Fábula del zureo por la paz para parar la guerra en Gaza

Desde que comenzó la guerra los vuelos supersónicos y el de los helicópteros han obligado a las aves a modificar su comportamiento. Esta guerra interminable, que tanto aturde con sus alarmas, cohetes de corto alcance, misiles, helicópteros y drones, nos hace olvidar no solo a la paloma de la paz sino también a aquellas palomas mensajeras tan útiles durante la primera guerra de Israel en 1948.
Por Leonardo Senkman, desde Jerusalén

Me despierta un coro de aves que cantan a la aurora primaveral. Dulce oír el zureo de palomas al despuntar el alba en Jerusalén mientras señalizan el territorio de reproducción y se excitan del canto de su pareja con quien desean acoplarse. 

¡Que placidez oír a palomas -entre otras especies de aves- que celebran diferentes momentos del alba!

Pero desde que comenzó la guerra, los vuelos supersónicos y de helicópteros que surcan también los cielos de Jerusalén al amanecer, obligan a las torcazas a comenzar tempranísimo el zureo de la mañana.

Sabemos que el barullo del tráfico urbano afecta a las aves, en particular a las palomas, obligadas a modificar su comportamiento en respuesta a la contaminación acústica. También el estornino negro y el gorrión doméstico adelantan su canto a horas más tempranas.

Pero más insoportable que la contaminación acústica producida por ruidos de fábricas, turbinas, bocinas de autos y buses, aterrorizan a las palomas en las primeras horas del día las conmociones vibratorias y los estrépitos de continuos sobrevuelos de aviones. Al igual que todas las aves, también las palomas utilizan señales acústicas para comunicar información vital, mantenerse en contacto, alertar del peligro o alimentarse. Cuando el hábitat es denso o nocturno, las señales permiten comunicarse sin necesidad de haber contacto visual. Dialogan de noche con sonidos cuando su visión diurna se va por la mayor proporción de conos que bastones en la retina.

La temprana contaminación sonora de la mañana paraliza a las palomas al sustraerles aire vital que hace vibrar su siringe; en especial, ellas necesitan de la brisa para arrullar sus sonidos rítmicos y hondos. Pese a los trastornos de la guerra, el canto de las aves no para y cada especie vocaliza su propios y diferentes trinos, zureos y reclamos.

Pero la guerra en Gaza cambió todo. Desde entonces, oigo cambiados los zureos de torcazas, son más profundos y ahogados, ahora me suenan a zureos vocalizados con esfuerzo. Las torcazas jerosolimitanas eran grandes, bonitas, con llamativas marcas blancas, pero ahora son mucho más tímidas y el iris de sus ojos se ve más amarillento. Los zureos me recuerdan aquella percepción del profeta Isaías “Su arrullo grave sonaba a gemido lastimero”. (Is. 38:14)

Muy diferentes el otoño y la primavera a los del año pasado: desde que empezó la guerra las aves sobrevuelan atemorizadas en los cielos de Jerusalén.

¡Ni rastros de la tórtola del Cantar de los Cantares!, ese icono vocal del despertar primaveral y el amor bíblico: “Ya han brotado flores en el campo, ya ha llegado el tiempo de cantar, ya se escucha en nuestra tierra el arrullo de las tórtolas”. (Cantares 2:12)

No solo es triste el arrullo de la tórtola en la rama: para colmo, hace tiempo la paloma ha dejado de ser la mensajera de esperanza, paz y guía divina.  

Desgraciadamente, la paloma blanca con una ramita de olivo en el pico dejó de ser símbolo de paz en Medio Oriente. Esa imagen comenzó a popularizarse a escala mundial tras la Segunda Guerra Mundial, pero su origen y significado es bíblico. Se remonta al relato del Diluvio (Gn. 8:8-12); mostrando una hoja de olivo en su pico, la paloma traía el mensaje al arca de Noé que las aguas habían descendido como para dejar al descubierto la vegetación.

Pero esta guerra interminable, que tanto aturde sus alarmas, cohetes de corto alcance, misiles, helicópteros y drones, nos hace olvidar no solo a la paloma de la paz: también a aquellas palomas mensajeras tan útiles durante la primera guerra de Israel en 1948.

Pocos años atrás el arrullo de palomas volvía a agitar el aire en un palomar solitario del kibutz Givat Brenner, que había sido parte de un proyecto de comunicaciones ultra secretas durante la guerra de Independencia.

Albergaba palomas mensajeras, que entregaban mensajes estratégicos traídos desde el mismo campo de batalla al cuartel general militar israelí, después que el Estado judío fuera invadido por los ejércitos de siete países de la Liga Árabe.

El palomar fue restaurado por Tzahal en 2018 para las celebraciones del 70° aniversario de la Independencia. En octubre de 1950, Tzahal ya había erigido un humilde monumento conmemorativo de palomas mensajeras militares israelíes, en la base militar de Tzrifin, Pero desde entonces nadie se acuerda que hubo palomas mensajeras.

A falta de palomas, periquitos tropicales en kibutzim fronterizos con Gaza

En algunos kibutzim fronterizos asolados por Hamas el 7/10, en vez de palomas anidan periquitos tropicales. Estas aves variopintas de cuello anillado, son una especie invasora tropical que ha proliferado en Israel y los territorios palestinos durante los últimos años, muy probablemente después de haber sido llevados allí como mascotas. También en Gaza, a falta de palomas, hay criaderos de loros color verde brillante con picos rojos, robados de los sembradíos de los kibutzim.

Periquito monje.

Paradojalmente, no palomas sino loros son buscados en Gaza como pájaros cantores caseros.

La población de periquitos invasores y mynas, un ave de la familia de los estorninos, se ha disparado en los últimos 20 años, provocando una disminución en las poblaciones de especies locales como el gorrión común y el bulbul de anteojos blancos.

Según expertos ornitológicos, algunas especies invasoras, como los mynas, se reprodujeron rápidamente en las últimas décadas pese a los operativos bélicos de Israel en Gaza, y también se multiplican los periquitos monje, que asimismo se han vuelto comunes en áreas urbanas y rurales.

Los mynas llegaron a Israel cuando escaparon de jaulas de safari de viajeros en la década de 1990 y comenzaron a prosperar entre la basura urbana. Son muy musicales y a menudo se pueden escuchar sus melodías en todo el país.

Al igual que los mynas, los periquitos monje son una especie invasora que se propagó y es muy vista en el país. De color verde brillante, obtuvieron su nombre por la forma de la cabeza, que aparentemente se asemeja al sombrero de un monje. Los periquitos monje se alimentan de frutas y semillas, lo que genera preocupación sobre el daño que podrían causar a la agricultura local.

Hasta el estallido de la guerra docenas de adultos y niños palestinos de Gaza se han dedicado a la captura de loros y mynas en campos fronterizos. Para varios la caza se transformó en una inesperada fuente de ingresos.

“El loro es un pájaro hermoso, y a todos les encanta”, expresó Khaled al-Najjar, cazador y padre de dos hijos. “Los atrapo para ganarme la vida y alimentar a mis hijos”, afirma un habitante de la franja de Gaza donde el desempleo ronda el 50%.

Pese a que anidan en granjas de kibutzim israelíes al otro lado de la cerca, los loros no reconocen fronteras ni muros, y vuelan a Gaza cuando los trabajadores se dirigen a los campos para cuidar los cultivos. Es la ocasión para los cazadores gazatíes de pájaros del otro lado de la cerca a quienes atraen con el canto de altavoces portátiles y los cazan en redes y otras trampas. (Martha Pinzón, “Pájaro exótico atrae a los cazadores a la violenta frontera de Gaza”, The Spanish Media, 25/8/2022)

Pese a que es una ocupación peligrosa, los cazadores de aves continuaban cruzando la cerca sin temor a Tzahal que vigila la frontera, en busca de gazaties sospechosos de intentar infiltrarse, colocar explosivos o cavar túneles de ataque. Un año antes de la guerra, fuerzas israelíes mataron a un cazador de pájaros, pero ONG de defensores de los derechos de los palestinos denunciaron que se ha disparado contra varios otros cazadores de Gaza.

Una vez atrapado, los tramperos regresaban con la presa a las ciudades abarrotadas de Gaza, donde vendían los periquitos a tiendas de mascotas. Al-Najjar indicaba en la entrevista que recibía 30 shekels por un par de periquitos. En algunas tiendas de mascotas en Gaza el par se revendía al doble.

Pero desde que estalló la guerra casi no se ven loros ni tampoco cazadores. La captura de aves migratorias como golondrinas y codornices, además la población local de especies autóctonas como los jilgueros, había mermado gravemente.

Pero ahora la guerra ha terminado prácticamente con los pájaros.

De tantas víctimas civiles y estragos de infraestructura urbana, obviamente los informes de letalidad en Gaza no se ocupan de aves domesticadas muertas, mucho menos de loros mascotas cuidados en las casas antes de la guerra.

Aunque el color predominante de los loros es el verde, sus plumas contienen pigmentos rojos, naranjas y amarillos. De ahí que se puedan encontrar ejemplares de otros colores muy buscados por los cazadores de Gaza.

¿Cuál habrá sido el destino final de los loros verdes caseros? Y los loros que lograron huir volando, ¿sus pigmentos habrán podido sobrevivir a los bombarderos? Y aquellos periquitos que consiguieron sobrevivir y buscaron los patios caseros, ¿habrán podido reconocer las casas entre las ruinas?

Pese a haber estado enjaulados como mascotas antes de la guerra, los pigmentos de los loros   lograron readaptarse en Gaza entre la costa cromática del Mar Mediterráneo y las dunas amarillo mostaza intenso, con tonos rojizos, anaranjados, del Neguev noroccidental.

“Hope”de Sliman Mansour.

Sus tonalidades azules eran producto del reflejo del espectro de luz mientras absorbe el resto de longitudes de onda mediante los gránulos de melanina. Los tonos verdes eran habitualmente resultado más habitualmente de la combinación del efecto azul del reflejo de luz junto a pigmentos amarillos. La pigmentación de las plumas ayudaba a absorber o repeler el calor, advertir depredadores, actuar como camuflaje o tener un rol reproductivo.

El milagro adaptativo en Gaza de estos loros mascotas tropicales se revelaba si una pluma reflejaba todas las longitudes de onda y la veían blanca. Si, por el contrario, absorbía todas las longitudes de onda, la veían negra. La iridiscencia se producía por reflejo de la luz en las diferentes capas de forma diferente, y variaba según la posición de la pluma del loro respecto a la luz.

Muy posiblemente cuando tonalidades azules, blancas o violetas surgían por la difracción de la luz, los gazaties se las atribuían al inmenso cariño que sentían por loros cazados en la frontera del enemigo.

Una frontera que al ser cruzada desde cualquiera de los lados que separan a ambos enemigos, siempre condenaba a la destrucción y muerte.

Sin embargo, en marzo de 2022, por el contrario, ocurrió un episodio muy significativo en el cruce Erez-Hanoun. Un desesperado palestino que disfrutaba de su loro en la casa de Beit Hanoun pidió ayuda en redes sociales para salvarlo después que bebió lejía y le perforó la garganta. Fue salvado por jóvenes voluntarios israelíes de la organización Wildlife, quienes rápidamente cruzaron de Erez a Gaza y atendieron el loro gravemente herido. El cruce Erez, también conocido como cruce de Beit Hanoun, es un cruce fronterizo entre la Franja de Gaza e Israel. Está situado en el extremo norte de la Franja, entre el kibutz israelí Erez y la localidad palestina Beit Hanoun.

En la actual guerra, Beit Hanoun fue de las primeras ciudades de Gaza donde se libraron duras batallas con pérdidas para ambos bandos. El 31 de octubre Tzahal avanzó hacia las afueras de Beit Hanoun para llevar a cabo operaciones de limpieza, en un intento de sitiar la ciudad de Gaza. El 1 de noviembre, Hamas comunicó haber destruido varios tanques y vehículos blindados israelíes. Y el 11 de noviembre, Tzahal anunciaba que cuatro soldados israelíes habían muerto en un túnel con trampas explosivas en Beit Hanoun, mientras otro moría en combate en el norte.

Pero el 18 de diciembre de 2023, Tzahal comunicó haber tomado el control total y destruido el batallón Beit Hanoun de Hamas. Finalmente, el 24 de diciembre las fuerzas israelíes se retiraron de Beit Hanoun en medio de intensos combates contra grupos militantes palestinos.

Numerosos antiguos residentes de Beit Hanoun regresaron a los restos de la ciudad en ruinas, y quienes lo hicieron se quejaron de que “todas las estructuras civiles fueron destruidas”, describiendo a la mayor parte de Beit Hanoun como “arrasada hasta los cimientos”.

La imagen del loro herido en Beit Hanoun salvado por jóvenes voluntarios de una ONG israelí, me vuelve recurrentemente.

¿Han podido dormir los sobrevivientes que volvieron a Beit Hanoun? Y aquellos que perdieron sus mascotitas tropicales, ¿habrán visto alguna noche en sueños tonalidades azules, blancas o violetas de las alas de sus loros muertos?

Ahora bien, pese a la variopinta paleta del loro, y su gran popularidad como mascota palestina, ningún pintor conocido quiso utilizar los colores verdes, negro y rojo que coinciden con la bandera palestina para nacionalizar al ave tropical. Artistas como Sliman Mansour, pintor palestino considerado como una importante figura dentro del arte nacional palestino, sigue pintando con colores de la bandera y la tierra palestina a la figura icónica de la paloma de la paz.  Se le ha llamado como el artista de la Intifada, cuyo trabajo pictórico visualiza el concepto cultural palestino del sumud (en español: constancia, firmeza).

Ojalá que al terminar la guerra la constancia sumud de Sliman Mansour le ayude a no renunciar y continúe pintando sus temas de paz columbina. como su emblemática pintura ya icónica “Hope”, con mujeres palestinas remontando bien alto la paloma de la paz.

Vencejos sobrevuelan el Muro de los Lamentos y Al Aqsa

Curiosamente, en vez de palomas y periquitos tropicales, durante las mañanas y tardes es posible ver a numerosos vencejos sobrevolando en dos sitios sagrados de Jerusalén: el Muro de los Lamentos y la gran mezquita Al Aqsa (Tom Wichter, “Las aves que conquistaron el Muro de los Lamentos”, Ynet español, 11/5/2020)

Desde la época del coronavirus el vencejo común, que pasa la mayor parte de su vida en el aire, sobrevolaba el Muro de los Lamentos, aprovechando la casi ausencia de fieles por las restricciones sanitarias, se paseaban a gusto y placer a lo alto y bajo de las milenarias rocas sagradas.

La guerra actual, mientras invisibiliza a otras aves y disminuye dramáticamente el número de orantes judíos, por el contrario, pareciera invitar a los vencejos a continuar su peregrinación alada y posarse en los huecos y cornisas escondidas del Muro.

El vencejo no es un ave común. Es capaz de permanecer en vuelo ininterrumpido durante diez meses completos y sólo se posa dos meses para poner los huevos y criar a sus polluelos.

Hedenström, el principal autor sueco del estudio sobre vencejos publicado en Current Biology,  examinó sus hábitos migratorios surcando las estepas africanas al sur del Sáhara, donde tienen sus territorios de invernada. Analizó el modo en que los vencejos comen, beben, copulan en pleno vuelo y duermen mientras planean. El científico sueco concluye que solo tocan tierra para nidificar y sacar adelante a sus pollos, resguardados en la estrecha grieta de un edificio.

Pero me gustaría preguntarle el científico de la Universidad de Lund cómo explica que, en plena guerra, esas golondrinas endiabladamente aerodinámicas que cubren distancias de más de 1.000 kilómetros en un solo día, hayan elegido precisamente nidificar en recovecos y huecos de los lugares más sagrados de Jerusalén para judíos y musulmanes.

Amir Balban, miembro de la Sociedad para la Protección de la Naturaleza de Israel, antes de la guerra difundió un video que exhibe con detalle la “fiesta” de los vencejos en la zona de la Ciudad Vieja de Jerusalén, tanto en el Muro de los Lamentos como en la mezquita Al Aqsa.

Recomiendo mucho ver su video, fácilmente asequible vía YouTube, sobre esta colonia de apodidaes, “de la más antiguas del mundo”, según Balban.

Posdata

Siento ganas irresistibles de hacer tres preguntas diferentes a cada una de estas tres aves misteriosas.

A la paloma mensajera, le preguntaría si cree posible que, pese a haber sido tantas veces asesinadas palomas mensajeras, ¿el mensaje de la paz podría sobrevivir sin una mensajera como ella?

Al loro de tonalidades azules, blancas y violetas, sobre quien dicen que sabe repetir, pero no hablar como los humanos, ¿tal vez sería capaz de repetir todo el tiempo la palabra Salam ante los terroristas del Hamas y Shalom ante los kibutnikim vecinos de Gaza?

Finalmente, deseo preguntarles a ambos vencejos que anidan en el Muro y en la gran mezquita Al Aqsa, sus pichoncitos a punto de nacer, ¿ayudarían los dos juntitos a parar la guerra en Gaza?

Foto de portada: Las palomas se sientan encima de un monumento conmemorativo para palomas mensajeras militares israelíes, en la base militar de Tzrifin. Foto de archivo del 4 de octubre de 1950, 1 de abril de 2018. REUTERS / GPO / Fritz Cohen.