De Varenikis a Varenikes

La llegada de ciudadanos rusos a la Argentina expone una realidad de la que pocos hablan: la llegada de rusos con orígenes judíos.
Por Ariel Bank

Si uno recorre las calles de Buenos Aires, uno podría encontrar una amplia variedad de oferta gastronómica, cultural y comercial en cada uno de sus barrios. Eso es efectivamente lo que ocurre en Villa Crespo, lugar ampliamente reconocido por la influencia de la comunidad judía en la vida de esta zona. Históricamente ha sido uno de los barrios donde viven los “rusos” como informalmente se ha apodado a la comunidad judía por parte de los que no forman parte de la misma. Sin embargo, hay algo que ha cambiado: abrieron negocios donde se observan banderas de Rusia, con el mapa del país o incluso se puede encontrar un pub con carteles en ruso. Los varenikes ya no se venden exclusivamente en comercios de comida judía ashkenazí sino que también se pueden obtener bajo el nombre de varenikis. Incluso se puede abonar con una aplicación de pagos propia de aquella nación. Uno puede observar parejas jóvenes con bebés conversando en ruso por el Parque Centenario, algo que hasta hace algunos años no era frecuente. Pero detrás de esta oleada migratoria hay un elemento que pasa desapercibido: el arribo de ciudadanos rusos con orígenes judíos.

Anna Stern.

De acuerdo a datos publicados por el Congreso Judío Mundial, en Rusia hasta el 2020 había una cifra cercana a las 155.000 personas reconocidas como integrantes de la comunidad judía. Sin embargo, en Rusia sucede un fenómeno bastante peculiar como es la existencia de muchas personas que tienen sospechas (o certezas) de que en sus antepasados hubo orígenes judíos pero por los sucesivos acontecimientos de la historia, se ha ido perdiendo el lazo con sus raíces. Esto hace que el número de personas que pudieran tener orígenes judíos sea mayor al informado oficialmente. No obstante, hay que agregar otro aspecto a esta historia, ya que también hay personas que han decidido salir de Rusia como consecuencia de la guerra en Ucrania. De hecho, de acuerdo a cifras oficiales del Estado de Israel, más de 40.000 ciudadanos rusos han llegado a Israel en el 2022 (año de inicio de la invasión rusa a Ucrania).

A partir de este panorama es que nos proponemos a conocer dos ejemplos de ciudadanos rusos con orígenes judíos que han encontrado en la Argentina un sitio para reconstruir su vida. Tenemos el caso de Anna Stern, quien con sus 25 años es directora de cine: en marzo del 2022 decidió salir de su país en dirección a Armenia y después a Turquía antes de llegar finalmente a la Argentina. Ella considera a Putin como un “dictador” y en su corta edad solamente ha conocido un solo presidente en su país. Desde su punto de vista, en Rusia uno debe estar preparado para sufrir problemas con la autoridad en el caso de participar en manifestaciones en contra del gobierno. En lo que respecta a su vínculo con sus raíces judías, tiene algunas amistades de la comunidad judía y expresa que podría gestionar eventualmente la nacionalidad israelí (sobre este último punto afirma que hay muchos de sus compatriotas que han avanzado para irse a Israel). Se siente a gusto en Argentina y elogia la calidad de la producción cinematográfica en el país. Tiene intenciones de trabajar en la realización de documentales que puedan reflejar la vida en el país.

Kiril Frolov tiene 46 años y es profesor de Inglés. Al comienzo de la guerra de Ucrania, intentó dirigirse a una manifestación para oponerse a la guerra cuando fue detenido por integrantes de las fuerzas de seguridad. No obstante, fue liberado y tuvo la fortuna de que para ese momento todavía se podía hacer uso de la palabra “guerra” (en la actualidad, oficialmente está penado por ley el uso de ese término para hacer referencia al conflicto con Ucrania). Hay que agregar a la historia que Kiril es integrante del colectivo LGTBQ y expresa que en los últimos años ha aumentado la presión contra este grupo. El gobierno de Vladimir Putin ha adoptado la estrategia de desviar la atención de los problemas de gestión al buscar un “chivo expiatorio”. El colectivo LGTBQ es el grupo elegido por el Kremlin para demonizar. En la medida que la oposición exponía los actos de corrupción en el gobierno y en la medida que se hacen visibles las contradicciones entre la calidad de vida de los ciudadanos y el de los funcionarios, más aumenta la persecución contra la minoría LGTBQ y la propaganda a favor de la invasión a Ucrania.

Kiril Frolov.

Kiril es nieto de Paul Mihnea, poeta que escribió en rumano y en ruso. Debido a las circunstancias de la Segunda Guerra Mundial y después bajo el antisemitismo existente en la Unión Soviética, su familia fue una de las que tuvo que cambiar el apellido para poder progresar en carreras profesionales. El nombre real del escritor fue Pinjas Boruhovich Shilman, quien nació en Besarabia (actualmente Moldavia) en 1921. Sobrevivió a la guerra pero en la postguerra llegó a ser excluido de la Unión de Escritores de la República Socialista Soviética de Moldavia en pleno contexto de purgas del estalinismo contra intelectuales judíos. Después fue rehabilitado y continuó publicando obras que fueron traducidas al ruso. En 1993 recibió un premio de la República de Moldavia por su obra literaria.

Estos son dos casos, pero hay más personas que han venido a este país bajo circunstancias parecidas en los últimos años.  Lo que une a esta inmigración es que en su gran mayoría son jóvenes con estudios universitarios y con algunos recursos económicos que les permite emprender el largo trayecto desde su país natal hasta llegar a Sudamérica. Resulta interesante advertir que -al igual que los inmigrantes rusos de principios del siglo XX-, los jóvenes entrevistados creen que en Argentina se vive con mayor libertad y que es posible hacer una vida, a pesar de los muchos obstáculos que la economía pone en su camino. Ellos observan una oportunidad de rehacer su vida y en ese proceso de reconstrucción es que han encontrado en Buenos Aires el sitio para volver a navegar en las profundidades de sus raíces judías.