En la Semana Trágica de 1919, la calle Ecuador, por aquel tiempo arteria central de un barrio porteño con importante presencia de vecinos e instituciones de la colectividad judía, se convirtió en epicentro del pogrom, cuando hordas antisemitas se lanzaron «a la caza de rusos».
55 años después, en 1974, la revista «El Caudillo de la Tercera Posición» ilustraba sus páginas con una clara alusión a la identidad judía de Jacobo Timerman y Abrasha Rotenberg.
Los antisemitas argentinos del siglo veinte no se difrazaban ni siquiera para los carnavales: siempre apuntando -abiertamente- al judío.
Pero ahora se puede ser antisemita “political correctness”(políticamente correcto).

El 7 de octubre de 2023, Hamas y la Yihad Islámica invadieron el Neguev Occidental, secuestraron, asesinaron, torturaron, quemaron a centenares de israelíes. Al grito de «itbaj al-iahud» -muerte al judío- violaron y mutilaron a niños.
Los antisemitas del siglo veintiuno apoyaron la masacre, pero en silencio. Justificaron a los agresores como militantes de resistencia. No les gusta la etiqueta de racistas y antisemitas. Encontraron la fórmula ideal para adherirse a la guerra yihadista: autoconvoncados por Palestina, enmascaran su odio con la kufiya.
En Madrid, la reciente octogésima edición de la Vuelta a España fue interrumpida por decenas de miles de opositores a la participación de ciclistas israelíes en el evento, levantando lemas que extienden el rechazo a la guerra a un expansivo llamado contra todo «el pueblo genocida». En meses anteriores un restaurante judío, en el centro madrileño, fue objeto de un intento de incendio mientras el local estaba concurrido por numeroso público. Escuelas, templos, cementerios, son definidos como entes representativos del Estado de Israel, culpables entonces de la Guerra de Gaza.

En Alemania se registraron este año un promedio de 24 incidentes antisemitas diarios.
En los EE. UU. se anotó en 2024 una media estadística de un acto por hora de atentados o acoso a ciudadanos judíos.
Fenómenos similares y de igual envergadura se inscriben a ritmo cotidiano en Francia, Italia, Gran Bretaña y otros países.
El común denominador de los ataques a judíos en cada lugar es una supuesta identificación con Gaza: ya no se esgrimen medievales mitos como el «crimen ritual» o el «mercader usurero»: suficiente con ocultar la hostilidad «clásica» contra judíos bajo las banderas de Hamas y la Yihad.
Foto de portada: Pintada en San Pedro, España, septiembre 2025
* Miembro del kibutz Nir Itzjak, Israel.