La impopularidad de Israel: ¿fin de la volatilidad del antisemitismo latente?

La devastación en Gaza no solo intensifica el aislamiento internacional, sino que los crímenes de guerra perpetrados por el Israel de Netanyahu y Ben Gvir contaminan el debate público con un antisemitismo que emerge de su estado latente para manifestarse abierta y transnacionalmente. La hostilidad hacia judíos en la diáspora se ceba, confundida entre crítica política anti sionista y odio ancestral. Mientras tanto, la ultraderecha israelí utiliza el antisemitismo para silenciar a sus críticos, tanto internos como externos, al tiempo que perpetúa una guerra brutal: su atrocidad indiscriminada contra civiles indefensos en Gaza agrava la impopularidad del Estado judío y enciende nuevas hogueras de judeofobia global
Por Leonardo Senkman, desde Jerusalén

Durante muchos años nos acostumbramos a la alternancia de un antisemitismo violento y otro latente. Pero el 7/10 y la guerra de venganza de Tzahal en Gaza parecen haber puesto fin a su volatilidad, haciendo que deje de ser una amenaza inconstante.

Lo nuevo del antisemitismo es que dejó de nombrar solo el antiguo prejuicio que descalifica la otredad judía porque ahora es usado como un arma difamatoria para atacar políticamente. El antisionismo de la izquierda global esta pertrechado de varios tropos antisemitas en su discurso transnacionalizado que adopta la bandera palestina en su combate retórico desde el Sur global contra el Norte Global. Nunca como ahora el antisemitismo es oído como un discurso de odio transnacional que no puede ser enfrentado solo desde la escena local.

Pero también la ultraderecha israelí pertrecha con calumnias antisemitas desde el gobierno de Netanyahu sus respuestas a las críticas de líderes europeos indignados por las relaciones exteriores y acciones bélicas del Estado judío.

“Calumniar es «mentir de manera malintencionada», y Dios odia la mentira”, alerta Proverbios (6:16-19; 12:22). Exactamente eso es lo que hace Netanyahu cuando responde con calumnias a la inminente iniciativa pro-palestina en la ONU de Emmanuel Macron. La Presidencia francesa calificaba el 19 de agosto de “erróneas y abyectas (despreciables)”, las acusaciones de Benjamin Netanyahu contra Macron de “alimentar el fuego antisemita” en Francia al pedir el reconocimiento internacional del Estado palestino.

El Elíseo afirmaba que 2la República protege y siempre protegerá a sus compatriotas de fe judía”. “El momento exige seriedad y responsabilidad, no amalgamas ni manipulaciones”, indicó.

Francia reconocerá dentro de pocos días, en este mismo mes, un Estado palestino bajo ciertas condiciones, como la desmilitarización de Hamás. Otras naciones de la esfera occidental se comprometieron también a reconocer a Palestina, entre ellos Canadá, Malta, el Reino Unido y Australia. Hasta el momento, son 146 los países que reconocen a Palestina.

Netanyahu también calumnia a Sánchez calificándolo de antisemita, al hacer referencia a una frase utilizada por el presidente del gobierno español cuando anunció un paquete de nueve medidas para restringir el flujo de armas a Israel. “España, como saben, no tiene bombas nucleares, tampoco tiene portaaviones ni grandes reservas de petróleo”, dijo Sánchez. “Nosotros solos no podemos detener la ofensiva israelí. Pero eso no significa que no vayamos a dejar de intentarlo. Porque hay causas por las que merece la pena luchar, aunque no esté en nuestras únicas manos ganarlas”, agregó.

Tras las interpretaciones que varios medios de comunicación españoles hicieron de las palabras de Sánchez, Netanyahu aprovechó para pertrechar de incriminaciones antisemitas su respuesta al mandatario español. “Aparentemente, la inquisición española, la expulsión de los judíos de España y el asesinato sistemático y masivo de judíos en el Holocausto no son suficientes para Sánchez”, ha afirmado el premier israelí (Elias Camhaji, El País, 11/9/25).

“España rechaza cualquier forma de antisemitismo, racismo, xenofobia o intolerancia”, respondió el Ministerio de Exteriores español en un comunicado. “Con la misma determinación España reclama el cese inmediato de la violencia sin fin en Gaza, los constantes ataques contra población civil, la entrada inmediata de toda la ayuda humanitaria bloqueada actualmente por el gobierno israelí y el respeto de los más básicos derechos humanos de la población palestina y del derecho internacional humanitario”, agregó.

Asimismo, acusar de antisemitismo al odioso boicot antiisraelí desde el Norte Global que protesta contra violaciones de los derechos humanos por parte del gabinete de Netanyahu en Gaza es otra calumnia, basada en no querer leer sin anteojeras la reacción incluso de amigos estadounidenses y europeos leales que exigen a Israel poner fin a los crímenes de guerra.

Más de 1.300 artistas y profesionales del cine de Hollywood, incluyendo a figuras como Mark Ruffalo, Olivia Colman y Javier Bardem, han firmado una reciente declaración comprometiéndose a no trabajar con instituciones de cine israelíes que consideran implicadas en la guerra contra Gaza y en «complicidad» con la crisis humanitaria. Este boicot, organizado por la agrupación Film Workers for Palestine tras las protestas del Festival de Cine en Venecia, es una respuesta al «horror implacable» en Gaza que busca apoyar el fin de lo que describen como «genocidio» y apartheid contra el pueblo palestino.

La respuesta de los propios damnificados en el campo artístico israelí no se hizo esperar: sin calumniar demagógicamente a los artistas norteamericanos atribuyéndoles antisemitismo, sí los acusa de «habernos abandonado» al no diferenciar entre el gobierno belicista israelí de quienes, como esos mismos artistas, son insobornables críticos internos del fascismo kahanista. Tal como denuncia la guionista Magi Otzri, los artistas israelíes están siendo discriminados y silenciados desde el gobierno de ultraderecha por sus films, obras teatrales y literarias, antibélicas y antifascistas. Además, el boicot es criticado por productores israelíes, quienes lo califican de «equivocado» y «profundamente preocupante», al demostrarles que perjudica a toda la industria cinematográfica israelí (Magi Otzri, “No nos boicoteen, ayúdennos a combatir el fascismo”, Ha’aretz, 12/9/25).

Similarmente, la respuesta en Israel a la extendida protesta política de sectores propalestinos contra ciclistas del equipo Israel-Premier Tech en Francia y España prescinde de calumnias con acusaciones de antisemitismo.

Mediante un comunicado a través de su cuenta de X, el equipo Israel-Premier Tech ha asegurado que «para priorizar la seguridad de nuestros ciclistas y de todo el pelotón, dada la peligrosidad de algunas protestas, ha proporcionado a los ciclistas un uniforme con el monograma del equipo para el resto de la carrera. El nombre del equipo se mantiene como Israel – Premier Tech, pero el uniforme con el monograma, ahora se alinea con las decisiones de marca que hemos adoptado previamente para nuestros vehículos y ropa informal» (“El equipo Israel-Premier Tech retira la palabra ‘Israel’ de su…”, en El HuffPost https://www.huffingtonpost.es).

Esta decisión fue particularmente relevante después de la enorme polémica abierta acerca de la participación de equipos israelíes en competiciones deportivas o en eventos culturales. La polémica ha traspasado fronteras y sobre ella se han pronunciado todo tipo de personalidades: políticos, deportistas, actores, periodistas, amplificando la relevancia de las protestas y sus efectos. (“Al grito de ‘¡No es una guerra, es un genocidio!’”, Facebook · La Jornada 14/9/25)

La impopularidad de Israel, ¿responsable de discursos de odio antisemitas?

La impopularidad de la presencia en el mundo de equipos israelíes en competiciones deportivas o en eventos culturales, pese a ser efecto de una protesta política y de solidaridad con las víctimas palestinas, es vivida como señal de alerta entre muchos judíos de la diáspora. Los más afectados se sienten interpelados en las calles al comprobar que Israel es odiada por ser «la judía» entre las naciones, vista hoy como un país paria: «una potencia bélica proscripta porque no respeta el derecho internacional humanitario». A los judíos más sensibles, la Israel difamada como «genocida» provoca, en el mejor de los casos, labilidad emocional, pero, en el peor, los abruman «sentimientos de vergüenza, asco, rabia, desprecio y odio».

La crítica literaria israelí Keren Dotan recientemente diagnosticó el autoodio entre judíos norteamericanos y otros, perturbados por delitos bélicos de Tzahal, con perspicacia psicológica e histórica:

“¿Quién no ha sido acusado de autodesprecio? Peter Beinert, Judith Butler, Noam Chomsky, Bernie Sanders, Tony Kushner, Gideon Levy, Uri Misgav e incluso Hannah Arendt. Solo recientemente, el mediático Shimon Riklin, de la cadena X, acusó a toda la izquierda de auto-desprecio. «Autodesprecio» es uno de los términos más efectivos en el discurso político sobre Israel, especialmente a la luz de la oposición de judíos e israelíes a la continuación de la guerra, la destrucción de Gaza y la hambruna de sus habitantes. Es eficaz no porque impulse el discurso, sino porque lo reprime. Permite que cada bando se mantenga firme en su postura. La derecha lo utiliza para silenciar las críticas duras o el activismo de la izquierda (por ejemplo, peticiones o llamamientos al boicot) y para presentar las críticas como una patología de la izquierda, pero incluso en la izquierda no se aborda de forma sustancial el autoodio y se lo rechaza casi automáticamente”. (Keren Dotan, “Autoodio”. HaZman Haze, setiembre 2025).

La conclusión de Dotan es relevante para comprender mejor la actual queja sobre las ondas expansivas del antisemitismo:

“Por lo tanto, el término «autoodio» refleja los canales paralelos e inconexos del discurso político contemporáneo, y en este sentido cumple una función similar a la de la queja sobre el «antisemitismo»”. (ibid.)

Dotan retrotrae históricamente el lugar del autoodio judío en la diáspora hasta en el pensamiento sionista clásico:

“Ya a finales del siglo XIX, pensadores como Herzl y Pinsker consideraban el auto-desprecio y a los judíos antisemitas uno de los males incurables de la vida judía en Europa, demostrando la futilidad de la existencia judía diaspórica. En vano intenta el judío complacer a su entorno, integrarse en él, aceptar sus valores, aceptar también el odio eterno hacia él; es precisamente su sumisión incesante la que se convierte en la raíz del rechazo que despierta”. (ibid.).

Ahora bien: no es suficiente con que los sionistas humanistas y pacifistas critiquen en Israel con conciencia histórica y ética al fascismo kahanista que se niega a poner fin a la guerra y negociar la liberación de los rehenes. Ha llegado la hora de hacerse cargo también del pos-trauma que implica el rechazo sentido por numerosos judíos en todo el mundo, generado por la acusación de genocidio perpetrado en Gaza al invocar Israel una guerra contra «el antisemitismo islámico».

Más allá de diferentes denotaciones y connotaciones del concepto genocidio -a nivel jurídico, histórico, étnico, religioso y ético-, resulta innegable que el crimen más atroz de todos los crímenes se ha politizado al ser utilizado para denigrar colectivamente a Israel, y no solo a su actual gobierno de ultraderecha mesiánico.

La acusación a Israel de genocida en las redes sociales y en los medios es mucho más grave que una propagación viral. Se sabe: una infección viral es causada por un virus y suele ser la causa de una enfermedad leve. Por lo general, una infección viral tiene muchos síntomas distintos que a menudo aparecen con rapidez, sin enfermedad previa. Pero desde siempre las críticas más implacables anti-Israel se propagan infestadas, ya que no estuvieron restringidas solo a sus políticas de seguridad o de defensa regional. A diferencia de otros países en guerra del Medio Oriente -recordemos los millones de refugiados y víctimas provocadas por las guerras de religión del Pakistán islámico independiente-, al Estado judío no le perdonan el haber nacido.

Una cosa es repudiar los crímenes de guerra de Tzahal en Gaza; otra muy diferente, es incriminar a todos los israelíes como atroz sociedad civil genocida.

Ejemplo paradigmático que infama aún más la condena de genocidio es la reciente diatriba incriminatoria titulada: «In Israel’s Warped Logic, Veganism and Genocide Go Hand in Hand», firmado por Alexandra Isfahani-Hammond (University California, San Diego) profesora de estudios decoloniales y racismo:

“Un elemento menos conocido de la campaña de desinformación de Israel es su autoproclamada posición como nación líder en derechos de los animales. Un amplio corpus académico aborda la paradójica relación entre el veganismo y la liberación animal con el colonialismo en el llamado Israel. Por un lado, la colonia de colonos deshumaniza a los palestinos, movilizando la división de la especie para legitimar su eliminación. Por otro lado, se jacta de proporcionar comidas a base de plantas y ropa de combate sintética a soldados veganos. Este enfoque pervierte la ética vegana, que repudia la matanza, el confinamiento y el uso de la fuerza contra seres vivos. Como cuestiona Ahmad Safi, cofundador de la Liga Palestina de Animales: «¿De qué sirve que un soldado israelí sea vegano y use botas sin cuero si su arma apunta a palestinos?». Esta distorsión de la realidad se conoce como veganwashing. Vegans for Palestine, un colectivo abolicionista del Sur Global, expone los vínculos entre las empresas veganas, el apartheid y la limpieza étnica de los palestinos. Desenmascara el arraigo del sionismo en todo, desde la marca VeganFriendly hasta PETA, Mercy for Animals y la Asociación Vegetariana Americana. Vegans for Palestine ha investigado a fondo la tecnología pionera de alimentos veganos «cultivados en laboratorio» de Israel, movilizada como parte de su imagen construida como excepcionalmente altruista, ecoconsciente y tecnológicamente vanguardista. (…) Mientras que la animalización y la racialización se fusionan para producir una violencia atroz en Palestina, las manifestaciones de solidaridad anticolonial subvierten esta sombría matriz”. (Counter Punch September 12, 2025).

Posdata: Ilan Pappé: «Del silencio cómplice al pánico moral», pero solo ante crímenes israelíes

Nadie como el historiador Ilan Pappé (University of Exeter) intentó instalar un doble resero moral para juzgar la violencia israelí y legitimar el terror palestino: “no tiene sentido que hablemos de paz, como si ambas partes fueran culpables de esta situación, cuando de lo que estamos hablando es de descolonización”. El autor de 1948: The Ethnic Cleansing of Palestine y ex docente de la Universidad de Haifa, aboga por la solución de un solo Estado ahistórico completamente distópico: “La descolonización en Palestina, en particular, significa recuperar la relación que tenían musulmanes, cristianos y judíos antes del sionismo. Por lo tanto, un Estado, ante todo, significa un Estado democrático en toda la Palestina histórica”.

En una reciente entrevista durante la Fiesta Internacional Literaria en Paraty (Brasil), el pope de la teoría del colonialismo sionista de asentamiento en Palestina denunciaba el pánico moral del campo liberal occidental ante la devastación en Gaza. La excepción para él son los estudiantes y algunos docentes en campus universitarios de EE. UU. y Europa.

Simultáneamente, Pappé daba la bienvenida a la resistencia anticolonial de Hamás que, presuntamente, abriría la justicia transicional palestina para juzgar solamente a Israel (Faride Zerán, Huella del Sur, 25/8/2025. Reproducido de Palabra Pública, Universidad de Chile, 2025).

Ilan Pappé repudia el «pánico moral» del campo liberal intelectual de Occidente porque, “saben que los crímenes de guerra son inmorales, que eso está mal, pero temen expresar públicamente su condena. Es peor que la ignorancia, porque ignorar significa no saber”.

Escandalosamente, Pappé se niega a juzgar de inmorales a los crímenes de Hamás el 7/10 y, por supuesto, les quita el derecho también a los israelíes civiles «por colonialistas» de acudir a la justicia transicional postbélica:

“La descolonización significa, ante todo, el fin del régimen colonial, no necesariamente que los colonialistas regresen a otro país, sino que se eliminen los rasgos colonialistas. El elemento más importante de la descolonización es la igualdad entre las personas. El segundo principio es lo que llamamos justicia transicional: corregir lo que se pueda del pasado y asegurar que los males del pasado no se repitan”. (Faride Zeran, ibid.)

Es que también pareciera que el pecado original de Israel para Pappé es haber nacido como un Estado judío: significativamente el historiador guarda silencio sobre el carácter confesional de otro Estado creado a partir de la Partición Indo-Pakistán Occidental en 1947, llamado República Islámica de Pakistán. Esa partición, impuesta tres meses antes que la de Israel/Palestina, desencadenó una de las migraciones masivas más grandes de la historia, con millones de personas desplazadas. También provocaron violencia y agitación generalizadas las cuatro guerras en 1947-1948, 1965, 1971 (que resultó en la independencia de Bangladés) y la guerra de 1999.

Hubiera sido útil que Pappé reflexionara sobre la sangría demográfica y la pavorosa letalidad provocada por la descolonización de Pakistán. Pero el historiador de la descolonización palestina prefiere confiar más en el impacto de la revancha de la guerra santa de Hamás lanzada mediante una jihad el 7/10 para acabar, de una buena vez por todas, con el Estado judío. ¿Tal vez crea el historiador de la limpieza étnica de Naqba 1948 que la guerra de guerrillas en 2023-2025 contra el ejército más poderoso del Medio Oriente sería una suerte de compensación, aunque tardía, para el imaginario fundamentalista de Hamás? ¿O quizás le interese más a Pappé que la acción terrorista bautizada «Inundación de Al Aqsa» sea comprendida en los términos religiosos fundamentalistas del líder de Hamás, Jahya Sinwar? Porque este mentor estratégico del 7/10 había proclamado que hasta «100 mil sacrificados gazatíes» podrían ser los mártires que se inmolarían para liberar los sagrados solares Al-Quds o Bayt al-Maqdis, en la explanada de las mezquitas de Jerusalén (Ira Bernard Teich, “Unveiling Yahya Sinwar: His character, his impact, his peril”. The Times of Israel, 4/3/2024).

Sería útil saber si quienes condenan a Israel en términos de genocidio también justifican éticamente tal disposición de letalidad propia del martirologio en la guerra Jihad religiosa programada por Hamás.

Aún más importante resulta la pregunta de si ellos sabían que Hamás había renunciado en la Carta Fundamental reformada en 2017 al juramento de la Carta original de 1988, que consideraba enemigos a todos los judíos, y no solamente a los sionistas ocupantes.

Porque tal juramento de guerra santa en el acta reformada de Hamás, dirigida ahora solo contra los sionistas, no es suficiente garantía para exceptuar a judíos que oran anualmente en todo el mundo diciendo «el próximo año, en Jerusalén». Y pese a que el acta fundacional de Hamás ha sido modificada en 2017, difícilmente el futuro Estado islámico regido por la Sharía permitiría a sus miembros judíos comparecer ante la justicia transicional promovida por Ilan Pappé en su proyecto de descolonización palestina.

El conjunto de procesos y mecanismos que las sociedades occidentales movilizan en la justicia transicional para hacer frente a un pasado de violaciones masivas de los derechos humanos, sea en un contexto de conflicto armado o de represión política, será vedado a los judíos sionistas. Ellos quedarán fuera del objetivo de reconstruir la sociedad hacia una paz sustentable y un Estado de derecho, incompatible con el Estado descolonizado regido por la Sharía (tampoco por la Halajá). Al negar el carácter nacional del conflicto Israel-Palestina, el antisionismo de Pappé excluye a los «colonos usurpadores» en todo escenario de justicia transicional, cuyo pilar básico es la verdad para esclarecer los hechos ocurridos durante períodos de violencia.

El otro pilar de la justicia transicional es la equidad, a fin de que los responsables de las violaciones de derechos humanos y crímenes de guerra rindan cuentas y combatan la impunidad.

Siendo así, hasta que no se liquide el doble rasero moral de Pappé para juzgar los crímenes de palestinos e israelíes, inevitablemente el antisemitismo asomará su rostro travestido en los discursos antisionistas del fundamentalismo islámico.

Formulado con preguntas por el mismo Ilan Pappé que se resiste a responder: “¿Cuántos judíos aceptarían vivir en una Palestina descolonizada? No lo sabemos. Tampoco sabíamos cuánta gente blanca querría quedarse en la Sudáfrica post-apartheid. Algunos se irían. Espero que algunos entiendan que ser colonizador también es vivir en una prisión” (ibid.; véase también, Ilan Pappé: “La guerra de Gaza no es autodefensa sino genocidio”, Cooperaçao Internacional, 14/7/2024).

Pero Pappé no se resiste a responder solo a preguntas referidas al futuro Estado de Palestina descolonizada donde los judíos afrontarían dificultades para acceder a la justicia transicional. También guarda silencio cuando se acusa de complicidad a instituciones comunitarias judías por las acciones que comete Tzahal en Gaza. Algunos de sus admiradores han vandalizado el edificio de la Nueva Comunidad Israelita de Montevideo pintando la leyenda «Israel Estado genocida». Las instituciones culturales u oficiales de EE.UU. en América Latina no soportaron pintadas violentas semejantes durante la guerra de Vietnam ni durante la invasión norteamericana a Irak.

Pareciera que la impopularidad de Israel da licencia al discurso de odio y a acciones antisionistas violentas en el espacio público de ciudades rioplatenses.

Nuevamente Montevideo fue el escenario, en mayo de 2024, de iconografías antijudías so pretexto de repudiar a Israel. Durante el desfile de miles de mujeres en la avenida principal  para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, con la presencia de líderes feministas del movimiento obrero uruguayo, acompañadas por activistas propalestinas, no solo se desplegaba un inmenso cartel con el lema «Del río Jordán al mar Mediterráneo»; además, un grupo de estudiantes adolescentes sostenían en la marcha un muñeco disfrazado de monstruo con ojos saltones, colmillos feroces y una estrella de David clavada en la frente, atravesada por una lanza. La performance estuvo enmarcada con una inscripción, «Palestina Libre».

Lamentablemente, este y otros casos inequívocos de odio al judío en América Latina responden afirmativamente a la pregunta que encabeza a esta nota: la impopularidad de Israel pareciera poner fin a la volatilidad del antisemitismo latente.