En las últimas semanas la música popular israelí perdió a dos de sus máximos exponentes, cuyos recorridos disímiles entre sí determinaron el curso de la canción hebrea. Su muerte ocurrió en uno de los momentos de mayor incertidumbre en la sociedad israelí.
En 1974 el novel poeta y performer Yonathan Guefen publicó el texto “Makom Lideagá”, en español “un lugar del qué preocuparse”, que luego musicalizó Matti Caspi e interpretó junto a Riki Gal. El texto, breve, expresaba la melancolía por un país pequeño y frágil pero que albergaba conflictos que ponían de relieve las contradicciones entre el ideal y la sociedad real. El término Makom, resultaba un juego de palabras entre el concepto de “lugar” y uno de los nombres que se usan en hebreo para la divinidad.
En un rincón del cielo, y al final del desierto
Hay un lugar lejano, lleno de flores silvestres
Un lugar pequeño, miserable y enloquecido
Un lugar lejano, un lugar del qué preocuparse
…
Allí dicen qué ocurrirá,
y piensan sobre todo lo que pasó
Dios se sienta allí y observa,
y piensa sobre todo lo que creó.
…
“Prohibido cortar las flores del jardín”.
“¡Prohibido cortar las flores del jardín!”
Y se preocupa mucho.
(Makom lideagá, 1974)
Para entonces Caspi, que había acompañado a Leonard Cohen durante sus giras en las bases militares israelíes en la guerra de Yom Kipur, ya colaboraba con Guefen en las presentaciones de sátira que hacían en todo el país con monólogos y canciones.
Matti Caspi nació en 1949 en el kibutz Hanina y pudo cursar sus estudios de piano gracias al permiso otorgado por la asamblea de la colonia agrícola. Si bien ya en la adolescencia tuvo sus primeras incursiones escénicas, su formación como profesional se terminó de consolidar al igual que tantos colegas suyos cuando integró las bandas musicales del Tzahal. De su generación hay artistas como Shalom Janoj, Meir Ariel, entre otros, con quienes compartió un momento musical en el documental por los 100 años del movimiento kibutziano.

Su formación clásica mezclada con su origen kibutziano forjaron parte de su identidad musical. A ello le sumó humor y muchísima sensibilidad para componer melodías románticas, folklóricas, infantiles y también de rock. Siempre citaba como una gran influencia al compositor Sasha Argov, autor de temas clásicos de la música israelí y con quién llegó a grabar y compartir escenarios.
Entre los años setenta y ochenta, su carrera tomó varios caminos paralelos, componiendo melodías entrañables para Ehud Manor, compartiendo proyectos experimentales con Shlomo Gronij o su muy recordado proyecto de homenaje a la música popular brasilera y latinoamericana“Eretz Tropit Iafa” (País tropical), fundamental para el ingreso de la cultura latina en idioma hebreo. Tanto que lo llevaron a componer con la ayuda de Ehud Manor una samba israelí original como “Hine hine”. También puso melodías a otros poetas como el poema de Natan Zaj “Kshe Elohim Amar Be Paam Harishona” (Cuando Dios dijo por primera vez).
Cuando Dios dijo por primera vez “Hágase la luz”
Se refería a que no quería estar a oscuras. Él no estaba pensando en el cielo.
Pero los árboles comenzaron a llenarse de agua
Y los pájaros recibieron aire en el cuerpo
Entonces sopló el viento sobre los ojos de nuestro Dios
Y lo percibió en sus ojos de nube como un honor para él
Y pensó que era bueno.
Él no pensaba en ese momento en el hombre. En el ser humano en general.
Pero ellos comenzaron a pensarse a sí mismos sin hojas
Y comenzaron a tramar dolor en sus corazones
Cuando nuestro Dios pensó en el principio en la noche
Él no pensaba en el sueño
“Así seré feliz”, dijo en su corazón el bueno de Dios.
Pero él ya era en general el buen Dios.
Los años noventa lo tuvieron en parte fuera de Israel, años en los que volvió a la escena pública por un conflicto judicial respecto a divorcios y nuevas nupcias que determinaron que la justicia israelí lo condenara por bigamia.
En 2025 anunció que estaba padeciendo un cáncer para lo cual pidió ayuda económica para su tratamiento. Finalmente falleció en febrero en el hospital Ichilov de Tel Aviv dejando un legado de más de mil canciones que marcaron épocas y clásicos atemporales.
Golpes al corazón
Casi un mes después de la partida de Caspi, nos enteramos del fallecimiento de Meir Israel la leyenda de los bateristas en Israel.
Desde los años setenta, cuando el rock comenzaba a imponerse como el sonido emergente de la música israelí, Meir Israel fue el ritmo detrás de muchos de los éxitos de la época, hasta que en 1974 su momento de consolidación llegó cuando se formó la banda Tamuz, acaso una de las bandas más importantes de la historia del rock israelí, junto a Shalom Janoj, Ariel Zilber, Yehuda Eder y Eitan Gadren. Entre sus temas más famosos se encontraba el iniciático “Sof onat hatapuzim” (Fin de temporada de naranjas), que funcionaba como metáfora entre el fin de la Israel kibutziana a los tiempos del rock and roll.
En 1979 quedaría por siempre en la historia de la música israelí al ser el baterista de la banda sonora del Festival Eurovisión que Israel anfitrionó en el auditorio de Binianei Haumá de Jerusalem y ganó por segundo año consecutivo de la mano de la canción “Haleluya”.
Pero sin dudas, la carrera de Meir Israel lo identifica como el baterista de la banda estable de Shlomo Artzi, siendo el único que se mantuvo firme en las últimas cuatro décadas junto a uno de los mejores performer que han surgido en Israel. Tal es su rol en la banda que con el tiempo, Artzi le fue dando mayor protagonismo en sus recitales invitándolo a cantar junto a él.
Meir Israel falleció a principios de marzo también víctima de un cáncer.
Con Matti Caspi y Meir Israel se fueron dos grandes protagonistas en un contexto en el cual la sociedad israelí vive momentos de incertidumbre y con pocas voces en el arte que se animan a desafiar el sentido común y los fervores belicistas de una época muy dura en la que las canciones son un refugio.