“No voy a ir a la sinagoga para terminar con una bala en el pecho”, recuerdo decir a mi padre a principio de los años 2000 antes de ir a la sinagoga a celebrar Iom Kipur, el día del perdón y fecha más sagrada del calendario judío. Yo tenía unos 7 años y, mientras la crisis social y la violencia política en Argentina escalaban sin freno, también lo hacían los atentados en restaurantes o autobuses en Israel, en los que más de 1.000 civiles fueron asesinados durante la Segunda Intifada. Veinticinco años después, tuve la suerte de poder elegir Barcelona como mi hogar. Con el tiempo pude instalarme, estudiar catalán e integrarme a su cálida sociedad. Pude vivir en los barrios catalanes, disfrutar de sus fiestas, jugar al quinto en el vallès, escuchar con emoción los nuevos discos de Els Amics de les Arts, desayunar “pa amb tomaquet”. Me sentí orgulloso de formar parte de esta sociedad.
También descubrí que hay momentos en los que me siento ajeno. No es por mi acento argentino, no es porque todavía me salen palabras en castellano cuando hablo catalán, Es por sentir que hay algo dentro mío que no puedo decir con comodidad, sin tener que dar explicaciones y sin tener miedo a consecuencias. Además de abrazar esta ciudad como mi hogar, soy orgullosamente judío.

La semana pasada, camino a la sinagoga para celebrar el Día del Perdón, encontré una bandera muy grande en Plaça Lesseps. “Internacionalicemos la Intifada. Desde el río hasta el mar”. Hasta el día de hoy no dejo de preguntarme: ¿sabrán las personas que escribieron esta bandera lo que realmente significa una Intifada?
Tras leer la pancarta, es inevitable preguntarse: ¿qué querrán decir con “internacionalizar la Intifada”? ¿Poner bombas en autobuses fuera de Israel? ¿Realizar ataques suicidas en pizzerías de la ciudad? ¿Entrar a un café disparando con una ametralladora? ¿Llamar a realizar atentados terroristas, como el de La Rambla? ¿Poner una bomba en una embajada, como hicieron en Argentina? ¿Amedrentar a los judíos que caminan por las calles? ¿Prender fuego restaurantes kosher como intentaron hacer en Madrid? ¿Vandalizar tiendas de israelíes que vinieron a la ciudad hace decenas de años a buscar cobijo?
Nuevamente, hay familias judías que temen ir a la sinagoga. Que no se sienten seguros en el transporte público. Que temen reunirse para practicar su religión y sus costumbres. Hoy, en nuestra ciudad, la mayoría de niños judíos no se sienten cómodos diciendo en el colegio que son judíos. De pronto, al igual que en los tiempos de la Inquisición, sentimos que tenemos que practicar nuestras tradiciones en la clandestinidad. ¿Sabrá esta gente que el efecto de sus actos genera la opresión de una minoría en la ciudad?
Imagínense tener que esconder el tió de nadal –tradición infantil navideña catalana– porque podrían mirarlos mal, gritarles o hasta golpearlos. Imagínense, con tanto orgullo que nos da hablar catalán, no poder ponerlo en el currículum por miedo a no quedar seleccionados. No poder decirlo en el trabajo porque puede generar prejuicios. Imaginen no poder vestir la indumentaria del Barça por las calles por miedo a que te griten o te insulten.
Poder mostrar con orgullo mi identidad judía en la ciudad sin tener miedo me ha resultado imposible desde el 7 de octubre de 2023.
También me pregunto si quienes escriben esos carteles sabrán qué es el sionismo
Hace tan solo un par de meses, en las fiestas de Gracia, nos encontramos con carteles que decían “sionistas no sois bienvenidos” ¿Sabrán que el sionismo es un movimiento transversal que defiende la existencia del Estado de Israel? ¿Sabrán que -en palabras del célebre autor Yuval Harari- es posible ser sionista y, al mismo tiempo, apoyar la autodeterminación de un Estado palestino? Al parecer, las personas que queremos que el Estado de Israel siga existiendo, no somos bienvenidos en el barrio de Gracia. Al parecer, los israelíes no son bienvenidos en Barcelona por su origen nacional. Está raro el antifascismo últimamente.
En 1492, expulsaron a mis ancestros de Sefarad por ser judíos. Hoy buscan expulsarnos por creer en la existencia de Israel. Menos mal que existe, porque si no ¿a dónde iríamos cuándo nos expulsen?
Los últimos días, Barcelona estuvo lleno de gente que llevó ese tipo de carteles por toda la ciudad. No es lo mismo llevar una bandera palestina que un cartel que pide “internacionalizar la intifada” u otro que pide “que se vayan los sionistas”. La situación en Gaza es de máxima gravedad y debe terminar cuanto antes. Pero este tipo de acciones y manifestaciones lejos está de llegar al objetivo de que la guerra termine.

Casualmente -o no- la flotilla llegó a Israel durante el día más sagrado del año para la tradición judía. Me pregunto si Ada Colau habrá sabido que Trump propuso un plan de fin de guerra que fue aceptado por Israel y países árabes y musulmanes, incluidos los aliados de Hamás. ¿Buscará la paz esta flotilla? Porque en ningún momento los vi exigir nada al grupo terrorista que gobierna en Gaza desde 2007. ¿Sabrá Irene Montero que sus actos llevan a perpetuar el conflicto en lugar de terminarlo? ¿Sabrá Myriam Bregman, cuando pide por los deportados de la flotilla llamándolos “argentinos secuestrados”, que hay todavía 4 argentinos realmente secuestrados en Gaza, entre ellos mi amigo Eitán Horn, en quien pienso todos los días desde el 7 de octubre de 2023? ¿Sabrá Pedro Sánchez que sigue habiendo miles de vidas truncas en Palestina e Israel y que sus actos entorpecen las iniciativas de paz? No los subestimo. Yo creo que lo saben, pero lamentablemente la paz no pareciera ser su agenda.
Este Iom Kipur, además de ver ese cartel en Plaza Lesseps, llegué a la sinagoga escuchando sobre el trágico atentado en que dos judíos fueron asesinados en Manchester. El asesinato fue cometido por un hombre de 35 años llamado Jihad Al-Shamie, quien, al igual que los que escribieron el cartel de Lesseps, también creía que había que internacionalizar la Intifada.
Por primera vez en la vida sentí lo que sintió mi padre a principios de los 2000. Sentí miedo de ir a la sinagoga. Sentí miedo porque en Manchester dos personas que fueron a la ceremonia de Iom Kipur terminaron con una bala en el pecho.
El antisemitismo no es un camino para luchar contra Netanyahu. Internacionalizar la Intifada no traerá paz a nadie. Solo traerá xenofobia, fascismo, dolor y conflictividad social. No, no internacionalicemos la intifada. Hagamos lo necesario para presionar a las partes por acuerdos reales. No empoderemos al terrorismo; empoderemos a los sectores que buscan el encuentro y el diálogo. Luchemos por la coexistencia, luchemos por la creación de un Estado palestino junto a un Estado israelí. Luchemos por dos Estados para dos pueblos. Internacionalicemos la paz.
Foto de portada: Bandera en Plaça Lesseps.