En una conmovedora demostración de solidaridad, judíos y árabes se pusieron hombro con hombro y enfatizaron un valor fundamental: todos somos iguales, y todos tenemos derecho a vivir en seguridad, paz y dignidad. No se puede permitir que los márgenes extremistas tiñan de colores de guerra y crimen a toda una sociedad.
El sábado, en el corazón de Tel Aviv, en la Plaza Habima, la sociedad árabe emitió un grito valiente, claro y de gran fuerza. El mensaje fue directo y contundente: basta de crimen y violencia. No callaremos más ante las organizaciones criminales, ni ante una política de indiferencia. La manifestación y la marcha, organizadas por el Comité de Seguimiento Superior Árabe, comenzaron en la calle Ibn Gabirol y continuaron hacia la Plaza Habima.
Decenas de miles de manifestantes —alrededor de 70 mil árabes y judíos que se unieron en solidaridad— y decenas de organizaciones que participaron activamente en la lucha, convirtieron el evento en una impresionante y poderosa manifestación pública.
En esa conmovedora demostración de solidaridad, judíos y árabes se pusieron hombro con hombro y destacaron un valor fundamental: todos somos iguales, y todos tenemos derecho a vivir en seguridad, paz y dignidad. Como ciudadanos del Estado, exigimos un trato respetuoso; no somos ciudadanos de segunda clase, y nuestros hijos no son números: son almas con nombres. El grito de las madres desgarró el corazón y resonó en cada rincón de la plaza. La indiferencia gubernamental hacia nuestra seguridad clama al cielo y plantea graves interrogantes. Nacimos aquí, y este es el hogar de todos nosotros, de todos los ciudadanos de Israel.
Este posicionamiento conjunto, desde un lugar de dolor conjunto árabe y judío, no es solo identificación, sino la asunción de una responsabilidad ciudadana compartida por todos los residentes del Estado. La impresionante presencia judía en la plaza, frente a la exclusión y el abandono por prte del gobierno, marcó para mí un punto de inflexión en el camino hacia un futuro más seguro y sensato, basado en la colaboración y la responsabilidad mutua.
En el marco del evento, participé en un panel titulado: “En lugar de violencia y silencio: arte y colaboración”, junto al Dr. Elad Yaron e Imanuel Weizman, moderado por la cantante Achinoam Nini (Noa). También participé junto a mis compañeras del movimiento “Mujeres activan por la Paz”, en el que milito hace ya muchos años. El movimiento apoya desde hace años la lucha contra el delito en la sociedad árabe, y participó en el evento bajo el título resonante: “No están solos: esta es la lucha de todos nosotros”.
En el evento estuvieron presentes mujeres, hombres y niños, y me alegró ver la amplia diversidad de edades y, sobre todo, la presencia conjunta de árabes y judíos. La violencia nos afecta a todos, y esta es la historia de todos nosotros. Al final del día, todos formamos parte del paisaje de la sociedad israelí.
La manifestación de la sociedad árabe fue tranquila y llena de cultura, y simboliza la voz de la mayoría de la sociedad árabe en Israel. También entre nosotros hay extremistas, y también entre nosotros esas voces extremistas tiñen de colores de guerra y crimen a toda una sociedad. Incluso representan una amenaza existencial para nosotros y para nuestros hijos. La manifestación de ayer fue, a mis ojos, el momento en que nació la fuerza de la voz árabe-israelí normativa e integrada dentro de la sociedad israelí.

¿Dónde estamos integrados? En hospitales, farmacias, muchos lugares de trabajo, las instituciones educativas, negocios, cultura, amistades y amor por el Estado y por las personas. También nosotros, los miembros de la mayoría silenciosa, estamos aprendiendo ahora la importancia de organizarnos y hacer escuchar nuestra voz, para llevar a la comunidad árabe a un lugar mejor y no dejarnos arrastrar por los impulsores del delito, la violencia y la muerte.
Espero que esta importante manifestación haya sido una señal de una nueva orientación y un llamado a despertar: hay que hacer algo y, sobre todo, no permanecer en el lugar de víctimas, sino tomar nuestro destino en nuestras manos. Aspirar al silencio, a la normalización y a una vida de buenos vecinos con el público judío, de la que ambos lados se beneficien. El cielo es el límite.
Mi historia personal demuestra que, a pesar de la dificultad, es posible transformar la dificultad en belleza, y eso depende solo de nosotros. Salí de esa noche con una clara comprensión: el poder para cambiar está en las conexiones que creamos y en nuestra capacidad de convertir el fuego que arde en nosotros —fuego de ira y dolor— en fuego de acción y creación. El arte y la colaboración son nuestro puente hacia un futuro más seguro. No solo protestamos contra lo existente; demostramos que, incluso desde las fracturas y la violencia, se puede crecer, crear y exigir un futuro en el que nuestros hijos puedan simplemente soñar, sin miedo.
* Artista residente en Acre, activista social y facilitadora de grupos, militante de Mujeres Activan por la Paz y ganadora del Festival de Cine de Haifa.
* Artista residente en Acre, activista social y facilitadora de grupos, militante de Mujeres Activan por la Paz y ganadora del Festival de Cine de Haifa.