A propósito de un nuevo aniversario de la última dictadura militar argentina.

Los sonidos del silencio. Cantantes y músicos en la mira de los regímenes represivos

Hay en estos regímenes cierta fascinación por lo espectacular, la fama y la adhesión que despiertan los cantantes masivos. En su representación del poder, se trata más de seguimiento emocional del pueblo al estilo fans, y no de ciudadanos portadores de derechos.
Por Ana Wortman

Con frecuencia aparecen imágenes de las nuevas derechas radicales globales asociadas a símbolos del nazismo. Si bien ha pasado casi un siglo de la emergencia del fascismo y el nazismo, ciertas prácticas y apelaciones reaparecen. Tanto en los países que encarnaron el nazismo, como el fascismo y el stalinismo, en particular después de la caída del muro de Berlín, se consensuó la importancia del valor de las libertades democráticas y de la libertad de expresión. Sin embargo, ya hace un par de décadas que en el contexto de la emergencia del neoliberalismo y de la crisis del Estado de Bienestar vemos aparecer grupos neonazis, en particular en países que sufrieron el nazismo como Polonia y otros de Europa Central y Oriental.

 A propósito de las recientes elecciones en Alemania y la buena perfomance de la AFd (derecha radical alemana, con rasgos neonazis) el dueño de la red social X (ex Twitter, Elon Musk) expresó su adhesión, elevando rígidamente el brazo derecho al modo nazi.  Así es como gestos, esvásticas, desconfianza de manifestaciones artísticas en el cine, artes visuales, performances, teatro, música, reaparecen en momentos de crisis económicas, políticas y culturales, y nos remiten a momentos histórico políticos de descreimiento en la libertad -como fueron los oscuros años de la Segunda Guerra Mundial- y de presencia de totalitarismos, fundados en el control absoluto por parte del Estado de la esfera pública y privada

A pesar de que estas derechas globales contemporáneas hagan una exaltación de la libertad, sabemos que lo hacen exclusivamente en el plano de la economía, pero dada la dureza de las medidas que se proponen solo pueden sostenerse a nivel social promoviendo un orden conservador, fundado en el control social, la obediencia, la moral autoritaria, la clausura de la libertad de expresión, el control de los cuerpos y las sexualidades, etc.

En un nuevo aniversario del golpe militar más sangriento y represivo de la historia argentina, como fue la última dictadura militar 1976-1983, nos preguntamos cómo abordarla a la luz de estos resurgimientos autoritarios. Es decir, cómo abordar la dictadura en el contexto actual argentino, gobernado por un presidente  que hace recurrentes formulaciones que nos evocan a los discursos y prácticas de aquellos oscuros años, aunque haya sido elegido a traves de reglas del juego constitucionales y con las instituciones democráticas  vigentes.  Como hemos señalado más arriba, en relación a las derechas globales, el gobierno argentino no difiere de las formulaciones de esas derechas y de los sectores económicos dominantes a nivel mundial.

Si bien en un comienzo el ataque al sector cultural fue vía el desfinanciamiento y cierta identificación de cada uno de sus campos –cinematográfico, literario, teatral, musical- con el gobierno kirchnerista acompañando su caracterización inicial como corrupta, más adelante el ataque ha sido dirigido como nunca antes -desde 1983- contra la libertad de expresión.

Nos preguntamos, ¿por qué este ensañamiento de las nuevas derechas con la cultura y el arte, al estilo nazi? ¿En qué se parecen a esos modelos totalitarios? También nos preguntamos si el ensañamiento, el odio, la persecución, denigración, etc. ha sido y es con todas las artes o con alguna en particular. Así es como observamos un odio singular contra los músicos y sus canciones, tanto en el nazismo, la última dictadura militar y ahora con el gobierno libertario de Javier Milei

Por más que un gobierno odie a la cultura -por ser el ámbito de la imaginación, la creación, el interrogante y la puesta en duda, todo lo contrario a la obediencia que demanda el orden, el poder y el control autoritario- no hay sistema político que no demande la construcción de un orden cultural. Si bien durante unos años los totalitarismos y autoritarismos construyen una escena que legitima el poder, no dura mucho porque su permanencia en general depende de éxitos económicos y/o de su épica guerrera. Ni los nazis lograron construir una cultura nazi, esto es, artistas e intelectuales absolutamente cooptados por el régimen.

En el nazismo, si bien observamos el exilio, persecución, y muerte de artistas de diversos campos, fueron los músicos los más perseguidos, al ser muchos de ellos pertenecientes a la comunidad judía. Esto puede verse muy bien en el excelente documental del antropólogo Ivan Cherjovsky “El exilio de los músicos”, apoyado en la investigación de Silvia Glocer. Paralelamente observamos que la cruel persecución al campo cultural en la Argentina durante la dictadura -listas negras, libros quemados, exilio, desaparición, asesinato- si bien fue en diversos ámbitos, también recayó fuertemente en el campo musical. En el caso del nazismo, ante la censura, persecución, cárcel, muchos músicos optaron por el exilio tanto a EE.UU. como a Argentina.

Como señalan distintos autores que reflexionaron sobre la particular persecución a la cultura de la última dictadura militar argentina, era el campo musical, y sus cantantes los más perseguidos, censurados y prohibidos. El argumento era que músicos y cantantes tenían capacidad de llegar a una importante audiencia, y eso debía temerse porque era un ámbito para contrariar los principios del orden político militar. Además, había ya desde el gobierno militar de Onganía (1966-1969) una particular desconfianza de la llamada cultura juvenil musical. Así se censuraron numerosas canciones de Charly García, Pedro y Pablo, Luis A. Spinetta, las que se consideraban dañinas del alma joven. Del rock nacional se exilaron Roque Narvaja, León Gieco, Ariel Rot, Gustavo Santaolalla, Pappo, Moris, Miguel Abuelo, entre otros.  También hubo una particular persecución del llamado nuevo folklore por su identificación político partidaria de figuras como Horacio Guarany y Mercedes Sosa, quienes también tuvieron que exilarse.

Si bien no observamos enunciativamente una particular persecución a artistas judíos, sí sabemos que muchos de ellos lo eran y que que la represión, la tortura y la denigración fue mayor en los detenidos desaparecidos de condición judía. Del total de los desaparecidos, un 7 por ciento eran judíos, un porcentaje muy alto en relación al porcentaje que representan los judíos sobre la población argentina. 

Notablemente, en el gobierno libertario conservador de Javier Milei también observamos un particular ensañamiento con músicas y músicos, en especial cantantes de gran audiencia. Se asocia a algunas de ellas, en particular mujeres -cuestión no casual dado el carácter misógino y antiderechos de género del gobierno libertario- haber sido artistas identificadas con el gobierno anterior asociado a la corrupción. Así, su permanencia en la escena seria consecuencia no de la calidad y el reconocimiento del público sino del dinero que habrían cobrado, injustamente, de parte del gobierno anterior, apareciendo como “sus” cantantes. Observamos un particular ensañamiento del gobierno argentino actual con cantantes exitosas, de gran audiencia como Lali Expósito y María Becerra quienes no temen manifestar su posición política contraria al Gobierno en sus masivos shows. Habría en estos regímenes cierta fascinación por lo espectacular, la fama y la adhesión que despiertan los cantantes masivos. En su representación del poder, se trata más de seguimiento emocional del pueblo al estilo fans y no de ciudadanos portadores de derechos.  Nunca dejemos de cantar.

Fuentes:

Kater, Michael, (2024) La cultura en la Alemania nazi Editorial siglo XXI

Vitolla, Valentino (2023) “La dictadura militar argentina y la censura: del Rock Nacional al Nuevo Cancionero del folklore” Disponible en https://www.pagina12.com.ar/410446-la-dictadura-militar-y-la-censura-de-la-musica-popular-argen