Los israelíes están confundidos, precisamente, en momentos en que Trump lanza su Consejo de Paz para Gaza ylosmandos militares de Tzahallos alarman advirtiendo que se preparen para una inminenteguerra contra Irán. Al principio, su confusión parecía sonarcomo disonancia cognitiva.
Por un lado, el jefe del Estado Mayor y el primer ministro israelí advierten que Tzahal está listo para «una guerra por sorpresa»; pero, por el otro, Netanyahu aceptó la invitación de Trump a formar parte de la Junta por la Paz, pese a la oposición interna de la ultraderecha contraria ala propuesta para Gaza. La disonancia se hace más estridente porque parecía que habían primado las amenazas de Smotrich y Ben Gvirpara que Netanyahu no asistiera al foroen Davos. Sin embargo, muy pronto se difundió que la verdadera amenaza era el riesgo de serdetenido por orden de la Corte Internacional de Justicia (https://agenciaajn.com/noticia/suiza-presidente-de-israel-la-ausencia-de-netanyahu-en-el-foro-de-davos-es-una-recompensa-al-terrorismo-291496).
Su reciente bravuconada guerrera («Israel responderá con una fuerza sin precedentes») hace olvidar a la gente que Netanyahu tiene prohibido viajar a los Estados miembros de la Corte Penal Internacional debido a las órdenes de arresto emitidas por el tribunal contra él y el ex ministro de Defensa Yoav Gallant.
Pero la principal fuente de disonancia cognitiva entre los israelíes proviene del mismo presidente Trump cuando informa, primero, quiénes son los 19 países que firmaron el acta de creación de la Junta por la Paz el 22 de enero y, después, cuando anuncia que los anti-israelies Turquía y Qatar están incluidos. El embrollo crece a medida que se hace público que potencias europeas como Francia, Inglaterra, Alemania e Italia se niegan a incorporarse a la Junta por la Paz, en tanto que sí participarán países como Albania, Argentina, Paraguay, Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Kosovo, Mongolia… Los atónitos israelíes se preguntan qué pueden hacer estas naciones por la causa de la paz.
Casos enigmáticos son Armenia y Azerbaiyán, países enfrentados entre sí durante años en el conflicto armado de Nagorno Karabaj, concluido en 2024 mediante un acuerdo de paz negociado con la mediación directa de Trump.
En cambio, no sorprende a los israelíes la presencia de Marruecos, Jordania y Egipto, países que mantienen una relación estrecha con Estados Unidos en materia diplomática y militar. Egipto, de hecho, es el segundo mayor receptor de ayuda militar estadounidense, solo detrás de Israel.
Sin embargo, la opinión pública está siendo manipulada por el gobierno para oponerse a la incorporación no solo de Turquía y de Qatar; también para que sospeche del grupo de países árabes encabezados por Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Jordania, ya que todos ellos exigen la creación de un Estado Palestino, apoyados por los países islámicos Indonesia y Pakistán.
Por su parte, muchos israelíes del campo de la paz no ocultan su malestar ideológico al apoyar a la Junta por la Paz de Trump y actuar contra sus propios principios políticos. Porque ¿cómo posicionarse en contra de «promover la estabilidad, restablecer una gobernanza fiable y legítima, y asegurar una paz duradera en zonas afectadas o amenazadas por conflictos», tal como reza la carta fundacional? Pero, simultáneamente, la disonancia cognitiva surgeentre las creencias propias sobre el conflicto Israel-Palestina, y el sentirse entrampados apoyando una reconstrucción urbana sin participación de la propia sociedad civil sobreviviente en Gaza tras dos millones de desplazados forzados.
Apoyar la reconstrucción de Gaza provoca la disonancia más tramposa cuando Hamás aún controla la mitad de la Franja.
Según documentos difundidos en Davos, el objetivo del «actor global» imperialista no se limita a la reconstrucción física del enclave, sino que apunta a una transformación estructural que permita«sentar bases para un desarrollo sostenible, estable y conectado con la economía regional». La Junta por la Paz supervisaría un rediseño profundo del territorio, «combinando inversiones millonarias, infraestructuras modernas y la creación de centros logísticos estratégicos, junto con un nuevo esquema de gobernanza y seguridad bajo vigilancia internacional».
Pero los palestinos ni siquiera son nombrados como gazatíes; mucho menos se menciona al estado palestino: «Una fuerte participación internacional, encargada de supervisar la ejecución de proyectos, garantizará estándares de transparencia y coordinará la seguridad»: en el proyecto de Riviera del Medio Oriente está ausente el pueblo de Gaza.

Resulta loable que Inglaterra e Italia denunciaran este diseño imperial a través de declaraciones de funcionarios y legisladores. La Secretaria británica de Asuntos Exteriores, Yvette Cooper, presente en Davos para asistir al Foro Económico Mundial, ha dicho a la BBC que no participará en la ceremonia formal que Washington ha organizado en la ciudad suiza, aprovechando la presencia de Trump, para sellar la creación de la junta, explicando: «Hoy no seremos uno de los signatarios, porque se trata de un tratado [internacional] legal que todavía suscita cuestiones muy amplias».
Más allá del resultado concreto, aunque todavía incompleto, de imponer un alto el fuego, tal como señala una nota del diario El País del 22 de enero, el Reino Unido rechaza suscribir el Plan de Paz ya que «no hace referencia alguna a un futuro territorio palestino, y algunas de las funciones asignadas a la Junta de Paz interfieren claramente con el mandato y las competencias de la ONU».
La pretensión de Trump de ampliar los poderes de la Junta de Paz y extender su influencia a otras regiones conflictivas del mundo ha puesto en alerta a muchas capitales y a la ONU, que ve en la maniobra un intento desvergonzado de vaciar de poder y usurpar las funciones del organismo multilateral más relevante desde la II Guerra Mundial. Su secretario general, António Guterres, ha salido incluso a la defensiva para recordar que Naciones Unidas es «el parlamento de la familia de naciones».
Por su parte, Italia tampoco participó del evento en Davos. Giuseppe Provenzano, diputado por el opositor Partido Democrático, señaló que por «razones de decencia», Italia debe negarse a participar en la denominada Junta por la Paz para Gaza que Trump pretende presidir, tal como afirmó en una nota para Prensa Latina del 22 de enero: «En lugar de una herramienta para lograr una paz verdaderamente duradera, que responda a la solución política de dos pueblos y dos Estados, ese foro parece ser un elemento de la estrategia de Trump para desmantelar el orden global y el multilateralismo fundado en las Naciones Unidas».
Disonancia cognitiva y la Junta por la Paz en Gaza
Lamentablemente, la mayor parte de la opinión pública israelí no se hace problemas con su disonancia cognitiva al apoyar la Junta por la Paz y, al mismo tiempo, consentir en continuar la guerra por otros medios. El mismo día en que Netanyahu aceptó la invitación de participar en la Junta por la Paz, autorizó que se demoliera el complejo de la Agencia UNRRA de la ONU para los refugiados palestinos sita en Jerusalén oriental. El edificio estaba vacío porque hace un año el gobierno israelí había ordenado desalojarlo, al prohibirle operar. Ya en diciembre, policías y empleados municipales irrumpieron en la sede y quitaron la bandera de Naciones Unidas para izar una de Israel. El máximo responsable de la UNRWA, Philippe Lazzarini, afirmó en una entrevista del 20 de enero para El País que ahora la demolición marca «un nuevo nivel de desafío abierto y deliberado al derecho internacional, incluyendo los privilegios e inmunidades de Naciones Unidas, por parte del Estado de Israel».
La falta de protesta de la opinión pública va mucho más allá de la disonancia cognitiva: no es solo malestar o tensión psicológica por mantener simultáneamente dos posiciones o valores contradictorios: se trata de una deliberada aceptación del autoengaño haciendo trampas. Esas argucias son tan tramposas como los eufemismos que diariamente tratan infructuosamente de ocultar el estrés social y el costo financiero de seguir preparándose para una guerra permanente, pese el alto el fuego decretado en octubre pasado por el Plan de Paz de 20 puntos de Trump.
El reciente caso de gatillo fácil de Tzahal que segó la vida de 11 gazatíes apuntó, con pulso acertado, a rechazar el eufemismo de la supuesta tregua en Gaza y llamarla por su nombre, verdadera guerra permanente.
No casualmente, en vísperas de la ceremonia inaugural de la Junta por la Paz en Davos, las víctimas del gatillo fácil incluyeron a tres fotoperiodistas del Comité Egipcio para la Reconstrucción de Gaza, muertos la tarde del miércoles 21 de enero por disparos y bombardeos en el corredor de Netzarim, cerca del Hospital Turco. Una fuente médica del Hospital Al Shifa confirmó a EFE que, además, siete palestinos murieron al este de Deir al Balah, dos al este de Jan Yunis y dos más al este de la ciudad de Gaza, según consigna SWI SwissInfo.ch el 21 de enero.
La violación de la frágil tregua no impidió que Trump se ufanara en Davos sosteniendo que su administración «ha logrado mantener con éxito el alto el fuego en Gaza» y que la situación humanitaria ha mejorado drásticamente: «ya no se escuchan esas historias de gente muriendo de hambre» gracias al flujo constante de ayuda hacia el enclave.
En este clima de guerra permanente —en las antípodas de una negociación de paz— Netanyahu no impide que los ministros kahanistas de su coalición propongan sancionar la ley de pena de muerte solo para terroristas palestinos. A tal extremo ha llegado el consenso de guerra permanente que hasta los mismos servicios de inteligente apoyarían la propuesta.
El respaldo del Shin Bet no surge en el vacío. En los últimos años, sectores políticos y parte de la opinión pública han presionado para extremar las penas anti terroristas. Para quienes apoyan esta medida, la pena de muerte tendría un efecto disuasorio y evitaría intercambios de prisioneros que, en el pasado, permitieron la liberación de militantes que luego regresaron al accionar armado.
Sin embargo, la propuesta enfrenta fuertes objeciones. Juristas, organizaciones de derechos humanos y ex funcionarios de seguridad advierten que no existen pruebas concluyentes de que la pena capital reduzca el terrorismo. Además, señalan el riesgo de que se cometan errores judiciales irreversibles y el posible impacto diplomático negativo para Israel, que se presenta internacionalmente como una democracia con un sólido sistema legal. La eventual aprobación de una ley que habilite de forma más amplia la pena de muerte no solo tendría consecuencias legales, sino que marcaría un giro histórico y ético en la forma antidemocrática en que Israel aborda el castigo al terrorismo, tal como consigna un artículo del periódico israelí Haaretz del 21 de noviembre de 2025.
Posdata
Jóvenes colonos violentos que bajan de las colinas en Cisjordania a perpetrar pogromos en aldeas, obligando a palestinos a abandonar sus tierras de pastoreo, distribuyeron un boletín firmado por «Soldados del Rey David». En un iluminador artículo publicado el 20 de enero de este año por Hazman Hazé, «El regreso del rey», el profesor de filosofía judía Gilad Sharvit pregunta: «¿Cómo se convirtieron los jóvenes de las colinas en soldados del Rey David? ¿Y cómo se convirtió esa figura bíblica en el héroe para estos jóvenes sionistas religiosos de hoy?».
Su pregunta no es nada extemporánea. Al estudiar la historia social, sabemos que figuras arquetípicas dan sentido a representaciones que constituyen el origen de la identidad colectiva e individual de los pueblos y que el recuerdo de las prácticas religiosas y violentas de esas figuras míticas potencian los procesos y las instituciones que crean y difunden las nociones de identidad grupal.
Esos patoteros kahanistas del sionismo religioso, al fantasear hoy ser descendientes del linaje del Rey David, adoptan un acervo de imágenes y símbolos a través de cuyo prisma desean ser mirados como guerreros sionistas y patriotas de Eretz Israel. Pero, al mismo tiempo, ellos procuran resignificar, en los territorios de Judea y Samaria, sus experiencias de vida sionista kahanista religiosa conforme a la figura del guerrero y salmista Rey David.
Gilad Sharvit sabe que David es uno de los héroes arquetípicos más venerados del pueblo judío durante generaciones, no menos que Abraham o Moisés. Pero en la Israel en guerra permanente, dentro y fuera de Judea y Samaria, esos muchachos imaginan hoy que David es una figura ejemplar de valores muy simbólicos, particularmente relevantes para el sionismo religioso en territorios palestinos. Sharvit recuerda que, gracias a su poder militar, David conquistó los reinos vecinos de Amón, Moab y Edom, y llevó a Israel a la cima de su expansión territorial. La figura de David condensaría para esos jóvenes religiosos fascistizados la soberanía y la conquista sobre toda la Tierra de Israel, aunque también condensa la santidad. El Rey David no solo conquistó Jerusalén y la convirtió en la capital de la monarquía; el ungido por Dios también la consagró ciudad santa al ordenar el traslado del Arca de la Alianza.
Pero la pregunta crucial que Sharvit nos formula en esta nota es: ¿por qué esos jóvenes sionistas religiosos han excluido completamente al Profeta, esa otra figura arquetípica del Tanaj?
Y se responde: «El profeta trae al mundo pagano un nuevo sistema moral basado en el amor al extranjero, al huérfano y a la viuda, educando al pueblo judío conforme a esos valores; en cambio David representa el éxito político, pero, sobre todo, el éxito militar al haber sido el líder estratega más exitoso del pueblo judío, quien sometió a todos sus enemigos (…) El rey David hoy es importante aquí porque es un héroe del sionismo religioso que logra cumplir el papel de una imagen “panisraelí”. La mayoría de los héroes del sionismo religioso son rabinos, y sus figuras están ausentes en la vida pública israelí; en cambio, David es un héroe venerado por todos los grupos de la sociedad hebrea».
Significativamente, el Acta de la Independencia de Israel no fue redactada bajo la advocación del Rey David sino de los profetas; proclama explícitamente el deseo de mantener una sociedad ejemplar fundada «sobre los fundamentos de la libertad, la justicia y la paz, a la luz de la visión de los profetas de Israel».
Josef Burg fue cofundador en Israel del antiguo partido sionista religioso Mizrahi, cuya rama obrera Hapoel Hamizraji adoptó como lema «Trabajo y Torá» yformó parte de la Histadrut —la confederación obrera israelí—, además de fundar varios kibutzim religiosos. La total conversión del original Partido Nacional Religioso MAFDAl en el actual sionismo religioso liderado por ultranacionalistas mesiánicos, como Bezalel Smotrich, recorre un proceso de kahanismo y fascistizacion que aún no ha sido analizado completamente.
De modo paralelo, poco se sabe de la canonización de arquetipos espirituales del sionismo religioso hasta llegar a jóvenes colonos violentos en Judea y Samaria que hoy veneran al mítico Rey David. Se trata de una veneración al exitoso poder político y militar de su monarquía, pero desprovista de las virtudes humanas del autor de los Salmos en momentos de angustia, persecución y profunda aflicción física y espiritual. Es una veneración al guerrero, pero completamente insensible a poemas, himnos y oraciones líricas de dolor punzante y arrepentimiento por los errores cometidos, como los del Salmo 91.
Ninguno de estos sentimientos del salmista puede conmover a los jóvenes fascistas de las colinas que matan palestinos, destruyen sus olivares, queman cosechas de aceituna y roban los rebaños. A no engañarnos: ellos adoran al rey David guerrero de Dios, pero no al salmista de espíritu atormentado. David rogaba piedad y compasión en sus Salmos, pedía a Dios: «Lávame por completo de mi maldad» y porque reconoció sus transgresiones, el salmista suplicaba protección para su «espíritu quebrantado» y su «corazón contrito».
Esos patoteros violentos que asaltan desde las colinas a pastores palestinos indefensos desprecian el espíritu quebrantado y, mucho más, el corazón contrito. Su advocación a la figura legendaria del David guerrero está divorciada completamente del salmista pacífico y divorciada completamente del arquetípico protector del Maguen David.
Los dos triángulos entrelazados del Maguen David recuerdan a un verso del Cantar de los Cantares que de un modo simbólico expresa el íntimo vínculo existente entre el amor divino y amor humano: «Yo soy de mi amado, y mi amado es mío». Esa estrella de identidad étnica y nupcial era usada por las novias judías desde el siglo VI E.C.
¡Prohibamos que estos delincuentes cuelguen en sus cuellos la Estrella de David! Prohibamos que esos malhechores continúen usurpando esa divisa hexagonal del amor humano y divino en la estrella de David, uno de cuyos triángulos equiláteros anhela ascender hacia arriba y el otro hacia abajo, cósmica conjunción entre el cielo y la tierra.
Nunca como antes, los israelíes hoy no necesitan la memoria del guerrero rey David, sí la del pastor humilde de Belén antes de ser ungido monarca y antepasado del Mesías, aquel dulce mancebo cantor y arpista de túnicas sencillas de pastor de ovejas. Sí al valiente muchacho rubicundo, que de un hondazo venció al gigante Goliat sin otra arma que una piedra. Sí al Maguen David de seis puntas cardinales, esperanza de conjunción de la tribu y el universo, luz estrellada en los ojos de David, el salmista.