Los discursos de odio también son de izquierda

Sin clase obrera como eje ni agenda social clara, buena parte de la izquierda global reemplazó al sujeto histórico por el significante “Palestina”, transformándolo en la causa absoluta que ordena sus discursos y omisiones.
Por Ana Wortman

Desde una lente centrada esencialmente en el discurso del antiimperialismo, la izquierda actual ubica a Israel como un país colonial. En los años 80/90, luego de pensar el mundo en términos de globalización como consecuencia de la caída del muro de Berlín, reaparecieron las teorías del colonialismo, ahora denominadas decoloniales. Estas lentes –con las que se interpretaron los procesos de colonización de América, África y algunas regiones de Asia y Oceanía en los siglos XV a XVIII– se actualizaron y volvieron a representar la escena internacional como una oposición entre Occidente y Oriente. En ese imaginario, Israel –gobernado por la derecha, bajo el paraguas de EE.UU.– pasó a formar parte de Occidente y sus valores. Curioso porque fueron los valores occidentales y cristianos los que produjeron diásporas y exilios de numerosas colectividades judías a lo largo de siglos. Frente a la concepción de un mundo capitalista globalizado, surgieron discursos que tendieron a rescatar particularismos como formas de resistencia cultural.   

La expansión de discursos antioccidentales, asociando unidimensionalmente a Occidente con la colonización al estilo europeo o norteamericano, provocaron nuevas polarizaciones. Notablemente, espacios denominados de izquierda comenzaron a adoptar un discurso étnico, contrario al cosmopolitismo moderno, con nula capacidad de comprensión de los fundamentos de los organismos internacionales que llevaron a fundar el Estado de Israel.

El ataque del 7/10 y la fractura moral de la izquierda internacional

¿Cómo entender el posicionamiento de la izquierda en relación al conflicto de Medio Oriente, su justificación del brutal ataque a Israel del grupo terrorista Hamas el 7 de octubre de 2023, el cual provocó 254 secuestros, abusos y violaciones, 1219 asesinatos de gente indefensa, ocupación de kibutz? Nos preguntamos en consecuencia: ¿qué relación hay entre este acontecimiento, sin desconocer la violenta política militar del gobierno de Netanyahu, y el crecimiento del antisemitismo en el mundo? Lo impresionante –luego de este escenario– es verificar cómo responde la izquierda al antisemitismo creciente en el mundo, siendo que históricamente izquierda y judaísmo eran ambos enemigos de las derechas y de los valores occidentales. Estos interrogantes se plantean a partir de la emergencia de una peculiar perspectiva en la izquierda mundial, en relación a cuáles son los conflictos centrales de las sociedades capitalistas contemporáneas, su odio a Israel y su idealización de Palestina, como significante que acompaña todos los conflictos actuales. 

Si bien observamos la necesidad de una actualización de la teoría marxista, basamento central de un pensamiento y una acción de izquierdas acorde al nuevo devenir del capitalismo mundial y sus especificidades regionales, notamos que éstas adoptan una mirada centrada en las razas y la cuestión étnica como eje de esos conflictos. Esta perspectiva dominante se encuentra muy lejos de los fundamentos en torno a las contradicciones principales que generan desigualdad social, económica y espacial. En ese sentido, las teorías que ubican a Israel como país colonialista, centrado en ocupar territorios, justificarían la necesidad de prácticas de terror como las que mueven a la organización Hamas promovida por Irán. Más allá de la nefasta política militar del gobierno de Netanyahu, podemos decir que no es solo la derecha la que promueve discursos de odio, venganza y violencia, sino que también la izquierda actual se situaría lejos de la paz que históricamente promovieron los movimientos progresistas en el mundo en contextos de guerra. Nos preguntamos entonces, la izquierda ¿perdió la brújula?

¿Hacia una izquierda sin trabajadores?

En un mundo global y trasnacional, ¿quiénes defienden los derechos de los trabajadores a una vida digna, a los inmigrantes precarios, a una ciudad democrática, el acceso a la vivienda, a respetar los derechos laborales? ¿Quienes defienden las libertades individuales, la participación democrática y las luchas por la igualdad? ¿Qué fuerzas políticas tienen como eje de preocupación a quienes solo tienen para ofrecer su fuerza de trabajo?

En las sociedades modernas, las izquierdas en sus diferentes variantes constituyeron el ámbito para la lucha política y de ideas del conjunto de los trabajadores, los oprimidos del mundo sin importar raza o religión. La explotación, las largas jornadas laborales, el hacinamiento habitacional, fueron el eje y las banderas de la izquierda para la construcción de derechos como el acceso a la educación para los hijos e hijas de los trabajadores, el reconocimiento de los derechos de las mujeres, la salud, el derecho a expresar ideas libremente y de asociarse libremente. La conformación histórica de la clase obrera industrial como sujeto histórico de un cambio social y político, fue el fundamento de la teoría y la práctica marxista a partir del análisis del capital y de las diversas variantes que el devenir del capitalismo fue adoptando según la región en la cual pusiéramos el foco. Así, trabajadores industriales, campesinos, inmigrantes sin ocupación, peones, es decir, quienes solo son propietarios de su fuerza de trabajo, ocuparon el centro de la escena de los discursos de izquierda y de las luchas que permitieron avanzar en modelos sociales y políticos crecientemente democráticos, no sin conflicto a lo largo del siglo XX.

Nada más lejos de una argumentación de izquierda que centrarnos en problemas nacionales y la exaltación del nacionalismo como los que fundan sus acciones dominantes en un abanico importante de su discursividad. Sabemos que el capital y sus lógicas de dominación son internacionales. De ahí el himno de las luchas proletarias La internacional.

El antinorteamericanismo como brújula extraviada

La historia del Estado de Israel en la segunda mitad del siglo XX, la relación conflictiva con los países vecinos, y el lugar complejo de este entramado en el escenario mundial, nos presenta pistas de las causas del odio de la izquierda internacional, dado su creciente alineamiento con Irán a partir de la revolución de los ayatolas y su proyecto pan islámico contra EEUU.

Predomina allí una postura esencialmente antinorteamericana que, sin embargo, desconoce, no escucha, y evita pronunciarse sobre el conservadurismo social y las políticas antilgtb+ que caracterizan al panislamismo, tanto en Irán como en Palestina.

En ese sentido, el predominio de un posicionamiento de corte antiimperialista y la exaltación de un discurso étnico-nacionalista producen una lectura distorsionada de la modernidad occidental, como si esta hubiera sido un proyecto unidimensional. Esa mirada desconoce sus valores centrales -la razón, la libertad, la igualdad y el cosmopolitismo- y empuja a buena parte de la izquierda internacional a no comprender la historia del sionismo, y menos aún a acompañar los nuevos conflictos de los trabajadores precarizados, que ya no forman parte de la antigua clase obrera industrial. Surge entonces una pregunta: ¿la pérdida del sujeto histórico ha sido reemplazada por el significante “Palestina”?