En febrero de 1975, un año antes de su muerte, el rabino Louis Finkelstein, profesor del Seminario Teológico Judío de América, le escribió una carta a Hannah Arendt invitándola a celebrar Pésaj: “Me pregunto si le convendría venir al Séder en mi casa este año, como hizo el año pasado”. Arendt respondió: “Iré con mucho gusto”.
La aceptación de la invitación, y la experiencia personal que conlleva, no parecen ser indiferentes al curso de creación de conceptos filosóficos, sobre todo si atendemos a lo que la propia Arendt afirmaba al respecto.
“Siempre he creído que, por abstractas que suenen nuestras teorías o por consistentes que parezcan nuestros argumentos, hay incidentes e historias detrás de ellas que, al menos para nosotros, contienen, en pocas palabras, el significado completo de todo lo que tenemos que decir”

Una década antes, Arendt ya había detenido su atención en el relato del Éxodo, que constituye el argumento central de Pésaj. Efectivamente, en su texto Sobre la revolución -de 1963- recoge dos tradiciones que considera fundamentales en la filosofía política. Por una parte, la narración de Virgilio acerca de los viajes de Eneas tras haber escapado de Troya en llamas; por otra parte, el éxodo de las tribus israelitas desde Egipto. Para Arendt, ambos relatos conciernen en primer lugar al tema de la liberación y en segundo lugar a una libertad futura. También, ambos relatos ligan la futura libertad con un nuevo territorio prometido o con la fundación de una ciudad. Más profundamente, ambas historias plantean la transición entre el fin del orden antiguo y el comienzo del nuevo. Es aquí que Arendt sugiere una distinción que, a la luz de la situación en curso que padecemos en Argentina resulta significativa. Se trata de la distinción entre “liberación” y “libertad”. Mientras que la noción de liberación posee el mero sentido de romper con un dominio o una opresión, la libertad, en cambio, no depende de aquello con lo que se rompe o de lo que uno se libera, sino que supone “la libertad de ser libres”. No hay libertad sin reconocimiento de derechos ni vigencia de las normas democráticas. Por eso mismo, la libertad en un sentido eminente concierne específicamente a la esfera política y a la esfera pública; y no a dominios privados como la economía, por ejemplo.
Finalmente, resulta una perspectiva filosófica relevante para la reflexión actual y situada en nuestro presente, aquella que el gran erudito judío Shlomo Pines -profesor del departamento de pensamiento judío y del departamento de Filosofía de la Universidad Hebrea de Jerusalén desde 1952 hasta su muerte en 1990; y responsable de la versión y traducción más importante de la Guía de Perplejos de Maimónides- vertió en su La liberté de philosopher: “la libertad como término que expresa la revuelta de los oprimidos contra los opresores, es una de las herencias del judaísmo al mundo”.