico hostil a Israel» y dijeron que sus formulaciones son «una incitación alevosa que colabora con los enemigos de Israel y con los negadores de la Shoá». Catedráticos universitarios pidieron a la institución destituirlo y Dan Margalit se preguntó en Haaretz «Si un Profesor judío en Jerusalén se manifiesta acerca del estudio del Tanaj en Israel comparándolo con la enseñanza de Mein Kampf de Hitler, ¿de qué se supone que los alemanes deberían arrepentirse?»

Se hicieron tres demandas judiciales contra Zimmermann por calumnias. Todas, finalmente, fueron desestimadas. Él echó mano de la época nazi también en su defensa, cuando publicó en Haaretz: «Muchos acostumbran citar lo dicho por Heinrich Heine ´Allí donde se queman libros, finalmente se quemará a personas´. Eso tiene un paso previo: Allí donde se mancilla la libertad de expresión, finalmente se quemarán libros. El 10 de mayo de 1933, eso sucedió en la Alemania nazi. Me pregunto si aquellos que piden se me expulse de la universidad por mis ideas pedirán ahora que se quemen los libros que escribí o las clases que di. Tendrán mucho trabajo, ya que no se trata sólo de mis investigaciones académicas. Año tras año estudian decenas de miles de estudiantes de libros en cuya formulación tomé parte. ¿Acaso también esos se quemarán en la hoguera?»

Sostuviste que lo que dijiste acerca de los miembros de los asentamientos en Hebrón fue sacado de contexto. ¿Qué fue lo que sí dijiste y mantienes ahora?

Di una entrevista en la que expliqué que una conducta que caracterizaba al Reich se daba también entre nosotros. Hablé sobre un caso emblemático que suscitaba la necesidad de comparar entre la educación a los muchachos de Hebrón y la educación de la juventud hitleriana. O, si observo a Kahana que difunde un llamado al que asocia la propuesta de ley ´Doncella de Israel pura´ a la que hay que preservar de contacto sexual con un no judío mediante la ley, veo que estamos en la misma actitud que la escuela del nacional-socialismo. Yo soy historiador. No lo hago para malquistar ni para conseguir titulares en los diarios, sino para aprender de la historia. Analizo cosas y a la luz de las mismas trato de comprender qué se puede mejorar y en qué puede servirle a mi sociedad en el presente y en el futuro.

Y pagaste un precio por eso.

No fue placentero comparecer ante un tribunal. Me demandó tiempo y dinero, mancilló mi imagen pública, que la gente me considere un enemigo de tu pueblo. Aún en la época anterior a las redes sociales, el correo y el teléfono funcionaban. Recibí mi porción en grandes cantidades. Percibí mucho odio y mucha incomprensión. Sostuvieron que soy un hombre de las SS sólo porque les expliqué que el kahanismo tiene los mismos componentes que el nazismo. En tanto historiador, es mi deber. Y cuanto más pasa el tiempo, lo que escribieron sobre mí en Wikipedia despectivamente, se convierte en un ejemplo del tipo de Bilam, «vino a maldecir y terminó bendiciendo#. A raíz de las citas distorsionadas en mi nombre, miembros de los asentamientos y sus acólitos me demandaron en tres juicios, todos terminaron desestimados. Lo interesante es quiénes fueron los demandantes: Rejavam Zeevi, después designado ministro; varios padres de Hebrón, a los que se sumó la señora Orit Struck, luego ministra, y otros. A posteriori puedo afirmar que ellos son la prueba de que lo que yo argüía era cierto, que ciertamente ha lugar la comparación entre ciertos elementos del comportamiento israelí con lo que conozco de la historia alemana posterior al 1932.

No fuiste el primero ni el último en establecer esa comparación. El Profesor Leibowitz habló sobre los «judeo-nazis» antes que tú y el vicecomandante en Jefe del ejército de entonces, Yair Golán, habló después sobre los «procesos».

«Yo lo dije en una época en que la derecha le temía a la izquierda israelí. Hoy la derecha israelí domina. Es el consenso. Si se revisa lo que dije entonces, la advertencia era fundada. Lo que dije se demuestra hoy y había que haberlo enfrentado ya entonces».

Algunos meses más tarde, en octubre de 1995, en el programa de televisión Popolítica, dijo el difunto periodista Amnon Dankner refiriéndose a Itamar Ben Gvir que «Está permitido defenderse de ese pequeño Itamar nazi», y le dijo «Cállate la boca, sucio nazi». Ben Gvir lo demandó. En esa ocasión estuvo Zimmermann involucrado detrás de bambalinas. «Me tocó preparar una opinión profesional sobre si la teoría que sostiene Ben Gvir tiene semejanzas con el nazismo». El tribunal aceptó la demanda, pero sentenció que Dankner debía pagar un shekel de compensación. «Lo que dije entonces se mantiene hasta hoy y si bien el tribunal se pronunció a favor de Ben Gvir, condenó a Dankner a pagar un shekel. Es decir que dejó en claro que lo había insultado al decirle pequeño nazi, pero era verdad».

En otra demanda que Zimmermann presentó contra Haaretz y contra una ex estudiante suya, perdió. Zimmermann sostuvo que en un artículo que ella publicó en Haaretz lo calumniaba, dado que comparaba a Israel con los nazis mientras Alemania lo apoyaba económicamente. El tribunal desechó la demanda y consignó que «Es inconcebible que un Profesor que es persona pública pueda publicar sus polémicas ideas, que incluyen la comparación entre los jóvenes de Hebrón y la juventud hitleriana, pero se niegue a ser criticado». Zimmermann dice hoy que lamenta haber hecho la demanda.

Volviendo a 1995, dos meses antes del asesinato de Rabin, Zimmermann publicó un artículo en Haaretz que hoy leemos como una profecía hecha realidad. Bajo el título de «Advertencia de Weimar en Jerusalén», decía: «La historia de la República de Weimar, prueba indubitable de la caída de una democracia en el siglo 20, se percibe hoy más relevante que ninguna». Reconvenía allí por la forma en que «Los enemigos de la democracia sacaban provecho de sus normas sin que el régimen democrático pudiera defenderse como correspondía», y explicaba que «una de las paradojas de la democracia es que su desintegración no se percibe en el momento en que se está produciendo».

Zimmerman advirtió allí de la posibilidad de un asesinato político: «Quien conozca la historia de Weimar –la de la Alemania en vías de convertirse en el Tercer Reich– sabe que el asesinato de civiles, de policías y de estadistas que representaban a la República a manos de la extrema derecha amenazó a la democracia más de una década antes del cambio de gobierno». Y mencionó el asesinato del Ministro de Relaciones Exteriores alemán, el judío Walther Rathenau, en 1922, por extremistas de derecha en lo que «a veces se considera el principio del fin de la democracia alemana de entonces», y relacionó aquella realidad con la que precedió al asesinato de Rabin.

Pasaron 28 años desde entonces. ¿Se puede decir que estabas en lo cierto?

Escribí entonces que el asesinato político estaba en camino. Quien haya estado atento, como lo estaba yo entonces, al parangón entre la situación de Weimar y la del Estado de Israel, sabía hacia dónde se encaminaba

Por otra parte, ahora hay gente de izquierda que sostiene que «se le abrieron los ojos». La derecha lo celebra. Ellos exigían enjuiciar en tiempo real a los que denominaban «criminales de Oslo».

Cuando se habla de «criminales de Oslo», yo pienso en los «criminales de Noviembre», del noviembre de 1918, cuando los alemanes firmaron el cese de fuego. Entonces, la derecha alemana convirtió a esas personas, que de hecho sabemos que hicieron lo que había que hacer, en criminales. Y la derecha israelí convierte a las personas que elaboraron el camino conducente a los acuerdos de Oslo en criminales. Yo no me cuento entre los que «´»se les abrieron los ojos». La gran oportunidad a la que bregábamos era Oslo. Los dos lados, uno junto al otro, habiendo aceptado uno al otro. No soy un ingenuo. Sé que había en la población palestina una fuerza bastante grande a favor de «Toda la Palestina», así como de este lado tenemos a los que pujan por «Todo Eretz Israel». Criminal es la mancomunión entre extremistas de un lado y del otro. Por eso es que no hay lugar para el tal «darse cuenta» con respecto a Oslo. La izquierda israelí, que va desapareciendo, asume que perdió su convicción cuando utiliza el lenguaje que le propone la derecha.

También en Alemania hay hoy quienes declaran haber «abierto los ojos» de la política que llevó a cabo la Canciller Angela Merkel, abriendo las puertas a la inmigración y dando cabida en Alemania a gente que no está interesada en adoptar los valores de la alemanidad. Justamente hace muy poco se informó sobre incursiones detectadas como objetivos terroristas, entre ellos células de Hamás en Alemania. Y sobre esa base, se refuerza la extrema derecha.

El partido de la extrema derecha, populista, entró al Bundestag en el 2017. Lo que entonces se consideraba imposible, se volvió realidad. Seis años después, su fuerza va en constante aumento. La política de los partidos tradicionales –de no colaborar con ella– se hace cada vez más complicada. ¿Acaso el «muro de fuego» entre los partidos institucionales y este partido se romperá?  El temor es que al final digan que no hay alternativa y es necesario trabajar con él. Ahora sabemos cómo deviene la desgracia. Lo hemos visto en Israel. Netanyahu necesitó al partido de Otzmá yehudit primero por requerimientos parlamentarios y después le dio ministerios. Según ese modelo, es de temer que también en Alemania sobrevenga el vendaval.

La diferencia es que los alemanes entienden perfectamente qué fue el Tercer Reich y tienen un muro de fuego en forma de Constitución. Pero es imposible aislar a Alemania de la situación en Europa. Por eso es que hay que preocuparse por lo que allí suceda. Encuentro preocupante también que haya vínculos entre la derecha populista y la derecha de los colonos de Israel. Una especie de pacto fraterno por odio hacia los musulmanes».

Hablemos del Islam en Alemania. Las autoridades intervienen para evitar que manifestantes musulmanes nieguen el derecho de existencia a Israel, y eso después de que Merkel declarara en el pasado que «el Islam pertenece a Alemania».

Hay unos cinco millones de musulmanes en Alemania. No puedes decir que no pertenecen, siendo que aceptas que los judíos pertenecen a Alemania donde hay sólo doscientos mil judíos. La exigencia es que se atengan a la Constitución alemana. Aquel que no se somete a la Constitución, se excluye de la norma general. Cada vez que Israel ataca a Gaza, hay núcleos musulmanes en Alemania que elevan su voz contra Israel coreando consignas antisemitas. En el mundo musulmán hay núcleos antisemitas, pero en el pasado tenían una actitud más tolerante para con los judíos que el mundo cristiano. A raíz del conflicto palestino-israelí se desarrolló la utilización de consignas antisemitas europeas como armas contra el Estado de los judíos.

Dices que Israel aporta lo suyo para que así sea.

Israel hace mucho para poner las armas en manos de sus enemigos. Desde el momento en que el gobierno de Israel incluye racistas desembozados que proclaman «Otzmá yehudit» (poder judío), «Borrar a los árabes» o «Anexión y transfer», se pone al servicio de dichas fuerzas. Cuando nosotros nos manejamos con extrema crueldad contra Gaza –claro que tengo presente la brutal crueldad del 7 de octubre– está claro que los que se sienten identificados étnica o religiosamente con el grupo que sufre salgan a la calle. Entonces se revela otra paradoja más: juegan a las manos de su enemigo. La derecha alemana, que todo el tiempo señala el error de haber abierto las puertas a fundamentos musulmanes como refugiados en Alemania, dice: «Teníamos razón en el 2015 cuando nos opusimos a recibirlos. Los musulmanes nos demuestran que están contra los judíos, contra la Constitución, y, por ende, nosotros estamos a favor de los judíos». Espero que quien lee estas líneas esté atento al tono irónico: de pronto la derecha populista alemana está del lado de los judíos.

Es un logro táctico, obviamente. En encuestas de opinión constatamos que los electores de derecha son los que demuestran el mayor nivel de antisemitismo. La mayoría de los musulmanes en Alemania se ha integrado y no tiene a la lucha contra Israel en su programa. Pero los núcleos que sí lo han hecho tienen eco ahora en las redes sociales. Es por eso que el peligro recrudece. Por una parte, el peligro de que el elemento musulmán en Alemania adopte un claro tono antisemita, y por otro, que la derecha alemana obtenga mayores bríos debido a esta situación, y nosotros no querríamos reforzar a la derecha alemana».

A lo largo de tus años de Academia trataste también desde el Ministerio de Educación de dar forma a la educación histórica de los niños de Israel. ¿Qué te interesaba que formara parte del programa de estudios en Israel?

La enseñanza de que la pluriculturalidad es preferible a las guerras culturales, y que el diálogo es preferible a la guerra. Que la nacionalidad judía se creó como parte de los movimientos nacionales de Europa. Que el antisemitismo es un prejuicio, el odio entre sociedades. Que hubo otros genocidios también. Pero me dijeron; «De ninguna manera, somos distintos, especiales, no hay comparación posible».

¿Qué pasó con el programa que propusiste?

Fue motivo de ataques de factores políticos, y se convirtió en letra muerta.

Al término de la entrevista, Zimmermann quiso volver a la arena de su predilección, la comparación. «Cuando observo la propaganda desplegada ahora ´Juntos venceremos´, me resulta difícil no evocar el espíritu belicoso que conozco de la historia alemana. Estando en una situación difícil, sabes que tienes que alentar el espíritu de ´Resistiremos´. Y es el tipo de cosas que llevan a la desgracia. Obviamente, no se trata de igualar situaciones, pero en la Alemania de 1944 aparecían consignas como ´Nuestros muros se resquebrajan, pero nuestro corazón resiste´. Hoy ves el ´Venceremos´ en todas partes. Se trata de mantener el apoyo incondicional, que evita discutir los objetivos de la guerra y la lógica de la guerra. Es importante cuidar mucho la propaganda», resume Zimmermann. «Aquel que ha estudiado la historia alemana y observó a Goebbels, sabe lo peligroso de la misma, ya que puede llevar a la pérdida del camino».