Reflexiónes sobre “Oreja Madre”, de Dani Zelko (Caja negra, 2025)

Entre la herida y la palabra: reflexiones sobre una identidad en tensión

Entre duelos personales y tensiones comunitarias, “Oreja Madre” explora un modo distinto de hablar de lo judío en la Argentina pos-7 de octubre: una mezcla de memoria, emoción y búsqueda identitaria que irrumpe cuando las ideas ya no alcanzan y la experiencia exige su propia voz.
Por Pablo Gorodneff

                                                                               “Dam ze lo maim” (en hebreo “La sangre no es agua”)

Contexto de una historia

¿Cómo es ser judío sin sentir que uno debe intelectualizarlo todo, sin esa exigencia de argumentar a favor o en contra de cada idea que aparece ante nosotros? ¿Por qué no permitirnos, alguna vez, dejarnos llevar por los sentimientos más inmediatos, por las sensaciones que nos acosan, incluso por los desgarros que nos desordenan? ¿Quién dijo que no podemos expresar lo que nos atraviesa en el mismo instante en que sucede, y que esa expresión -temblorosa, fragmentaria y visceral- no sea también una forma válida de pensamiento, una postura tan legítima como cualquier argumentación bien construida?

¿De dónde nace esta demanda tan apremiante de definiciones instantáneas, de ubicarnos rápidamente a favor o en contra de algo? Durante muchos años, los atentados a la AMIA y a la Embajada de Israel funcionaron como un punto de reunión, una herida que nos colocaba del mismo lado del reclamo por justicia. Pero dos hechos posteriores no hicieron más que exponer y profundizar fisuras que quizás ya estaban ahí, dormidas: la muerte del fiscal Nisman y todo lo que ocurrió después del 7 de octubre de 2023.

La muerte de Nisman abroqueló con más fuerza a los sectores culturalmente antiperonistas, que encontraron en ese episodio una clave para decidir su posición frente al Memorándum con Irán. Y el 7 de octubre abrió otra grieta: la de los judíos para quienes Israel es un eje central -muchos de ellos oscilando entre un apoyo crítico a las acciones del ejército israelí y una incomodidad moral indescriptible- y la de quienes no se sintieron interpelados por el conflicto o incluso respondieron con fuertes críticas al gobierno de Netanyahu y a lo que consideraron excesos o desproporción en Gaza. Entre esos polos, quedó una enorme zona gris, un territorio emocional confuso donde muchos no sabían qué pensar, pero sí sabían qué les dolía.

Instrucciones para acercarse a “Oreja Madre-Mi cuestión judía”

Me han dicho que soy un enamorado de los objetos, y es cierto: tengo una devoción particular por los vinilos y los CDs, incluso cuando la música disponible en plataformas es la misma y no ocupa espacio. Pero para mí, el arte de tapa, el sobre interno, las letras impresas, los instrumentos detallados, los créditos minuciosos, todo eso forma parte indispensable de la experiencia. No es solo escuchar: es tocar, mirar, detenerse en detalles que cuentan una historia paralela a la musical.

Con los libros me pasa exactamente lo mismo. No logré interesarme por el Kindle ni por ningún dispositivo digital. Compro libros mucho antes de leerlos. Me gusta tenerlos ahí, cerca, esperando su turno como si cada uno fuese un pequeño mundo en potencia. Se acumulan en mi escritorio, en la mesa de luz, en estantes improvisados. El objeto físico me adelanta algo del viaje que haré: su grosor me permite imaginar el tiempo que me acompañará, el tamaño de la letra me marca el ritmo de la lectura. Los colores de la tapa -un verde estridente, un fucsia inesperado- me ayudan a ubicarlo de un vistazo entre otros. Y la foto, el dibujo o incluso la ausencia de toda imagen despiertan intuiciones, casi siempre erradas, pero igualmente sugerentes.

¿Y qué ocurre cuando abro un libro y me encuentro con varias páginas negras, como si dentro de él hubiese un pozo? Más adelante descubro que están impresas con letras blancas, y que el capítulo se llama “Kadish”. Vuelvo entonces a la frase de Andrés Rivera en el libro del mismo nombre: “Kadish es la oración que los judíos pronuncian al momento de la muerte para homenajear a las personas que amaron con intensidad excepcional”. Ese capítulo fue escrito cuando sucedió el 7 de octubre, el mismo día en que la prima del autor, su esposo y los hijos de ambos fueron asesinados por Hamas. ¿Cómo sigue uno escribiendo después de eso? ¿Dónde quedan las convicciones cuando la realidad irrumpe con su peor rostro y nos obliga a mirar aquello que no queríamos ver?

“Oreja madre” no es estrictamente un ensayo, tampoco una autobiografía, aunque es profundamente autobiográfico. Escrito entre 2023 y 2024, podría describirse, usando una frase que Henry Miller aplicó a sí mismo, como un ejercicio de “primera persona espectacular”. Si Enzo Traverso -quien afirma que es necesaria una distancia de veinte años para analizar un hecho histórico- escribió “Gaza ante la historia” movido por la rabia e incluso desobedeciendo las reglas de la academia, aquí Dani Zelko transforma lo cotidiano en literatura. Aparecen las conversaciones tensas pero amorosas con su madre, la transcripción de un cuento sobre las vivencias de una niña palestina, el descubrimiento azaroso de un tatarabuelo iluminista.

Y en ese recorrido late siempre una tensión emotiva: las lágrimas escuchando el “Hatikva” en una visita a Israel; el horror de Gaza frente a la represalia; la memoria del heroísmo del Gueto; la apropiación que los sectores más radicalizados de ambas comunidades hacen de la frase “del río hasta el mar”; las reflexiones sobre el uso perverso del antisemitismo como arma para silenciar cualquier crítica al gobierno de Netanyahu.

Todas estas escenas están unidas por un hilo más profundo: el del joven que, mientras escucha y reproduce las voces de los pueblos originarios, descubre que también necesita sumergirse en la suya propia, en la historia del pueblo judío. Ese lugar donde cada certeza se disuelve y cada respuesta se transforma en una nueva pregunta. Ese espacio donde la búsqueda no garantiza una salida, pero sí una verdad: que comprenderse a uno mismo es un camino siempre inacabado, y que quizás allí radique su sentido.