Yedioth Ahronot, 16/11/2024

Los crímenes sexuales de Hamas: las evidencias no recogidas en tiempo real salen a la luz

Corpiños y bombachas esparcidos en la zona, preservativos, un general que vio a una mujer atada a un poste y cadáveres de mujeres desnudas. Muchas señales de ataques sexuales cometidos el 7.10 no fueron registrados en el lugar. El equipo de la Prof. Ifat Biton recogió las evidencias faltantes, redactó el informe más abarcador acerca del tema y advierte: “De manera preocupante, hubo evidencias que salieron a la luz por primera vez recién frente a nosotras”. Y también: una alerta a Occidente.
Por Rotem Izak, Traducción: Tamara Rajczyk

En el caos imperante en la base Shura[1] durante los días posteriores a la masacre del 7 de octubre se apilaban cadáveres de asesinados y asesinadas -soldados, ciudadanos y hasta, por error, el cuerpo posteriormente identificado como el cadáver de un aborrecido terrorista de la Nug´ba[2]-. Sobre uno de estos cuerpos se descubrieron granadas y también un paquete de preservativos abierto. “Lo leí en un periódico como parte de un diario personal escrito por un muchacho de Shura”, reconstruye la Prof. Ifat Biton, una de las juristas más destacadas de Israel, “una de nuestras investigadoras se comunicó con él y le preguntó: ´Dime, cuando viste eso, ¿informaste a alguien?´. Él respondió: ´No, ¡qué va! Debíamos ocuparnos de neutralizar las granadas. ¿Cómo iba a pensar en los preservativos?´”.

Lo que en el terreno parecía un detalle marginal, encendió una luz roja en la cabeza de la Prof. Biton, una de las líderes de la lucha por el reconocimiento de los crímenes sexuales de Hamas. “Desde mi punto de vista, un terrorista con preservativos es un indicador de crímenes sexuales. Podría ser que llevaba el paquete de preservativos porque un momento antes de salir de su casa tuvo relaciones sexuales consentidas y le quedó en el bolsillo. Pero debido a que en la ola de ataques terroristas no podremos confirmar esto y como sabemos que cuando hay hombres armados en los alrededores de mujeres indefensas existe un gran peligro de ataques sexuales, esos preservativos pueden ser la evidencia de que él haya atacado sexualmente. Si la organización terrorista puede, que demuestre lo contrario. Hasta el 7 de octubre no conocimos ataques sexuales en las acciones organizadas por Hamas, pero esta es una concepción que debe ser modificada”.

¿Qué nos demuestra esta historia de los preservativos desde el punto de vista de nuestras investigaciones? ¿Que los preservativos son marginales con respecto a las granadas?

“No solamente marginales. Es ver frente a tus ojos un indicador y borrarlo de tu cabeza. No solamente porque no es importante. Correcto, hay quienes pensaron que era menos importante, por ejemplo, alguien destacado del Equipo Médico Forense que me dijo: ´Mira, en el momento que tengo el delito más grave, que es el asesinato, no debo y no puedo ocuparme también de eso´. Pero también hay gente a la que ni siquiera se le ocurre que ese es el sentido de lo que está viendo: crímenes sexuales. Y, obviamente, está el asunto de las condiciones. En cualquier otra circunstancia hubiera revisado este cadáver en profundidad, pero tenía otros 500 cuerpos que estaban esperando su turno”.

La masa de cadáveres no permitió contar toda la historia.

“Así es. En ese infierno de Shura cada uno tenía una función muy específica en el proceso de identificación de los cadáveres. Ellos permanecieron en ese espacio y no se movieron de allí. Pueden haber pasado dos cosas: o que no revisaron todos los cuerpos, o que lo hicieron y decidieron que no eran capaces de ver eso realmente y que no podían ocuparse de eso. Entrevistamos a psicólogas que nos contaron que ese es el mecanismo para que el alma que hace ese trabajo no se dañe para siempre. Pero esta historia aparentemente pequeña es un camino para revisar nuevamente lo que sucedió aquí”.

“El que murió, murió”

Unos meses antes de esa conversación, en diciembre de 2023, Biton pronunció un discurso en la asamblea que Israel promovió en la ONU con el objetivo de despertar la conciencia mundial al hecho que la horrorosa masacre incluyó también crímenes sistemáticos de género. Pero cuando regresó a su casa en Hertzlya, sintió que algo no cuadraba, que algo en la forma en que esta historia estaba enmarcada, desvirtuaba el cuadro completo.

“Volví a la frase con la que empecé mi discurso: ´Más de 20 años de representar a víctimas de crímenes sexuales y de investigar el tema no alcanzaron para prepararme para esto´. Me pregunté: ¿Por qué comencé con esta oración? ¿Por qué nada me preparó? No sorprende que en el campo de batalla las mujeres también sean heridas. ¿Por qué no estábamos preparadas para este momento? Sentí que yo sabía lo que había pasado en fragmentos, pero que el conjunto de lo sucedido no tenía precedente y, por ende, necesitaba ser descifrado con herramientas nuevas”.

“Nosotras estamos intentando comprender con las herramientas existentes algo que no sucedió en el pasado, y eso afecta significativamente nuestra capacidad profesional para demostrar lo que pasó y explicar por qué hay tan poca evidencia sobre el alcance y la intensidad de los ataques. Entendí que lo mejor era prestar atención a quienes estuvieron en el terreno, y por medio de ellos identificar la verdadera dimensión de los crímenes sexuales del 7 de octubre”.

Esta comprensión condujo a Biton, presidenta de Achva Academic College y de la Junta Directiva de Institutos Académicos Públicos, a un trabajo de casi un año que culminó con el informe más amplio y profundo sobre los crímenes sexuales del 7 de octubre. Junto a las abogadas Vardit Avidan y Shir Bukra, y la jurista Hodaya Shaked, entrevistaron a decenas de personas que se enfrentaron a las imágenes más terribles que una persona pueda imaginar. El resultado consiste en ochenta páginas en hebreo y cien en la traducción al inglés, que podrán servir en el futuro a Israel no solamente a nivel explicativo, sino también a nivel judicial internacional. Con la humilde financiación de dos fondos, las investigadoras emprendieron la tarea en su tiempo libre, con un objetivo claro.

“Me pregunté: ¿por qué justamente esto te atrapa? ¿Por qué no te ocupas de otros horrores que sucedieron allí? Y finalmente comprendí que la realidad que se reveló ante mis ojos es una realidad que a menudo se descubre en el contexto de daños que afectan principalmente a las mujeres y que esos daños han sido relegados a los márgenes. El abordaje de este asunto no fue muy diferente de lo que conocemos al abordar la violencia sexual en general, algo sobre lo que tenemos que trabajar, promover y explicar por qué es importante”.

“Lo último que yo quería era que se utilizaran los crímenes sexuales como una herramienta más para atacar al enemigo. Lo que yo buscaba era verificar cómo nos preocupamos por las víctimas, cómo podemos instalar, a partir de este suceso, sistemas particulares de tratamiento e investigación. Esa fue mi motivación central y eso ya nadie quería hacerlo”.

¿La exposición a esos testimonios te afectó personalmente?

“Las exposiciones fueron duras, obviamente, pero a mi pesar, tengo mucha experiencia en horrores de crímenes sexuales. Si bien esto fue sin precedentes en su envergadura y crueldad, es importante para mí enfatizar que desde el momento en que el proyecto era sobre los medios de identificación y recolección de evidencias, el foco fue puesto en eso. También fue muy difícil comprobar hasta qué punto los propios encuestados estaban reprimidos y con trauma secundario. Algunos de ellos se sentían culpables y fue importante para mí explicarles que no había ninguna razón para ello, debido al caos y el shock por lo que nos pasó”.

El informe, cuyos resultados fueron entregados el mes pasado a la Jefatura de Seguridad Nacional, a expertos en terrorismo y a la responsable de la atención por violencia sexual en el Consejo de Seguridad de la ONU, revela las fallas de los distintos sistemas que impidieron un relevamiento amplio del alcance de los ataques sexuales. Estas fallas son expuestas por los “primeros encuestados”, los profesionales que el 7 de octubre se encontraron con lo que ni nos imaginamos en nuestras pesadillas: desde el personal de ZAKA (Identificación de víctimas de desastres), pasando por la Gendarmería y la Policía, y hasta médicos de la base Shura.

Israel expuso ante la ONU testimonios de crímenes sexuales de Hamás.

El fracaso se evidenció no solo en la recolección de pruebas, sino también en el interrogatorio. Resultó ser que combatientes que estuvieron en la zona de la masacre no fueron interrogados sobre crímenes sexuales. Una oficial de la policía de alto rango relató en el informe que durante gran parte del tiempo esa fue una elección consciente, “para que pudiesen preservar un espíritu de lucha fuerte, ya que debían regresar a la batalla”.

Otra oficial de Gendarmería contó a las investigadoras que vio “un montón de bombachas y corpiños tirados en el terreno de la fiesta”. “Nunca se lo había dicho a nadie antes”, reconoce Biton, “porque no le hicieron preguntas sobre indicadores, sino preguntas directas sobre crímenes sexuales. Si preguntas, ´¿viste un ataque sexual?´, la respuesta es ´no´. Pero si preguntas: ´¿viste algo relacionado con mujeres y que te pareció raro?´. Ella de repente te dirá: ´La verdad que sí¨. Y en mi opinión, ese es un indicador de ataques sexuales. Esa oficial no fotografió esas cosas e incluso dio instrucciones a sus subordinados para que no lo hicieran”.

¿Por qué?

“Porque les dijeron: ´Hay que concentrarse en los que viven, el que murió, murió´. Escuché esta cita de boca de combatientes y psicólogos. ´¡Qué importa eso ahora!´, ´¿Qué relevancia tiene en este momento?´. Esas fueron las citas. Hoy en día se habla de casi quinientas mil evidencias digitales acumuladas. No debes buscar una violación grupal en las filmaciones, debes buscar la fotografía de bombachas en el suelo. Es una innovación gigantesca: en estos casos, hay que interrogar sobre indicadores, no sobre crímenes sexuales propiamente dichos”.

Muchos entrevistados contaron que no informaron a nadie sobre las evidencias que fotografiaron en sus teléfonos personales. “Ellos no entregaron a nadie las fotografías que contienen indicadores muy serios sobre crímenes sexuales porque creían que eso atentaba contra la privacidad de la víctima, por ejemplo”, afirma Biton. “Un superior de ZAKA, presente en la escena de la masacre, relató que tiene una galería de fotos terribles en su teléfono y que no sabe qué hacer con eso”.

“Un general me contó que vio a una mujer atada a un árbol, desnuda de la cintura para arriba. Le pregunto: ´¿Qué hiciste?´ y me contesta: ´La bajé de la columna y la cubrí por todos lados. Me resultó importante terminar con su humillación, y por supuesto, no documentarla en esa situación estremecedora´. Yo entiendo la compasión que lo guió, pero eso no contradice la importancia de documentar, siempre y cuando haya reglas claras y éticas sobre cómo hacerlo”.

Hodaya Shaked, una de las socias de la Prof. Biton en el informe, relata: “Uno de los entrevistados señaló ante mí que, durante el relevamiento del lugar y la evacuación de los cuerpos, encontró en una de las casas de la zona afectada un preservativo usado sobre la cama. No se le ocurrió documentar o informar sobre eso. Recién cuando conversamos, vio el asunto bajo otra luz”.

De todos estos ejemplos se desprende la falta de preparación ante el terrorismo generalizado, incluida la violencia sexual, no sólo en el terreno, sino también después, en la base Shura. “Llegaron a Shura cuerpos parcialmente desnudos y nadie documentó eso”, dice Biton, “allí registraron heridas operativas, pero, por ejemplo, si había un hematoma junto al órgano sexual, eso no lo documentaron”.

Nace un concepto: “Atentado de incursión”

La Dra. Naama Samet, especialista en cirugía de boca y mandíbula, además de voluntaria en la identificación de cadáveres hace ya más de una década, se encontró con esta realidad durante el mes y medio que estuvo en Shura identificando cientos de cuerpos. La Prof. Biton y el equipo de investigadoras hablaron con ella y sus palabras fortalecieron sus penosas conclusiones. “A nadie se le ocurrió la idea de ataques sexuales”, comentó, “abríamos las bolsas en la parte superior. En el segundo o tercer día, cuando un hombre de ZAKA empujaba una camilla con un cadáver y lo ayudé a entrarlo, le dije: ´hay algo raro aquí, inestable´. Pensé que había dos cuerpos dentro de la bolsa. Entonces, cuando la abrimos completamente, vi inequívocamente la pelvis rota. Así comprendimos que hubo ataques sexuales”.

¿Esto modificó la forma de examinar los cuerpos?

“No, no había tiempo. En un determinado momento, bajas el telón para poder sobrevivir a todo eso. Recuerdo que hubo dos cadáveres quemados cuyas piernas estaban abiertas. Queríamos identificar los cuerpos, no saber qué les había pasado. Es un error, pero si hubiéramos actuado de otra manera, la identificación hubiera llevado meses. Hubo allí historias terribles”.

Biton continúa: “De repente comprendemos que parte del asunto de la quema de los cuerpos o los disparos a órganos sexuales fue una forma de borronear los crímenes sexuales. Pramila Patten (enviada por el secretario de la ONU para asuntos de violencia sexual en conflictos, que llegó a Israel a fines de enero y posteriormente redactó un informe que confirma que hubo violencia sexual) ratifica que hubo muchos disparos a órganos sexuales, especialmente en mujeres, pero no solamente. Al principio lo comprendimos como una obsesión de ellos por la sexualidad o como un intento de suprimir la sexualidad. Hoy me digo a mí misma que per se eso es un ataque sexual y también puede ser que eso sea un indicador de intento de borronear delitos sexuales graves”.

Entonces, a posteriori comprendemos que los crímenes fueron de un alcance mucho más amplio y que numerosas evidencias fueron sepultadas.

“Por supuesto. Lo demostramos claramente”.

La abogada Shir Bukra, capitán de reserva especialista en Justicia y Seguridad, que hace más de una década se desempeña como oficial en el Cuartel General de la División Gaza, se encontró a sí misma ya al mediodía del 7 de octubre en la comandancia improvisada de la brigada sur. “Como oficial del Cuartel General, viví en carne propia el tremendo caos que reinaba en el terreno durante los primeros días posteriores al ataque. No recibimos instrucciones sobre crímenes sexuales en ninguna etapa”.

“Como alguien que tiene experiencia en la representación de víctimas de crímenes sexuales, a medida que nuestro trabajo en el informe avanzaba y se revelaban ante mis ojos las numerosas lagunas de evidencia, no pude dejar de sublevarme ante lo desperdiciado y por la posibilidad, desaprovechada, que tuvieron las fuerzas desplegadas en el terreno de aportar a la identificación y documentación de crímenes sexuales. Pero es una sabiduría a posteriori. Si hubiera habido algún tipo de conciencia, me queda claro que las cosas se verían de manera diferente”.

Biton: “A mí me impactó un caso, cuando visité uno de los poblados afectados y me encontré con un poblador local. Le pedí que me mostrara los lugares en los que acontecieron las atrocidades. Yo quería estar allí, sentir los olores, escuchar esas voces mudas en cuyos nombres quiero gritar. Y mientras él estaba hablando, entendí que me estaba revelando un indicador fuerte, terrible, de un caso de abuso sexual a dos mujeres, sin que él se diera cuenta. Y cuando lo comprendí, le hice preguntas adyacentes, porque no quería herirlo. Y después seguí investigando en mi casa con mis herramientas, volví a mis entrevistados, comprobé con ellos que lo que escuché era correcto y descubrí que tenía razón en mi apreciación. Y en una conversación con alguien de la policía también comprendí que la policía no sabía sobre eso”.

¿Qué fue lo que dijo y que se constituyó en indicador?

Simplemente dijo algo que no cuadraba con la realidad de la casa en la que estábamos, y era claro que lo que había pasado allí no era lo que él creía, que no tenía explicación para lo que pasó y que contaba una historia que aparentemente todos se relataban a sí mismos. Ellos ven el indicador, pero no lo ven como reflejo de una alta probabilidad de agresión sexual.

Eso te puso en el lugar de una investigadora policial, ¿no?

No, para nada. No estoy aquí para reemplazar a la policía. En cada lugar en el que se nos revelaron historias o nuevas evidencias, dirigimos a todos a la policía. No es mi función, es función de la policía.

En la práctica, Biton y sus socias presentan dos nuevas concepciones en el informe. La primera es que las fallas en la recolección y documentación de las evidencias de crímenes sexuales se debieron a que se trató de un tipo de ataque absolutamente nuevo. La segunda: puede suceder nuevamente.

Comencemos por la primera. Las investigadoras dieron al ataque terrorista del 7 de octubre el nombre nuevo de “ataque de incursión”. “Este suceso es una novedad en el mundo porque se trata de un ataque terrorista de corta duración en suelo de un país soberano de occidente”. dice Biton. “En realidad, se trata de un atentado terrorista de incursión, en el sentido que ellos invaden, deambulan por el terreno, producen resultados devastadores y se van. Los crímenes sexuales en la guerra de Ucrania, por ejemplo, se dieron en el marco de una guerra continua. No se parece a un suceso de incursión, en el que el supra-objetivo es la mayor cantidad posible de muertos y por esa razón, las víctimas son asesinadas sistemáticamente”.

La Prof. Ifat Biton con Joe Biden.

El Prof. Boaz Ganor, presidente de la Universidad de Reichman, fundador del Instituto de políticas contra el terrorismo (ICT) y uno de los mayores expertos en terrorismo del mundo, refuerza estas palabras. “No recuerdo sucesos parecidos en la era moderna, tal vez a excepción del atentado perpetrado por Boko Haram en Nigeria, cuando secuestraron a niñas de una escuela, las lastimaron y las vendieron como esclavas, y vimos a ISIS haciendo esto mismo a los yezidis”.

Ganor se refiere a la aterradora conclusión adicional que surge del informe sobre la posibilidad de que vuelva a ocurrir un ataque de este tipo, esta vez, en otra parte del mundo. “En la historia del terrorismo moderno, los atentados perpetrados contra el Estado de Israel fueron modelo de imitación por parte de diferentes organizaciones. En los años sesenta, Israel fue uno de los países que más sufrió el secuestro de aviones. Después vimos este fenómeno desparramándose por otros sitios, entre otras cosas, porque Israel encontró métodos para neutralizar el secuestro de aviones. Vimos algo parecido en los atentados suicidas que comenzaron aquí en 1992 y una década después se convirtieron en un fenómeno conocido en Europa y EE.UU. Y entonces, se plantea la pregunta si el atentado del 7 de octubre puede ser un modelo a imitar en otros países occidentales”.

¿Y cuál es tu estimación?

“Que es posible imitar un atentado de incursión como este en lugares adyacentes a territorios en los que no hay un control efectivo del Estado. Si se observa a Europa y a EE.UU, aparentemente es poco probable pero, lo que sí vemos es que hay áreas con bajo o nulo control efectivo, incluso en Europa, en los que la policía u otras fuerzas del orden rara vez entran, como el barrio Molenbeek en Bruselas, y también hay barrios como ese en París. Creo que en los próximos años podríamos asistir a atentados de incursión provenientes de barrios dentro de Europa, que sean parecidos en su esencia a lo sucedido el 7 de octubre”.

¿Cuál es el aporte de este informe?

“Tenemos dos aspectos importantes. El primero pone el foco sobre el grave fenómeno de los crímenes sexuales perpetrados el 7 de octubre. El segundo aborda el desafío que enfrentan los socorristas que llegan a una escena gigantesca como esa, de un ataque de incursión, y están ocupados con otras cosas: salvar vidas, combatir y, por ende, no pueden dedicarse a recolectar las evidencias necesarias para demostrar crímenes sexuales. De hecho, todavía hay en el mundo quienes dicen que todas estas afirmaciones son un fraude israelí, y lo que el informe plantea es la importancia que tiene la existencia de protocolos y métodos operativos claros para recopilar las pruebas, junto con todas las demás actividades, para llevarlos a la justicia y también para presentarlos al mundo”.

Dificultades probatorias en el infierno

“Me resultó importante investigar cómo actuaron los diferentes organismos”, dice Biton, “si tuvieron conciencia y qué hicieron. Y la respuesta fue que no tuvieron conciencia y que casi no hicieron nada al respecto. No los critico, era un infierno, la culpa es de quien causó el caos, o sea, Hamas”.

Pero el informe presenta las fallas del Estado.

“Nosotras debemos mirar esto como deficiencias, especialmente la deficiencia de capacidad para imaginar. Lo llamo ´cuando lo inimaginable se convierte en realidad´. Es una pesadilla, por lo tanto, no se puede juzgar a posteriori”.

La Dra. Avidan, del equipo de Biton, enfatiza estas palabras: “Era importante para nosotras no correr el foco de la culpa de Hamas. Es cierto que se podía haber reaccionado mejor en algunos de los casos, si nos preparamos correctamente, en el futuro será posible lograr mejores resultados probatorios”.

¿De qué modo?

Biton: “Por ejemplo, una de las cosas que descubrí es que el único organismo que puede identificar en Israel a ciudadanos muertos es el Equipo Médico Forense. No hay ningún otro organismo autorizado en todo el país para hacer esto. El proceso consiste en la identificación por medio de las huellas dactilares, radiografías dentales y análisis de ADN. Es decir, que el organismo investigador número uno del Estado de Israel se dedicó a actividades para las que era muy fácil capacitar a otra gente para que lo hiciera. Debido a la carga sobre el personal del Equipo Médico Forense, recién un mes más tarde pudieron ir al terreno, después de que las escenas de los crímenes ya habían sido contaminadas, destruidas o dañadas. Esta es, por ejemplo, la historia de la fortificación Nahal Oz, donde fueron asesinados decenas de soldados y soldadas y la mayor cantidad de mujeres. La unidad de reconocimiento del Ejército, que tiene habilidades cercanas a la documentación forense y podría ser un excelente referente para ello en el futuro, ni siquiera alcanzó a ingresar allí, ya que ZAKA había retirado los cadáveres de la escena y los había trasladado a otro kibutz. Un entrevistado me dijo: ´Llegó un momento en el que ya no se podía entender quién era quién´. Esas fueron las dificultades probatorias en el infierno, con falta de coordinación entre los diferentes organismos actuantes, trabajo bajo fuego y temor a los secuestros. Y aun así, cuando nosotras vamos finalmente a hablar sobre los crímenes sexuales, se atreven a preguntarnos ´¿dónde están las pruebas?´”.

¿Algo ha cambiado en los procedimientos desde entonces?

“Mi respuesta es que todavía no. Por eso, creo que es fundamental que el Estado adopte este informe, que los organismos citados en él lo lean, comprendan las deficiencias en su trabajo y que las corrijan. Sabemos que generalmente eso no ocurre por sí mismo. Por esa razón, es necesario un organismo que coordine este tema y supervise realmente la modificación de los procedimientos. Con respecto al exterior, se supone que en el futuro cercano me reuniré con organismos internacionales en EE. UU. para explicarles qué es lo que les atañe a ellos. Estoy trabajando con la embajada para presentar el informe en el Congreso. La representante del parlamento alemán en la ONU me pidió que se lo enviara y hay una coalición de diferentes mujeres políticas, creada por la diputada Sheli Meiron, de Iesh Atid, que quieren ocuparse del tema a nivel internacional.

Impresionante, pero, ¿hasta qué punto el mundo está dispuesto a prestar atención a Israel mientras la guerra continúa?

“Nuestra situación no es deslumbrante, por decirlo de algún modo, y creo que no hay atención mundial a esta cuestión desde el ángulo israelí, y tal vez tampoco desde el ángulo femenino. A quien sí puede interesarle esto es justamente a los expertos en terrorismo de todo tipo y aquellos que luchan contra el terrorismo. También la capacidad de transferir la carga de la prueba a las organizaciones terroristas constituye un cambio conceptual innovador, como hace el informe; es algo que les interesa mucho. En este sentido, creo que hay atención, porque es la atención a una cuestión que tiene implicancias universales. Esto es parte del asunto: explicar que esta es una cuestión universal, no sólo israelí, y como feminista universal es importante para mí proteger a las mujeres dondequiera que estén”.

Aunque las organizaciones feministas del mundo hayan mirado para otro lado.

“Muchas de ellas se comportaron de manera vergonzosa, entre otras cosas, debido a la concepción de que el asunto está relacionado con el conflicto palestino-israelí, que eso no les puede pasar a las mujeres en el corazón de Europa. Ante estas organizaciones, yo no me comporto como alguien enojado con ellas, sino como alguien que critica el incumplimiento del papel que se les encomendó desempeñar. Un informe profesional como este, que explica cómo se debería haber actuado en una situación así, es una herramienta poderosa para abordar el comportamiento vergonzoso de la comunidad internacional, y también una de las herramientas que luego puede ser relevante para el debido proceso. Mostrarlo al mundo es en realidad parte de nuestros nuevos desafíos ante el terrorismo como humanidad. De ninguna manera esta cuestión debe ser relegada a los márgenes”.


[1] Base militar ubicada en el centro de Israel, donde funciona el rabinato militar.

[2] Milicia iraquí shiita.