Haaretz 22.12.2023

Perder para Ganar. Aceptar el fracaso, para que los palestinos nos reconozcan

Compartimos la nota de opinión de Hillel Schocken para Haaretz, en la que el autor realiza un análisis de las consecuencias que genera la posición de Israel frente al conflicto y de no tomar una decisión de alto el fuego que sus principales aliados vienen sugiriendo.
Por Hillel Schocken. Traducción: Bemy Rychter

No venceremos. El 7 de octubre perdimos la batalla actual en Gaza por nuestro derecho a un hogar nacional en la Tierra de Israel. Cada día adicional de guerra solo exacerba el fracaso. Cuando esta terrible campaña termine, como se espera, dentro de unas semanas, debido a la presión internacional, Israel estará en una situación peor de la que se encontró tras el terrible ataque de Hamás. ¿Podría ser que algo bueno pueda surgir del fracaso? ¿Quizás el fin del conflicto? El 16 de octubre, el Gabinete de Guerra de Israel declaró los objetivos de la guerra: derrocar al régimen de Hamás y destruir su capacidad militar, eliminar la amenaza terrorista de Gaza a Israel, hacer los máximos esfuerzos para resolver la cuestión de los rehenes y defender las fronteras del Estado y sus ciudadanos.

Al final de la campaña, no lograremos ninguno de estos objetivos.

Por el momento, las encuestas indican que nuestra conducta en Gaza fortalece el estatus de Hamás entre los palestinos, no solo en Gaza sino también en Cisjordania. Aquellos que no querían a Hamás en Gaza lo recibirán en la Autoridad Palestina. Lo que a muchos les pareció un esfuerzo máximo para liberar a los rehenes tuvo un éxito parcial con la liberación de menos de la mitad, y cada día que continúa la campaña pone en peligro la vida de la mayoría de ellos que permanecen en cautiverio. Si hay algún acuerdo para su liberación, entonces, más allá del hecho de que se nos exigirá que liberemos a todos los prisioneros palestinos encarcelados en Israel, con y sin «sangre en sus manos», también nos veremos obligados a retirarnos de la Franja de Gaza y comprometernos a poner fin a la guerra. Los líderes de Hamás no son ingenuos. No aceptarán nada menos. A nuestros aliados que patrocinarán el acuerdo se les exigirá que proporcionen garantías de que Israel no atacará en el futuro.

La posición internacional de Israel ya se ha deteriorado a un nivel sin precedentes, poniendo en peligro no sólo sus relaciones con sus aliados, especialmente con Estados Unidos, sino también con las comunidades judías de todo el mundo, y convirtiendo a los israelíes en «persona non grata» en el extranjero. Nuestra posición frente a los países de la región también se ha debilitado drásticamente. Contrariamente a la «concepción» de que Hezbollah está disuadido de atacar, Israel está disuadido. Nuestra debilidad frente a Hezbollah se confirmó rotundamente cuando el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, comprendió la situación y envió rápidamente una impresionante fuerza militar al Mediterráneo.

A pesar de las fuerzas disuasorias estadounidenses, los representantes de Irán son un factor activo y presente, día a día, en la realidad bélica de la región. Hezbollah ha convertido a decenas de miles de residentes del norte en refugiados en su propio país, y los hutíes (Yemen) están logrando cortar la conexión marítima de Israel por el lado sur.

Israel debería definir la anulación de la resistencia palestina a su existencia como el objetivo estratégico principal de su política.

Durante sus 75 años de existencia, Israel ha logrado frenar la aspiración palestina mediante el control militar de la población de los territorios ocupados en la Guerra de los Seis Días en la Ribera Occidental y la Franja de Gaza.

Los largos años transcurridos no han desalentado a los palestinos. La intensidad de su oposición a la existencia misma de Israel cobra un precio económico sangriento y creciente a ambas partes. Para que la campaña actual no sea el preludio de estallidos de violencia mucho más grandes y para garantizar el hogar nacional del pueblo judío en la Tierra de Israel, Israel debe definir la eliminación de la resistencia palestina a su propia existencia como el objetivo estratégico general de su política.

El movimiento mesiánico en Israel espera lograr, «si Dios quiere», este objetivo expulsando a todos los palestinos de la Franja de Gaza y Cisjordania. En su opinión, los asesinatos masivos en Gaza y los disturbios de los colonos en Cisjordania, llevados a cabo bajo los auspicios de la policía y las FDI, tienen como objetivo «alentar» a los palestinos a emigrar fuera de las fronteras del territorio controlado por Israel, un paso que significaría la limpieza étnica de unos 5 millones de palestinos. Es difícil imaginar que el mundo, que pronto obligará a Israel a detener la campaña en Gaza ante las decenas de miles de muertos y heridos y la destrucción física y humanitaria a una escala monstruosa, permita esta solución.

El fracaso de la guerra de Yom Kippur (1973) y los logros de los egipcios en el cruce del Canal de Suez, restauraron el honor de Egipto y condujeron a la firma de los tratados de paz. El reconocimiento por parte de Israel de su derrota en la campaña actual, como se ha descrito anteriormente, ayudará a restaurar la dignidad nacional de los palestinos, que ha sido pisoteada durante 56 años.

Al parecer, se trata de un paso necesario en el proceso que conducirá al cese de los combates en Gaza y a un acuerdo de intercambio, en el que todos los prisioneros palestinos serán liberados a cambio de todos los secuestrados, cuyo destino depende del tiempo que pase antes de que Israel reconozca esta realidad. Israel tendrá que reconocer el derecho de los palestinos a un Estado independiente y soberano, y negociar con cualquier liderazgo que elijan para poner fin al conflicto sobre la base de las resoluciones de la ONU y la iniciativa saudita.

¿Podría el desastre del 7 de octubre anunciar un nuevo horizonte para Oriente Medio?