Las horribles imágenes que hace casi 2 años nos llegan desde Israel y Gaza, son una pesadilla que no cesa, que nubla la razón y agita las más básicas pasiones humanas. Las más nobles y las más siniestras.
En el contexto de las monstruosidades de las que nos enteramos cotidianamente, se están desarrollando una serie de tergiversaciones ideológicas muy peligrosas -producto de la manipulación política y la guerra sicológica en la que muchos actores están jugando-, portadoras de valores oscurantistas e in-humanos, que requieren con urgencia un amplio proceso de reflexión crítica. Para aportar a ese proceso, queremos abordar brevemente tres cuestiones que están siendo fuertemente tergiversadas:
- la legítima defensa de la existencia del Estado de Israel, transformada en defensa acrítica de delitos aberrantes contra el pueblo palestino,
- la legítima crítica y denuncia de las acciones criminales en Gaza y Cisjordania del Estado de Israel, transformada vía del difuso “anti sionismo” en contrabando de odio antisemita,
- y la legítima lucha por los derechos nacionales del pueblo palestino, transformada en apología del fundamentalismo islámico más reaccionario.
¿Todo es antisemitismo?
Por supuesto que el conflicto israelí-palestino no empezó el 7 de octubre de 2023. Tiene una larga historia, de más de un siglo.
En las últimas décadas, en coincidencia con la creciente predominancia del pensamiento nacionalista de derecha en la sociedad israelí, la tendencia a “menospreciar” el tema palestino creció, amparada en una aparente indiferencia general hacia los derechos palestinos, tanto en occidente, como en el mundo árabe.
El nacionalismo palestino, representado por la Organización para la Liberación de Palestina, y encarnado institucionalmente en la Autoridad Nacional Palestina, surgida con posterioridad a los acuerdos de Oslo (1993) gobierna Cisjordania, y ha sido constantemente boicoteado por los gobiernos de derecha israelíes. El fundamentalismo islámico expresado por el movimiento Hamas tomó el poder en la Franja de Gaza en junio de 2007, es el que planificó la masacre de octubre de 2023 en el sur de Israel, masacre y pogrom que reflejan su filosofía y su modus operandi, como ya veremos más adelante.
A partir de ese momento, la reacción oficial israelí, amparada por el estado traumático de la opinión pública luego de la masacre despiadada de 1.200 ciudadanos, puede ser divida, tentativamente, en tres momentos diferentes:
1ª etapa: reacción militar y contraataque, apoyadas en un lógica universalmente aceptada a nivel internacional: de defensa del territorio y la represalia contra los agresores.
2ª etapa: guerra de venganza y punición, aceptada por parte importante del espectro político israelí -en shock por la matanza del 7 de octubre-, con creciente rechazo en la opinión pública internacional, pero con aval directo o indirecto de gobiernos occidentales. Comienza una tarea de demolición de áreas enteras de la franja, y de desplazamientos forzados de la población. El relato oficial del gobierno derechista habla de que “la derrota del terrorismo necesita tiempo para fructificar”; pero los supuestos logros en materia de derrotar al aparato militar de Hamas se estancan, mientras su profundiza y agrava el desamparo y la muerte masiva de la población civil, que sufre decenas de miles de bajas.
3ª etapa: luego de varios duros escarceos militares con otros frentes que hostigaban a Israel desde otras fronteras (incluido Irán), se va develando un objetivo hasta ese momento no explicitado de la guerra: la refundación total de la realidad de la Franja de Gaza. Ya no se trata de “erradicar a Hamas”, sino de la evacuación completa de su población, para asentar colonos israelíes (propuesta del ala más extremista del oficialismo israelí) o de crear un “resort” internacional (propuesta insólita del presidente Trump de Estados Unidos), libre de población palestina. Egipto y Jordania rechazan inmediatamente ser los receptores de la población a expulsar. Esta etapa, en donde se explicitan abiertamente objetivos de limpieza étnica, resignifica la evolución que siguió la acción militar israelí en la segunda etapa, ya que va completando la obra de destrucción de la infraestructura vital de la zona, prolonga el sufrimiento indecible y la privaciones de la población, al crear una situación de hambruna dosificada, y trata de construir un sentimiento de “no futuro” entre la población gazatí. Aquí comienza a emerger una creciente oposición política en la sociedad israelí.

En Cisjordania, en donde hubo violencia palestina organizada, desde octubre del 2023 parece haber manos libres para que los colonos ultraderechistas ataquen aldeas y los cultivos de campesinos palestinos, generando verdaderos pogroms contra población palestina indefensa. Las autoridades israelíes a cargo del control de esas áreas son indiferentes o cómplices de los desmanes. Allí también la situación es inaceptable desde el punto de vista de los derechos humanos, y es ampliamente denunciada y documentada por organizaciones palestinas e israelíes.
El gobierno israelí, cuyo linaje intelectual es comparable con otras ultraderechas internacionales, pretende cubrir sus acciones aberrantes -inspirados en visiones nacionalistas-mesiánicas- con la excusa de que son “cuestiones de seguridad nacional”. Pero hace rato que la operación en Gaza se transformó en otra cosa, en una masacre y punición colectiva con fines de expulsión territorial, que no puede ser dejada pasar por la parte civilizada de la humanidad.
La segunda línea de protección de esta operación es la de acusar de antisemitas a todos, incluidos los verdaderos demócratas, que denuncian lo que ocurre en Gaza y llaman a la finalización inmediata de las acciones bélicas y al rápido alivio de la situación gravísima que se vive en la zona.
Netanyahu, su gobierno, y sus aliados más estrechos como Trump, están usando la palabra “antisemitismo” con fines represivos, extendiendo el sentido de la palabra a las críticas fundamentadas a la barbarie de Gaza. En Estados Unidos, la administración republicana usa “antisemitismo” como se usó la palabra “comunismo” en la época de la guerra fría, contra los demócratas, liberales y progresistas que se oponen a las violaciones a los derechos humanos en Gaza.
Ya son numerosas, en esta etapa, las voces judías que en Israel y en diversos países de mundo, tanto desde el ámbito de los derechos humanos, el mundo académico, la cultura, la intelectualidad y desde espacios políticos no alineados con el oficialismo israelí, han empezado a rechazar indignadamente todo lo que se está haciendo en nombre de la supuesta seguridad nacional israelí, y condenando a la masacre en Gaza de diversas formas, incluso definiéndola como genocidio.
Aprovechando la volada, hacen verdadero antisemitismo
No es este el lugar para realizar una reseña histórica del fenómeno antisemita. Baste decir que no es algo novedoso, ni eterno. Responde en diversas épocas a conflictos profundos de las sociedades, pero está lejos de ser el único cáncer ideológico que refleja prejuicios, odios y proyectos reaccionarios. El mundo está atravesado de racismos, discriminaciones y persecuciones.
El conflicto que nos ocupa tiene la capacidad de movilizar a la opinión pública de buena parte del mundo, en general impactada por el dramatismo de las escenas en Gaza y el dolor de las familias palestinas. La propaganda emanada del aparato gubernamental israelí trata de generalizar sobre estas manifestaciones tildándolas unánimemente de antisemitas, uso ilegítimo del término y con el efecto negativo de banalizar al mismo.
Pero no puede dejar de reconocerse la aparición de múltiples formas de expresión en las redes y otros ámbitos sociales, en donde se intenta emparentar los crímenes de guerra con la “esencia” de Israel, y al Estado de Israel como representación global del judaísmo.
Se reflota ahora la nefasta teoría del pueblo deicida, transmutada ahora bajo la forma del pueblo genocida. Se generaliza la responsabilidad política del gobierno israelí a toda su sociedad, y se salta de allí a todos los judíos del mundo. Se reflotan teorías sobre el dominio judío mundial (como en “Los Protocolos de los Sabios de Sión”, panfleto de la policía zarista), para interpretar la situación bélica israelí, y el apoyo de otro personaje banal y peligroso, el presidente de los Estados Unidos. Se llega a inventar vínculos insólitos entre la empresa de aguas israelí Mekorot, con un supuesto proyecto de ocupación judía de regiones de Argentina (el “Plan Andinia” escrito por fascistas locales), o de control de las fuentes de agua de nuestro país.
Se ha afirmado, burdamente, que Argentina estaría sometida a tres imperialismos, el de EEUU, el del Reino Unido, y el de Israel, debido a la enfermiza vinculación de Milei con una secta judía retrógrada. Comparar un imperialismo en serio -el norteamericano- con la módica influencia israelí en ciertos factores de poder, es ya estar asignándole a los israelíes poderes enormes, de los que carecen. Milei, se ha dicho, estaría “entregando la Argentina al dinero judío-sionista”, afirmación que canaliza el repudio a la política antisocial de Milei, y la percepción del carácter cipayo de su gobierno, contra el “capital judío”. Goebbels no lo podría haber fraseado mejor.
Con el escudo de “lucha contra el sionismo”, movimiento histórico que incorrectamente es usado como sinónimo de la política ultraderechista de Netanyahu y sus ministros fascistas Ben Gvir y Smotrich, se deslizan todo tipo de acusaciones que apuntan contra personas o instituciones judías. Que algunas de las dirigencias de instituciones comunitarias exhiban un lamentable satelismo mental en relación a la propaganda israelí, no las transforma en responsables de decisiones que se toman en la escala más alta del gabinete de guerra israelí.
La fatal confusión que circula entre judaísmo, sionismo y políticas israelíes, que muchos desde distintos lugares ayudan a mezclar aún más, permite contrabandear mensajes contra los judíos en el medio de una legítima acción política para parar la guerra, aliviar a la población gazatí, y debatir una solución de fondo al conflicto entre estas dos naciones.
La idealización del fundamentalismo religioso reaccionario
El caldo espeso de pasiones que genera la situación en Gaza es el marco que dificulta enormemente realizar un debate serio sobre el conflicto, y menos aún buscar formas sensatas de resolución del mismo. El cantito “del río hasta el mar”, entonado por millones sobre todo en occidente, es exactamente el cantito de la derecha anexionista israelí: desde el río hasta el mar, es nuestro.
Hamas y la derecha radical israelí tienen una coincidencia táctica: no se puede llegar a una solución de compromiso con el otro, por lo cual lo único que queda es la expulsión o el exterminio.
Entre la gente que simpatiza con la causa palestina, no hay pleno conocimiento de las diferencias muy importantes entre quienes firmaron la paz y el nacimiento del Estado Palestino en Oslo, y quienes rechazaron esa posibilidad histórica. Sólo así se puede comprender por qué gente de izquierda, con una visión internacionalista y laica del panorama internacional, puede idealizar una organización como Hamas, cuya Carta Fundacional merece ser leída por todos (está en Internet) para comprender de qué engendro se está hablando.

Pero nada mejor que cederle la palabra al líder de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, para entender qué es Hamas. Lo que transcribimos es parte del discurso ante el Consejo Central de la Organización para la Liberación de Palestina, leído por Abbas el 20 de junio de 2007, luego de una semana de acciones terroristas de Hamas contra Fatah (principal fuerza de la OLP), para tomar el poder -hasta hoy- en la Franja de Gaza.
“La bandera palestina fue pisoteada hoy bajo los pies de aquellos que consideran al proyecto nacional Palestino como opuesto a su propio proyecto de oscuridad. Ellos reemplazaron la bandera palestina por su propia bandera, que es una bandera de división, separada de la historia de nuestro pueblo, su lucha y sacrificio (…)”
“En Gaza Central, ellos derribaron la estatua del soldado desconocido apuntando hacia Jerusalén, un monumento que simboliza el sacrificio de nuestros mártires, el legado de los combatientes palestinos, y la unidad de la sangre de palestinos, egipcios y árabes. Hamas formuló un plan para separar a Gaza de Cisjordania, y establecer un Emirato, o un mini Estado de un solo color, controlado por un único grupo de extremistas y fanáticos religiosos”
(…) Los putchistas (…) perpetraron horrores que son totalmente ajenos a nuestra herencia y tradición palestinas, asesinando, ejecutando gente en la calle, arrojando combatientes desde lo alto de edificios, y saqueando los cuarteles de seguridad, las instalaciones públicas, y las casas de oración cristianas. (…) Hay cristianos entre nosotros, y ellos son nuestros hermanos, ¡y ahora nosotros descubrimos que de acuerdo a Hamas ellos son enemigos y deben abandonar Palestina!”
“(…) No puede haber diálogo con estos asesinos y putchistas, y en nuestra entera historia yo no puedo creer que una fuerza o grupo asesine a su propio pueblo, saquee casas y propiedades y profane nuestros símbolos nacionales como los golpistas de Gaza han hecho durante esta semana negra.”
“(…) ¿Para qué fin ellos hicieron esto, y en el nombre de qué religión? (…) El Islam llama a la tolerancia y a la libertad. Esto no es Islam, es ajeno al espíritu del Islam… El único propósito de este golpe fue para realizar la fantasía temeraria y enferma de establecer un emirato de la oscuridad y el atraso que va a controlar, con fuego y con puño de hierro las vidas, las opiniones y el futuro de 1,5 millones de Palestinos en Gaza.”
No todos los palestinos son lo mismo. Hubo una dirección palestina que entendió, realistamente, que se debía marchar a un acuerdo para restituir lo que no nació en 1948, el Estado Palestino. E iniciar la construcción de un futuro mejor para su pueblo.
Y también existió una dirección israelí que entendió que era imposible tratar de ignorar una realidad política -la existencia del pueblo palestino- que fue, es y será una fuente inagotable de conflicto, odio y violencia, a menos que se restituyan sus derechos nacionales con realismo y valentía. Esa dirección fue asesinada y boicoteada por los extremistas que hoy gobiernan Israel.
Tribalismo o valores universales
No se podrá avanzar hacia una solución humana si no se despoja a los respectivos nacionalismos del tribalismo que hoy los viste. Tribalismos que sostienen que “mis hijos son más sagrados que los tuyos”.
Tribalismos que plantean que “todos los israelíes son colonos, y por lo tanto objetivo militar legítimo” y tribalismos que sostienen que “todos los gazatíes son potenciales terroristas, y por lo tanto son objetivo militar legítimo”.
Tribalismos que sostienen que “mis derechos nacionales son legítimos, pero los de ustedes son un invento” porque “yo estaba antes”.
Tribalismos que llegan a sostener que “ustedes, en realidad, no son un pueblo”. En la versión extremista palestina, los israelíes serían meros europeos, que podrían perfectamente volver a sus países de origen. En la versión extremista israelí, los palestinos no serían más que árabes del montón, que podrían vivir perfectamente en cualquier país árabe, ya que tienen más territorio y más recursos que la pobre y pequeña Palestina.
Sólo la finalización de la guerra, el inicio de la reconstrucción de Gaza, la remoción del gobierno extremista israelí, y la erradicación de los tribalismos regionales, conjuntamente con una acción concertada internacional, podrán abrir un capítulo distinto en el que se construya una solución política de fondo, que ponga en el centro a todos los seres humanos, con su dignidad y sus derechos.