El olvido de la fraternidad

A parte del mundo progresista parece habérsele olvidado que hay una izquierda política y social en Israel, parte de ella orgullosamente sionista, cuya palabra hay que escuchar y que necesita y merece abrigo moral y político.
Por Gabriel Puricelli

Semanas atrás, en un quincho en Villa Crespo, un profesor israelí compartía con sus interlocutores argentinos el dolor de sentirse crecientemente extranjero en su país. Como si no bastaran la inquietud y la ansiedad acechantes de estar en esa posición en un Israel donde campean los entusiastas de la guerra hasta el final, compartía sus dudas acerca del cobijo que podría encontrar si se alejara de su hogar, preocupado por la pobre comprensión fuera de su país del significado del ataque terrorista contra civiles israelíes del 7 de octubre de 2023 entre la izquierda de la que él se siente parte.

Al reflexionar sobre lo ocurrido en esa charla, el primer reflejo es describir la sensación transmitida como de orfandad. Sin embargo, a poco de pensarlo un poco más, lo que queda en evidencia es el debilitamiento del lazo de fraternidad que debe ser definitorio entre quienes comparten una visión progresista. A parte de ese mundo parece habérsele olvidado que hay una izquierda política y social en Israel, parte de ella orgullosamente sionista, cuya palabra hay que escuchar y que necesita y merece abrigo moral y político.

Exponentes de lo mejor de la sociedad y la intelectualidad israelíes han tenido que impugnar a parte de la izquierda fuera de Israel que parece creer que hay que elegir, como lo ha señalado Eva Illouz “entre la lucha contra la islamofobia y la lucha contra el antisemitismo, entre la censura que señala virtudes y la libertad de expresión, entre el pueblo de Gaza y el derecho de Israel a existir”. Aún si quienes han opuesto esos principios en los últimos meses no representan a la mayoría de la izquierda en sus respectivos países, su voz se ha hecho oír con fuerza en ámbitos académicos, en la arena mediática y en la calle en las principales ciudades del mundo: pocas veces ha sido claramente contrastada con la nitidez necesaria. Dejar la defensa de la indivisibilidad de esos principios a la izquierda israelí, en momentos en que esa sociedad está en guerra y en un tiempo en que la alianza de la derecha y la extrema derecha gobernante en su país encoge el espacio cívico y demoniza a sus opositores, es una deserción del deber de solidaridad que está en el corazón del internacionalismo. Es precisamente este valor fundante de la izquierda como movimiento político, cuya aspiración es caminar hacia la futura humanidad por la que se entona La Internacional, el que termina pisoteado por las retóricas nacionalistas que señalan a Israel y no a los enemigos de la paz dentro de ese país como responsable de la escalada, de la respuesta desproporcionada y de agravar el riesgo al que siguen expuestos los rehenes civiles de Hamás y la Jihad islámica.

Casa en el kibutz Nir Oz luego del ataque del 7/10.

En Argentina hemos visto calificar de “resistencia” los crímenes contra la humanidad cometidos y filmados en directo por las milicias fundamentalistas. Y si eso puede ser visto como el colmo del desvarío, no es menos preocupante que una parte minoritaria pero vocinglera de la izquierda tampoco haya sido capaz de dejar en claro que las acciones terroristas se cometieron dentro de las fronteras legales internacionalmente reconocidas de Israel, dentro de las cuales ese Estado tiene indisputablemente derecho a existir. Tampoco esas reacciones tuvieron en cuenta que el ataque a una rave al aire libre y a una serie de kibbutzim era también un ataque al corazón simbólico de la izquierda y el movimiento por la paz israelí. Este hecho, que no quita ni agrega nada al carácter criminal de las acciones, obligaba, sin embargo, a un máximo de cuidado en los pronunciamientos: los terroristas habían abrazado definitivamente el “cuanto peor mejor” y, en espejo con la política de la extrema derecha israelí, se habían propuesto acabar con todo interlocutor viable y alejar la paz todo lo posible. Pasar por alto esto es también pasar por alto la responsabilidad del Primer Ministro Benjamín Netanyahu y su adopción de una doctrina militar que descartaba la posibilidad de ataques a la frontera sur y concentraba en cambio tropas en Cisjordania para actuar como guardias personales de los colonos israelíes en los desalojos ilegales en los Territorios Palestinos Ocupados.

Si las omisiones y las afirmaciones inaceptables que venimos de señalar son imperdonables por su desconocimiento del derecho internacional y de cuestiones elementales de ética, no lo son menos por suprimir de la historia común de la izquierda el sionismo socialista (con Mordejai Anilevich como uno de sus héroes), cuando en ellas se da por sentado el antisionismo como posición por defecto. Y si bien algunos han intentado débilmente distinguir esta posición del antisemitismo, nada se han preocupado por desmarcarse de quienes se embanderan con esa posición para contrabandear un ethos abiertamente antijudío. Lo mismo debe decirse de la adopción de la consigna de una “Palestina libre desde el río hasta el mar”, abrazada ampliamente más por su tácito descarte de la existencia de Israel que por la quimérica idea de una federación socialista de dos pueblos, que es, en definitiva, una letra chica destinada a no ser leída.

La crítica franca y abierta a estas posiciones debe ir de la mano con la revalorización de las mejores tradiciones del internacionalismo y con la reivindicación del carácter plural y diverso de la izquierda, que también tiene expresiones no sionistas legítimas, y que (no “pero”) debe abrazar los principios del derecho internacional (también) en cuanto a la existencia y soberanía de los Estados.

No hace tantos años, el Frente Grande, que llegó a ser la expresión de la izquierda democrática con más alta votación y representación parlamentaria en Argentina, tuvo como invitado internacional de honor a Víctor Blit (Ben-Dror), entonces Secretario General de Meretz, cuando en 1996 realizó su congreso fundacional. Hoy mismo, el Partido Socialista argentino y aquel partido comparten el foro internacional de la Alianza Progresista. Una voz común tiene que surgir de allí para arropar a una izquierda israelí a la que hay que ayudar a prevalecer en la defensa de la democracia y en la construcción siempre postergada y saboteada de la paz. Desertar de esa obligación es condenarla al doble extrañamiento que se insinuaba en el ánimo de aquel profesor en esa noche reciente de Villa Crespo.