Ganar no siempre es vencer: las lecciones de octubre

El 26 de octubre marcó un punto de inflexión: pese a los escándalos y derrotas previas, el Gobierno logró revertir la tendencia y salir fortalecido. Pero el triunfo no garantiza estabilidad; si no logra construir consensos amplios y un rumbo económico sostenido, podría encaminarse hacia una crisis aún más profunda, con efectos imprevisibles para el sistema democrático.
Por Susana Gelber

El 26 de octubre pasado se realizaron las elecciones legislativas de medio término a nivel nacional. Había expectativa e incertidumbre. Las mismas estuvieron precedidas por una aparente crisis del oficialismo, que se había cristalizado en las urnas con el triunfo de la principal oposición el 7 de setiembre en las elecciones provinciales de la provincia de Buenos Aires.

Tras el escándalo de la ANDIS -que golpeó de lleno en la parte más sensible del ex “triángulo de hierro” y en el relato mileísta de la lucha contra la corrupción y la “casta”-, sumado a la debacle del 7 de septiembre, el camino parecía allanado para el principio del fin del experimento libertario.

Además, empezaba a hacerse más visible la posibilidad de un nuevo liderazgo en el Partido Justicialista, ya que Axel Kicillof triunfó luego de desafiar a la presidenta del partido al desdoblar las elecciones.

En esta oportunidad, se unían varios desafíos simultáneos

  1. La suspensión de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) funcionó como un incentivo para que muchos partidos desistieran de acordar listas conjuntas.
  2. Otro elemento relevante fue que el oficialismo logró nacionalizar las elecciones locales de la Ciudad de Buenos Aires en mayo, donde se impuso y relegó al PRO en su propio bastión.
  3. De algún modo, se esperaba que en la Provincia de Buenos Aires ocurriera un escenario similar al de la Ciudad, nacionalizando una elección provincial. Sin embargo, el resultado terminó siendo adverso.
  4. También influyó la implementación, por primera vez a nivel nacional, de la Boleta Única de Papel (BUP).

El cambio de escenario

A partir del 8 de septiembre, la incertidumbre política agravó la situación económico-financiera y provocó una fuerte suba del dólar. A ello se sumaron las reiteradas derrotas del gobierno en el Congreso de la Nación, tras haber perdido las alianzas que le habían permitido gobernar y aprobar leyes durante 2024. En ese contexto, la denuncia contra José Luis Espert terminó por liquidar su candidatura a diputado nacional, que encabezaba la lista oficialista.

Cuando el barco parecía hundirse irremediablemente, irrumpieron las declaraciones del secretario del Tesoro de Estados Unidos, anunciando una inyección de dólares en el mercado local para estabilizar la situación cambiaria y financiera. Finalmente, Donald Trump -fiel a su estilo- condicionó la ayuda a un triunfo de Milei en las urnas.

Finalmente, la sorpresa

En realidad, podríamos hablar de una doble sorpresa. El 7 de septiembre, el gobernador de la provincia de Buenos Aires obtuvo un doble triunfo: sobre Cristina Kirchner, que se oponía al desdoblamiento electoral, y sobre el oficialismo nacional, que había intentado nacionalizar esa elección con la expectativa de repetir la experiencia exitosa de CABA.

La otra sorpresa fue que el oficialismo nacional logró reponerse de tantos infortunios y ganar en forma contundente el 26 de octubre a nivel nacional, no solo en porcentaje de votos, sino en cuanto a incremento de bancas tanto en Diputados como en el Senado, aunque aún necesita alianzas para aprobar leyes.

Nuevos desafíos y futuro incierto

Pasados los primeros días tras conocerse los resultados, el Gobierno enfrenta varios desafíos para consolidar su proyecto político.

  • La relación con los gobernadores será clave. Aparentemente, está buscando aplicar una estrategia distinta, orientada a recomponer acuerdos. Lo intentó al inicio de su gestión, pero abandonó esa línea durante el último año, con los resultados conocidos tanto en el Congreso como en las elecciones provinciales.
  • La cohesión interna también representa un desafío. Paradójicamente, los buenos resultados electorales pueden exacerbar las tensiones dentro del oficialismo, como ha ocurrido en experiencias previas.
  • La conformación del gabinete es otro punto sensible. Por ahora, el Gobierno parece haber dejado de lado la idea de integrar una coalición con base parlamentaria junto al PRO. Los incentivos son escasos tras el triunfo: la bancada del PRO se redujo significativamente y varios de sus cuadros y referentes se han incorporado al oficialismo. Todo indica que la apertura será mucho más limitada de lo que esperaba el expresidente Macri.

La oposición

El desafío del peronismo es resolver su crisis de liderazgo. Cargarle al gobernador de la provincia de Buenos Aires la derrota sufrida es un tanto arriesgado y temerario.

Es cierto que la implementación de la Boleta Única de Papel (BUP) complica el trabajo político y electoral de los intendentes, y fue una de las razones que motivó el desdoblamiento. Sin embargo, si las elecciones se hubieran unificado, Kicillof enfrentaba dos alternativas.

La primera era aplicar la Ley 15.262, que establece que en ese caso rige el sistema nacional, es decir, la BUP, donde se vota por categoría y no existe la posibilidad de optar por una lista completa, lo que elimina el efecto arrastre.

La segunda opción consistía en solicitar a la Justicia Federal con competencia electoral la autorización para implementar el sistema de boleta sábana en las elecciones provinciales, en simultáneo con la BUP para las nacionales (dos mesas y dos urnas). En cualquiera de los dos escenarios no habría habido arrastre entre las candidaturas nacionales y las provinciales, por lo que es imposible saber cómo habrían sido los resultados bajo ese esquema.

Hay un elemento que se soslaya cuando se le carga el fardo a Kicillof por la derrota: los candidatos nacionales fueron elegidos y designados por la presidenta del Partido Justicialista, y los referentes provinciales no tuvieron ni incidencia ni candidatos. Este hecho actuó como otro desincentivo adicional para la movilización territorial.

De esta forma, se intentan ocultar las propias limitaciones de un liderazgo en declive que, por esa razón, no logra conectar con el electorado independiente y fluctuante, ofreciendo nuevas alternativas y proyectos innovadores capaces de enamorarlo y aventar el temor a una vuelta al pasado (2019-2023). Un período que la memoria colectiva asocia con luchas internas a cielo abierto, la foto de Olivos en plena pandemia y una inflación descontrolada.

Apuntes finales

En líneas generales se ha producido una vuelta a la existencia de dos polos: la Libertad Avanza y el Peronismo. Todo va a depender del éxito económico de esta gestión: si no reacciona a tiempo el otrora partido predominante (PJ) podría surgir algún otro candidato o candidata outsider que podría terminar de barrer con los partidos políticos tradicionales, muchos hoy muy debilitados.

Esta polarización ha impedido hasta ahora la aparición de terceras opciones, tanto a nivel nacional como local, pese a los intentos de algunos gobernadores moderados por construir alternativas. Sin embargo, no sabemos qué podrá suceder en 2027, por las razones ya apuntadas.

Por encima de todo, el desafío más importante recae en el gobierno nacional: cómo articular las alianzas necesarias en el ámbito político para llevar adelante su programa. De no lograrlo, este triunfo, en lugar de consolidarlo, podría convertirse en el detonante de una crisis mayor. Es urgente, por tanto, construir un contrapeso político que no provenga de los extremos, si lo que se busca realmente es fortalecer la democracia y mejorar las condiciones de vida de la población en todos sus aspectos.