La  condena de Avraham Burg  a la actual guerra contra Irán

“Estamos entrando en la segunda generación de guerras religiosas en Oriente Medio”, denuncia Avraham Burg, ex presidente de la Knéset, al cuestionar la escalada bélica entre Irán e Israel. En su visión, la confrontación actual expone la creciente teocratización de ambos regímenes.
Por Leonardo Senkman

“ Estoy en contra de esta guerra con  Irán.  No solo porque me opongo a todas las guerras por principio, sino porque este conflicto en particular representa, quizás, la aventura militar más cínica e innecesaria de  Israel hasta la fecha.( A.  Burg 14.6.25)

Avraham  Burg acaba de condenar a la actual guerra : “ Jerusalén vs  Teherán”,  Una segunda guerra religiosa que iniciamos, pero que no necesitamos”, título de la nota en su blog, totalmente desapercibida.

Posiblemente porque su condena parece una aguja en el pajar de exaltaciones patrióticas en todos los medios israelíes que saludan el increíble éxito tecnológico y de inteligencia durante el ataque contundente de  Tzahal al corazón de la estructura nuclear y militar de  Irán,

Mientras todos alaban el uso de aviones de combate y drones explosivos que el  Mosad había introducido previamente de contrabando para neutralizar defensas aéreas iraníes y lanzadores de misiles cerca de  Teherán, una vez más,  Avraham  Burg hace oir su voz crítica.  Avanza va más allá de su conocida trayectoria pacifista, iniciada en el movimiento contra la  Guerra del  Líbano, durante los años 80 y 90.  En vez de ocuparse como los analistas militares y políticos que advierten de una prolongada guerra de desgaste que impondrá  Irán en su represalia de andanadas de cohetes balísticos, el foco analítico de  Burg es completamente otro.

Pensador, escritor y activista por la paz,  Avraham  Burg ocupó diversos cargos públicos, habiendo sido notorio legislador  Burg, ex legislador del  Partido  Laborista, anterior presidente de la  Knéset y de la  Agencia  Judía, usa un argumento para condenar la guerra contra  Irán que nadie recordó antes.  Porque su argumento no es la critica a  Netanyahu por no haber conseguido un ataque conjunto con  USA; tampoco el riesgo de provocar una guerra regional que incendie una crisis petrolera mundial; mucho menos especula si es o no inminente una bomba atómica, aunque expertos y el gobierno de  Estados  Unidos han evaluado que  Irán no estaba trabajando en tal arma.

El razonamiento de  Burg escudriña la lógica fundamentalista del liderazgo de ambos países contrincantes.

“ Estamos entrando en la segunda generación de guerras religiosas en  Oriente  Medio.  La primera comenzó en octubre de 2023, enfrentando a un gobierno israelí plenamente religioso contra el islamista  Hamás.  Ahora llega la segunda: la  República  Islámica de  Irán contra el  Estado  Judío-Democrático de  Israel, donde lo «democrático» se reduce mientras que lo «judío» se vuelve cada vez más rígido y teocrático”, afirma.

Llama la atención en la condena de  Burg la casi total ausencia del tema de seguridad que preocupa a todos los comentaristas: si es limitada o no la capacidad del  Estado de  Israel para retrasar el avance del programa nuclear militar iraní.  Al foco analítico de  Burg le interesa, esencialmente, la peligrosa beligerancia de dos regímenes con líderes teológicos-mesiánicos, tanto en  Irán, como en  Israel:.

“ Los conflictos religiosos, a diferencia de los nacionalistas, son absolutos.  El nacionalismo puede negociar; el fundamentalismo religioso, rara vez cede.  El diálogo entre el judaísmo extremista y el islam extremista se acerca a lo imposible.  Cuando se mezcla con la humillación de la guerra y la derrota, se vuelve casi imposible de reconciliar”

Pero, además, este heterodoxo intelectual pacifistas sabra, observante de preceptos religiosos del judaísmo, advierte de un factor geopolítico que agravaría aún más, la imposibilidad de negociación entre acérrimos enemigos: la retórica liquidacionista de los ultras en ambos países:

“ No se sorprendan si los intransigentes de  Teherán reflejan nuestra propia impulsividad.  Y esto podría convertirse en política oficial iraní: conversaciones sobre «borrar a  Israel», «arrasar  Tel  Aviv».  Después de todo, hemos proporcionado el modelo regional para la violencia desproporcionada y la retórica hiperbólica.  Lo que una potencia regional puede hacer, otra intentará igualarlo” advierte,  Burg (énfasis mío  L  S)

Israel, potencia militar en  Medio Oriente: una critica geopolítica..

En clave completamente geopolítica, el reciente análisis de  Vali  Nasr, publicado en  Foreign  Affairs, (mayo 2025), comenta críticamente el engreimiento de  Israel al jugar como potencia regional en un escenario donde antiguos enemigos árabes del  Golfo y de la península arábiga dejan de ser proxis de  Estados Unidos, y se acercan a  Irán..  Quizas  Burg no alcanzo a leer el lucido análisis de  Nasr, pero muy posiblemente coincidirá con las conclusiones referidas a  Israel, en su crítica al enfoque de  Biden y de Trump, de querer forjar un eje árabe-israelí.  Así, la normalización de las relaciones entre  Israel y  Arabia  Saudita se convirtió en el eje central de la política de  EE.UU. en  Oriente  Medio.  Pero desde que en marzo de 2023,  Arabia  Saudita rompió filas para normalizar las relaciones con Irán, en un acuerdo negociado por  China, un nuevo eje se propone frenar el anterior galvanizado por  Israel y  EE.UU. Un beneficio inmediato fue, desde entonces, el fin de los ataques hutíes contra  Arabia  Saudita y los  Emiratos Árabes  Unidos

La escena se trastocó rápidamente luego de la guerra interminable de  Israel en  Gaza.  Desde que  Trump asumió la presidencia,  Omán,  Qatar,  Arabia  Saudita y los  Emiratos Árabes  Unidos se han mostrado en contra de una guerra contra  Irán, y empezaron a actuar como mediadores entre  Teherán y  Washington.  La razón más obvia del cambio es el temor a las consecuencias que una guerra en el  Golfo podría tener para sus economías petroleras. ( Vali  Nasr,  Foreign  Affairs, mayo 2025)

No sorprende, pues, que el primer país árabe en condenar la guerra desatada por  Israel, haya sido  Arabia  Saudita , que apeló a la «gran responsabilidad» que tienen la comunidad internacional y el  Consejo de  Seguridad de la  ONU para «detener esta agresión».

En un nivel más neurálgico,  Arabia  Saudita y otros países del  Golfo consideran que un acuerdo nuclear, no la guerra, resulta fundamental para lograr un nuevo equilibrio de poder en  Oriente  Medio.

Lamentablemente, las pretensiones de gran potencia regional de  Israel amenazan ese nuevo escenario en ciernes, al confiar en su absoluta superioridad militar y estar dispuesto a usarla para afirmar su hegemonía en  Oriente  Medio.  Además de expandir la ocupación de  Gaza destrozada completamente,  Israel ha estado imponiendo su voluntad en el sur del  Líbano y llevando a cabo incursiones militares en amplias franjas de  Siria.  La conclusión del análisis de  Nasr, que escribió antes del ataque de  Tzahal a  Irán, es contundente:

“ Los líderes del  Golfo desean un orden regional que restrinja tanto a  Irán como a  Israel, a la vez que fortalezca a sus propios gobiernos.  Es este imperativo de equilibrio el que ha convertido recientemente a los aliados de  Washington en el  Golfo, de antiguos opositores a un acuerdo nuclear, en firmes defensores.  En su opinión, un nuevo acuerdo entre  Irán y  Estados  Unidos negaría a  Israel una vía hacia una guerra con  Irán que podría extenderse a sus costas, y entonces solo confirmaría la supremacía regional sin límites de  Israel.  A su vez,  Irán, ansioso por cerrar un acuerdo nuclear para evitar la guerra, e impulsar su debilitada economía, se ha vuelto cada vez más dependiente de los países del  Golfo para gestionar la administración  Trump y mantener las negociaciones en marcha”.( Vali  Nasr, citado precedentemente)

Obviamente, la guerra desencadenada por Israel contra  Irán está a punto de hacer saltar todo el tablero, con consecuencia imprevisibles. Por empezar, el destino de los rehenes israelíes en  Gaza hoy peligra muchísimo más que antes: la guerra más prolongada de la historia de  Israel se extenderá “sine die” debido a la guerra de desgaste entre dos potencias militares regionales en el  Medio  Oriente. Una guerra sangrienta que ya abortó la programada iniciativa de  Francia y  Arabia  Saudita de reunir a líderes mundiales en  Nueva  York a fin de mes para avanzar en el reconocimiento del  Estado palestino, eliminando obstáculos para la solución del conflicto en base a dos  Estados.

Aunque llamó a la desescalada de la guerra, sin embargo el presidente francés reafirmó “el derecho de  Israel a protegerse y asegurar su seguridad”.  El mensaje oficial en su cuenta  X. recuerda que “ha condenado en varias ocasiones el programa iraní en curso y ha tomado todas las medidas diplomáticas necesarias en tal sentido”

Posdata

Los millones de israelíes que corren varias veces al día a las habitaciones selladas, o refugios públicos al sonar las sirenas, no tienen tiempo (ni ganas) de estar informados fuera de escuchar atentamente al vocero de  Tzahal. Pero las últimos muertos y heridos les está mostrando que  República  Islámica cumple sus advertencias, y mantiene en vilo a la población del Estado judío a golpe de misiles cada vez más letales.

Horas antes del ataque a  Irán, a los israelíes no les interesaba saber que la resolución que la  ONU adoptó el jueves que exige un alto el fuego inmediato, incondicional y permanente en Gaza, al igual que la liberación inmediata de todos los rehenes, la entrada de ayuda humanitaria irrestricta, y la rendición de cuentas de parte de  Israel.  El texto -impulsado originalmente por  España y  Palestina, que luego obtuvo el patrocinio de más de una veintena de países-, logró 149 votos a favor, 12 en contra ( Estados  Unidos,  Israel,  Argentina y  Paraguay entre ellos) y 19 abstenciones.

Foto de perfil en X de Abraham Burg

Tampoco les interesa saber a los israelíes que el viernes a la madrugada, inmediatamente después del ataque relámpago israelí,  Arabia  Saudita, gran rival sunita del país persa chiita, fue el primer estado en condenar los bombardeos de  Tzahal.  Muy sugestivo es el comunicado oficial del  Ministerio de  Exteriores saudí que expresó su «enérgica condena y denuncia de las flagrantes agresiones israelíes contra la hermana  República  Islámica de  Irán, que socavan su autonomía y seguridad y constituyen una clara violación del derecho y las normas internacionales».

Recordemos: ambos,  Biden y  Trump, apostaban siempre de que el futuro eje  Tel  Aviv-Ryad iba a constituir la alianza estratégica de  EE.UU.- Israel para derrotar a  Irán. Pero la guerra iniciada arruina éste y otros planes estratégicos norteamericanos, para un nuevo orden de equilibrio internacional en  Medio  Oriente.

Curiosamente,  Burg y  Nasr – de miradas disciplinarias e intelectuales tan diferentes-, coinciden en criticar discursos hiperbólicos de ambas potencias regionales en guerra, y renuentes a desescalar sus mortíferos ataques.

Deseo cerrar esta nota, empezada con una reflexión ética de  Avraaham  Burg, con la reflexión ética del jurisconsulto y activista de derechos humanos israelí  Michael  Sfard: “ No tengo ni idea de si  Irán ha decidido realmente fabricar la bomba.  Incluso si se hubiera tomado esa decisión, desconozco cuánto tiempo les habría llevado fabricarla.  No sé si la única manera de evitar que  Irán se vuelva militarmente nuclear es iniciar una guerra contra esta antigua nación, e incluso después de que la guerra haya comenzado, desconozco si nuestros ataques tendrán algún efecto en su programa nuclear.  Pero sí sé firmemente que ninguna guerra con  Irán borrará nuestros crímenes en  Gaza.  No debemos quitar nuestros ojos sobre ellos.” (  M, Sfard, Haaretz, 15/6/25).

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