¿Fueron perdonados en Iom Kipur soldados israelíes arrepentidos en Gaza?

En pleno Iom Kipur, más de 200 soldados israelíes rompieron el silencio y reconocieron haber participado -o sido testigos- de crímenes de guerra en Gaza. Sus testimonios, que exponen las órdenes criminales recibidas y las profundas “heridas de conciencia” que dejó la guerra, van más allá de la confesión colectiva: anticipan el reclamo de una futura Comisión de Verdad que examinará las responsabilidades morales ante lo sucedido.
Por Leonardo Senkman, desde Jerusalén

La agencia estadounidense de noticias The Associated Press (AP) anunciaba en enero pasado haber tenido acceso a una carta firmada por 200 militares del ejército israelí, quienes se negaron a seguir combatiendo en la Franja de Gaza por sentimientos de culpa.  

Algunos soldados entrevistados narraron cómo las autoridades castrenses dieron la orden de disparar contra cualquier persona, ya sea armada o desarmada, que ingresara sin autorización en el corredor de Netzarim, una franja de contención bajo control de Tzahal que divide el norte y el sur de Gaza.

Desde hace días estoy cavilando si algunos de esos arrepentidos necesitaban pedir perdón en el reciente Iom Kipur por haber cumplido órdenes criminales ante las cuales se sintieron impotentes de rechazarlas.

No hay que ser judío observante para sentir durante Iamim Noraim (Días temibles) la comparecencia en el juicio (Iom Ha-Din) que iniciamos en Rosh Hashana, cuyo veredicto concluye diez días después, al final de Iom Kipur. También el judío laico con mala conciencia comparece, aguardando angustiado la Jatimá Tova. Mediante introspección ética, no solo religiosa, reconoce sus faltas a lo largo del año a fin de arrepentirse y pedir perdón.

Agnósticos o religiosos, los soldados decidieron hacer público su arrepentimiento, sin esperar a la confesión comunitaria durante los oficios de Iom Kipur; la carta que firmaron no solo es confesión (vidui) colectiva, sino que significa -sin proponérselo-, una Teshuva (arrepentimiento) colectivo, mucho más contundente que la contrición individual.

Mediante la denuncia de haber sido testigos -o de haber cometido algunos actos que cruzaron las líneas éticas- además advierten que van a dejar de combatir si el Gobierno no ordena un alto el fuego; sin saberlo, estos valientes 200 soldados anticipan la ineludible comisión de Verdad y Justicia el día después de la guerra.

Comisiones de Verdad son mecanismos de justicia transicional que operan en países con un historial de violaciones a los derechos humanos para investigar abusos, esclarecer la verdad sobre crímenes de guerra, y promover la reconciliación.

Son propicias las declaraciones de algunos de los firmantes de la carta, al anticipar próximas Comisiones de Verdad. Yotam Vilk, uno de ellos, oficial del cuerpo blindado, dijo a la AP que vio al menos 12 gazatíes muertos, incluido a un adolescente desarmado, a los que los soldados dispararon intencionalmente por acercarse al corredor. Señaló que la imagen del adolescente muerto ha quedado grabada permanentemente en su mente. “Murió como parte de una historia más trágica. Como parte de la política de permanecer en ese lugar y no ver a los palestinos como personas”, declaró el soldado de 28 años a The Associated Press. Pero también Vilk reconoció que era difícil determinar si los sospechosos estaban armados, aunque cree que los soldados reaccionaban demasiado rápido. Además, afirmó que Hamás es responsable de algunas de las muertes en la franja de contención. Relató cómo un gazatí que había sido detenido por su unidad declaró que los terroristas les pagaban a los civiles 25 dólares para caminar por el corredor para evaluar la reacción del ejército[1].

Yuval Green, un médico de 27 años, describió la decisión de abandonar su puesto en enero pasado, después de pasar casi dos meses en Gaza, incapaz de vivir con lo que había visto. Dijo que los soldados profanaron hogares -usando marcadores negros destinados a emergencias médicas para garabatear grafitis- y saquearon viviendas en busca de cuentas de oración para coleccionar como recuerdos.

La gota que derramó el vaso afirmó, fue cuando su comandante le ordenó a la unidad que quemaran una casa, asegurando que no quería que Hamás pudiera utilizarla. Green dijo que se sentó en un vehículo militar, ahogándose por el olor a plástico quemado. El incendio le resultó a Yuval una acción vengativa, ya que no veía razón alguna para quitarles más a los palestinos de lo que ya habían perdido. Dejó su unidad antes de que se completara la misión.

Max Kresch, uno de los organizadores de “Soldados por los Rehenes” -el grupo responsable de la carta firmada- busca generar ímpetu y pretende recolectar más firmas. Los organizadores distribuyen calcomanías con la célebre frase de Martin Luther King Jr.: “Uno tiene la responsabilidad moral de desobedecer las leyes injustas”. Y explica. “Necesitamos usar nuestra voz para hablar en contra de la injusticia, incluso si eso resulta impopular”.

Sin dudas, la impopularidad de los impugnadores de conciencia se extiende en toda la sociedad civil al recordarles que algunos de los que lucharon y perdieron a compañeros, reprochan que el movimiento de protesta “es una bofetada en la cara”.

“Están perjudicando nuestra capacidad para defendernos”, dijo Gilad Segal, un paracaidista de 42 años que pasó dos meses en Gaza a finales de 2023. Comentó que todas las acciones del Ejército fueron necesarias, incluida la destrucción de viviendas utilizadas como escondites de Hamás. “A los soldados no les corresponde estar de acuerdo o en desacuerdo con el Gobierno”, argumentó.

Sin embargo, el movimiento de impugnadores sigue creciendo, alimentado por remordimientos éticos, cargo de conciencia y trastornos postraumáticos…

Muchos soldados sufren de “heridas morales”, dijo Tuly Flint a AP, un especialista en terapia de post trauma que ha aconsejado a cientos de ellos durante la guerra. “Es una respuesta que se dispara cuando las personas ven o hacen algo que va en contra de sus creencias” dijo. “Hablar de ello e intentar provocar un cambio puede ser de ayuda”, indicó Flint.

Un ex soldado de infantería habló con la AP sobre sus sentimientos de culpa. Dijo que durante su despliegue de dos semanas a finales de enero de 2023 vio cómo se quemaron innecesariamente unos 15 edificios. Aseguró que, si tuviera la oportunidad de hacerlo de nuevo, no habría ido a la guerra[2].

Posdata

En el oficio vespertino del reciente Iom Kipur me imaginé que si Yotam, Yuval y Max, hubieran leído ciertas súplicas de arrepentimiento para ser perdonados en vísperas de la Neilá (servicio de clausura de Iom Kipur), ellos se habrían sentido intensamente interpelados. Imaginé que algunas de esas suplicas expresarían, por ejemplo, su sentimiento de angustiosa perplejidad, impotencia y auténtico arrepentimiento de haber participado, por acción u omisión, en crímenes de guerra ante los cuales hoy sienten vergüenza, repugnancia y exigen reparación.

Fantaseaba que algunas de esas súplicas del Majzor de Iom Kipur les ayudarían tal vez a encontrar las palabras que les faltan para solicitar perdón: 

“Nuestros deseos y anhelos de rectificación superan nuestra capacidad de expresión.

Por eso, oh, Dios, escucha nuestra silenciosa meditación, pues carecemos

de palabras.

No sabemos cómo invocarte, oh, ¡Dios!, nuestra lengua no sabe más

expresarte nuestro sentir,

Oh, Dios, no osamos invocar Tu Presencia; pues hemos errado en nuestro camino”.

El gran filosofo Maimónides enseñó que Iom Kipur es un día de arrepentimiento (Teshuvá), y que los pecados cometidos ante Dios son perdonados mediante la confesión y la sinceridad, no por la expiación de la culpa arrojada a un tercero; y muy espacialmente subrayó que los pecados contra el prójimo, antes de implorar el perdón divino, requieren el perdón humano.

Yotam Vilk, Yuval Green y Max Kresch hace tiempo que se arrepintieron, junto con otros camaradas de “Soldados por los Rehenes”.

Sin haber leído a Maimónides, ellos saben que merecer el perdón es posible solamente si reaccionan de inmediato, no posponiendo la Teshuvá, ya que la muerte puede llegar en cualquier momento sin absolución. Tampoco Teshuvá es expiación para aplacar la ira de Dios ni a quien han dañado, sino profundo arrepentimiento que exige reparar la injusticia.

Es lo que comprendió mucho tiempo antes de Iom Kipur aquel otro soldado de infantería indignado por los incendios de 15 edificios: “No encendí la cerilla, pero estuve de guardia fuera de la casa incendiada innecesariamente… Participé en crímenes de guerra”, dijo, quien habló bajo condición de anonimato por miedo a represalias. “Lamento mucho lo que hemos hecho”[3].

Tal Teshuvá es el primer imperativo ético para realizar el primer día después del fin de la guerra; es el primer paso honesto para convocar una Comisión de la Verdad que ha de revelar la responsabilidad moral de los soldados de Tzahal; pero también para que los civiles israelíes que guardaron silencio y negaban los crímenes de guerra en Gaza, osen verse en el espejo el día de mañana.


[1] Sam Mednick and Julia Frankel, “Algunos soldados israelíes se niegan a seguir combatiendo en la Franja de Gaza”, AP, enero 14,2025.

[2] Ibidem.

[3] Ibidem.