“Recuperemos algún tipo de discurso civil al nivel de la ira y no del odio”

Reflexiones del autor de “Sionismo, un estado emocional”, sobre el conflicto Israel-Gaza. Derek J. Penslar es el autor del primer estudio histórico basado en interpretaciones de las emociones subyacentes en el discurso de fundadores sionistas del Estado judío, donde ofrece una sagaz clave de lectura para este fenómeno. En ese libro, reconstruye las experiencias emocionales del pasado de líderes sionistas y la puesta en valor del discurso público en Israel. El resultado de su investigación es un innovador estudio de historia cultural, y también clave de comprensión de cómo las emociones pasionales colectivas influyen en el comportamiento violento de los ciudadanos.
Por Leonardo Senkman, desde Jerusalén

Las manifestaciones estudiantiles antiisraelíes en universidades norteamericanas y europeas expresan mucho más que posicionamientos políticos. Estallan cargadas de furia que no es comparable a aquel odio antiimperialista que escuchábamos entonces durante las protestas contra la guerra de Vietnam, y ahora contra la odiosa invasión rusa a Ucrania. En cambio, las vistas de desolación y éxodo de población civil en Gaza desatan un tsunami de cólera irresistible contra Israel que no veíamos durante las olas de protestas anticolonialistas contra otros países perpetradores de crímenes de guerra y conatos genocidas.

¿Por qué no hubo protestas airadas de los estudiantes durante la prolongada guerra civil en Siria? Diez años después de su inicio, cuando no se atisbaba el fin de la carnicería, ninguna universidad de Occidente reaccionaba ante la denuncia en 2011 del secretario de la ONU António Guterres: “Más de 387.000 personas murieron y la guerra obligó a huir a la mitad de la población existentey condena a la extrema pobreza a seis de cada diez sirios”.

En su último libro, el historiador judío norteamericano Derek Penslar, de la Universidad de Harvard, diferencia entre el odio y la rabia antiimperialistas que gritaban las protestas de entonces respecto de la furia incontenible actual de los estudiantes.

Pero Penslar diferencia también el sentimiento de odio frente al enemigo durante todas las guerras contra los ejércitos de países árabes respecto del actual arrebato de venganza israelí luego de la masacre de Hamas el 7/10.

Derek J. Penslar, el autor de Sionismo, un estado emocional (Zionism, an emotional state, 2023), primer estudio histórico basado en interpretaciones de las emociones subyacentes en el discurso de fundadores sionistas del Estado judío, ofrece una sagaz clave de lectura para este fenómeno. Penslar reconstruye las experiencias emocionales del pasado de líderes sionistas y la puesta en valor del discurso público en Israel; el resultado de su investigación es un innovador estudio de historia cultural, y también clave de comprensión de cómo las emociones pasionales colectivas influyen en el comportamiento violento de los ciudadanos.

“Las venas del odio surcan como el otro hilo de la civilización judía”, es el motto que atraviesa toda la narrativa histórica de Penslar. Porque no solamente la búsqueda del diálogo, la concordia y la paz habrían templado la tradición del pueblo judío oprimido y odiado durante siglos: “también el odio como respuesta del sujeto colectivo odiado y vilipendiado”, agrega Penslar en un reportaje reciente. (Entrevista a Derek Penslar por Ofri Ylani, Ha’zeman Ha’ze…, mayo 2024).

Amalek, el odio judío, y las teorías coloniales antisionistas

Asimismo, hace referencia a una de las miztvot más intrigantes de la Torá, donde se dice: “Recordarás lo que te hizo Amalek”. Por tanto, recuerda que hay una orden expresa de “borrar el nombre de Amalek sobre la faz de la tierra”. Analiza en su libro diversas formas de odio hacia los idólatras en la cultura judía y, apoyado en el gran erudito Eliot Horowitz (autor de un brillante estudio sobre las fantasías de venganza del judaísmo en la Edad Media y el principio de la Modernidad), Penslar recuerda el hecho no sorprendente de que las personas perseguidas retroalimentan su ira hacia quienes las persiguen: “Los odiados también odian”. Sus insights en clave emocional sobre el conflicto palestino israelí no tienen desperdicio.

Es sabido que los espectros de la Shoah acechan permanentemente las percepciones y comportamientos de los lideres sionistas antiárabes. Pero Penslar rechaza el argumento de que el antisemitismo árabe sea el responsable del odio antisionista. Sin embargo, discute la difundida teoría colonial para dar cuenta del odio antiisraelí, pese a reconocer ciertos rasgos colonialistas evidentes del sionismo.

Varias décadas después de la primera Naqba, la literatura académica formuló oficialmente la acusación contra Israel de haber surgido al concierto de las naciones como un Estado colonialista, constituido por colonos emigrantes europeos cuyos asentamientos desplazaron a los palestinos. Tal teoría postcolonial occidental es usual entre académicos que incriminan a la colonización israelí por despojar a los palestinos en la Cisjordania de un modo similar que los pied noir franceses en Argelia. Pero Penslar alega que el colonialismo de colonos es un fenómeno global. Sucede en todas partes. Israel es condenado en términos análogos al colonialismo de colonos occidentales, pero los académicos de la teoría simulan ignorar que este fenómeno histórico también existe en países con los que el mundo árabe y los palestinos tienen estrechas alianzas. En el pasado, la OLP recibió mucho apoyo de la Unión Soviética y tenía vínculos con la China comunista. Ambas potencias llevaron a cabo un colonialismo de colonos.

No obstante, debido a evidentes diferencias, Penslar recuerda que últimamente el intento de reemplazar esta hipótesis por otra teoría colonial de asentamiento también explicaría la inmigración multinacional de millones de colonos asentados en Canadá, EE.UU., Australia y Nueva Zelandia -como si ese poblamiento masivo y voluntario mediante inmigrantes de todos los confines fuera idéntico al proyecto nacional judío de asentarse como pueblo extraterritorial y oprimido, o como si fuera lo mismo el pueblo judío anterior a 1948, sin Estado nación colonizador, que el Estado colonial del Imperio Británico, promotor de la inmigración a gran escala en praderas de algunos de sus dominios y en la British Commonwealth of Nations-. Asimismo, para Penslar resulta evidente que se trata de una teoría inaplicable en la Gaza palestina, completamente vacía de colonos israelíes desde 2005 y gobernada desde 2007 por Hamas.

Pero también antes esta teoría resultaba inadecuada. Gaza recibió una afluencia de refugiados fugitivos de ciudades, pueblos y aldeas cercanas capturadas por Israel en la guerra de la Independencia. Y desde 1948 hasta 1959, Gaza estuvo nominalmente bajo la jurisdicción ficticia de una entidad con un nombre rimbombante, “Gobierno de toda Palestina”, establecida por la Liga Árabe durante su invasión a Palestina en 1948, previsiblemente como el futuro gobierno del Estado árabe liberado de judíos. Sin embargo, un gobierno efectivo y no nominal fue ejercido por Egipto hasta que el presidente Nasser lo disolvió en 1959. La ocupación egipcia de la Franja de Gaza quedó interrumpida apenas durante cuatro meses durante la crisis de Suez de 1956, y su ocupación completa como provincia egipcia finalizó con la ocupación del ejército israelí en 1967 y la llegada de miles de refugiados de Cisjordania.

Varios años antes que Hamas gobernara la Franja desde 2007, la lucha armada organizada por Fatah contra Israel alcanzó su punto máximo entre 1969 y 1971, pero fue aplastada en gran medida por la unidad militar comandada por Ariel Sharon. A principios de 1970, el 90% del terrorismo palestino en Gaza estaba dirigido contra hombres y mujeres árabes empleados por empresas israelíes de la administración militar y civil. Pero desde la década de 1970, estallaron frecuentes conflictos entre los gazatíes y las autoridades militares israelíes en la ciudad, lo que preparó el terreno al estallido de la Primera Intifada en 1987. Gaza se convirtió en el centro principal de confrontación durante el levantamiento civil palestino antiisraelí. El resultado ha sido la devastación de la economía de Gaza y de numerosas vidas de sus residentes.

Después de los acuerdos de Oslo I y II, las fuerzas de Tzahal se retiraron de Gaza, dejando a la nueva Autoridad Nacional Palestina (PNA) para administrar la vida civil y vigilar la ciudad. Liderada por Yasser Arafat, la PNA eligió Gaza como su primera sede provincial, invistiendo a la Franja con los símbolos de resistencia y soberanía nacional del pueblo palestino. Significativamente, el recién creado Consejo Nacional Palestino celebró su sesión inaugural en Gaza en marzo de 1996.

Furia e iracundia de los oprimidos

No sorprende que los pueblos, “que tanto han sufrido en la historia, como los judíos y los palestinos, sientan ira ante la agresión, el agravio y la privación de derechos”, afirma Penslar. En línea con la psicología de las emociones, también él opina que la ira es una emoción saludable: “Si alguien te ha negado algo que necesitas, tienes derecho a sentir rabia contra esa persona”. Sin embargo, el historiador de las emociones sabe que la iracundia puede tener consecuencias catastróficas para el airado y también para los demás.

La gestión irracional de la emoción puede llevarnos a situaciones lamentables y a obtener un efecto totalmente contrario a lo que se buscaba. Por eso, el historiador de las emociones sionistas nos advierte:

“…el odio ocurre cuando la ira se endurece, y al acerarse es muy difícil que se reblandezca. Y lo que lamentablemente pasó es que el rencoroso conflicto duró mucho tiempo. La ira entre judíos israelíes y palestinos se ha desbordado, cristalizándose en un sólido odio empedernido, lo cual es muy peligroso, mortal y destructivo. Lo que estamos viendo ahora es la cólera furiosa en ambos lados. Lo que Hamás perpetró el 7 de octubre fue una furiosa masacre. Creo que lo que Israel está haciendo ahora en Gaza es una especie de furiosa venganza. Y ésta es una emoción muy destructiva porque es incontrolable. También esta destructiva emoción es relevante para lo que está sucediendo en Harvard y otras universidades. Me gustaría que volviéramos del reino de la furia al reino de la ira”.

Ahora bien, sin mencionar a las Erinias de la mitología griega, el historiador de las emociones del sionismo, ¿no estaría conjurando a aquellas Furias del inframundo encargadas de castigar los crímenes en vida de los asesinos, y no más tarde? Pero al desear volver del reino de la furia al reino de la ira, ¿estaría pidiendo Penslar no perseguir hasta el inframundo a los criminales como hacían las Erinias, a quienes ningún rezo ni sacrificio podían conmover para impedir que ejecutasen su tarea de ajusticiamiento?

Penslar no se equivoca al pedir el retorno desde el reino de la furia a la ira. Hay ejemplos discursivos detestables recientes de ministros del reino de la furia israelí. En respuesta furibunda al pedido del ministro de Defensa Galant relativo a que Israel no debiera gobernar Gaza después del fin de la guerra -un gobierno en el que tendrían que participar líderes moderados de la Autoridad Palestina-, el Primer Ministro condenó la idea en los siguientes términos furiosos: “Me opongo firmemente a cambiar Hamastán por Fatahstan”, dijo, refiriéndose al partido Fatah del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas. Y continúa furioso: “La Autoridad Palestina financia el terrorismo, apoya el terrorismo, educa para el terrorismo”, acusándola de estar “llevando a cabo una campaña global contra nosotros, en el Tribunal Mundial de La Haya y en todas las instituciones de la ONU que están por llegar, para asfixiarnos”.

Por su parte el ministro de Economía Smotrich, quien encarna el fascismo a la israelí en su versión de Kahanismo mesiánico, exige al ejército, sin tapujos: “Hay que colapsar a la Autoridad Palestina”.

Las furias y el peligro de demencia colectiva

Por su parte, la respuesta al ministro Galant del ministro de Justicia Yair Levin, camuflada de moralismo nacionalista, fue: “El pueblo de Israel no puede seguir humillado después del 7/10” (sic), o sea que hay que proseguir la guerra hasta la victoria final para “desagraviar” a la nación humillada por Hamas, sin importar que maten a los pocos rehenes que aún restan con vida en los túneles del submundo de Gaza.

En su reciente columna del viernes 17/5 en Haaretz, Carolina Landzman llama “demencia colectiva” a estas expresiones verbales que Penslar delicadamente ubicaría en el “reino de la ira”, pero que la lucida periodista israelí prefiere catalogar, sin pelos en la lengua, como “locura”.

Sabemos que también los psicólogos de las emociones diagnostican ciertas furias que brotan en “acceso de demencia”. Un test incontrastable al respecto es la decisión del gobierno de Netanyahu de continuar la guerra aun a costa de sacrificar a todos los rehenes israelíes en Gaza.

Otro ejemplo de demencia colectiva es la venganza furiosa propuesta por el ministro Smotrich, también con poderes sobre la Cisjordania, en el Ministerio de Defensa, de penalizar la reciente decisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas que votó por amplia mayoría (143 a favor, 9 en contra -uno fue Argentina- y 25 abstenciones) para empoderar a Palestina para que sea miembro de pleno derecho del organismo mundial. La loca venganza con que Smotrich amenaza consistiría en levantar 143 nuevos asentamientos israelíes en la Cisjordania, confundiendo una legítima estrategia diplomática política palestina en la ONU con un acto de terror criminal político del Hamas.

Pero volvamos a compartir el optimismo y la esperanza del historiador judío norteamericano Penslar, quien concluye su entrevista aconsejando a los estudiantes de su universidad protestar, pero “al nivel de la ira, no del odio”:

“Los estudiantes tienen derecho a estar enojados por lo que está sucediendo. Los estudiantes judíos tienen derecho a estar enojados, tristes y afligidos por la forma en que algunos estudiantes pro palestinos en Harvard los han tratado. Los estudiantes pro palestinos tienen todo el derecho a estar enojados por lo que está sucediendo en Medio Oriente. Pero lo que está pasando ahora es que empiezan a odiarse y ya no hay vuelta atrás. Necesitamos recuperar algún tipo de discurso civil en el que funcionemos al nivel de la ira y no del odio“.

¡Ojalá que haya otra vuelta atrás!