Un día, mi viejo salió y no volvió.
En todo este tiempo, parecemos ser cada vez más invisibles, en una sociedad donde importa poco lo que le pasa al otro y donde vivimos con un ritmo atropellado. Nos movemos tan rápido que olvidamos que solo tenemos el aquí y el ahora.
Nos preocupamos por cosas que quizás nunca sucedan, mientras lo verdaderamente importante pasa desapercibido. Esta es nuestra vida, pero… ¿somos quienes queremos ser?
Elijo vivir. Elijo hacer memoria desde mi lugar, desde donde puedo, aportando mi pequeño grano de arena en una sociedad cada vez más violenta y falta de empatía. Somos los invisibles, porque los muertos siempre parecen ser de otro… hasta que te toca.
En 33 años, no se ha hecho nada en educación para recordar con respeto a cada una de las víctimas del atentado contra la Embajada de Israel. Hemos hecho ruido, desde la Casa de Olivos hasta la Legislatura Porteña y el Ministerio de Educación. Todo para caer en la mismísima nada. Un atentado que no solo fue contra una embajada, sino contra todos los argentinos.
Argentina, un país donde lo malo siempre le pasa a otro… hasta que te toca a vos.