El fallo de los cortesanos, previsible y anticipado por “comunicadores y medios independientes”, configura el último baldón de una justicia venal, abyecta y parcial. Parafraseando a los reformistas del ’18, el país cuenta con una vergüenza más y muchas libertades menos. Una causa definida tiempo atrás como una “aberración” por el propio ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, y que conduce a una peligrosa deriva autoritaria.
Los cortesanos, poco originales, juzgaron por “íntima convicción”, como el juez Moro en Brasil. Su temeraria sentencia ha clausurado una etapa —la iniciada en diciembre de 1983—, vaciando de contenido a una democracia que, con la proscripción de la principal dirigente de la oposición, se ha transformado en una cáscara vacía.
En tanto, “Toto”, el “Messi de las finanzas”, nos ha vuelto a endeudar para regocijo de sus socios y amigos de la banca y la timba financiera. Esta vez por 9.000 millones de dólares, que debemos sumar a los 20.000 millones del FMI en abril pasado, a los 1.500 millones otorgados por el Banco Mundial para “fortalecer la agenda de reformas económicas”. Y seguimos sumando en una espiral de endeudamiento que parece no tener fin.
Juan Manuel Barca explicaba en “el gran diario argentino” las medidas que iba a anunciar el “Totoministro”:
“En medio de las dificultades para comprar reservas y la necesidad de sostener el esquema de dólar ‘barato’ previo a las elecciones… un paquete de medidas destinado a captar hasta US$ 7.000 millones mediante la emisión de deuda, el cierre de un préstamo con bancos privados y la emisión de un bono para absorber los pesos que las empresas tienen atrapados en pagos de deuda comercial y utilidades sin girar.”
El nuevo préstamo —US$ 2.000 millones, a devolver en abril de 2027— es con una tasa SOFR (usada para los préstamos interbancarios en el mercado estadounidense) más un plus de 450 puntos básicos, lo que “equivale a un 8,25% anual”: el doble o más de la tasa de interés a la que acceden crediticiamente los países emergentes, que fluctúa entre el 3% y el 4,5%. Lo que se dice un negoción… para los prestamistas, claro.
La Secretaría de Finanzas ubica —a noviembre de 2024— la deuda pública en US$ 464.258 millones, un 25% más que un año antes, cuando era de US$ 370.673 millones. Si bien el stock de deuda en moneda extranjera se mantuvo casi sin variantes desde entonces, lo que ocurrió fue un fuerte crecimiento de los compromisos en pesos, que pasaron a significar el 45% del total y totalizan $209,9 billones. Estos números no incluyen al Banco Central, que a comienzos de año emitió unos inéditos bonos en dólares (Bopreales) para saldar las divisas que la entidad debía a los importadores desde fines del año pasado.

Este festival de deuda se da mientras el gobierno festeja el dato de inflación —1,5 %— de mayo: “el más bajo de los últimos cinco años”, como señalaron en consonancia con la Casa Rosada la mayor parte de los medios “independientes” en sus portadas. Pero hay otros números que obligan a ser cautos y no condicen con la euforia oficial.
La Unión de Kiosqueros de la República Argentina alertó que el “número de establecimientos se redujo en doce meses de 112.000 a 96.000”. Un derrumbe del 14,2%, acompañado de una caída en las ventas del “40% en comparación con junio del año pasado”, según señala un informe de la UKRA dado a conocer a principios de junio.
La consultora Scanntech, con información proveniente del procesamiento de más de tres millones de tickets mensuales de supermercados y establecimientos afines, reportó que en abril pasado facturaron un 10,5% menos que en marzo y un 1,5% menos que el mismo mes de 2024. El trabajo revela que “la cantidad de tickets cayó, tanto en la comparación interanual (7,2%) como en la relación intermensual (4%), y que el consumo se derrumbó no solo en los supermercados sino en el resto de los formatos respecto a marzo”.
El INDEC, en el informe del bimestre marzo/abril, informó una contracción de la actividad industrial del 4,5%, mientras que la construcción sufrió una caída del 4,1%, según el mismo organismo. Por su parte, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) señala que las ventas de las PyMEs minoristas experimentaron un retroceso del 2,9% en mayo, en comparación con el mismo mes de 2024, medidas a precios constantes. En términos mensuales, la situación tampoco muestra signos alentadores. La comparación desestacionalizada entre mayo y abril arroja una contracción del 0,7%, lo que consolida una tendencia negativa.
El sector de alimentos y bebidas lidera el desplome, un dato que tiene como correlato el aumento de las familias que no llegan a fin de mes. Una encuesta de Fixxer revela que el panorama familiar se ha complicado significativamente. Mientras en enero el 65% de los consultados afirmaba que llegaba “bien o justo” a fin de mes, en mayo esa cifra se redujo al 52%. En paralelo, el porcentaje de quienes tienen dificultades para llegar a fin de mes creció del 34% en enero al 46% en mayo. Un “alarmante 77% tuvo que restringir sus gastos en el hogar, sea porque está eligiendo cuidar más sus ingresos o porque directamente no le alcanzan”. Este último sector viene creciendo desde enero, y pasó de un 40% a un 49% en los últimos meses.
Luis Campos, investigador del Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma, publicó que durante el tercer mes del año “se destruyeron 9 mil puestos de trabajo formales con relación al mes de febrero, de los cuales 7.310 corresponden al sector privado”. “A nivel sectorial, el golpe más feo se lo pegó la industria. Se perdieron un poco más de 4 mil puestos de trabajo solo en marzo.” El salario en el sector privado cayó por tercer mes consecutivo. Según la Secretaría de Trabajo, perdió casi un 4% en los últimos tres meses y volvió a los niveles de noviembre de 2023.
En tanto, lejos —muy lejos— de Argentina, el presidente @javiermilei felicitaba al “mejor ministro de Economía de la historia argentina… por lejos…”. Lo hacía en medio de su gira de 10 días por Italia, Vaticano, España, Francia e Israel. Justamente allí, en Israel, mientras el showman paleolibertario firmaba el “Memorándum de entendimiento por la democracia y la libertad”, el primer ministro Benjamín Netanyahu daba la orden del ataque a Irán que comenzaría horas después.
Curiosa “democracia y libertad” la de nuestro mandatario. Se reúne, acuerda y reza en el Kotel —muro de las Lamentaciones, lugar más sagrado del judaísmo— con Netanyahu, quien es requerido por la Corte Penal Internacional como “presuntamente responsable de los crímenes de guerra de hacer padecer hambre como método de guerra y de dirigir intencionalmente un ataque contra la población civil; y de los crímenes de lesa humanidad de asesinato, persecución y otros actos inhumanos desde al menos el 8 de octubre de 2023 hasta al menos el 20 de mayo de 2024”.
Como señalé hace un tiempo, cuando la anterior escalada bélica entre Israel e Irán: si el showman paleolibertario quiere ir a la guerra, que lo haga. Que lo acompañen quienes quieran hacerlo. Su sobreactuación ultraideologizada pone a nuestro país en el ojo de la tormenta y nos involucra en un conflicto que ocurre a 12.000 km de nuestras fronteras. Una postura que contrasta con la opinión mayoritaria de quienes habitamos este país y bregamos incansablemente por tiempos de paz y hermandad entre las naciones.
Rápido repaso de algunas de las cosas que pasan en Mileilandia. En tanto oportunistas y pusilánimes escupen su odio, la infamia pasea a sus anchas por doquier, y los brutos con iniciativa aplauden los fastos de una fiesta a la que no están invitados.