El convenio previsional entre Argentina e Israel merece una única interpretación posible: según el sitio web de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES), “las personas que trabajaron en relación de dependencia o de forma autónoma en alguno de los países con los que Argentina tiene un Convenio Internacional vigente y realizaron los aportes respectivos a los sistemas de la Seguridad Social” pueden tramitar su jubilación, prestación por edad avanzada, retiro por invalidez, pensiones por fallecimiento, entre otros beneficios previsionales que otorga el organismo. La ANSES también informa que nuestro país mantiene convenios similares con otros 15 países[1]. ¿Qué implicancias tienen estos convenios? Se trata de acuerdos en materia de Seguridad Social por los cuales se establecen los requisitos mínimos que deben reunir las personas que trabajaron, por ejemplo, en Argentina y en Chile, para que se les reconozcan los períodos de aportes en ambos países, y así poder acceder a las prestaciones previstas en las legislaciones de cada uno de los Estados suscriptores. Los datos de la seguridad social son elocuentes: hay casi 13 millones de trabajadores registrados en nuestro país, tanto asalariados (en los sectores privado o público), como independientes (monotributistas o autónomos), o en el régimen de casas particulares[2] que realizan aportes a la Seguridad Social, lo que permite solventar las jubilaciones y pensiones de unos 7,8 millones de beneficiarios actualmente cubiertos por la ANSES[3], muchos de los cuales perciben beneficios proporcionales por haber trabajado en otros países (la ANSES no publica ese desglose de beneficiarios por convenio bilateral). Con la entrada en vigor del convenio previsional entre Argentina e Israel, se repara una situación injusta para miles de compatriotas que residen en Israel (comunidad que a la fecha se estima en 60 mil personas); y a la inversa, ANSES podrá reconocer el derecho a la jubilación de apenas un puñado de israelíes radicados en nuestro país. A pesar de la justicia de esta medida, su publicación desató una catarata de indignación y noticias falsas en torno a las “intenciones ocultas” de uno y otro gobierno. Pero, analizado en términos comparativos, lo que realmente debería provocar escándalo es el hecho de que no existe convenio bilateral con Venezuela, siendo que residen en nuestro país más de 160 mil inmigrantes[4] que, al momento de alcanzar la edad jubilatoria, no podrán computar los aportes que hubieran realizado en su país de origen.

Mentiras con patas cortas
En los días siguientes a la entrada en vigor del convenio previsional con Israel, la actividad en redes sociales y en algunos medios de comunicación fue febril, reaccionando con particular ferocidad a una información tergiversada que se viralizó en el contexto de la visita del presidente Javier Milei a Israel, y los ataques de la Fuerza Aérea de ese país a instalaciones nucleares e infraestructura militar en Irán en los días subsiguientes. En posteos de usuarios de la red social X (ex Twitter) y sus comentaristas, se pudieron leer falsedades refutables sólo con ingresar al Boletín Oficial y a la web de ANSES: “Milei quiere traer israelíes a la Argentina, darles la nacionalidad y planes sociales. Para los sionistas hay, para los jubilados y los niños hambrientos de Chaco, no” (@mconurbasic, fecha: 16/06); “Este gobierno de cipayos antiargentina le dará planes sociales a jóvenes israelíes. Es gracioso porque son los mismos que recortan en el Garrahan, en ciencia, en salud, en infraestructura” (@nochequeable, fecha: 13/06); “Planes sociales para israelíes, sí. Tal cual lo lees. No es delirio, es norma y figura en el Boletín Oficial. Una cosa es ser ignorante y la otra negar la realidad” (@srtachoripan, fecha: 18/06). Lo más notable es que muchos de estos posteos estaban acompañados de la normativa denostada, la cual no parece haber sido leída ni revisada por ninguno de estos activos foristas.
Capítulo aparte merece el proyecto de ley presentado el 18 de junio pasado por la diputada nacional Vanina Biasi (FIT), para derogar el convenio entre Argentina e Israel “por constituir un compromiso de asistencia previsional a ciudadanos de un estado genocida que viene desenvolviendo una limpieza étnica en la franja de Gaza.” Por malicia o ignorancia, la diputada afirma que “Milei ratifica la posibilidad de otorgar pensiones y jubilaciones a ciudadanos israelíes que residan en Argentina, mientras se les niega esa posibilidad a miles de argentinos adultos mayores que por no completar 30 años de aportes no podrán jubilarse sin la extensión de la moratoria previsional”;[5].
Pero ¿por qué la crítica frontal a este convenio, y no a los que la Argentina mantiene con otros países? Hay aproximadamente 400 mil argentinos residiendo en España de manera permanente, y otros 200 mil en la misma condición en Italia. Muchos de ellos se jubilarán en sus actuales sitios de residencia, y para ese trámite se les computarán los años de aporte que hubieran realizado en nuestro país. Sin embargo, no se han oído críticas al respecto, ni se han presentado proyectos de ley para la derogación de dichos convenios…
Del showman al topo
Desde hace ya varios años, puntualmente desde que el entonces panelista, luego diputado nacional, y actual presidente de la nación irrumpió en la arena público-mediática, Nueva Sion viene ocupándose del tema, de las múltiples interpretaciones y lecturas que el “fenómeno Milei” suscita, y de los impactos que sus palabras y acciones de gobierno provocan sobre la percepción social en torno a lo judío. Miles, decenas de miles, o quizás millones de argentinas y argentinos —de una amplia diversidad social, cultural e ideológica— están convencidos, erróneamente, de que Milei es definitivamente judío: viaja reiteradamente a Israel, llora ante la tumba del rebe, postea tuits en hebreo, usa kipá, baila con unos “barbudos” claramente estereotipados como judíos, se conmueve ante el Muro de los Lamentos… Convengamos que es difícil clasificar a este personaje con ideas extravagantes (por lo extremas, anticientíficas y reaccionarias), con un carácter irascible que lo convierte en una especie de showman de verba violenta y despiadada (sobre todo cuando de mujeres se trata), y que experimenta una suerte de epifanía judaica sin antecedente alguno en la historia política argentina.
El gobierno de Milei viene ejecutando un profundo plan de ajuste con elevados costos sociales. Su programa explícito consiste en destruir al Estado “desde adentro”, salvando aquellas intervenciones que garanticen —a costa de blanqueos de capital, emisión descontrolada de deuda y transferencia regresiva de ingresos— la renta financiera para el capital especulativo de corto plazo. La inversión pública en infraestructura, la promoción de la producción local, el financiamiento de la salud y la educación, bien gracias: en la ecuación insostenible del “primer presidente anarco-capitalista de la historia”, aquello que no produzca un rédito económico, no resulta “socialmente necesario o deseable”. La resistencia social se viene expresando en la protesta en las calles, la cual es reprimida con inusitado salvajismo. Con una oposición que aún ensaya el modo de rearticularse, muchas personas buscan orientación política en las redes sociales, espacios de circulación del discurso en la actual etapa del desarrollo tecnológico. Pero la pereza, o la velocidad de los acontecimientos impide el ejercicio necesario de cualquier sujeto crítico: leer el contexto, cotejar las fuentes de información, analizar los hechos, e intervenir políticamente en la arena pública (o virtual). Confundir un convenio previsional —aprobado por el Congreso de la Nación el 8 de septiembre de 2021, siendo entonces el Frente de Todos la fuerza mayoritaria— con un programa de entrega de la soberanía es perfectamente compatible con el prejuicio reaccionario de la derecha clásica; pero resulta imperdonable para el pensamiento progresista.
Falacias ajenas asumidas como verdades propias

Muchos de los posteos originados a partir de la implementación del convenio previsional con Israel, señalaron a la medida como parte de una “estrategia invasiva del sionismo”. En paralelo circularon imágenes del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu con un papel ilegible sobre su escritorio —interpretado, por parte de los más “sagaces internautas”, como un mapa de nuestro país—, el cual resultaría la “prueba irrefutable” del programa de colonización puesto en marcha, que incluye la presencia de “agentes israelitas” (sic) que desde hace años estarían realizando tareas de prospección en la Patagonia, de acuerdo con un plan diseñado hace 130 años por Teodoro Herzl. Que la tradicional derecha nacionalista judeófoba vea en Milei al representante del “sionismo colonizante” que viene por la Patagonia y sus recursos naturales, vaya y pase: no exigimos apego a la verdad a un sector que viene mintiendo y distorsionando los hechos desde que nuestro país recibió a los primeros inmigrantes judíos, hacia la segunda mitad del siglo XIX. Lo realmente preocupante es que los postulados conspiranoicos de El Plan Andinia —aquel líbelo antisemita publicado hace 60 años— sean hoy retomados por una parte del progresismo, que ve en el programa de gobierno de Milei y en su afinidad con los sectores más reaccionarios de occidente, la confirmación de una falacia que deberían combatir. No es necesario recurrir a cualquier argumento descabellado para oponerse a las políticas de Milei, o para denunciar la brutalidad de su gobierno.
[1]https://www.anses.gob.ar/jubilaciones-y-pensiones/regimenes-jubilatorios/como-obtener-mi-jubilacion/prestaciones-por-convenio-internacional
[2]https://www.argentina.gob.ar/trabajo/estadisticas
[3]https://www.anses.gob.ar/estudiosyestadisticas
[4]https://censo.gob.ar/index.php/paraguay-bolivia-y-venezuela-son-los-paises-con-mayor-representacion-inmigrante-en-la-argentina/
[5]https://www.diputados.gob.ar/comisiones/permanentes/cpyssocial/proyecto.html?exp=3230-D-2025