Haaretz, 8/6/24

La operación de rescate israelí demuestra que hay secuestrados todavía vivos y sólo un acuerdo los salvará

El primer ministro Benjamín Netanyahu corrió al Hospital Sheba el sábado para sacarse una foto con los rehenes rescatados, aunque todavía no se reunió con los familiares de los secuestrados cuya muerte se había confirmado la semana pasada. Al mismo tiempo, los voceros extraoficiales de Netanyahu ya usaban el operativo de rescate para ensuciar a sus rivales.
Por Anshel Pfeffer

El rescate de los secuestrados israelíes Noa Argamani, Andrey Kozlov, Almog Meir Jan y Shlomi Ziv el sábado por la mañana a través de un operativo militar en Nuseirat les dio a los israelíes una alegría de Shabat casi desconocida desde el Shabat del horror del 7 de octubre. No era sólo por el resultado. La aparición de cuatro rehenes vivos y su regreso a casa luego de permanecer en cautiverio a manos de Hamas durante 245 días abría también una ventana de esperanza para los israelíes. La combinación de inteligencia precisa, planificación intensiva y despliegue coordinado fue un recordatorio, muy necesario para la sociedad israelí, de la capacidad de sus servicios militares y de seguridad, cuya reputación fue diezmada en los últimos ocho meses.

Sin embargo, la combinación de alegría y alivio por el retorno de los secuestrados fue sólo una pausa momentánea ante la realidad de los 120 secuestrados todavía en Gaza, 43 de los cuales ya fueron declarados muertos por Israel, y con la sospecha generalizada de que el número de muertos es en realidad mayor. Los cuatro rehenes rescatados se suman a los tres anteriores (Ori Megidish, rescatada al comienzo de la guerra; y los argentino-israelíes Luis Har y Fernando Marman, rescatados de Rafah en febrero). Esto suma siete rescates dentro de los 135 secuestrados que salieron de Gaza, cifra que incluye 19 ya fallecidos y 109 entregados vivos por Hamas, de los cuales cuatro recuperaron su libertad por presión qatarí al comienzo de la guerra y 105 a través del acuerdo de intercambio de fines de noviembre.

Los seguidores de Netanyahu difundieron, apenas se supo la noticia, un fragmento de una entrevista a Gadi Eisenkot en enero, donde dijo que no había chance de un rescate estilo Entebbe para los secuestrados porque “están diseminados en el territorio, y principalmente en túneles subterráneos, por lo que la probabilidad [de otro rescate a través de un operativo militar] luego de Ori Megidish es muy baja. Debemos reconocer con honestidad que probablemente no podamos hacer regresar a los secuestrados con vida en el futuro cercano si no es con un acuerdo, y cualquiera [que diga lo contrario] le está mintiendo a la sociedad”.

Obviamente, Eisenkot no dijo que era imposible salvar rehenes. Hablaba de todos los rehenes que seguían en cautiverio. Su opinión es compartida por todo el establishment de seguridad, donde se cree que, aunque sea posible rescatar a algunos a través de operativos militares, sólo podrán ser rescatados en su totalidad como consecuencia de un acuerdo con Hamas. En todo caso, la cantidad de secuestrados liberados por el ejército hasta ahora (7 en operativos y 109 en acuerdos con Hamas) sólo ayuda a comprobar esta realidad. Pero los hechos no son importantes cuando la política es lo preponderante.

La velocidad con la que los voceros extraoficiales de Netanyahu intentaron utilizar el rescate de los secuestrados para ensuciar a los rivales de su líder sólo puede ser comparada con la velocidad con la que Netanyahu, quien en tanto primer ministro convencionalmente no ejerce actividad pública en Shabat, se apresuró para llegar al Hospital Sheba para sacarse una foto con los rehenes liberados. Es interesante que todavía no se reunió con muchas de las familias de los rehenes en estos ocho meses desde su secuestro, o con los que fueron liberados como consecuencia de un acuerdo en noviembre. Ni siquiera levantó el teléfono para llamar a los familiares de los cuatro secuestrados que fueron declarados muertos el 2 de junio: Amiram Cooper, Yoram Metzger, Jaim Peri y Nadav Popplewell. Parte del motivo es que casi todos los familiares, a diferencia de los cuatro liberados el sábado, son residentes de kibutzim, de los cuales se puede esperar que lo culpen públicamente por la muerte. El motivo principal es que Netanyahu sólo asume responsabilidad por éxitos, nunca por fracasos.

Que cuatro secuestrados hayan sido rescatados todavía en un estado de salud relativamente bueno es evidencia de la necesidad de un acuerdo que permita rescatar al resto de los secuestrados que todavía estén con vida. Netanyahu y sus socios quieren que los israelíes ignoren la realidad de que esperar la llegada nuevamente de una combinación similar de factores de inteligencia y operativos para realizar otro operativo militar tan sólo sellará el destino del resto de los secuestrados.